Rayuela y el Jazz: Una Sinfonía Literaria Inmortal

29/06/2022

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En el vasto panorama de la literatura latinoamericana del siglo XX, pocas obras han logrado trascender el tiempo y el espacio con la fuerza y originalidad de Rayuela, la “contranovela” de Julio Cortázar. Publicada el 28 de junio de 1963 por la editorial Sudamericana en Buenos Aires, esta obra no solo rompió moldes narrativos, sino que también estableció una conexión profunda e intrínseca con el mundo del jazz, ofreciendo a sus lectores una experiencia que va más allá de la simple lectura: una verdadera sinfonía literaria.

¿Qué propone rayuela para la lectura?
Rayuela rompe con la idea de seguir un orden lineal en la lectura y propone que el lector pueda saltar entre los capítulos, entrecortando la historia principal con otros textos, reflexiones y fragmentos que complementan la trama.

A sus sesenta años de vida, celebrados con una edición conmemorativa de la Asociación de Academias de la Lengua Española y la Real Academia Española, Rayuela sigue siendo un faro de la creatividad y la experimentación. Su capacidad para ser leída de múltiples maneras, la convivencia de diversos registros del español e incluso la creación de una lengua nueva y sensual, el gíglico, le han asegurado a Cortázar y a su obra una juventud eterna que continúa cautivando a nuevas generaciones de lectores.

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Rayuela: Una Contranovela que Desafía el Tiempo

Cuando Cortázar, a sus 48 años, lanzó Rayuela al mundo, no imaginó el impacto que tendría, especialmente entre los jóvenes. Él mismo declaró: “Rayuela no es mi placer; era una especie de compromiso metafísico... Y entonces descubrí, en efecto, que Rayuela estaba destinado a los jóvenes y no a los hombres de mi edad”. Esta conexión se atribuye a que la novela no ofrece “ninguna lección”, una cualidad que resuena con el espíritu libre y rebelde de la juventud. A pesar de que las primeras críticas, incluso en LA NACION, fueron poco favorables e “indignadas”, como recordó el autor, el tiempo le dio la razón a Cortázar.

En la efervescente década de 1960, marcada por “estilos radicales” tanto en lo político como en lo estético, Rayuela emergió como la propia apuesta utópica, rebelde y lúdica de Cortázar. El escritor nicaragüense Sergio Ramírez rememoró: “Todos queríamos ser entonces cronopios”. Mario Vargas Llosa, por su parte, señaló que la novela habría sido imposible sin la personalidad y el carácter de su autor, destacando su “extraordinaria libertad y desprovista de maldad, algo raro en las grandes novelas”. Luis Gusmán la concibió como una “ruptura en la linealidad de la escritura y la lectura de nuestra literatura”. Beatriz Sarlo la definió como una “novela de la deriva espacial”, mientras que Jorge Asís, con una visión más crítica, sugirió que la novela había soportado mal el paso del tiempo, cargándose de “moho espeso”. No obstante, la persistencia de su estudio y celebración hoy día desmiente ampliamente esta última apreciación.

El Jazz: El Corazón Rítmico de Rayuela

Para un habitante del mundo del jazz, la lectura de Rayuela es, como lo describe Sergio Pujol, “una experiencia deliciosa”. Esta afirmación no es casual, ya que el jazz no es un mero telón de fondo en la novela, sino una fuerza vital que la permea de principio a fin, influyendo en su ritmo, su estructura y su espíritu.

El propio Cortázar, un apasionado del jazz, infundió la música de improvisación en el pulso de su escritura. El “ritmo de la escritura de Cortázar se nutre del fraseo de la música de improvisación”, lo que permite al lector sentir la cadencia, las pausas y los solos de un buen jazz mientras avanza por sus páginas. Además de esta conexión rítmica, Rayuela prodiga una “erudición jazzística de primera calidad”, convirtiéndose en una especie de manual para los amantes del género.

El epicentro de esta fusión literario-musical es el famoso Club de la Serpiente, un grupo de amigos que se reúne en una buhardilla del distrito 7 de París para llevar a cabo la ceremonia de “la discada”. En estos encuentros, la escucha compartida y conversada de discos de jazz se convierte en un ritual. Allí, se observa un juego de apariencias, donde se exhibe un conocimiento a veces fatuo, pero también una “afición verdadera por una música que simboliza la libertad del mismo modo que lo hace la propia novela”. La improvisación, la experimentación y la ruptura de convenciones, características esenciales del jazz, encuentran su paralelo en la estructura no lineal de Rayuela y en la exploración de sus personajes.

