24/09/2022
La palabra “cantares” evoca resonancias profundas en la historia de la literatura y la cultura, abarcando desde la poesía épica y lírica de civilizaciones ancestrales hasta obras maestras de la espiritualidad y creaciones de autores que dejaron una huella imborrable en el imaginario colectivo. Este término, aparentemente sencillo, es en realidad un portal a mundos de expresión humana, filosofía, amor y guerra, manifestados en formas diversas a lo largo de los siglos. Nos embarcaremos en un viaje que explorará tres pilares fundamentales bajo esta denominación: los Cantares Mexicanos, joyas de la tradición prehispánica; el enigmático Cantar de los Cantares, un libro sagrado de profundas interpretaciones; y la figura de Antonio Trueba, conocido como “Antón el de los Cantares”, cuya obra literaria marcó una época en España.

Cantares Mexicanos: Ecos Ancestrales de una Civilización
Los Cantares Mexicanos representan uno de los tesoros más valiosos del legado prehispánico de Mesoamérica. Lejos de ser el descubrimiento de una única persona, esta colección de poesía nahua es el resultado de un meticuloso proceso de preservación a través de manuscritos que lograron sobrevivir a la Conquista. Estos textos, que revelan la cosmovisión, la historia y la sensibilidad artística de los antiguos pueblos nahuas, no fueron hallados en un solo acto, sino compilados y transcritos por diferentes manos a lo largo del tiempo, siendo el Códice Florentino, una obra monumental elaborada bajo la dirección de Fray Bernardino de Sahagún, una fuente crucial que, con sus ilustraciones y descripciones complementarias, ha permitido confirmar la autenticidad y la complejidad de estos cantares.
El Acompañamiento Musical de los Cantares Nahuas
La recitación o interpretación de los Cantares Mexicanos no era un acto meramente vocal; se cree firmemente que estaban intrínsecamente ligados a un acompañamiento instrumental. Los instrumentos predominantes habrían sido el teponaztli y el huéhuetl, tambores que marcaban el ritmo y la cadencia de estas composiciones. Esta conjetura se sustenta en la presencia de fórmulas silábicas, como “ti, to, qui, co”, que aparecen al inicio de muchos manuscritos. Estas sílabas no eran aleatorias; se considera que servían para elaborar prosodias instrumentales, facilitando la memorización de los complejos cantares. Sin embargo, la función exacta de estas fórmulas y la sofisticación del acompañamiento instrumental siguen siendo objeto de estudio. No se sabe con certeza si indicaban un simple acompañamiento rítmico o servían como base para una instrumentación más elaborada, con varios instrumentos tocando simultáneamente, como sugieren las escenas musicales representadas en códices prehispánicos como el Borgia, el Borbónico o el ya mencionado Florentino. La riqueza de estas ilustraciones, aunque insuficientes para una recreación fidedigna completa, atestigua la profunda conexión entre música y poesía en el mundo nahua.
La Riqueza Temática: Géneros de los Cantares Mexicanos
Los Cantares Mexicanos son un crisol de géneros poéticos, muchos de ellos dramatizados y musicalizados, cada uno con una temática específica que reflejaba las diversas facetas de la vida nahua. Entre los más destacados se encuentran:
- Yaocuicatl (Cantares de Guerra): Composiciones que evocaban batallas y hazañas heroicas. Un ejemplo notable es el que narra la lucha de los mexicas contra Chalco alrededor de 1460, exaltando figuras como Motecuhzoma y Nezahualcóyotl. Estos cantos a menudo aluden a los guerreros como “flores que se esparcen”, deleitando al Dador de la Vida, el Sol.
- Xopancuicatl (Cantares de Primavera): Dedicados a la celebración del tiempo de verdor, la fertilidad y el renacimiento de la naturaleza.
- Icnocuicatl (Cantares Tristes): Poemas de lamentación, a menudo deplorando la Conquista de México y la pérdida de su mundo.
- Cococuicatl (Cantares de Amor y Lamentación): Expresiones de sentimientos profundos, tanto de amor como de dolor y añoranza.
