¿Por qué Cervantes desliga el Quijote del género caballeresco?

El Quijote: ¿Fin o Renacer de la Caballería?

15/08/2023

Valoración: 4.37 (1934 votos)

La obra maestra de Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, es comúnmente entendida como una sátira o parodia de los libros de caballerías que gozaron de inmensa popularidad en su época. Sin embargo, la relación del Quijote con este género es mucho más compleja y paradójica de lo que una lectura superficial podría sugerir. Lejos de simplemente desvincularse, la novela cervantina, de manera irónica y profunda, no solo dialoga con la tradición caballeresca, sino que, de un modo inesperado, la reinventa y la eleva, inaugurando un nuevo ciclo que resonaría por siglos en la cultura europea y mundial. Esta dualidad entre la intención de Cervantes de criticar un género en declive y la recepción de su obra como una continuación o incluso una sublimación del mismo, es clave para comprender su éxito y universalidad.

¿Qué son las novelas de caballerías?
Las novelas de caballerías pueden ser consideradas como episodios de una batalla en concreto y, por tanto, otro autor puede continuar con la saga añadiendo nuevos episodios protagonizados por el mismo personaje pero en otros ambientes y batallas.

El Quijote y la Tradición Caballeresca: ¿Parodia o Continuidad?

La 'locura' del ilustre hidalgo manchego, Alonso Quijano, es presentada como una consecuencia directa de su obsesiva lectura de innumerables libros de caballería. Él mismo se siente caballero andante y sale al mundo, en compañía de su escudero Sancho Panza, a desfacer entuertos y liberar doncellas virginales. Esta premisa sugiere una crítica evidente a la idealización y los excesos del género. No obstante, Cervantes no solo se limita a la burla. Al igual que Garci Rodríguez de Montalvo había insuflado nueva vida al Amadís de Gaula a finales del siglo XV, el Quijote, a principios del siglo XVII, realizó una operación similar con el género caballeresco. Según Juan Manuel Cacho Blecua (2002), Montalvo logró una “feliz síntesis de la tradición medieval” con “nuevas pautas expresivas, narrativas e ideológicas”, creando algo a la vez conocido y distinto. Cervantes, de forma análoga, al insertar su particular visión de la caballería, logró una obra que, aunque irónica, mantenía una conexión profunda con los valores y la estructura del género.

Antes de la exitosa propuesta de Montalvo, el panorama literario ya había visto la traducción y adaptación de obras medievales como el Baladro del sabio Merlín (1499) o Tristán de Leonís (1501), que a su vez inspirarían obras originales como el valenciano Arderique (1517) y el Adramón, a caballo entre el libro de viajes y el relato caballeresco. El éxito del Amadís incluso impulsó estrategias editoriales que intentaban vender como caballeresco lo que no lo era, como el Libro del caballero Cifar (1512). En este contexto de redefinición y expansión del género, el Quijote emerge no solo como un comentario, sino como una evolución.

La Génesis del Género Caballeresco: Las Tres Grandes Materias

Para entender la profundidad de la interacción del Quijote con la caballería, es esencial conocer las raíces del género. La poesía caballeresca nació en Francia en el siglo XII, y Jean Bodel ya consignaba tres grandes ciclos o "materias", clasificación que aún hoy se respeta por su claridad:

  • La Materia de Francia (Ciclo Carolingio): De carácter épico, se compone de las chansons de geste y las aventuras heroicas de los paladines de Carlomagno, muchas de ellas centradas en la lucha contra los sarracenos. Bertrán de Bar-sur-Aube, con su Chanson de Girart de Vienne, estableció subciclos como el de los reyes de Francia o el de Guerin de Monglave. Aquí se enmarcan textos como la Chanson de Roland (con la gesta de Roncesvalles), Galién Restauré, Milles et Amys, o Huon de Bordeaux.
  • La Materia de Bretaña (Ciclo Bretón o Artúrico): Más novelesco y amoroso, canta las aventuras del Rey Arturo y sus Caballeros de la Tabla Redonda, enfrentados a los invasores sajones. Godofredo de Monmouth (siglo XII) introdujo esta veta artúrica en el continente con su Historia regum Britannie, continuada por el Roman de Brut de Wace y los poemas de Chrétien de Troyes (como el Roman de Vaillant Perceval). A este ciclo pertenecen libros como los de Merlín, el Santo Grial, Lancelot du Lac, Tristán e Isolda, y Perceforest.
  • La Materia de Roma (Ciclo Clásico): Se nutre de reelaboraciones de leyendas antiguas grecorromanas o bizantinas, como el Roman de Thèbes, d'Eneas, d'Alexandre, de Troie, Lisuarte de Grece, o La Vie d'Hercule.

Estas tres materias fueron las principales fuentes de la literatura caballeresca y, posteriormente, de innumerables obras de ópera y teatro. A ellas se sumó un ciclo menor relacionado con las Cruzadas, con obras como la Chanson d'Antioche, y la gran difusión popular de las gestas en España a través de cantares y romances, como el Poema del mío Cid.

