¿Qué pasó con Don Quijote y Sancho?

El Destino de los Libros de Don Quijote

22/03/2023

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La historia de Don Quijote de la Mancha es, en esencia, la crónica de un hombre cuya realidad se desdibujó hasta confundirse con las fantasías de los libros que devoraba. En el corazón de esta transformación épica y, a la vez, trágica, se encuentra su vasta colección de libros de caballerías, esos volúmenes repletos de gigantes, princesas encantadas y valerosos caballeros andantes. Pero, ¿qué sucedió realmente con estos libros? Lejos de ser meros objetos de lectura, se convirtieron en el epicentro de un dramático «auto de fe» orquestado por sus seres más cercanos, en un intento desesperado por devolverle la cordura.

¿Por qué es importante leer Don Quijote de la Mancha?
Leer Don Quijote de la Mancha es importante porque es una obra que nos permite entender la complejidad de la sociedad española de la época de Cervantes y cómo esta sociedad influyó en la literatura. Además, la obra es un ejemplo de la maestría literaria y contiene lecciones que siguen siendo relevantes hoy en día.
Índice de Contenido

La Raíz de la Locura: El Idilio con los Libros de Caballerías

Alonso Quijano, un hidalgo cincuentón de La Mancha, era un hombre de costumbres sencillas, cuya vida giraba en torno a la caza y, sobre todo, a la lectura. Su afición por los libros de caballerías era tal que no dudó en vender tierras y bienes para adquirir más ejemplares. Noche y día, se sumergía en sus páginas, descuidando sus quehaceres y, poco a poco, perdiendo la noción de la realidad. Las intrincadas tramas, los duelos épicos y los códigos de honor caballerescos se incrustaron tan profundamente en su mente que, finalmente, perdió el juicio. Dejó de ser Alonso Quijano para convertirse en Don Quijote de la Mancha, un caballero andante dispuesto a recorrer el mundo en busca de aventuras, enderezando entuertos y protegiendo a los desvalidos, siempre en nombre de su imaginaria dama, Dulcinea del Toboso.

Su transformación fue completa: su viejo rocín se convirtió en Rocinante, su armadura ancestral, remendada, en un brillante atavío de caballero, y cada moza o ventero, en doncellas o alcaides de castillos. Esta nueva realidad, tejida a partir de sus lecturas, era tan vívida para él que incluso le llevó a pedir ser armado caballero en una venta, confundiendo a las rameras con doncellas y a un porquero con un enano de trompeta. Sus primeras aventuras, como la de Andrés y Juan Haldudo o el enfrentamiento con los mercaderes, solo reafirmaron su creencia de que vivía en un mundo de caballerías, a pesar de las palizas y el ridículo que sufría.

El Plan de Rescate: Un Auto de Fe en el Corral

Tras una de sus desafortunadas salidas, Don Quijote fue encontrado maltrecho y delirante por un labrador vecino, quien lo llevó de vuelta a casa en secreto. Allí le esperaban su ama y su sobrina, desesperadas por su desaparición y convencidas de que los libros eran la causa de su desventura. También estaban presentes el cura del pueblo, un hombre letrado y sensato, y el barbero, su amigo. Al escuchar el relato del labrador y presenciar el estado de Don Quijote, la ama no dudó en maldecir los libros, y la sobrina, arrepentida de no haber actuado antes, clamó por su quema inmediata.

El cura, consciente de la gravedad de la situación, prometió que al día siguiente se llevaría a cabo una purga de la biblioteca. La idea era eliminar la raíz de la locura de Don Quijote, creyendo que, al desaparecer los libros, la cordura regresaría a su mente. Este acto, que para ellos era un remedio urgente, se convertiría en uno de los pasajes más memorables y, a la vez, más controvertidos de la obra cervantina: el famoso escrutinio de la biblioteca.

El Gran Escudriñamiento: ¿Qué Libros se Salvaron y Cuáles Arderon?