- Xochicuicatl (Cantares de Ingenio Verbal o Floridos): Composiciones que, bajo una aparente ligereza, a menudo contenían un profundo contenido filosófico-existencial, explorando la vida, la muerte y el destino humano.
- Cuecuechcuicatl (Cantares de Travesuras o Eróticos): Poemas con un tono más lúdico y sensual. Un ejemplo claramente identificado es el Xochicuicatl cuecuechtli, estudiado por el filólogo Patrick Johansson. Esta obra fue adaptada en 2011 por el compositor Gabriel Pareyón como guion escénico y partitura, siendo aclamada como la “primera ópera moderna en lengua náhuatl” que utiliza exclusivamente instrumentos ancestrales mexicanos. Sin embargo, es crucial entender que, en su esencia, se trata de un cuicatl (canto-baile ritual) de carácter filosófico-existencial, y no una “ópera” en el sentido occidental, un género surgido en Florencia siglos después del contacto con México.
El filólogo Ángel María Garibay, pionero en el estudio de la literatura nahua, propuso una clasificación más amplia que abarca tres grandes géneros: el primero, de celebración de gobernantes, héroes y sus hazañas, similar a la poesía épica europea; el segundo, la lírica, impregnada de ideas religiosas y expresiones personales de alegría, tristeza, amistad y reflexión profunda; y un tercer género que aborda preocupaciones existenciales del hombre, sentimientos de orfandad y especulaciones metafísicas o filosóficas.
Preservación y Edición Crítica para la Posteridad
La preservación de los Cantares Mexicanos es un testimonio del esfuerzo por mantener viva una cultura. Además del náhuatl original y las traducciones al español, el historiador y antropólogo John Bierhorst publicó en 1985 una traducción paleográfica al inglés, titulada Cantares Mexicanos: Songs of the Aztecs, acompañada de un valioso diccionario analítico. La edición crítica más reciente y considerada vigente fue publicada en 2011. Esta obra bilingüe se presenta en dos tomos: el primero incluye un prólogo de Guadalupe Curiel y un texto de Miguel León-Portilla, mientras que el segundo contiene los cantos en su idioma original (náhuatl) y en español. Esta edición no solo ofrece el texto, sino que también profundiza en el estudio de la escritura, la filiación de los manuscritos y su posible paternidad. Se describe con detalle la estructura física del códice, elaborado en pliegos de papel de hilo en cuarto menor, con medidas actuales de 230 x 150 mm. Los análisis de la tinta y la organización de los folios también aportan “pequeñas luces sobre la historia del manuscrito”, revelando detalles sobre su confección y trayectoria.
El Cantar de los Cantares: Amor, Misticismo y Debates Milenarios
Alejado de las culturas prehispánicas, el Cantar de los Cantares se erige como uno de los libros más singulares y debatidos de la Biblia hebrea. Su prosa poética, cargada de sensualidad y metáforas amorosas, ha generado un sinfín de interpretaciones a lo largo de los siglos, convirtiéndolo en un campo fértil para teólogos, filósofos y amantes de la literatura. Este libro desafía las categorías convencionales, siendo a la vez un poema de amor, una alegoría espiritual y una ventana a la sabiduría ancestral.

La Enigmática Autoría del Rey Salomón
La pregunta sobre quién escribió el Cantar de los Cantares es tan antigua como el propio texto. La tradición, y la primera línea del libro que reza: “Cantar de los Cantares el cual es de Salomón”, atribuye su autoría al Rey Salomón, figura bíblica célebre por su sabiduría, riqueza y vasto conocimiento. Si aceptamos esta atribución, la obra se situaría históricamente alrededor del siglo IX a.C. La creencia en la autoría salomónica no se basa únicamente en esta referencia inicial, que algunos podrían considerar un pseudónimo o una dedicatoria, sino también en las características intrínsecas del libro. La descripción de la naturaleza, la flora y la fauna, la sensibilidad poética y la profunda comprensión de las relaciones humanas presentes en el Cantar, coinciden notablemente con lo que la Biblia nos revela sobre Salomón, un personaje dotado de una vasta experiencia y una notoria sensibilidad, como se evidencia en otros libros atribuidos a él, como Proverbios y Eclesiastés, que son ejemplos clarificadores de su profundidad intelectual y moral.
