¿Qué tipo de palabra es autora?

Mary Shelley: La Genial Autora tras Frankenstein

17/09/2022

Valoración: 4.46 (14936 votos)

Desde la infancia, el monstruo de Frankenstein ha cautivado la imaginación de muchos, presentándose en el cine como una figura aterradora pero, a la vez, extrañamente conmovedora. Sin embargo, la verdadera profundidad de esta criatura no se revela plenamente hasta que uno se sumerge en las páginas de la novela original. Fue al leer el libro que la fascinación se transformó en asombro, al descubrir que aquel ser no solo era capaz de hablar y dialogar, sino que también expresaba sentimientos complejos, anhelaba amor y belleza, y se debatía con preguntas existenciales tan humanas como las nuestras. La criatura de la novela es un alma perdida, un reflejo de las dudas fundamentales sobre la existencia, el origen y el propósito. Y lo más impactante de todo, la mente maestra detrás de esta obra maestra, escrita cuando apenas rozaba la veintena, era una mujer: Mary Shelley.

¿Quién escribió el libro de las mujeres?
El hecho de que el libro estuviera escrito por una mujer, Mary Shelley, en una época en la que las mujeres eran poco más que objetos de devoción, personas frágiles que había que cuidar, subordinadas a sus esposos y sin apenas derechos, me causó admiración.

El Monstruo de Frankenstein: Un Espejo del Alma Humana

La novela Frankenstein o el Moderno Prometeo es mucho más que una historia de terror gótico. Es una profunda exploración de la naturaleza humana, la responsabilidad del creador hacia su creación y los peligros del conocimiento sin ética. La criatura, a diferencia de sus representaciones cinematográficas, es un ser sensible y pensante, dotado de una capacidad de razonamiento que le permite cuestionar su propia existencia y la crueldad del abandono. Sus lamentaciones resuenan con un dolor universal, como cuando se dirige a su creador, el Dr. Frankenstein, con palabras que evocan la figura bíblica de Adán, pero en un contexto de desdicha:

“Debía ser vuestro Adán, pero soy más bien el ángel caído a quien negáis toda dicha. Doquiera que mire, veo felicidad de la cual sólo yo estoy irrevocablemente excluido. Yo era bueno y cariñoso; el sufrimiento me ha envilecido. Concededme la felicidad y volveré a ser virtuoso.”

Y ante la negativa de su creador, su súplica se vuelve aún más desgarradora:

“¿Cómo podré conmoveros? ¿No conseguirán mis súplicas que os apiadéis de vuestra criatura, que suplica vuestra compasión y bondad? Creedme, Frankenstein: yo era bueno; mi espíritu estaba lleno de amor y humanidad, pero estoy solo, horriblemente solo. Vos, mi creador, me odiáis. ¿Qué puedo esperar de aquellos que no me deben nada?”

Estas reflexiones de la criatura tocan fibras sensibles, abordando cuestiones de identidad, soledad y la búsqueda de aceptación, temas que el pensamiento moderno, particularmente el existencialismo, exploraría siglos después. La novela de Shelley, escrita en una época de rápidos avances tecnológicos y cambios sociales, anticipa el desasosiego ante el dominio de la naturaleza y los dilemas morales que acompañan al progreso científico. Es un testimonio de la capacidad humana para el bien y el mal, y de cómo el entorno y el trato recibido pueden moldear el destino de un ser.

Mary Shelley: Una Mente Adelantada a su Tiempo

Lo que hace aún más asombrosa la obra de Mary Shelley es el contexto en el que fue escrita. En una era donde las mujeres eran, en gran medida, relegadas a roles domésticos y consideradas seres frágiles y subordinados, Mary Wollstonecraft Godwin (su nombre de soltera) emergió como una autora de una profundidad intelectual y filosófica inaudita para su edad y género. Nació en agosto de 1797, hija de figuras que desafiaron las convenciones de su tiempo. Su padre, William Godwin, era un escritor y filósofo político con inclinaciones anarquistas, cuyas ideas sobre la bondad inherente del ser humano y la corrupción de la sociedad se filtraron en la psique de la criatura de Frankenstein.