Mientras Don Quijote dormía, aún convaleciente y sumido en sus fantasías, el cura, el barbero, la ama y la sobrina se dispusieron a la tarea. Abrieron el aposento donde se guardaban los libros, encontrando más de cien volúmenes. La ama, previniendo cualquier mal, roció el cuarto con agua bendita para espantar a los encantadores. La sobrina, impaciente, abogaba por una quema indiscriminada, pero el cura, con su criterio, decidió inspeccionar cada libro, uno a uno, para determinar su destino.

Criterios de Salvación y Condena

El proceso fue meticuloso y, a menudo, irónico, reflejando las propias opiniones literarias de Cervantes a través de los juicios del cura y el barbero. Los criterios se basaban en la calidad literaria, la originalidad y, crucialmente, el grado de "daño" que podían infligir a una mente impresionable como la de Don Quijote. Se buscaba una literatura que, si bien entretenida, no condujera a la enajenación.

La Pira y los Elegidos: Un Balance Detallado

Aquí presentamos un resumen de los destinos de algunos de los libros más significativos mencionados durante el escrutinio:

Título del LibroCategoríaDestinoRazón (según el Cura/Barbero)
Los cuatro de Amadís de GaulaCaballeríasSalvadoConsiderado el mejor de los libros de caballerías, modelo para otros.
Las sergas de EsplandiánCaballeríasQuemadoDescartado por considerarse inferior o dañino.
Amadís de Grecia y otrosCaballeríasQuemadoParte del "montón" que la ama arrojó al corral.
Espejo de caballeríasCaballeríasGuardado/PozoEnviado a un pozo seco para una revisión posterior; criticado por ser una mala traducción.
Palmerín de IngalaterraCaballeríasSalvadoReconocido por su decoro y buen entendimiento en la escritura.
Don BelianisCaballeríasSalvado (condicional)El barbero lo quería; el cura lo consideró "enmendable" y permitió que el barbero se lo llevara solo para él.
Tirante el BlancoCaballeríasSalvadoElogiado por el cura, considerado una joya literaria en su género.
Libros de Poesía (varios)PoesíaAlgunos salvados, la mayoría quemadosInicialmente considerados inofensivos, pero la sobrina temió que su tío se hiciera pastor o poeta. Se aplicó un escrutinio similar al de caballerías.
La Galatea (Miguel de Cervantes)PoesíaSalvadoEl barbero se lo llevó, un guiño del autor a su propia obra.
Obra de "uno de los mejores poetas del mundo"PoesíaSalvadoReconocida por su alta calidad literaria y la maestría de su autor.

Este minucioso proceso resultó en la quema de muchos volúmenes, algunos quizás "verdaderas joyas" que no merecían tal destino, pero que fueron sacrificados en el altar de la supuesta salud mental de Don Quijote. La intención era clara: erradicar cualquier vestigio de las fantasías caballerescas de su entorno.

La Farsa del Encantador Frestón: Una Realidad Alterada

Una vez completada la purga, el cura y el barbero idearon un plan para que Don Quijote no sospechara de su intervención. Decidieron tapiar la puerta del aposento de los libros, haciendo que pareciera que la habitación había desaparecido. Cuando Don Quijote se recuperó y, como era de esperar, fue directamente a buscar sus preciados tomos, se encontró con una pared. Preguntó a su ama, quien, siguiendo las instrucciones, le contó una elaborada historia: un poderoso encantador, al que ella llamó "Muñaton", había llegado en una nube, entrado al cuarto, y lo había hecho desaparecer a través del tejado, dejando todo lleno de humo.

Don Quijote, lejos de dudar, creyó la historia a pies juntillas, solo corrigiendo el nombre del supuesto hechicero: debía ser Frestón, un sabio encantador que, según él, era su archienemigo y se dedicaba a trastocar sus aventuras. Para Don Quijote, la desaparición de sus libros no era una pérdida, sino otra prueba más de las intrigas y maquinaciones del mundo mágico en el que vivía. Esta aceptación de la farsa demostró cuán arraigada estaba su locura, incapaz de distinguir entre la realidad y sus delirios caballerescos.