Un Mar de Interpretaciones: De lo Literal a lo Alegórico
A pesar de la aparente simplicidad de su temática amorosa, el Cantar de los Cantares ha sido objeto de una rica y compleja historia interpretativa. Es fundamental huir de todo dogmatismo, ya que ninguna interpretación puede arrogarse el monopolio de la verdad. Una de las visiones más interesantes es la que lo concibe desde un punto de vista literal. El teólogo católico Luis Alonso Schokel, por ejemplo, en su bellísima traducción y hermenéutica, acepta la obra como revelación divina con una finalidad didáctica: instruir sobre el amor humano llevado a su expresión más sublime. Sin embargo, esta visión es cuestionada por quienes creen que la Palabra de Dios, en esta obra, da pie para ir mucho más allá del sentido literal.
La primera interpretación conocida, que data del siglo VII a.C. en el pueblo de Israel, ya era de carácter espiritual, no literal. Esto es significativo, dado que la concepción de la unión de pareja en Israel era mucho menos represiva que la que el cristianismo desarrollaría siglos después. Pero sería en el seno del cristianismo, siglos más tarde, donde surgiría la interpretación que tendría mayor trascendencia: la figurada o alegórica.
Sorprendentemente, la interpretación alegórica no nació en el cristianismo, sino que su autoría corresponde a un judío, el Rabí Akiva, maestro del pueblo de Israel. Esta interpretación sostiene que el Cantar de los Cantares está constituido por figuras que representan realidades diferentes a las que el texto literal hace referencia. Así, el libro plasmaría el devenir histórico del pueblo de Israel desde su salida de Egipto, en la época de Moisés, hasta la venida del Mesías. Esta visión, al igual que la primera, es totalmente respetable y ha influido profundamente en la exégesis judía.
En los primeros siglos de la Iglesia, los Padres de la misma mostraron una notable unanimidad al coincidir en una interpretación espiritual del libro. Sería un grave error ignorar las interpretaciones de figuras como Gregorio de Nisa, Cirilo de Alejandría, San Ambrosio, Gregorio el Magno y, sobre todo, Orígenes. Este último fue una figura excepcional cuya obra, a pesar de haber sido escrita en los primeros siglos de la era cristiana, sigue siendo relevante. Orígenes es considerado el gran autor de la interpretación espiritual y alegórica del Cantar de los Cantares, y su influencia se extendió hasta los místicos españoles que comentaron esta magistral obra, bebiendo de sus fuentes hermenéuticas.

Es interesante observar el contraste entre la interpretación judía del “Cantar”, que abordaba el estudio de la obra con menos prejuicios sexuales, y las consideraciones de los Padres de la Iglesia, quienes, en su exégesis y hermenéutica, tendían a tener más en cuenta los aspectos de la psico-sexualidad, a menudo en relación con la castidad y la unión mística con Dios.
Tabla Comparativa de Interpretaciones Destacadas del Cantar de los Cantares
| Interpretación | Principal Exponente | Concepto Central | Época/Origen |
|---|---|---|---|
| Literal | Luis Alonso Schokel | Amor humano sublime, didáctico sobre la relación de pareja. | Contemporánea (Siglo XX) |
| Alegórica (Judía) | Rabí Akiva | Historia del pueblo de Israel desde el Éxodo hasta la venida del Mesías. | Siglo II d.C. |
| Espiritual/Alegórica (Cristiana) | Orígenes, Padres de la Iglesia | Representa la relación entre Cristo y la Iglesia o entre el alma y Dios. | Primeros siglos d.C. |
Antonio Trueba: "Antón el de los Cantares" y su Legado Español
Mientras los Cantares Mexicanos resonaban con la voz de un pasado prehispánico y el Cantar de los Cantares exploraba las profundidades del amor divino y humano, en la España del siglo XIX emergió una figura literaria cuya vida y obra también se vincularían estrechamente con la palabra “cantares”: Antonio María de Trueba y de la Quintana, popularmente conocido como “Antón el de los Cantares”. Nacido el 24 de diciembre de 1819 en Montellano, Galdames, en la comarca vizcaína de Las Encartaciones, Trueba fue un escritor de origen humilde que, a pesar de las adversidades, logró forjar una prolífica carrera literaria.
