28/03/2025
En el vasto y a menudo ruidoso panorama de la literatura, emergen voces que, lejos de buscar el estruendo, encuentran su fuerza en la quietud. Beatriz Vallejos (1922-2007), una de las más singulares figuras del litoral argentino, nos legó no solo una obra poética y plástica de profunda belleza, sino también una filosofía de la creación que se resume en una frase tan enigmática como reveladora: «Hay que extraer la palabra del silencio con cuidado. Sólo tomo del silencio las palabras necesarias. El silencio es el padre de la música. El misterio es el hijo de la transparencia.» Esta declaración, compartida en un reportaje con Enrique Butti, es la clave para desentrañar el universo de una artista que supo escuchar lo inaudible y transformar lo velado en luz.
La obra de Vallejos nos invita a una introspección, a apreciar la brevedad y la síntesis como caminos hacia la vastedad. Su poesía, imbuida de la esencia del paisaje litoraleño y de una sensibilidad mística, nos enseña la importancia de la pausa, de la escucha atenta, para que la palabra justa, la palabra esencial, pueda brotar. Este artículo se adentrará en la vida y el legado de Beatriz Vallejos, explorando cómo su trayectoria personal, su incursión en las artes plásticas y, sobre todo, su particular concepción del lenguaje, la consolidaron como una voz indispensable en la poesía argentina.
Los Orígenes de una Creadora: El Canto del Litoral
Beatriz Vallejos nació en 1922 en Santa Fe de la Vera Cruz, una ciudad que marcó profundamente su identidad y su obra. Sus raíces familiares fueron un crisol de influencias que, sin duda, sembraron las semillas de su futura vocación artística. Su padre, farmacéutico, no solo dominaba la lengua guaraní, sino que también era un ávido lector de los clásicos de la literatura francesa del siglo diecinueve. Fue él quien la introdujo en los «infinitos dominios de la literatura», abriendo para ella un mundo de palabras y conceptos. No menos poderosa fue la influencia de su madre, una mujer italiana que, tras una travesía oceánica a los quince años, llegó a estas tierras para convertirse en una «maga en la cocina y diestra en el manejo de las agujas». Esta combinación de saberes, la erudición paterna y la sabiduría práctica y artesanal materna, influyó de manera decisiva en la futura creadora, dotándola de una sensibilidad para lo sutil, lo manual y lo profundamente arraigado a la tierra y a la memoria.
Desde su adolescencia, Beatriz mostró un talento innato para las letras. Egresada de la Escuela Normal Nacional de su ciudad natal, no tardó en ser reconocida. En 1944, obtuvo el primer premio en el prestigioso «Concurso poeta joven inédito» por su poemario «Alborada del canto». Este galardón fue un presagio de la fructífera carrera que le esperaba. Más tarde, residiendo en Rosario, profundizó sus estudios en la Facultad de Filosofía y Letras durante el bienio 1948-1949, consolidando así su formación académica y su compromiso con el estudio de la palabra.
La Pluma y el Pincel: La Sinfonía de sus Creaciones
Lo que distingue a Beatriz Vallejos no es solo su prolífica producción poética, sino también su incursión y maestría en las artes plásticas. Junto al artista Carlos Valdés Mujica, fallecido en 1961, Vallejos aprendió la técnica «laquista», una disciplina que le permitió explorar la luz y el color de una manera única. En 1962, presentó sus primeras lacas en Rosario, y al año siguiente, con el auspicio de la «Asociación de Arte», exhibió en el «X Salón de Arte Moderno» de esa ciudad, en el Museo «Carlos Castagnino». Su trabajo fue rápidamente reconocido por su singularidad y su capacidad de evocar paisajes y sensaciones.
