19/11/2024
En el vasto universo de la literatura teológica, pocas obras han resonado con tanta fuerza y permanecido tan vigentes a lo largo de los siglos como la trilogía de John Owen sobre el pecado. Entre ellas, destaca con luz propia su tratado seminal: Sobre la Mortificación del Pecado. Publicado por primera vez en 1656, este libro no es meramente una reliquia histórica, sino una guía viva y palpable para todo creyente que busca enfrentarse con la realidad del pecado y hallar la victoria en su caminar cristiano. Owen, un gigante del puritanismo inglés, nos invita a un viaje introspectivo y desafiante, revelando verdades profundas sobre la naturaleza del pecado y la indispensable tarea de su mortificación.

- ¿Quién fue John Owen y por qué su obra es tan relevante?
- El Corazón de la Obra: ¿Qué significa la Mortificación del Pecado?
- La Distinción Crucial: Mortificación del Pecado vs. Pecado Mortal
- La Vigencia Eterna de la Mortificación
- Preguntas Frecuentes sobre la Mortificación del Pecado de John Owen
- Conclusión: Un Llamado a la Acción Espiritual
¿Quién fue John Owen y por qué su obra es tan relevante?
John Owen (1616-1683) fue uno de los teólogos puritanos más influyentes y prolíficos de su tiempo. Educado en la Universidad de Oxford, llegó a ser vicerrector de esta prestigiosa institución y una figura prominente en la vida política y eclesiástica de Inglaterra. Su legado, sin embargo, trasciende su posición académica o política; reside en la profundidad y perspicacia de sus escritos, los cuales abordan temas cruciales de la fe cristiana con una erudición y una pasión inigualables.
Su trilogía sobre el pecado, compuesta por La Tentación, Sobre la Mortificación del Pecado y El Pecado que Mora en Nosotros, es considerada por muchos como la cúspide de su pensamiento práctico. Estas obras no son meras disquisiciones académicas; son manuales de batalla, escritos desde la experiencia de un hombre que conocía la lucha interna contra el pecado y la necesidad de una profunda obra de gracia en el corazón. La relevancia de Owen hoy radica en su capacidad para diagnosticar la condición humana con una precisión quirúrgica y ofrecer soluciones bíblicas que son tan aplicables ahora como lo fueron hace casi cuatro siglos. Pastores y teólogos de la talla de Sinclair Ferguson, Jerry Bridges y J.I. Packer han elogiado estas obras, considerándolas fundamentales para la comprensión y práctica de la vida cristiana.
El Corazón de la Obra: ¿Qué significa la Mortificación del Pecado?
El concepto de “mortificación del pecado” puede sonar arcaico o incluso intimidante para el oído moderno, pero Owen lo despoja de cualquier misticismo innecesario y lo presenta como una tarea esencial y continua para el creyente regenerado. La mortificación no es la erradicación completa del pecado de nuestra naturaleza, sino la supresión activa y deliberada de su poder dominante y engañoso en nuestras vidas.
Como bien señala Owen, la regeneración, ese acto divino que nos transforma, «no aniquila el pecado completamente sino que produce un cambio en nuestra relación con él, liberándonos de su poder condenatorio y esclavitud». Sin embargo, esto no significa que el pecado deje de existir dentro de nosotros. Al contrario, el creyente se enfrenta a una realidad paradójica: ha sido liberado del dominio del pecado, pero el pecado todavía mora en él, buscando constantemente recuperar el control. Es por ello que Owen insiste: «debemos ocuparnos a lo largo de nuestras vidas con la mortificación del poder del pecado que todavía permanece en nosotros».
El pecado, en su astucia, es un enemigo formidable. Owen lo describe como algo «engañoso y sabe cómo aparentar que está muerto, cuando en realidad todavía está vivo». Esta observación es crucial, pues nos advierte contra la complacencia espiritual. No podemos darnos el lujo de ignorar el pecado, esperando que simplemente desaparezca. Debemos «perseguirlo vigorosamente en todo tiempo hasta la muerte. No debemos proporcionarle ninguna cosa que le fortalezca o que le ayude a tener fuerza, poder y vitalidad».
