¿Qué pasó en la batalla de Waterloo?

La Batalla de Waterloo: El Ocaso de Napoleón

29/11/2025

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El 20 de marzo de 1815, el mundo contuvo el aliento. Napoleón Bonaparte, el hombre que había dominado Europa durante más de una década, pisaba de nuevo suelo francés tras su audaz escape de la isla de Elba. Este retorno, que dio inicio al período conocido como los Cien Días, encendió las alarmas en todas las cortes europeas. El emperador francés, con su ambición intacta, aspiraba a restaurar su poder personal y la hegemonía de Francia. Sin embargo, las potencias aliadas no estaban dispuestas a permitirlo, y la respuesta no se hizo esperar: la formación de la Séptima Coalición, la última y definitiva alianza antinapoleónica, marcaba el preludio de un enfrentamiento que cambiaría el rumbo de la historia.

¿Qué pasó en la batalla de Waterloo?
La famosa batalla de Waterloo, el 18 de junio de 1815, puso fin al breve sueño de Napoleón Bonaparte de restaurar su poder y apoderarse de Europa una vez más. Periodista especializado en historia, paleontología y mascotas Actualizado a 17 de junio de 2024 · 11:20 · Lectura: "Batalla de Waterloo", por William Sadler.

El Regreso del Emperador y la Séptima Coalición

El regreso de Napoleón fue meteórico. Desde su desembarco en la Costa Azul, el fervor popular lo impulsó de regreso a París, donde entró triunfalmente el 20 de marzo, mientras el rey Luis XVIII huía a los Países Bajos. Este resurgimiento del imperio napoleónico alarmó profundamente a las monarquías europeas. Conscientes del peligro que representaba un Napoleón nuevamente en el poder, sus viejos enemigos no tardaron en forjar una nueva alianza. Inglaterra, Rusia, Prusia, Suecia, Austria, los Países Bajos, España y varios estados alemanes unieron fuerzas, decididos a poner fin a la amenaza napoleónica de una vez por todas. La Séptima Coalición se preparó para la guerra, sabiendo que el tiempo era un factor crítico.

La Estrategia de la Velocidad: Napoleón en Bélgica

Napoleón era plenamente consciente de que su principal enemigo en esta contienda era el tiempo. Aunque poseía la capacidad de derrotar por separado a los ejércitos del Reino Unido, Prusia, Austria y Rusia, sabía que si permitía que estas fuerzas aliadas se reunieran, sus posibilidades de victoria se reducirían drásticamente. Por ello, decidió actuar con la celeridad que lo caracterizaba. A principios de junio, movilizó a sus tropas hacia el norte con un doble objetivo: primero, derrotar a los británicos que ya se encontraban en el continente, y segundo, apoderarse de Bélgica, una región donde contaba con un notable apoyo popular que le permitiría reclutar más soldados. El 15 de junio, el ejército francés ya había ingresado en Bélgica, tomando por sorpresa a sus adversarios. La rapidez de su avance fue tal que el duque de Wellington, comandante de las tropas británicas, fue informado de la invasión mientras asistía a un baile en Bruselas.

En apenas una semana, los franceses llegaron a los Países Bajos, cosechando algunas victorias en batallas menores que sirvieron para reafirmar la moral de sus tropas. Sin embargo, su avance se detendría abruptamente. Se encontraron frente a frente con las fuerzas británicas cerca de la población de Waterloo, en la actual Bélgica. Allí, no solo se detendría su progresión militar, sino también el efímero sueño de Napoleón de reconstruir su vasto imperio.

El Duelo Táctico en Waterloo: Wellington vs. Napoleón

Arthur Wellesley, el duque de Wellington, un corpulento oficial irlandés de 46 años y héroe de la Guerra de la Independencia española, se encontraba al mando de un ejército compuesto por británicos, alemanes y holandeses. A pesar de que sus fuerzas eran numéricamente similares a las de Napoleón, Wellington era consciente de encontrarse en desventaja cualitativa. A diferencia de las tropas del emperador, compuestas en su mayoría por soldados con experiencia y algunas unidades veteranas, el grueso del ejército inglés estaba formado por reclutas que nunca habían entrado en combate, apoyados por combatientes neerlandeses menos experimentados. El comandante británico sabía que la victoria dependía de la llegada a tiempo de sus aliados prusianos, dirigidos por el mariscal Gebhard von Blücher, un estratega prusiano de 72 años que disfrutaba la primera línea de batalla.