En 1965, realizó varias muestras individuales en Rosario y presentó su serie «Del viento y del agua» en el «Simposio Nacional del Folclore» de Cosquín, provincia de Córdoba. Allí, entabló un diálogo crucial con el investigador Lázaro Flury sobre la «Influencia del viento y del agua en la creación folklórica», demostrando cómo su arte se nutría de una profunda conexión con el entorno natural. Sus exposiciones se extendieron por diversas provincias, llegando al Salón Cultura de Goya y al Museo de Bellas Artes de Corrientes, donde en 1967 disertó sobre «Transparencia y misterio de las lacas». Este título es particularmente revelador, ya que la transparencia y el misterio son también pilares fundamentales de su poesía. Dos años después, su exposición individual en la Galería «Witcomb» de la capital federal recibió elogios en el diario «Clarín», que destacó: «…Esa acaso misteriosa alquimia, en que juegan resinas y pigmentos para florar sobre madera con la sensación de un mensaje que está en el tiempo, tiene en Beatriz Vallejos a una extraordinaria intérprete… aflora el espíritu de su litoral a través de un hálito en que están mezclados el color y el aire, el clima y alguna leve referencia a esas cosas de Santa Fe que tan bien conocemos…» Esta reseña subraya la íntima relación entre su arte y su origen geográfico, un hilo conductor que también se teje en sus versos. Vallejos no solo pintaba; también impartía cursos sobre la técnica laquista en escuelas e institutos, compartiendo su conocimiento y fomentando la creatividad.
El Silencio como Fuente Inagotable: La Esencia de su Poesía
La cita central de Beatriz Vallejos, «Hay que extraer la palabra del silencio con cuidado. Sólo tomo del silencio las palabras necesarias. El silencio es el padre de la música. El misterio es el hijo de la transparencia», no es una mera reflexión, sino la brújula que guía toda su obra poética. Esta idea revela una profunda conciencia sobre el poder y la fragilidad del lenguaje. Para Vallejos, la palabra no es un mero vehículo de comunicación, sino una revelación que surge de la quietud, de la meditación. No se trata de un silencio vacío, sino de uno preñado de sentido, donde el poeta debe ser un oyente atento, un buscador de lo puro y lo necesario.
La metáfora del silencio como «padre de la música» sugiere que la verdadera armonía, la resonancia profunda de un poema, no reside en la abundancia de palabras, sino en su precisión, en su capacidad de sugerir y evocar sin necesidad de decirlo todo. La «transparencia» y el «misterio» se entrelazan: es a través de la claridad de la palabra justa que se asoma lo inefable, lo que está más allá de la superficie. Esta concepción se manifiesta en la brevedad y concisión de sus poemas, donde cada vocablo es elegido con una deliberación casi quirúrgica. No hay adornos superfluos; la palabra es exacta, destilada.
Analicemos algunos ejemplos de su obra que ilustran esta filosofía:
- «En la punta del bambú un tordo»:
Flexible la caña
cimbra la proximidad
de la tormenta. Intenso
sobre el gris
el pájaro asentado prueba,
entre las últimas hojas
un extraño amor al viento.
Aquí, Vallejos, con apenas unas pocas líneas, captura la tensión de la naturaleza ante la tormenta, la fragilidad de la caña y la resistencia del tordo. La palabra es precisa, evocando imágenes visuales y sensoriales sin caer en descripciones extensas. El silencio de la naturaleza en espera se traduce en la quietud del poema, donde cada palabra tiene un peso específico. - «Teje»:
Sólo existen tus manos,
la hebra que trae, a cadencia,
el murmullo de un dialecto lejano.
Más allá del mar.
Al pie la mecedora
con la muñeca de ojos fijos
viajo conmigo en tu ovillo.
Yo que soy una flor
en tus laderos de esmeralda
entiendo, mirándote,
el lenguaje de la bruma.
Este poema, incluido en la antología «A la madre» de María Elena Walsh, es un testimonio de cómo Vallejos extrae significado de lo cotidiano y lo doméstico. Las manos que tejen no solo manipulan hilos, sino que traen consigo un «dialecto lejano», una herencia cultural. El «lenguaje de la bruma» sugiere una comunicación que va más allá de las palabras explícitas, una comprensión intuitiva que surge de la observación y la conexión profunda. Es la palabra que emana de un silencio de afecto y memoria. - «Sin evasión»:
bajo la nube tóxica
escribo poemas
bajo la nube tóxica
escribo poemas
poemas sin palabras
bajo la nube tóxica.