La mortificación, por tanto, es una guerra sin cuartel contra las manifestaciones del pecado en nuestros pensamientos, palabras y acciones. Es un proceso activo y consciente de negarse a sí mismo, crucificar los deseos pecaminosos y someter cada área de la vida al señorío de Cristo. No es un esfuerzo meramente humano, sino una obra que se realiza en dependencia del Espíritu Santo, quien nos capacita para luchar y vencer.

La Distinción Crucial: Mortificación del Pecado vs. Pecado Mortal
Es fundamental no confundir el concepto puritano de la “mortificación del pecado” con la noción teológica del “pecado mortal”, aunque ambos términos compartan la palabra “pecado” y “mortal” en su raíz. La pregunta sobre “¿Por qué se llama pecado mortal?” nos remite a una tradición teológica distinta, principalmente católica, que clasifica los pecados según su gravedad y sus consecuencias para el alma.
Según esta perspectiva, un pecado se considera “mortal” porque, al cometerlo, se pierde la gracia santificante, la vida sobrenatural del alma, y nos pone en peligro de condenación eterna si no hay arrepentimiento y confesión. La cita de Romanos 5:12, «Así como por un solo hombre, Adán, entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, así también por un solo hombre, Jesucristo, vinieron al mundo todos los bienes», se usa para ilustrar la entrada del pecado y la muerte espiritual en la humanidad. La teología que define el pecado mortal se centra en la naturaleza grave de la ofensa, la plena advertencia y el consentimiento deliberado del pecador.
Por otro lado, la “mortificación del pecado” de John Owen no se refiere a una categoría específica de pecados, sino al proceso continuo de debilitar y suprimir el poder del pecado inherente en la naturaleza del creyente. Para Owen y la teología reformada, todos los pecados son, en su esencia, ofensas contra un Dios santo y dignos de muerte. Sin embargo, la distinción clave radica en el estado del creyente. Un creyente regenerado, aunque peca, no está bajo el dominio condenatorio del pecado; su lucha es contra el pecado que aún mora en él, no contra la esclavitud de la muerte espiritual. La mortificación es el medio por el cual el creyente coopera con el Espíritu Santo para vivir en obediencia y santidad, manifestando la vida de Cristo en él.
| Concepto | Descripción | Enfoque Principal | Consecuencia (si no hay arrepentimiento) |
|---|---|---|---|
| Mortificación del Pecado (John Owen) | Proceso continuo y activo de debilitar y suprimir el poder del pecado remanente en la vida del creyente regenerado. | La lucha interna del creyente contra la inclinación a pecar y sus manifestaciones. | Vida cristiana débil, falta de santidad, tristeza espiritual, deshonra a Dios. |
| Pecado Mortal (Teología Católica) | Pecado grave que, cometido con plena advertencia y consentimiento deliberado, destruye la caridad en el corazón del hombre y lo separa de la gracia de Dios. | La gravedad de la ofensa y su impacto en la relación con Dios. | Pérdida de la gracia santificante, peligro de condenación eterna. |
La Vigencia Eterna de la Mortificación
Las palabras de Owen resuenan con una verdad atemporal. La lucha contra el pecado no es una fase pasajera de la vida cristiana, sino una realidad constante hasta el día de nuestra muerte o el regreso de Cristo. Por eso, la obra de Owen ha sido tan valorada a lo largo de los siglos por aquellos que buscan una fe auténtica y profunda.
- Sinclair Ferguson: «Al leer a John Owen, uno entra en un mundo sin igual. Cada vez que regreso yo a una de sus obras, me voy preguntando, '¿Por qué paso tanto tiempo leyendo otra literatura de menos valor?'» Esta cita subraya la riqueza y profundidad que se encuentra en los escritos de Owen, sugiriendo que pocas obras pueden compararse con su valor teológico y práctico.
- Jerry Bridges: «Los tratados de John Owen sobre el pecado que mora en el creyente y la mortificación del pecado son en mi opinión las obras de más ayuda que jamás fueron escritas». Bridges, conocido por sus propias obras sobre la santidad y la lucha contra el pecado, reconoce la supremacía de Owen en este campo, destacando su utilidad práctica para el creyente.