Por este motivo, Wellington optó por una estrategia defensiva. El 17 de junio, con la llegada del ejército napoleónico, situó sus tropas en la ladera del Mont Saint-Jean, una elevación natural que las protegía eficazmente de la artillería enemiga. Aquel día, la lluvia era incesante y el terreno estaba completamente fangoso. Estas condiciones climáticas adversas impidieron a los franceses mover sus pesados cañones con facilidad o intentar una carga con la caballería, una táctica en la que Napoleón confiaba mucho. No fue hasta media mañana del día siguiente, el 18 de junio, cuando Napoleón pudo iniciar el ataque, perdiendo unas horas que, a la postre, resultarían decisivas para el desenlace de la batalla.

Momentos Clave del Combate: Errores y Resistencia

El plan inicial de Bonaparte era impedir que sus adversarios se unieran, separando a los prusianos de los ingleses para derrotarlos por separado. Sin embargo, sus enemigos ya habían sido víctimas de sus tácticas en el pasado y no caerían tan fácilmente en la trampa. Las fuerzas que se enfrentaron en Waterloo, una aldea a unos veinte kilómetros al sur de Bruselas, eran gigantescas: 74.000 franceses contra 68.000 aliados y 45.000 prusianos que estaban en camino.

El combate comenzó pasadas las 11 de la mañana. Napoleón ordenó una violenta carga contra el centro y la izquierda enemiga, con la intención de arrasar sus líneas y terminar la batalla lo más rápido posible. El ejército francés puso en práctica diversas estrategias que habían funcionado con éxito en batallas anteriores, pero esta vez ninguna surtió el efecto esperado. Esto se debió, en parte, a la falta de coordinación entre las diversas unidades napoleónicas y a decisiones estratégicas discutibles, como formar un frente de ataque demasiado ancho, que ofrecía un blanco fácil a la artillería británica. Sin embargo, la resistencia de las tropas de Wellington fue mucho mayor de lo que se esperaba.

Gran parte de la acción se concentró en puntos clave como Placenoit, Braine-l’Allend y, especialmente, la granja de Hougoumont. En Hougoumont, unos 2.600 defensores lograron frenar una y otra vez feroces arremetidas de más de 10.000 franceses. La orden de Wellington fue clara: «Defiendan la posición hasta el final, y no la entreguen ni la abandonen por ninguna razón». Napoleón no comprendió por qué allí se trabó una lucha tan encarnizada, cuando él había ordenado que fuera solo una distracción para atacar otro flanco. La artillería francesa, en la que Bonaparte confiaba ciegamente, vio minimizados sus daños debido al excesivo lodo, que amortiguaba el impacto de las balas de cañón. El bombardeo se mantuvo hasta las dos de la tarde, momento en que se envió a la infantería a subir una colina donde se concentraba el ejército aliado, pero fueron rechazados con firmeza. A las tres, un nuevo ataque al centro inglés, y tres horas después, la granja de La Haie Sainte finalmente cayó en manos francesas.

El Factor Decisivo: La Llegada Prusiana

La batalla se encontraba en un punto incierto. A primera hora de la tarde, Napoleón recibió la noticia de que un ejército al mando de Friedrich von Bülow se acercaba. Sabía que no debía perder tiempo: era imperativo vencer a los ingleses antes de la llegada de los prusianos. Ordenó a la caballería un ataque masivo al centro enemigo, pero las líneas inglesas se mantuvieron firmes, negándose a ceder ante las embestidas francesas. La situación era tan crítica que Wellington envió un mensaje desesperado a los prusianos: «Si el cuerpo no continúa su marcha y ataca enseguida, la batalla está perdida».

El factor decisivo que inclinó la balanza a favor de los aliados fue la llegada inesperada de las tropas de von Blücher. Aunque se suponía que iban retrasadas a causa de la lluvia y el barro, el segundo cuerpo prusiano, comandado por Von Bülow, entró en la batalla, atacando el flanco derecho del ejército francés. Napoleón no contaba con que llegaran a tiempo para la batalla y no había preparado un plan para aquella eventualidad. Este nuevo frente de combate abierto por los prusianos rompió las líneas francesas e impidió cualquier intento de lanzar un contraataque coordinado. El propio von Blücher resultó herido, pero su ejército siguió adelante. El ejército napoleónico comenzó a disgregarse en unidades aisladas que intentaban resistir los ataques de la caballería enemiga.