Este es, quizás, uno de los ejemplos más contundentes de su aproximación al silencio. Escribir «poemas sin palabras» bajo una «nube tóxica» es una declaración de principios. En un mundo saturado de ruido y contaminación (física y metafórica), la poeta se refugia en la esencia, en la verdad más desnuda. No se evade; al contrario, confronta la realidad con una pureza tal que la palabra se vuelve casi inmaterial, trascendiendo su forma para convertirse en pura resonancia. Es la voz que se alza desde el silencio de la desesperación, pero con la fuerza de la verdad irrefutable. - «Corazón de árbol»:
Nave de un cántico
El invisible entorna
arias
de una lejanía.
¿ocultas gemas?
para irisar
la humana transfiguración?
lejanos cánticos
lejanos cánticos
míticas parcelas de la dicha
es aún la ofrenda
es aún la ofrenda
Esplendor de los pétalos
Esplendor de los frutos
Toda perfección de inocencia.
Amados rostros
juegos del sol
Amados rostros.
Este poema, que cierra su libro «Sin evasión», es una plegaria, una búsqueda de lo trascendente. El «invisible» que entorna «arias de una lejanía» sugiere que la belleza y el sentido están ocultos, esperando ser descubiertos por quien sabe escuchar. Las «ocultas gemas» y las «míticas parcelas de la dicha» no se revelan en el estruendo, sino en la quietud de la contemplación, en el acto de «extraer» con cuidado lo valioso del silencio. La «ofrenda» del poema es precisamente esa palabra hallada, esa revelación de la perfección de la inocencia y la belleza de lo simple.
Como señaló Gloria Mende de Bertero, Beatriz Vallejos es «considerada una de las altas voces del litoral», celebrada incluso por Juana de Ibarbourou. Su capacidad para capturar la «vastedad desde lo uno, esa lágrima que hace al río» es la quintaesencia de su poética. Es el arte de la miniatura que contiene el universo, la revelación que surge de la contemplación atenta del silencio.
Un Legado que Resuena: La Perpetuidad de su Obra
La obra de Beatriz Vallejos trascendió su tiempo y su geografía, dejando una huella indeleble en la literatura argentina. Su poesía, que integra diversas antologías, ha sido elogiada por figuras de la talla de Miguel Brascó, quien afirmó que su poesía tiene «suficiente dosis de misterio y verdad como para perdurar en la memoria lírica de la provincia». Su nombre, indiscutiblemente, está «vinculado a las letras de Santa Fe y Rosario, a las que honra por igual, equitativamente».
El impacto de Beatriz Vallejos se extiende hasta las nuevas generaciones de artistas. La escritora María Teresa Andruetto, por ejemplo, dedicó su libro «Beatriz» (2006) a la poeta santafesina, en un acto de profunda admiración y diálogo creativo. Andruetto, como se menciona en el texto, «tomó las palabras de Beatriz Vallejos (muchas veces palabras, algunas veces frases), barajarlas y dar de nuevo, borrando a veces incluso su condición de cita». Este gesto no es una apropiación, sino una confirmación de que la palabra de Vallejos es viva, maleable, capaz de inspirar nuevas creaciones. El poema se convierte en un diálogo donde la «otra-autora se convierte en poeta-médium, la que deja pasar el lenguaje, la que deja que el poema se conforme abriendo la puerta a las palabras que llegan de otro sitio a un nuevo sitio, a un nuevo poema».
Esta continuidad se manifiesta también en el cortometraje «El cerco del cielo» (2002), dirigido y guionizado por Rosa Gronda, producido por el Taller de Cine de la UNL, que busca explorar visualmente la atmósfera de su obra. Roberto Daniel Malatesta, otro poeta y crítico, también se sintió impulsado a escribir sobre su legado, con versos como «Toda ventana requiere de mucho cielo, todo pensamiento grandes masas de aire fresco. El silencio es siempre próximo a la luz y la luz es mojada de cielo», que resuenan con la propia filosofía de Vallejos sobre la luz, el silencio y la transparencia.
