07/08/2022
La condición humana es a menudo un laberinto de preguntas fundamentales: "¿Por qué existimos?" y "¿Cuál es nuestro propósito?". Para muchos, estas interrogantes conducen a una profunda y a veces incómoda realización: la libertad que nos define no es una elección, sino una condición inherente a nuestra existencia. No la pedimos, simplemente "viene con nosotros". Esta realidad, lejos de ser un consuelo, nos lanza a un abismo de responsabilidad que debemos aprender a gestionar, especialmente en un mundo donde la ausencia de una guía divina omnipresente nos deja a nuestra propia suerte. Para desentrañar esta compleja relación entre el hombre y su libertad ineludible, nos sumergiremos en las reflexiones de Jean-Paul Sartre, el célebre filósofo, novelista y dramaturgo francés, cuya obra "El existencialismo es un humanismo" (1945) se erige como una piedra angular para comprender la existencia, la esencia, el peso de la responsabilidad individual y colectiva, y la angustia que todo ello conlleva. Su pensamiento, profundamente arraigado en la sociedad actual, nos invita a confrontar nuestra propia naturaleza y el destino que construimos a cada instante.

- El punto de partida existencial: la existencia precede a la esencia
- La angustia de la libertad y la responsabilidad universal
- El abandono y la condena a ser libres
- Una moral de la acción: el optimismo existencialista
- La libertad en relación con el otro: un proyecto universal
- Existencialismo en la sociedad actual: un eco constante
- Perspectivas adicionales sobre la libertad: más allá de Sartre
- Preguntas Frecuentes sobre el Existencialismo y la Libertad
- Reflexiones finales: asumiendo nuestra libertad
El punto de partida existencial: la existencia precede a la esencia
Sartre, en "El existencialismo es un humanismo", define su doctrina como “una doctrina que hace posible la vida humana y que, por otra parte, declara que toda verdad y toda acción implica un medio y una subjetividad humana”. Esta definición subraya el papel central del ser humano, ya que la subjetividad es un componente ineludible de cada una de nuestras acciones. Nunca podremos alcanzar una objetividad plena; somos seres falibles, propensos al error, lo que significa que nuestras acciones no siempre serán correctas. Sin embargo, es precisamente de esta subjetividad de donde debemos partir, como bien lo expresa Sartre en su famosa máxima: “la existencia precede a la esencia”.
Esta afirmación es el corazón del existencialismo sartreano. Significa que, a diferencia de un objeto fabricado (cuya esencia, es decir, su propósito o definición, precede a su existencia), el hombre primero existe. Nace, surge en el mundo, y solo después, a través de sus acciones y elecciones, se define a sí mismo. No hay una "naturaleza humana" preestablecida, dictada por un Dios o un conjunto de ideas universales. El hombre comienza siendo "nada" en el sentido de que no tiene una identidad fija, un destino predeterminado. Es en el acto de existir, de proyectarse hacia el futuro, de elegir constantemente, donde empieza a ser. Como lo describe Sartre, “el hombre es ante todo un proyecto que se vive subjetivamente”. Nos lanzamos al porvenir, y en ese lanzamiento, nos vamos construyendo. Este subjetivismo no es una opción, sino una imposibilidad de sobrepasar la experiencia humana individual; no podemos escapar de ella. Somos lo que hacemos, y lo que hacemos es el resultado de nuestras elecciones subjetivas.
La angustia de la libertad y la responsabilidad universal
Dado que el hombre no puede escapar de su subjetividad y, por ende, de su libertad, se ve obligado a elegirse a sí mismo. Pero esta elección no es meramente personal; al elegirse a sí mismo, el individuo está, de hecho, eligiendo por toda la humanidad. ¿Por qué? Porque al tomar una decisión, estamos implícitamente afirmando que esa es la mejor elección posible, un modelo a seguir. Si elijo casarme, estoy validando el matrimonio como una opción valiosa. Si elijo ser médico, estoy validando la medicina como una profesión digna. Cada acto es, en este sentido, una legislación tácita para el resto de la humanidad.
Esta inmensa carga de responsabilidad, esta conciencia de que nuestras elecciones no solo nos definen a nosotros sino que también proyectan una imagen de lo que "debería ser" para los demás, es lo que Sartre denomina angustia. No es un miedo paralizante, sino una profunda conciencia de la total y profunda responsabilidad que recae sobre nuestros hombros. Sartre observa que muchos intentan enmascarar o huir de esta angustia, pero argumenta que es un sentimiento inherente a la condición humana libre. Quienes han tenido responsabilidades significativas en sus vidas, ya sea en el ámbito personal, profesional o social, han experimentado esta sensación. Es la conciencia de que no hay excusas, no hay determinismos que nos liberen de la carga de nuestras decisiones.