Su madre, Mary Wollstonecraft, a quien apenas conoció debido a su fallecimiento poco después del parto, es universalmente reconocida como una de las pioneras del feminismo. Su obra A Vindication of the Rights of Woman (1792) fue un manifiesto audaz en favor de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Aunque Mary Shelley creció sin su madre, el legado intelectual de sus padres y la educación avanzada que recibió, inusual para una mujer de su época, moldearon una mente brillante y librepensadora. Este ambiente, saturado de ideas radicales y debates intelectuales, sentó las bases para la imaginación de una joven que, a sus dieciocho años, concebiría un universo moral, tecnológico y filosófico tan complejo.

La Noche que Dio Vida a un Mito: El Origen de Frankenstein

La génesis de Frankenstein es casi tan famosa como la novela misma. Fue en el verano de 1816, un año conocido como el “año sin verano” debido a una erupción volcánica que oscureció los cielos de Europa, cuando Mary, con solo 18 años, se encontraba en Suiza. Junto a su amante (y futuro esposo) Percy Shelley, su hermanastra Claire Clairmont, Lord Byron y el médico John William Polidori, se refugiaron de las inclemencias del tiempo en la espectacular Villa Diodati, a orillas del lago Lemán, cerca de Ginebra. En una de esas noches de tormenta, con la atmósfera cargada de relámpagos y el eco de la fantasía, Byron propuso un desafío: que cada uno escribiera una historia de terror.

De aquel reto, solo Mary Shelley y Polidori cumplieron cabalmente. Polidori creó El vampiro, una obra que se adelantaría a la figura literaria del vampiro moderno. Mary, por su parte, combinó en su fértil imaginación elementos que había absorbido de sus lecturas y conversaciones previas: los experimentos con electricidad de Luigi Galvani y Andrew Crosse, los avances médicos de la época, las novelas góticas en boga y, crucialmente, los dilemas morales inherentes a los descubrimientos científicos. Según su propio relato, la idea central de Frankenstein le llegó en un sueño vívido: vio a un estudiante de medicina arrodillado ante la criatura que él mismo había animado. Este sueño fue el catalizador que puso en marcha la escritura de Frankenstein o el Moderno Prometeo, una obra que cambiaría para siempre el panorama de la literatura.

Más Allá de Frankenstein: Los Otros Viajes y Escritos de Mary Shelley

A menudo, la monumental sombra de Frankenstein eclipsa el resto de la vasta y fascinante obra de Mary Shelley. Es común la creencia errónea de que fue su primer texto publicado o que el viaje a Villa Diodati fue su única experiencia significativa en Europa. Sin embargo, su talento literario se extendió mucho más allá de su novela más conocida, abarcando diarios de viaje, ensayos y otras novelas de gran calado.

¿Quién escribió el libro de las mujeres?
El hecho de que el libro estuviera escrito por una mujer, Mary Shelley, en una época en la que las mujeres eran poco más que objetos de devoción, personas frágiles que había que cuidar, subordinadas a sus esposos y sin apenas derechos, me causó admiración.

Un ejemplo revelador es Crónica de un Viaje de Seis Semanas, un pequeño volumen que recopila diarios y cartas de sus escapadas por Europa. La primera de estas travesías, y la menos conocida, tuvo lugar en 1814, dos años antes de la famosa estancia en Villa Diodati. Con apenas 16 años, Mary se fugó con Percy Shelley y su hermanastra Claire, embarcándose en un periplo por Alemania, Holanda, Francia y Suiza. Este viaje, escandaloso para la puritana sociedad inglesa de la época, les permitió liberarse de los corsés sociales y dedicarse a la lectura, la escritura y la contemplación de la naturaleza. Los diarios conjuntos, escritos a cuatro manos, fueron la base de los capítulos que abren Crónica de un Viaje de Seis Semanas, donde Mary relata con candidez juvenil y una sinceridad desarmante las incomodidades del viaje, el asombro ante la diversidad de gentes y costumbres, y la fascinación por los paisajes, desde los “aburridos” campos franceses hasta los majestuosos Alpes.

En estos textos, Mary no escatima en calificativos, mostrando una aguda capacidad de observación y, a veces, una franqueza que hoy podría parecer hiriente al describir las diferencias sociales y las penurias. No obstante, sus escritos también revelan una progresiva liberación de prejuicios y una profunda comunión con la naturaleza, un rasgo distintivo del romanticismo. La segunda parte del libro se centra en las cartas escritas durante su segunda y más célebre estancia en Suiza en 1816. Aunque no hay referencias explícitas a las míticas veladas en Villa Diodati, estas cartas están impregnadas de su entusiasmo por el entorno sublime, sus opiniones políticas y literarias, y los vaivenes de un espíritu juvenil, libre y apasionado por descubrir, mirar y sentir. Este detalle, lejos de decepcionar, subraya que Mary Shelley fue una figura mucho más compleja y multifacética que la simple autora de una única obra cumbre.

