22/06/2026
En un mundo donde la lectura a menudo se presenta como un imperativo moral o intelectual, la idea de no leer libros, o de abandonarlos a medio camino, puede generar cierta culpa. Sin embargo, ¿es realmente un problema no sumergirse en las páginas de una novela o un ensayo? La respuesta es simple: no, no es inherentemente malo. La lectura, en su esencia más pura, debería ser una fuente de felicidad y descubrimiento personal, no una obligación impuesta. Si la presión por leer te quita el disfrute, entonces es momento de replantearse nuestra relación con los libros.

¿Qué Implica Realmente No Leer Libros?
Si bien no leer libros no es un pecado capital, y ciertamente no afectará la entrega de regalos navideños (a menos que Santa tenga criterios literarios muy específicos), es importante entender qué se puede "perder" al no involucrarse con la lectura. No se trata de una penalización, sino de una elección. Los libros son ventanas a otras mentes, a otras épocas, a otras culturas y a infinitos universos. Son vehículos para la empatía, el conocimiento, la reflexión crítica y la expansión de la imaginación. Cuando elegimos no leer, simplemente estamos optando por no abrir esas ventanas. Esto no es necesariamente negativo si encontramos otras formas de enriquecimiento y placer.
Sin embargo, el hábito de la lectura fomenta una serie de habilidades cognitivas y emocionales que son valiosas. Mejora el vocabulario, la comprensión lectora, la capacidad de concentración y la memoria. Nos expone a diferentes estilos de pensamiento y nos permite procesar ideas complejas. La lectura también puede ser una poderosa herramienta de evasión y relajación, un refugio personal en el ajetreo de la vida moderna. Por lo tanto, aunque no sea "malo" no leer, es una oportunidad que, una vez explorada, puede ofrecer recompensas inmensas y duraderas. La clave es que la experiencia sea un acto de placer y elección, no de imposición.
El Dilema de Dejar un Libro por la Mitad: ¿Perseverar o Abandonar?
Esta es una de las preguntas más recurrentes y debatidas entre los lectores: ¿cuándo es válido abandonar un libro? La academia a menudo nos inculca la idea de que debemos terminar lo que empezamos, pero la experiencia personal y la sabiduría de grandes escritores y críticos ofrecen una perspectiva mucho más liberadora.
La Libertad Borgiana y el Placer como Brújula
Uno de los defensores más célebres de la libertad del lector es Jorge Luis Borges, quien sostenía que "el verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta 'el modo imperativo'". Para Borges, la lectura debe ser una de las formas de la felicidad, y nadie puede ser obligado a ser feliz. Su consejo a sus estudiantes era claro: si un libro aburre, déjalo. No importa si es famoso, moderno o antiguo; la conexión con el texto debe ser genuina y placentera. Esta visión es radicalmente opuesta a la noción de la lectura como una tarea o una prueba de resistencia.
Voces a Favor del Abandono Sin Culpa
El escritor Rodolfo Fogwill compartía una perspectiva similar, incluso más provocadora. Para él, la obsesión por leer "tantos libros" puede rozar la avaricia o los ritos obsesivos. Fogwill encontraba goce en no leer, en saber que tenía "mejores cosas para hacer". Argumentaba que hay demasiados libros en el mundo, más de los que cualquier persona podría leer, y que el momento de abandonar una lectura llega cuando se da cuenta de que hay otras experiencias más valiosas esperando. Su postura es una invitación a la libertad de elegir cómo invertir nuestro tiempo, incluso si eso significa dejar un best-seller a medio leer.
Martín Caparrós, por su parte, lleva esta idea al extremo: "Cuando leo estoy dejando ese libro todo el tiempo". Para él, un texto debe construir una "nostalgia de sí" que nos impulse a volver. Si un libro no logra esa conexión, si no te "obliga a leerlo" por su propia fuerza, entonces es mejor abandonarlo. La cantidad de libros que deja sin terminar es mucho mayor que la de los que concluye, lo que refuerza la idea de que la vida es demasiado corta para lecturas que no nos atrapan.

Rosa Montero comparte esta visión con la madurez que da la experiencia. Lamenta el tiempo malgastado en su juventud por no abandonar libros que no le aportaban nada. Su consejo es claro: "Debes dejar un libro cuando te carga, cuando comprendes que no puede darte nada y que ese tiempo invertido en leerlo estaría mucho mejor empleado en cualquier otro libro". Incluso ha llegado a tirar libros que consideraba "estúpidos o falsos", como las memorias de Simenon o una novela de Tom Wolfe, por no merecer su vida ni su espacio en la biblioteca.
Jaime Bayly y Antonio Dal Masetto, desde la ficción, también coinciden. Bayly deja un libro "cuando me aburre, cuando los personajes no son creíbles, cuando hay un montón de palabras rebuscadas pero no pasa nada". Busca intensidad y que la ficción se parezca a la vida. Dal Masetto abandona cuando el autor "empieza a trampear tratando de demostrarte todo lo inteligente que es y todo lo que sabe" en lugar de contar una historia.
Leo Masliah lo resume de forma concisa: "¿Cuándo dejar? Si a uno le gusta el libro al terminarlo. Si no le gusta, ya debería haberlo dejado".