El abandono y la condena a ser libres
La afirmación existencialista de que "todo está permitido si Dios no existe" es una de las más impactantes y malinterpretadas de Sartre. No es una invitación al libertinaje, sino una constatación de la ausencia de un marco moral trascendente y preestablecido. Si Dios no existe, no hay un cielo inteligible, no hay mandamientos divinos absolutos que dicten lo que es bueno o malo a priori. El bien no es una realidad externa esperando ser descubierta; es algo que el hombre debe crear con cada una de sus acciones. En consecuencia, el hombre está "abandonado".
Esta idea del "abandono" se refiere a la ausencia de Dios y, por extensión, de cualquier valor objetivo y universal que nos guíe. No hay un plan divino, ni un diseño inherente a la naturaleza humana. El hombre está, por lo tanto, "condenado a ser libre". La palabra "condenado" resalta la falta de elección en esta libertad: no elegimos ser libres, simplemente lo somos. Somos arrojados al mundo con esta carga ineludible. Debemos aceptar y resignarnos a esta libertad que genera una multitud de responsabilidades y, por supuesto, angustia. La única realidad que nos queda es la de la acción.
Sartre ilustra esta condena con ejemplos cotidianos. Cuando nos enfrentamos a varias opciones y buscamos consejo en otros, la decisión final sigue siendo nuestra. La responsabilidad de elegir a quién consultar y de seguir o no su consejo recae enteramente en nosotros. No podemos culpar a otros por nuestras acciones. Es imperativo asumir la responsabilidad tanto de nuestra libertad como de las acciones que de ella se desprenden, sabiendo que estas repercuten inevitablemente en los demás.
Una moral de la acción: el optimismo existencialista
Contrario a la percepción común de que el existencialismo es una filosofía pesimista, Sartre lo presenta como una doctrina fundamentalmente optimista. Su optimismo radica en la creencia de que el destino del hombre está enteramente en sus propias manos. Como afirma el pensador, “soy yo mismo el que elige el sentido que tienen” las cosas y las acciones. Creamos nuestro propio significado, y lo hacemos con un compromiso total.
El existencialismo es, por ende, una filosofía de la acción. Alienta al hombre a no permanecer estático, a no dejarse paralizar por la indecisión. Nos impulsa a movernos, a accionar sin miedo a lo que pueda pasar, asumiendo la responsabilidad de nuestros actos. El ser humano tiene la posibilidad de encontrar la libertad, pero para ello debe aprender a cómo actuar frente a los demás y a las circunstancias que lo rodean. La moral que emerge del existencialismo es una moral de la acción, donde el individuo es el único artífice de su propio camino. Decidimos las siguientes páginas de nuestra historia, y en esa escritura reside nuestra dignidad y nuestro poder.
La libertad en relación con el otro: un proyecto universal
La libertad sartreana no se concibe en un vacío individualista. Como señala Sartre, “nos captamos a nosotros mismos frente al otro, y el otro es tan cierto para nosotros como nosotros mismos”. Esto significa que cada proyecto personal, por más individual que parezca, posee un valor universal. Al elegir y construir nuestra propia existencia, estamos, de hecho, construyendo una imagen de lo humano que repercute en los demás. La libertad de los otros, en cierto sentido, depende de nuestras propias elecciones y de cómo nos relacionamos con ellos.
Para Sartre, es indispensable para nuestra existencia captarnos a nosotros mismos en relación con el otro. Sin embargo, este reconocimiento del otro no puede darse sin una previa auto-aceptación. Primero, el individuo debe encontrarse a sí mismo y convencerse de que nada ni nadie puede salvarlo de sí mismo, de su propia libertad y responsabilidad. Solo entonces puede establecer una relación auténtica con los demás, reconociendo que al construir su ser, también contribuye a la construcción del mundo y de la humanidad en su conjunto.
Existencialismo en la sociedad actual: un eco constante
La influencia del existencialismo sartreano resuena con fuerza en la sociedad contemporánea. En un mundo cada vez más secularizado y desprovisto de marcos morales absolutos, la noción de que somos responsables de nuestras propias vidas y de la construcción de nuestros valores cobra una relevancia particular. La constante sensación de responsabilidad que experimentan muchos, a menudo acompañada de culpa por el "tiempo de ocio" o por la falta de productividad, es un reflejo de esta carga existencial.