Beatriz Vallejos falleció en Rosario en 2007, dejando una obra poética singular, basada en la brevedad y la síntesis entre lo profundamente local y la universalidad más espiritual. En sus últimas creaciones, como los exquisitos trípticos montados como miniaturas, la palabra se integraba a la calidez de la laca y la madera, cerrando el círculo de sus dos grandes pasiones artísticas. Su filosofía de vida, «No creo en la muerte. Yo creo que somos una vibración infinita», encapsula la esencia de su legado: una resonancia que perdura en cada palabra extraída del silencio, en cada luz revelada en el misterio, en cada latido de la poesía que nos legó.
Poemarios Publicados por Beatriz Vallejos (Selección)
| Año | Título de la Obra | Notas Destacadas |
|---|---|---|
| 1945 | Alborada del canto | Primer premio "Concurso poeta joven inédito" |
| 1952 | Cerca del cielo | |
| 1963 | La rama del ceibo | |
| 1970 | Otros poemas | Mención de Honor Premio “José Pedroni” |
| 1980 | Collar de arena | Considerada una de las "altas voces del litoral" |
| 1986 | Pequeñas azucenas en el patio de marzo | Destacada por su conexión con el ámbito santafesino |
| 1986 | Horario corrido | |
| 1986 | Ánfora de Kiwi | |
| 1987 | Lectura en el bambú | |
| 1992 | Sin evasión | Poemas escritos bajo la "nube tóxica" |
| 2001 | El cántaro | Antología representativa de su obra |
Preguntas Frecuentes sobre Beatriz Vallejos
A continuación, respondemos algunas de las preguntas más comunes sobre la vida y obra de esta notable artista:
¿Quién fue Beatriz Vallejos?
Beatriz Vallejos (1922-2007) fue una destacada poeta y artista plástica argentina, nacida en Santa Fe de la Vera Cruz. Es conocida por su singular estilo poético, caracterizado por la brevedad, la síntesis y una profunda conexión con la naturaleza y el paisaje litoraleño. También fue una maestra en la técnica de la laca, creando obras visuales que dialogaban con su poesía.
¿Qué significa "extraer la palabra del silencio" en su obra?
Para Beatriz Vallejos, "extraer la palabra del silencio" es un proceso creativo que implica una búsqueda cuidadosa y deliberada de la palabra esencial. Ella creía que el silencio es la fuente de la verdadera música y que el misterio es el hijo de la transparencia. Esto se refleja en su poesía concisa y profunda, donde cada palabra tiene un peso y una resonancia particular, revelando verdades ocultas en la quietud y la observación atenta.
¿Cuál fue la relación de Beatriz Vallejos con el arte plástico?
Beatriz Vallejos fue una talentosa artista laquista. Aprendió esta técnica con Carlos Valdés Mujica y realizó numerosas exposiciones individuales y colectivas en Argentina. Sus lacas, a menudo inspiradas en elementos naturales como el viento y el agua, compartían con su poesía la búsqueda de la transparencia, el misterio y la captura de la esencia del litoral, explorando la alquimia de resinas y pigmentos sobre madera.
¿Qué influencia tuvo su origen en Santa Fe en su poesía?
El origen de Beatriz Vallejos en Santa Fe de la Vera Cruz fue una influencia fundamental en su obra. La cultura de sus padres (el guaraní y los clásicos franceses del padre, la sabiduría artesanal de la madre italiana) y el paisaje del litoral argentino (ríos, viento, agua, flora y fauna) se entrelazaron en su poesía. Sus versos a menudo evocan la atmósfera, los colores y los sonidos de su tierra natal, dando voz a lo local con una resonancia universal.
¿Dónde puedo encontrar más información sobre su obra?
La obra de Beatriz Vallejos se encuentra en diversas antologías poéticas. Algunos de sus poemarios más destacados incluyen "Collar de arena", "Sin evasión" y "El cántaro" (una antología representativa). Su vida y obra han sido objeto de estudio en publicaciones como "Quién es ella en Santa Fe" de Gloria de Bertero y el libro "Beatriz" de María Teresa Andruetto, que es una relectura de sus poemas.
Si quieres conocer otros artículos parecidos a Extraer la Palabra del Silencio: Beatriz Vallejos puedes visitar la categoría Literatura.