- J.I. Packer: «Yo le debo a John Owen más que a cualquier otro teólogo, antiguo o moderno, y le debo más a su obra, La Mortificación del Pecado, que a cualquier otro escrito». La declaración de Packer es un testimonio poderoso de la influencia transformadora de Owen en la vida de uno de los teólogos más respetados del siglo XX, enfatizando la singular importancia de La Mortificación del Pecado.
Estos testimonios no son meras alabanzas; son una invitación a sumergirse en una obra que tiene el poder de transformar nuestra comprensión y experiencia de la vida cristiana. Owen nos ofrece no solo un diagnóstico preciso del problema del pecado, sino también el camino bíblico y práctico para enfrentarlo y someterlo bajo el poder del Espíritu.
Preguntas Frecuentes sobre la Mortificación del Pecado de John Owen
¿Qué es la mortificación del pecado según John Owen?
Según John Owen, la mortificación del pecado es el proceso continuo y activo por el cual el creyente regenerado, con la ayuda del Espíritu Santo, debilita y suprime el poder, la vitalidad y la influencia del pecado que aún reside en su naturaleza. No significa la erradicación total del pecado, sino la negación de su dominio y la persecución vigorosa de sus manifestaciones para vivir en santidad.

¿Por qué es importante mortificar el pecado?
Es importante mortificar el pecado porque, aunque el creyente ha sido liberado de su condenación y esclavitud, el pecado aún permanece dentro de él, buscando activamente engañar y fortalecerse. La mortificación es esencial para la obediencia a Dios, el crecimiento en santidad, la paz espiritual y la manifestación de la vida de Cristo en el creyente. Sin ella, la vida cristiana se vuelve tibia y el pecado puede recuperar terreno.
¿La regeneración elimina el pecado por completo?
No, según Owen, la regeneración no aniquila el pecado completamente. Produce un cambio radical en la relación del creyente con el pecado, liberándolo de su poder condenatorio y de su esclavitud. Sin embargo, el «cuerpo de pecado» o la inclinación a pecar permanece, haciendo necesaria la mortificación constante a lo largo de toda la vida del creyente.
¿Qué diferencia hay entre 'mortificación del pecado' y 'pecado mortal'?
La “mortificación del pecado” (John Owen) se refiere al proceso continuo de debilitar el poder del pecado remanente en la vida del creyente regenerado. Es una lucha diaria por la santidad. El “pecado mortal” (concepto teológico católico) se refiere a un tipo de pecado grave que, cometido con pleno conocimiento y consentimiento, destruye la gracia santificante en el alma y, si no hay arrepentimiento, lleva a la condenación eterna. Son conceptos distintos: uno es un proceso de santificación, el otro es una clasificación de la gravedad del pecado y su impacto en el estado del alma.
¿Quiénes recomiendan la obra de Owen sobre la mortificación del pecado?
La obra de John Owen sobre la mortificación del pecado es altamente recomendada por numerosos teólogos y pastores influyentes a lo largo de la historia y en la actualidad. Entre los destacados se encuentran Sinclair Ferguson, quien la considera de valor inigualable; Jerry Bridges, que la califica como una de las obras más útiles jamás escritas sobre el tema; y J.I. Packer, quien le debe más a esta obra que a cualquier otro escrito teológico.
Conclusión: Un Llamado a la Acción Espiritual
La obra de John Owen Sobre la Mortificación del Pecado es mucho más que un tratado teológico; es un llamado a la acción espiritual. Nos recuerda que la vida cristiana no es un camino pasivo, sino una batalla constante donde la victoria se logra a través de la dependencia del Espíritu Santo y un esfuerzo consciente y deliberado para someter el pecado. Las verdades contenidas en este libro son tan vitales hoy como lo fueron en el siglo XVII, ofreciendo sabiduría y esperanza a todo aquel que anhela vivir una vida de verdadera santidad y libertad en Cristo. En un mundo donde el pecado a menudo se minimiza o se justifica, la voz de Owen sigue siendo un faro, guiándonos hacia la profunda y transformadora obra de la mortificación.
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