Dos horas después, Napoleón jugó su última carta: envió a combatir a sus últimos 5.000 granaderos, su Guardia Imperial, los soldados más veteranos y leales. Pero esta arremetida fue deshecha por la caballería pesada británica y, por primera vez en su historia, la Guardia Imperial debió retroceder, lo que animó a Wellington a ordenar un contraataque general. El segundo cuerpo prusiano cercó a los granaderos franceses, y cada vez había más enemigos. A las 8 de la noche, el tercer cuerpo prusiano entró en acción, doblando en número a las ya mermadas fuerzas francesas. Napoleón, perplejo, no comprendía por qué sus subordinados habían cometido tantos errores, ejecutando mal sus propias órdenes o lanzándose a acciones inconsultas.

Finalmente, el emperador tuvo que reconocer que la batalla estaba perdida. Ordenó una caótica retirada. Aunque Napoleón pudo escapar, las tropas aliadas persiguieron implacablemente a los franceses, capturando a miles de soldados y apoderándose de la artillería enemiga. Aquel 18 de junio de 1815 no solo se había perdido la batalla, sino también la guerra.

¿Quién fue el gran vencedor de Waterloo?
Las fuerzas que se enfrentaron en Waterloo, una aldea situada a unos veinte kilómetros al sur de Bruselas, fueron gigantescas: 74.000 franceses contra 68.000 aliados y 45.000 prusianos. El Duque de Wellington quedó como el gran vencedor de la jornada, aunque contó con la valiosa participación de los prusianos.

Consecuencias Inmediatas: El Fin de un Sueño Imperial

Derrotado el ejército francés, las tropas de la Séptima Coalición se internaron en Francia con el objetivo de capturar a Napoleón. Junto a Wellington viajaba el rey francés Luis XVIII, quien no quería perder la oportunidad de recuperar la corona. El 8 de julio, la monarquía se restauró en Francia, y dos días más tarde, Napoleón se rindió y se entregó a los británicos. Fue condenado a un segundo y definitivo destierro.

Esta vez, su destino fue la remota isla de Santa Elena, en medio del Atlántico, a 1.800 kilómetros de la costa más próxima. La ubicación, deliberadamente escogida, hacía imposible una nueva fuga como la que había protagonizado desde la isla de Elba. Napoleón pasó en Santa Elena los últimos seis años de su vida, dedicándose a escribir sus memorias y reflexionando sobre su extraordinario destino. Murió el 5 de mayo de 1821. Según sus médicos, la causa fue una enfermedad hepática, aunque él siempre sospechó que estaba siendo envenenado lentamente.

El Legado de Waterloo: Un Nuevo Orden en Europa

La desaparición del hombre más temido de Europa puso fin a casi trece años de guerras continuas que habían modificado drásticamente las fronteras y alterado gravemente el equilibrio de fuerzas en el continente. El Congreso de Viena, celebrado entre 1814 y 1815, intentó una vuelta al statu quo anterior a la Revolución Francesa, restaurando las monarquías y redefiniendo las fronteras para contener futuras amenazas. Sin embargo, la huella dejada por Napoleón era mucho más profunda de lo que se creía.

La ocupación napoleónica, paradójicamente, había tenido el efecto de esparcir las ideas revolucionarias por toda Europa. Conceptos como la igualdad ante la ley, la soberanía popular y la abolición de privilegios feudales se arraigaron en las mentes de los pueblos. Este legado, unido al ascenso del Romanticismo y su énfasis en la identidad cultural y la autodeterminación, desató el sentimiento nacionalista y los movimientos antiimperiales. Esto llevó al nacimiento de nuevos países y a la reconfiguración de otros, como la unificación de Italia y Grecia, entre otros, en las décadas siguientes. Waterloo no fue solo el final de una era, sino también el catalizador para el surgimiento de una nueva Europa, marcada por el nacionalismo y la búsqueda de la autodeterminación.