Un Viaje por el 'Tablero de Dirección' y sus Ecos Musicales

Una de las propuestas más radicales de Rayuela es su “tablero de dirección”, una especie de brújula que permite al lector elegir entre varias formas de leer la novela. Cortázar mismo lo advierte: “A su manera este libro es muchos libros, pero sobre todo es dos libros”. Esta invitación a una lectura no lineal, a saltar entre capítulos y a construir la propia narrativa, es en sí misma una metáfora de la improvisación jazzística, donde el músico toma un tema y lo reinterpreta de infinitas maneras, creando nuevas rutas en cada ejecución.

La novela también tuvo un “cuaderno de bitácora”, un manuscrito fundamental que fue magistralmente analizado por la profesora y lingüista Ana María Barrenechea. Este cuaderno, junto con la propia estructura de la novela, refuerza la idea de que Rayuela es una obra en constante creación, que invita al lector a ser un participante activo en su construcción, similar a cómo una pieza de jazz se completa con la interpretación del músico y la escucha del público.

Josefina Delgado, exsubdirectora de la Biblioteca Nacional, señala que el lector actual, “que ya ha aprendido las mañas del hipertexto en el mundo virtual”, advertirá cómo en Rayuela “un lenguaje de pulida belleza junto a una estructura que pretende incorporar a ese lector y hacerlo activo, lo dejan a solas con un mundo donde se superan las fórmulas perimidas de los estilos y las pertenencias culturales”. Esta visión de la novela como un espacio de superación de límites y de activa participación resuena con la naturaleza vanguardista y liberadora del jazz.

¿Cuál es la mejor edición para leer Rayuela?
¿Qué edición recomiendas? Hay dos ediciones excelentes para leer Rayuela. En primer lugar, y la que yo he utilizado, la edición de Alfaguara conmemorativa del 50 aniversario de Rayuela.
Modalidad de LecturaCaracterísticasAnalogía con el Jazz
Lectura Lineal (Capítulos 1 al 56)Narrativa tradicional, secuencia cronológica de eventos.Interpretación de una partitura clásica, siguiendo la melodía establecida.
Lectura con 'Tablero de Dirección' (Saltos entre capítulos)No lineal, el lector construye su propia experiencia, múltiples finales.Improvisación libre, variaciones sobre un tema, creación de nuevas estructuras en tiempo real.
Lectura Abierta (El lector elige su propio camino)Exploración personal, descubrimiento de conexiones inesperadas.Jam session, donde cada músico aporta y se conecta de forma espontánea.

La Eterna Juventud de una Obra Maestra

Sesenta años después de su publicación, Rayuela sigue siendo un objeto de estudio, debate y, sobre todo, disfrute. Las celebraciones de su aniversario, como las realizadas en la Biblioteca Nacional, con mesas redondas y conciertos jazzeros, demuestran su vigencia y la profunda conexión con la música que la inspiró. El saxofonista Pablo Ledesma y el pianista Pepe Angelillo interpretaron una selección de los temas mencionados en la novela, cerrando el círculo entre la literatura y el sonido.

Mariana Iglesias, periodista y directora de Coolturarte, destaca cómo la pandemia impulsó a muchos a redescubrir o aventurarse por primera vez en sus páginas, a menudo a través de talleres que exploraban sus múltiples ejes: ciudades, personajes, artes, lenguajes. Esta exploración lleva a los lectores a discutir sobre Klee o Miró, a investigar sobre “la desconocida del Sena” o a tomar contacto con la patafísica de Jarry, los textos de André Breton y las composiciones de John Cage. Todo ello refuerza la idea de Rayuela como una obra “infinita, estimulante, graciosa y que ofrece distintas capas de lectura”, cualidades que también podríamos atribuir a una gran pieza de jazz.