De Campesino a Poeta y Cronista
La vida de Antonio Trueba fue un testimonio de superación. Hijo de campesinos muy pobres, su vocación por la literatura se despertó de forma temprana, alimentada por los romances de ciego que su padre le traía de las ferias. Tuvo que abandonar la escuela a una edad muy temprana para trabajar la tierra y, posteriormente, en las minas de Las Encartaciones. A los quince años, en 1834, la Primera Guerra Carlista lo obligó a marchar a Madrid. Allí, se empleó en la ferretería de un tío, pero su verdadero refugio y escuela fue la lectura autodidacta, devorando a los autores románticos españoles de la época.
En 1845, su vida dio un giro cuando consiguió un puesto burocrático en el Ayuntamiento de Madrid. Este empleo le proporcionó la estabilidad y, crucialmente, el tiempo libre que tanto anhelaba para consagrarse a su pasión: la literatura. Fue en este período cuando comenzó a dar forma a su voz única, una voz que pronto resonaría en los círculos literarios de la capital.
"El Libro de los Cantares": Un Inicio Prometedor
El debut literario de Antonio Trueba llegó en 1851 con la publicación de su primer título, “El libro de los cantares”. Esta colección de versos, de temática variopinta, le otorgó un renombre inicial y sentó las bases de su futura carrera. A partir de entonces, su pluma no cesó. Colaboró activamente con poemas, artículos y cuentos en importantes publicaciones de la época como La Correspondencia de España, El Museo Universal, Correo de la Moda y La Ilustración Española y Americana. Su estilo, que combinaba la sencillez y el costumbrismo con una profunda sensibilidad hacia la vida rural y las tradiciones, conectó rápidamente con el público.

Trueba también mostró un notable interés por la literatura infantil, contribuyendo a publicaciones dedicadas a los más pequeños e incluso elaborando un libro de villancicos, “¡Tin tin tin!”. A esta obra le siguieron otros títulos exitosos como “Cuentos populares” (1853), “Cuentos de color de rosa” (1859), que contó con una segunda edición a cargo de la reina Isabel II, “Las hijas del Cid” (1859) y “Cuentos campesinos” (1860), entre muchas otras obras que consolidaron su reputación.
El Compromiso con su Tierra y su Pluma
En 1862, Antonio Trueba fue honrado con el nombramiento de cronista y archivero del Señorío de Vizcaya por las Juntas Generales. Este cargo lo llevó de vuelta a Bilbao, su tierra natal, para desempeñar funciones que, aunque reconocía su precaria formación histórica, asumió con dedicación. Allí se propuso recopilar información para escribir “una modesta historia general de Vizcaya”, un proyecto que los turbulentos disturbios políticos de la época, incluida la Tercera Guerra Carlista, le impidieron concluir. De este periodo son obras como “Capítulos de un libro, sentidos y pensados viajando por las Provincias Vascongadas” (1864), “Defensa de un muerto atacado (los Fueros) por el Exmo. Sr. D. Manuel Sánchez Silva” (1865), la novela histórica “La paloma y los halcones” (1865), “Cuentos de varios colores” (1866), “El libro al las montañas” (1867) y el “Resumen descriptivo e histórico del M. N. y M. L. Señorío de Vizcaya” (1872).