La Defensa de la Perseverancia (con Matices)
En el otro lado del espectro, aunque con sus propios matices, encontramos voces que defienden cierta perseverancia. Noé Jitrik, un crítico literario de gran renombre, afirma: "Nunca dejo un libro: la lectura me sigue, tanto, que sólo no leyendo me puedo salvar del momento fatal de dejarlo". Para Jitrik, la lectura es una "cadena infinita" de la que, una vez que te subes, no hay escapatoria. Reconoce que algunos libros "lo dejan a él", pero el abandono no le produce dolor. Su mayor preocupación es cuando uno no quiere que el libro se termine, estirándolo al máximo antes de la despedida.
El editor Daniel Divinsky, aunque inicialmente inflexible ("daba asco esa gente que iba dejando libros empezados, como si abandonaran latas mordisqueadas de paté"), ha evolucionado en su pensamiento. Ahora cree que a un libro hay que darle "dos oportunidades para que atrape". Su experiencia con el último García Márquez es ilustrativa: al principio no le interesaba la peripecia, pero persistió y encontró "diez deslumbrantes, trascendentes" páginas cada 20 o 30, que justificaban terminarlo. Esto sugiere que a veces, el gusto se entrena y la recompensa llega después de superar una dificultad inicial.
El agente literario Guillermo Schavelzon comparte una experiencia similar. Muchos libros que le obligaron a leer en el colegio secundario (El Quijote, Moby Dick, Shakespeare) los dejó sin terminar y los leyó con placer años después. Esto subraya que el momento y la motivación son cruciales. Un libro que no resuena a una edad o bajo presión, puede convertirse en una maravilla más tarde. La excepción para él sigue siendo Juvenilia de Miguel Cané, que aún le parece "un plomo".
Tabla Comparativa: ¿Abandonar o Perseverar?
| Autor/Figura | Postura Principal | Argumento Clave | Matices/Ejemplos |
|---|---|---|---|
| Jorge Luis Borges | Abandonar | La lectura es felicidad; no soporta el imperativo. | Si aburre, déjalo, sin importar fama o antigüedad. |
| Rodolfo Fogwill | Abandonar | La lectura obsesiva es avaricia; hay mejores cosas que hacer. | Demasiados libros en el mundo. |
| Martín Caparrós | Abandonar | El texto debe generar "nostalgia de sí" y obligarte a leerlo. | Deja muchos más libros de los que termina. |
| Rosa Montero | Abandonar | Si el libro "carga" o no aporta nada, es tiempo perdido. | Arrepentimiento por no haber abandonado antes; incluso tiró libros. |
| Noé Jitrik | Perseverar | La lectura es una cadena infinita; el libro a veces te abandona a ti. | No deja libros, pero reconoce que algunos "no lo quieren". |
| Daniel Divinsky | Perseverar (con límites) | Dar dos oportunidades; a veces la recompensa llega después. | Experiencia con García Márquez: páginas deslumbrantes justifican la lectura. |
| Guillermo Schavelzon | Perseverar (en el tiempo) | El contexto y la edad cambian la experiencia de lectura. | Libros odiados en la escuela disfrutados años después. |
Preguntas Frecuentes sobre la Lectura y el Abandono
- ¿Es realmente "malo" no leer libros?
- No, no es inherentemente malo. La lectura es una actividad personal y el valor que le otorgas depende de tus intereses y necesidades. Lo importante es que cualquier actividad que elijas te aporte bienestar o conocimiento.
- ¿Debo terminar un libro si me está aburriendo?
- No necesariamente. La mayoría de los expertos citados sugieren que la vida es demasiado corta para forzarse a leer algo que no disfrutas. Si un libro no te atrapa después de un esfuerzo razonable (algunos sugieren 50 páginas, otros hasta dos oportunidades), es válido dejarlo y buscar uno que sí te apasione.
- ¿El gusto literario se puede entrenar o desarrollar?
- Absolutamente. Así como el paladar se refina con la experiencia gastronómica, el gusto literario se expande a medida que lees más. Textos que al principio pueden parecer difíciles o poco atractivos, pueden volverse fascinantes con más experiencia y una mente abierta. A veces, la perseverancia a corto plazo puede llevar a un gran descubrimiento.
- ¿Qué beneficios me pierdo si no leo en absoluto?
- Si bien no es "malo", al no leer podrías perderte oportunidades de:
- Ampliar tu vocabulario y mejorar tu capacidad de expresión.
- Desarrollar el pensamiento crítico y la empatía al explorar diferentes perspectivas.
- Reducir el estrés y mejorar la concentración.
- Acceder a vastas cantidades de conocimiento e información.
- Experimentar el puro placer de la evasión y la imaginación.
- ¿Existe un número "ideal" de libros que debería leer al año?
- No, no existe tal número. La lectura no es una competición. La calidad y el disfrute de lo que lees son mucho más importantes que la cantidad. Lee a tu propio ritmo y según tus intereses.
En última instancia, la relación con los libros es profundamente personal. No hay reglas rígidas ni un "deber ser" que nos obligue a leer o a terminar cada obra que empezamos. La verdadera riqueza de la lectura reside en el placer que nos brinda, en la conexión que establecemos con las ideas y las historias. Si un libro no cumple con esa promesa, la libertad de cerrarlo y buscar otra ventana a otro universo es no solo válida, sino a menudo, la decisión más sabia y respetuosa con nuestro propio tiempo y bienestar. Así que, sin culpas ni presiones, ¡que cada lectura sea una elección gozosa!
Si quieres conocer otros artículos parecidos a La Libertad de Leer (o No): ¿Cuándo Abandonar un Libro? puedes visitar la categoría Lectura.