Voces sobre Rayuela: Un Coro de Admiración y Análisis

La riqueza de Rayuela se manifiesta en la diversidad de interpretaciones que ha generado a lo largo de los años. Cada voz aporta una nueva capa a esta compleja obra, muchas de ellas resonando con su espíritu libre y musical:

  • Ivonne Bordelois: La describe como “un libro que contiene su propio espejo, su propia trampa-trampolín por la que el lector es disparado, provocado a una interpretación personal del juego propuesto”. Resalta sus “virajes, barquinazos, súbitos relámpagos” y la “feliz soltura de una lengua llena de rápidos sobreentendidos, de maliciosos chispazos”, características que evocan la vitalidad y la sorpresa de un solo de jazz.
  • Juan José Becerra: Sugiere leerla como “un libro cuyo asunto es la historia cultural del siglo XX”, un “catálogo de consumo cultural” y un “plan vital de cepa surrealista”. El jazz, como parte fundamental de esa historia cultural, encuentra aquí su lugar natural.
  • Irene Chikiar Bauer: Confirma la vigencia de la novela, recordando cómo, en 1993, “filas y filas de jóvenes lectores afirmaban: Cortázar sí, y Rayuela también”, demostrando su perdurable atractivo.
  • Silvia Hopenhayn: Ve en Cortázar “un permiso de disfrute literario y aventura gramatical, la posibilidad de atravesar umbrales fantásticos que se adelantan al multiverso, con maestría lúdica, también oscura y visionaria”. Esta descripción de aventura y experimentación es un eco directo de la esencia del jazz.
  • Gaby Comte: Rememora cómo Cortázar la ayudó a “cruzar esos dos mundos de mi adolescencia, las letras y la música”, un testimonio personal de la fusión que la novela logra entre ambas artes.

Preguntas Frecuentes sobre Rayuela y el Jazz

¿Por qué se considera a Rayuela una "contranovela"?

Se la llama “contranovela”, “antinovela” o “metanovela” porque desafía las convenciones narrativas tradicionales. No tiene una única trama lineal, permite múltiples órdenes de lectura (el “tablero de dirección”), y experimenta con el lenguaje, incluyendo el gíglico. Su objetivo es romper con las expectativas del lector y hacerlo parte activa de la construcción del significado, en lugar de un mero receptor pasivo.

¿Cómo se relaciona el jazz con la estructura y el ritmo de Rayuela?

El jazz impregna Rayuela de varias maneras. El ritmo de la prosa de Cortázar imita el fraseo y la improvisación del jazz. La estructura no lineal de la novela, con sus saltos y ramificaciones, se asemeja a las variaciones y la libertad creativa de una jam session. Además, la novela está llena de referencias a músicos y discos de jazz, y el “Club de la Serpiente” es un espacio donde el jazz se vive y se discute como un símbolo de libertad y búsqueda existencial.

¿Quiénes son los personajes principales y dónde se desarrolla la acción?

Los personajes centrales son Horacio Oliveira, un intelectual argentino en París, y Lucía, alias La Maga, una uruguaya bohemia. Otros personajes importantes incluyen a Morelli (el alter ego de Cortázar y el escritor dentro de la novela), Traveler y Talita. La acción se desarrolla principalmente en París, con los encuentros del Club de la Serpiente y las divagaciones de Oliveira, y posteriormente en Buenos Aires.

¿Existe una única forma de leer Rayuela?

No, Cortázar propuso dos formas principales de lectura: una lineal, leyendo los capítulos del 1 al 56 en orden; y otra no lineal, siguiendo el “tablero de dirección” que indica saltos entre capítulos, lo que ofrece una experiencia narrativa completamente diferente, incluyendo un final distinto. Además, la novela invita a una lectura aún más libre, donde el lector puede crear su propio camino.

¿Por qué Rayuela sigue siendo relevante 60 años después?

Su vigencia radica en su espíritu experimental, su invitación a la participación del lector, su exploración de temas universales como el amor, la búsqueda de sentido y la existencia humana, y su profunda conexión con las artes y la cultura del siglo XX. Su estructura abierta y su riqueza de lenguajes la hacen una obra que sigue desafiando y estimulando a cada nueva generación de lectores, especialmente en un mundo cada vez más digital y no lineal.

En definitiva, Rayuela no es solo una novela; es una experiencia vital. Para un habitante del mundo del jazz, es una partitura abierta, un espacio de improvisación donde la literatura y la música se entrelazan para ofrecer una “experiencia deliciosa” de libertad, búsqueda y descubrimiento. Su legado, sesenta años después, sigue resonando con la fuerza de un solo de saxofón, invitándonos a saltar, a explorar y a dejarnos llevar por el ritmo inconfundible de Cortázar.

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