El Legado Imborrable: Más Allá de la Pira

Irónicamente, la quema de los libros no logró el efecto deseado. Aunque los volúmenes físicos desaparecieron, la esencia de la caballería ya estaba grabada a fuego en la mente de Don Quijote. Su locura no dependía ya de la presencia de los libros, sino de la profunda alteración de su percepción. Pasó unos días aparentemente tranquilo, conversando con el cura y el barbero sobre la necesidad de los caballeros andantes en el mundo, sin que nadie lograra convencerle de lo contrario.

Poco después, Don Quijote volvió a urdir un plan para su segunda salida, esta vez acompañado por un escudero, Sancho Panza, a quien prometió la gobernación de una ínsula. Cada nueva situación era interpretada a través del prisma de sus lecturas. Los molinos de viento se convertían en gigantes, los frailes en encantadores que secuestraban princesas, y cualquier enfrentamiento, en una gloriosa batalla. La figura de Frestón, el encantador de sus libros, se convirtió en la excusa perfecta para explicar cualquier revés o contradicción en su fantasía, como el haber transformado los gigantes en molinos de viento o haber hecho desaparecer su biblioteca.

La quema de los libros, lejos de ser un punto final, marcó el inicio de una nueva fase en la locura de Don Quijote, una en la que su imaginación ya no necesitaba el soporte físico de los tomos, sino que se alimentaba de su propia y desbordante fantasía. Los libros habían cumplido su propósito: habían creado un caballero andante para la posteridad, un personaje cuya locura, irónicamente, se convirtió en la más lúcida crítica social y literaria.

Preguntas Frecuentes sobre los Libros de Don Quijote

¿Por qué se quemaron los libros de Don Quijote?

Los libros de Don Quijote se quemaron porque su ama, sobrina, el cura y el barbero creían que eran la causa directa de su locura. Pensaban que al deshacerse de ellos, Don Quijote recuperaría la cordura y dejaría de creerse un caballero andante.

¿Quiénes participaron en el escrutinio de los libros?

En el escrutinio de los libros participaron el cura del pueblo, el barbero (amigos de Don Quijote), su ama y su sobrina. El cura y el barbero fueron los principales jueces, mientras que el ama y la sobrina ayudaron en la tarea y expresaron su deseo de quemar todos los libros.

¿Qué libros se salvaron de la quema?

Algunos libros se salvaron por diversas razones, como su calidad literaria o por ser considerados inofensivos. Entre los más destacados que se salvaron están Los cuatro de Amadís de Gaula, Palmerín de Ingalaterra, y Tirante el Blanco. También se salvaron algunas obras de poesía, incluyendo La Galatea de Miguel de Cervantes y la obra de "uno de los mejores poetas del mundo".

¿Ayudó la quema de los libros a curar la locura de Don Quijote?

No, la quema de los libros no curó la locura de Don Quijote. Aunque se deshicieron de los volúmenes físicos, la fantasía de ser un caballero andante ya estaba profundamente arraigada en su mente. De hecho, sus aventuras continuaron y él interpretó la desaparición de los libros como obra de un encantador, lo que solo reforzó su delirio.

¿Qué es el "Escudriñamiento de la biblioteca de Don Quijote"?

Es el nombre que se le da al episodio en la novela donde el cura y el barbero, con la ayuda del ama y la sobrina, revisan uno por uno los libros de Don Quijote para decidir cuáles deben ser quemados y cuáles pueden salvarse. Es un pasaje clave que permite a Cervantes expresar sus propias opiniones literarias de la época.

¿Quién era Frestón?

Frestón es el nombre que Don Quijote le da al supuesto encantador que, según su delirio, es su archienemigo y se dedica a entorpecer sus hazañas. Él cree que Frestón fue quien hizo desaparecer sus libros y quien transformó los gigantes en molinos de viento para frustrar sus victorias.

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