La sociedad actual, abrumada por la inmensa cantidad de opciones y la ausencia de guías claras, se ve obligada a confrontar su propia libertad. El existencialismo nos invita a dejar de buscar excusas o culpables externos por nuestras circunstancias. En lugar de ello, propone un llamado a la dignidad y al compromiso total con nuestros actos. Al construir nuestra existencia, estamos generando un valor universal, porque el ser humano es inherentemente sociable; no puede vivir en soledad. A pesar de la angustia que las responsabilidades cotidianas puedan generar, la propuesta es clara: elegirnos a nosotros mismos y asumir plenamente la carga de lo que somos y de lo que hacemos.

Perspectivas adicionales sobre la libertad: más allá de Sartre
Aunque Sartre ofrece una perspectiva radical y fundamental sobre la libertad, el concepto ha sido objeto de una rica y diversa exploración a lo largo de la historia del pensamiento, tanto filosófico como teológico. Mientras que para Sartre la libertad es una "condena" que surge del "abandono" divino, otras tradiciones la conciben de maneras distintas, a menudo como un don o una capacidad intrínseca que puede ser cultivada y perfeccionada.
Tabla Comparativa de Concepciones de la Libertad:
| Característica / Pensador | Jean-Paul Sartre (Existencialismo) | Lluis Clavell (Teología Cristiana) | Isaiah Berlin (Filosofía Política) |
|---|---|---|---|
| Origen de la Libertad | Ausencia de esencia predefinida, "condenado a ser libre" por el abandono de Dios. | Don divino, condición ontológica de "hijos de Dios" por gracia. | Intrínseca a la persona, pero diferenciada en sus manifestaciones. |
| Naturaleza de la Libertad | Absoluta, total responsabilidad por todas las elecciones; la existencia precede a la esencia. | Participación en el señorío divino; libertad para conocer y amar a Dios y al prójimo. | Negativa (libertad de coacciones) y Positiva (libertad para ser o hacer algo). |
| Relación con la Responsabilidad | Fuente de profunda angustia; el individuo es responsable de sí y de la humanidad. | Servicio y donación hacia el bien y los demás; se ejerce en la misión divina. | La libertad positiva implica compromiso y proyecto personal. |
| Relación con el Otro | Captarse a sí mismo frente al otro; toda elección tiene valor universal. | La libertad es para la comunión interpersonal, saliendo de sí mismo mediante el amor. | La libertad negativa protege al individuo del otro; la positiva permite la colaboración. |
| Visión de la Moral | Moral de la acción, optimista, creada por el hombre sin valores preestablecidos. | Moral del amor y la caridad, que lleva a buscar el bien por sí mismo, no por mandato. | Depende del tipo de libertad; puede ser individualista o orientada al bien común. |
| Posibilidad de Crecimiento | El hombre se hace a sí mismo a través de sus proyectos y acciones. | La filiación divina crece con el ejercicio de la libertad y el aumento de la caridad. | La libertad positiva puede expandirse al desarrollar capacidades y proyectos. |
La libertad como don y perfeccionamiento:
Filósofos como Lluis Clavell, desde una perspectiva teológica y filosófica, ofrecen una visión contrastante. Para Clavell, la libertad no es una condena, sino un "don" que el cristianismo ha aportado al mundo, una "propiedad íntima de todo sujeto humano" y una "condición ontológica de los hijos de Dios". Esta libertad se entiende no solo como la capacidad de elegir (libre arbitrio), sino como una "libertad para" alcanzar la plenitud, la autodeterminación hacia el bien y la autotrascendencia a través de la donación a los demás.
Conceptos como la "libertad de los hijos de Dios" implican una participación en el ser divino, una capacidad de obrar el bien no por obligación externa, sino por amor. Esta es una libertad que se perfecciona, que crece con la caridad y el desprendimiento de sí mismo. En este sentido, la libertad más alta se manifiesta en la capacidad creativa desinteresada, en el amor al bien en sí mismo, en la amistad y benevolencia. Como señala Carlos Cardona, la libertad es una característica trascendental del ser del hombre, el núcleo de toda acción verdaderamente humana.
Incluso la distinción de Isaiah Berlin entre "libertad negativa" (libertad de coacciones) y "libertad positiva" (libertad para hacer o ser algo) nos permite ver la complejidad del concepto. Mientras Sartre se enfoca en la libertad absoluta (la "libertad de" determinismos y la "libertad para" definirse), otras perspectivas añaden la idea de una libertad que se vacía de sí misma, una "kénosis" o apertura amorosa a los otros, como propone Alejandro Llano, que se asemeja más a la caridad cristiana.