¿Quién Fue el Verdadero Vencedor?

La historia suele ser escrita por los vencedores, y en el caso de Waterloo, el duque de Wellington fue inmortalizado como el gran triunfador. De hecho, el nombre de la batalla, Waterloo, proviene de la aldea donde Wellington había dormido la noche anterior al combate, a pesar de que el mariscal prusiano von Blücher pretendía que se llamara “Belle Alliance”, el nombre del campamento de Napoleón.

Aunque Wellington es reconocido como el gran vencedor de la jornada, es innegable que contó con la valiosa y decisiva participación de los prusianos. Su llegada en el momento crítico desequilibró la balanza y provocó el colapso de las líneas francesas. Sin la intervención de Blücher, el resultado de la batalla habría sido incierto, y Wellington mismo lo reconoció. La victoria en Waterloo catapultó a Wellington a la fama, convirtiéndolo en primer ministro de Gran Bretaña en dos ocasiones. Sin embargo, al ver el terrible saldo de la batalla, el campo plagado de cadáveres, expresó una profunda reflexión: «Aparte de una batalla perdida, no hay nada más deprimente que una batalla ganada».

Análisis de Fuerzas y Bajas en Waterloo

La Batalla de Waterloo fue un enfrentamiento masivo, con un alto costo humano para todas las partes involucradas. A continuación, un resumen de las fuerzas y las bajas estimadas:

BandoComandante PrincipalEfectivos (Aprox.)Bajas (Muertos/Heridos/Prisioneros)
FranciaNapoleón Bonaparte74.00026.000 muertos/heridos, 10.000 prisioneros
Aliados (Británicos, Holandeses, Alemanes)Duque de Wellington68.00017.000 muertos/heridos
PrusianosMariscal Gebhard von Blücher45.0007.000 muertos/heridos

Preguntas Frecuentes sobre la Batalla de Waterloo

¿Dónde se libró la Batalla de Waterloo?
La Batalla de Waterloo se libró cerca de la población de Waterloo, en la actual Bélgica, a unos veinte kilómetros al sur de Bruselas. Los combates más encarnizados tuvieron lugar en granjas como Hougoumont y La Haie Sainte, y en localidades como Placenoit y Braine-l’Allend.

¿Cuándo ocurrió la Batalla de Waterloo?
La batalla principal tuvo lugar el 18 de junio de 1815, aunque los movimientos previos de las tropas comenzaron días antes. Fue el punto culminante del periodo conocido como los Cien Días de Napoleón.

¿Quiénes fueron los principales comandantes?
Por el lado francés, el comandante supremo fue el emperador Napoleón Bonaparte. Las fuerzas aliadas estaban lideradas por el duque de Wellington (comandante de las tropas británicas y aliadas) y el mariscal Gebhard von Blücher (comandante de las tropas prusianas).

¿Por qué Napoleón perdió en Waterloo?
La derrota de Napoleón en Waterloo se atribuye a varios factores clave: la tenaz resistencia de las tropas de Wellington, a pesar de su inexperiencia; errores tácticos franceses, como la falta de coordinación entre unidades y el frente de ataque demasiado amplio; la demora en el inicio del combate debido al mal tiempo y el terreno fangoso; y, crucialmente, la llegada inesperada y decisiva de las tropas prusianas de Blücher, que abrieron un nuevo frente y rompieron las líneas francesas en el momento más crítico.

¿Cuál fue el destino final de Napoleón tras Waterloo?
Tras la derrota en Waterloo, Napoleón regresó a París, pero perdió todo apoyo político y se vio obligado a abdicar nuevamente. Se entregó a los británicos y fue exiliado a la remota isla de Santa Elena, en medio del Atlántico, donde pasó los últimos seis años de su vida. Murió el 5 de mayo de 1821.

¿Qué fue el período de los Cien Días?
Los Cien Días fue el período comprendido entre el 20 de marzo de 1815, cuando Napoleón Bonaparte regresó a París tras escapar de su exilio en la isla de Elba, y el 8 de julio de 1815, cuando el rey Luis XVIII fue restaurado en el trono. Este período de tres meses fue el último intento de Napoleón de restaurar su imperio antes de su derrota definitiva en Waterloo.

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