A lo largo de su vida, Mary Shelley continuó escribiendo. Novelas como El Último Hombre, Valperga y Lodore, así como sus escritos sobre los viajes que realizó por Alemania e Italia a mediados de siglo, demuestran la amplitud de sus intereses y la profundidad de su pensamiento. Solo en las últimas décadas se ha comenzado a prestar la atención merecida a la totalidad de su producción literaria, revelando a una mujer con ideas propias, una personalidad libre y unas inquietudes políticas y sociales poco comunes para una mujer de su época. Su fallecimiento en 1851, a causa de un tumor cerebral, marcó el fin de una vida dedicada a la literatura y al pensamiento crítico, dejando un legado que continúa inspirando y provocando reflexiones.

El Legado Inmortal de una Autora Visionaria

Mary Shelley no solo nos legó una de las obras más influyentes de la literatura universal, sino que también se erigió como un símbolo de la capacidad creativa femenina en un mundo dominado por hombres. Su obra Frankenstein sigue siendo tan relevante hoy como lo fue en el siglo XIX, abordando dilemas éticos sobre la inteligencia artificial, la bioingeniería y los límites de la ciencia, temas que resuenan con fuerza en el siglo XXI. La criatura de Frankenstein, con sus preguntas sobre la identidad y el abandono, es un arquetipo universal que trasciende el tiempo y las culturas.

El hecho de que una mujer tan joven, con la educación y las influencias de sus padres, pudiera concebir una obra de tal magnitud filosófica y social, es un testimonio de su genio. Su vida misma fue una declaración de independencia y un desafío a las normas sociales. Desde sus ideas sobre el amor y el matrimonio libre hasta sus viajes y su incansable producción literaria, Mary Shelley encarnó el espíritu de una época de cambio y, al mismo tiempo, fue una precursora de futuras revoluciones intelectuales y sociales. Reivindicar su obra más allá de Frankenstein, y comprender su figura dentro del contexto adecuado, es esencial para apreciar plenamente el carisma y la visión de una persona verdaderamente adelantada a su tiempo. Su legado no es solo el de una escritora, sino el de una pensadora profunda que utilizó la ficción para explorar las verdades más complejas del ser humano.

Preguntas Frecuentes sobre Mary Shelley y Frankenstein

  • ¿Quién fue Mary Shelley?
    Mary Shelley (nacida Mary Wollstonecraft Godwin) fue una novelista británica del siglo XIX, conocida principalmente por su obra maestra gótica Frankenstein o el Moderno Prometeo. Fue hija del filósofo político William Godwin y de la pionera feminista Mary Wollstonecraft.
  • ¿Cuándo escribió Mary Shelley "Frankenstein"?
    Mary Shelley concibió la idea para Frankenstein en el verano de 1816, durante una estancia en Villa Diodati, Suiza, con Lord Byron, Percy Shelley y otros. La novela fue publicada por primera vez de forma anónima en 1818, cuando ella tenía 20 años.
  • ¿Cuáles fueron las principales influencias en la creación de "Frankenstein"?
    Las influencias incluyeron conversaciones sobre el galvanismo y los experimentos científicos de la época, las novelas góticas, las ideas filosóficas de sus padres (especialmente el concepto de la bondad inherente del ser humano corrompido por la sociedad) y un sueño vívido que tuvo en Villa Diodati.
  • ¿Qué otros libros escribió Mary Shelley?
    Además de Frankenstein, Mary Shelley escribió varias otras novelas, incluyendo Valperga (1823), El Último Hombre (1826) y Lodore (1835). También publicó ensayos, poemas y relatos de viajes, como Crónica de un Viaje de Seis Semanas.
  • ¿Por qué es importante Mary Shelley como autora?
    Mary Shelley es importante no solo por haber creado una obra fundamental de la literatura gótica y de ciencia ficción, sino también por ser una mujer que desafió las normas sociales y literarias de su época. Su obra explora temas profundos como la ética científica, la identidad y la responsabilidad del creador, y su vida misma fue un ejemplo de intelecto y autonomía femenina en un periodo restrictivo para las mujeres.

Si quieres conocer otros artículos parecidos a Mary Shelley: La Genial Autora tras Frankenstein puedes visitar la categoría Literatura.

Subir