En última instancia, estas diversas perspectivas enriquecen nuestra comprensión de la libertad. Mientras Sartre nos confronta con la pesada carga de nuestra autonomía radical en un mundo sin fundamentos preestablecidos, otras corrientes nos invitan a ver la libertad como una capacidad de crecimiento, de trascendencia, y de conexión profunda con los demás y, para algunos, con lo divino. Lo que permanece constante es la centralidad de la libertad como el motor de la existencia humana y la fuente de nuestra responsabilidad más profunda.
Preguntas Frecuentes sobre el Existencialismo y la Libertad
- ¿Significa el existencialismo que "todo vale"?
No. Aunque Sartre afirma que "todo está permitido si Dios no existe" y que no hay valores preestablecidos, esto no significa una anarquía moral. Por el contrario, implica una mayor responsabilidad. El individuo debe crear sus propios valores a través de sus elecciones y acciones, y al hacerlo, está eligiendo un modelo para toda la humanidad. La moral es construida, no dada, lo que hace al individuo el único artífice de su ética.
- ¿Cómo se relaciona la angustia con la libertad?
La angustia, para Sartre, no es miedo, sino la conciencia abrumadora de nuestra total responsabilidad por nuestras elecciones y la realización de que al elegir por nosotros mismos, estamos eligiendo por toda la humanidad. Es la sensación de que no hay excusas ni justificaciones externas para nuestras decisiones, y que somos enteramente responsables de lo que somos y de lo que hacemos.
- ¿El existencialismo es pesimista?
Sartre argumenta que no. A pesar de la angustia y el abandono, el existencialismo es una doctrina optimista porque pone el destino del hombre en sus propias manos. Es una filosofía de la acción que empuja al individuo a crear su propio significado, a comprometerse con sus elecciones y a asumir su libertad. La posibilidad de construir la propia vida es, en sí misma, una fuente de optimismo.
- ¿Qué significa "la existencia precede a la esencia"?
Significa que el ser humano nace sin una naturaleza o propósito predefinido (sin una "esencia" como la que tendría un objeto fabricado con un fin específico). Primero existimos, y luego, a través de nuestras elecciones, proyectos y acciones, nos vamos definiendo a nosotros mismos, creando nuestra propia "esencia". Somos lo que hacemos.
- ¿Cómo afecta mi libertad a la libertad de los demás?
Para Sartre, cada una de nuestras elecciones tiene un valor universal. Al elegir cómo vivir, estás implícitamente afirmando que esa es una forma válida de ser para cualquier ser humano. Por lo tanto, eres responsable no solo de tu propia libertad, sino también, en cierto sentido, de la libertad de los demás, ya que tus acciones influyen en el marco de posibilidades y valores que se presentan a la humanidad.
Reflexiones finales: asumiendo nuestra libertad
El profundo análisis del existencialismo de Sartre nos deja una enseñanza crucial: la imperiosa necesidad de aceptar nuestra libertad y asumir la responsabilidad que conlleva. En un mundo despojado de un "cielo inteligible" o de una guía divina preestablecida, el hombre ya no puede permanecer en la quietud, esperando que una fuerza superior actúe por él. La propuesta sartreana es un llamado a la acción, a lidiar con la angustia inherente a las responsabilidades de la vida cotidiana.
Aprender a manejar nuestros actos, tanto en relación con nosotros mismos como con los demás, se convierte en la tarea fundamental de la existencia. La libertad del otro, como hemos visto, se entrelaza con la nuestra, y somos responsables de forjar nuestro camino en este mundo al que hemos sido arrojados hacia el porvenir. Lejos de ser un fatalismo, el existencialismo es, en realidad, una doctrina de la acción, un positivismo que nos empuja a movernos, a tomar decisiones sin temor. Nos enseña a ser los únicos artífices de nuestros actos y de nuestra moral, liberándonos de la búsqueda constante de algo o alguien externo que nos haya "hecho" de una determinada manera o nos haya "obligado" a actuar.
Nuestra sociedad contemporánea, a menudo agobiada por la culpa y la sensación constante de responsabilidad, puede encontrar en el existencialismo una poderosa invitación a la autenticidad. Es un recordatorio de que debemos, en primer lugar, elegirnos a nosotros mismos y hacernos cargo de nuestras decisiones. No se trata de buscar a alguien que cargue con nuestra culpa, sino de asumir con dignidad y compromiso total nuestros actos, especialmente aquellos que repercuten en los demás. Porque al construir nuestra propia existencia, estamos generando un valor universal, dado que el ser humano es, por naturaleza, un ser social que no puede vivir en soledad. Aunque la angustia de las responsabilidades esté siempre presente, la clave reside en la valentía de elegirnos y responsabilizarnos de lo que somos y de lo que hacemos. Es en este acto de asumir nuestra libertad donde reside la verdadera esencia de ser humano.
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