Tras un breve exilio en Madrid (1873) debido a acusaciones de simpatía carlista, Trueba regresó a Bilbao en 1876, donde fue rehabilitado y nombrado “padre de la provincia”. En esta etapa final, desarrolló una actividad aún más intensa. Fundó la sección literaria del diario “fuerista intransigente” El Noticiero Bilbaíno, que más tarde dirigiría, y publicó un gran número de obras sobre didáctica, genealogía, literatura, historia y leyendas. En Madrid, publicó títulos como “Mari Santa, cuadros de un hogar y, sus contornos”, “Narraciones populares”, “Cuentos de hogar” y “El redentor moderno”. Antonio Trueba falleció en Bilbao el 10 de marzo de 1889. Su legado fue reconocido con un monumento en los Jardines de Albia de Bilbao, costeado con fondos recaudados entre los vascos de América y Vizcaya e inaugurado en 1895. Gran parte de sus escritos fueron recopilados póstumamente en la colección “Obras”, publicada entre 1905 y 1914 en diez volúmenes.
Un Hilo Conductor: La Permanencia de los Cantares
Los “cantares”, en sus diversas manifestaciones, son mucho más que meros textos; son testimonios de la humanidad, reflejos de su capacidad para el arte, la introspección y la transmisión de conocimiento. Desde los rituales poético-musicales de la antigua Mesoamérica, que nos hablan de guerras, primaveras y profundas reflexiones existenciales, hasta el enigmático libro bíblico que explora las complejidades del amor en sus múltiples facetas, o la obra de un escritor español que, con su pluma, dio voz a las gentes y paisajes de su tierra, los cantares nos conectan con un pasado vibrante y diverso. Cada uno de estos legados, a su manera, nos invita a escuchar las voces de quienes nos precedieron, a comprender sus anhelos y a maravillarnos ante la perdurabilidad de la palabra escrita y cantada. La riqueza de sus géneros, la complejidad de sus interpretaciones y la dedicación de aquellos que los preservaron y estudiaron, aseguran que los cantares seguirán resonando, inspirando y provocando la reflexión en las generaciones venideras, demostrando que algunas formas de expresión trascienden el tiempo y las culturas.
Preguntas Frecuentes sobre los Cantares
- ¿Quién "descubrió" los Cantares Mexicanos?
- Los Cantares Mexicanos no fueron "descubiertos" por una única persona en el sentido tradicional, sino que son una colección de poesía nahua prehispánica que fue compilada y preservada en diversos manuscritos, siendo el Códice Florentino, elaborado bajo la supervisión de Fray Bernardino de Sahagún, una de las fuentes más importantes que ayudó a su conocimiento y autenticación.
- ¿Qué tipo de instrumentos se utilizaban para acompañar los Cantares Mexicanos?
- Se cree que los Cantares Mexicanos eran tradicionalmente acompañados por ritmos de tambores como el teponaztli y el huéhuetl. Los manuscritos a menudo presentan fórmulas silábicas (como "ti, to, qui, co") que se supone servían para la memorización y la elaboración de prosodias instrumentales, aunque la complejidad exacta de este acompañamiento aún se investiga.
- ¿Cuál es la autoría más aceptada del Cantar de los Cantares?
- La tradición y la primera línea del libro atribuyen su autoría al Rey Salomón. Aunque algunos estudiosos sugieren que podría haber sido escrito por otra persona usando su nombre como pseudónimo, la creencia en la autoría salomónica es ampliamente aceptada debido a las características del libro que se alinean con la sabiduría, experiencia y sensibilidad atribuidas a Salomón en otros textos bíblicos.
- ¿Cuáles son las interpretaciones principales del Cantar de los Cantares?
- Existen tres grandes líneas de interpretación: la literal, que lo ve como un poema didáctico sobre el amor humano sublime (propuesta por Luis Alonso Schokel); la alegórica judía, que lo interpreta como la historia del pueblo de Israel desde el Éxodo hasta el Mesías (originada por Rabí Akiva); y la espiritual/alegórica cristiana, que lo entiende como una representación de la relación entre Cristo y la Iglesia o el alma y Dios (desarrollada por Padres de la Iglesia como Orígenes).
- ¿Por qué Antonio Trueba era conocido como "Antón el de los Cantares"?
- Antonio Trueba recibió el apodo de "Antón el de los Cantares" debido a que su primer libro publicado y uno de los que le dio renombre fue precisamente "El libro de los cantares" (1851). Este título marcó el inicio de su prolífica carrera literaria y lo asoció de manera indeleble con la tradición de los cantares populares y la poesía lírica.
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