El Amadís de Gaula, aunque su asunto pertenece a la materia de Bretaña, tiene un origen ibérico indiscutible y fue fundamental en España, refundido por Garci Ordóñez de Montalbo. Otras obras importantes fueron el Palmerín de Oliva y sus derivaciones, y el Llibre del valerós cavaller Tirant lo Blanc (1490) de Joanot Martorell y Martí Joan de Galba, considerado el libro de caballerías más antiguo impreso en España. En Alemania, las versiones de Tristán e Isolda (Gottfried von Strassburg) y Perceval (Wolfram von Eschenbach) fueron célebres. Italia, por su parte, tuvo una amplia proyección popular y humanista con Pulci, Boiardo, el Orlando furioso de Ludovico Ariosto y, especialmente, la Gerusalemme liberata de Torquato Tasso, que recrea la epopeya de las cruzadas.

El Triunfo Europeo del Quijote: Clave de un Éxito Caballeresco

A pesar de la aparente intención paródica de Cervantes, el Quijote no solo se difundió masivamente, sino que fue traducido e ilustrado desde principios del siglo XVII. Millones de ejemplares inundaron las imprentas de medio mundo. La clave de su universalización y éxito hay que buscarla en Europa, donde, paradójicamente, fue entendido en su alcance literario mucho antes que en España, donde no se comprendió del todo hasta bien entrado el siglo XVIII. ¿Cómo es posible que el Quijote fuera tan difundido en Europa desde los primeros años? Sus tempranas traducciones al inglés (1612), al francés (1614) y al italiano (1622) son un testimonio de este éxito.

A partir de 1605, Don Quijote y Sancho Panza se convirtieron en personajes recurrentes en fiestas, mascaradas y celebraciones. Ya en junio del año de la aparición de la primera parte, en las fiestas de Valladolid para agasajar al rey por el nacimiento del príncipe Felipe (futuro Felipe III), hizo aparición un Don Quijote de la mano de un caballero portugués, según relató Tomé Pinheiro da Veiga en su Fastiginia. Estas apariciones, siempre con la finalidad de hacer reír, se multiplicaron en plazas públicas, fiestas cortesanas y salones elegantes de todo el mundo.

Gracias al grabador Andreas Bretschneider, disponemos de evidencias visuales de cómo fue “visto” Don Quijote por sus primeros lectores. En 1613, en Dessau (Alemania), se organizaron cortejos y mascaradas para celebrar el nacimiento de un príncipe, y al año siguiente, Tobias Hübner publicó en Leipzig una relación pormenorizada del desfile caballeresco protagonizado por Don Quijote. Las estampas de Bretschneider, las primeras específicas de los personajes quijotescos conservadas, muestran a un Don Quijote con morrión de penacho y cuello, una imagen muy particular. La pregunta es: ¿por qué esta representación, tan alejada del texto cervantino posterior, prevaleció entre los primeros lectores? La respuesta reside en la “permanencia europea de un imaginario caballeresco ya existente”, sobre el cual se proyectaron las aventuras quijotescas. Así, el Quijote fue devuelto al género literario del que, para sus primeros lectores, había nacido: el de los libros de caballerías.

Cuando Don Quijote se presentó ante su público alemán en 1613 en el cortejo de Dessau, lo hizo con la siguiente descripción, que muestra cómo la figura fue apropiada y celebrada dentro de la tradición caballeresca: “El ingenioso Hidalgo Don Quixote de la Mancha, Caballero de la Triste Figura, Señor del estremado caballo Rocinante, coronado de esperanza y imaginación, del Imperio di Trebisonda, derribador y vencedor de los gigantes Caraculiambros, de las islas Malindranias, Siervo de la Señora Dulcinea, sin Par, del Toboso. Io el Caballero del Phoenix, único entre muchos. Io el derribador de agravios y tuertos, liberador de viudas y pupillos. Io el espejo de caballería, la flor de gentilezza, el amigo de la Reina Xarilla, y querido de la Imperatriz Pandafilanda, los deleites de la linda Maritornes. Io el amparo y remedio de los menesterosos, el miedo de los tyrannos, el espanto de los terribles y la quintaessentia de todos los caballeros andantes.” Esta auto-presentación, conservada en un ejemplar de la Bibliothèque Nationale de France, es una clara muestra de cómo el personaje fue asimilado y celebrado dentro del arquetipo caballeresco.

La Sublimación Cervantina: Un Nuevo Ciclo Caballeresco

La gran sublimación caballeresca se produce a través del Quijote cervantino, que, de hecho, inaugura un nuevo ciclo o materia en sí mismo. Aunque Cervantes ironiza y su obra fue inicialmente vista como cómica, cala muy hondo, consiguiendo una imagen de la realidad que, pese a lo desenfocada de la percepción del protagonista, es profundamente auténtica. Las conductas y relaciones humanas son examinadas con detalle extraordinario. Todos los valores de la caballería afloran como normas de actuación en la calenturienta imaginación del protagonista, a quien sirve de contraste la gramática parda de Sancho Panza. La obra es tanto una sublimación nostálgica como un resumen de valores caballerescos que, en lo profundo, mantienen una frescura y vigencia extraordinarias. No es de extrañar que un libro tan ambicioso, cargado de buena filosofía de vida, y un carácter como el de Don Quijote, hayan llamado la atención de tantos compositores a lo largo de los siglos.

Don Quijote en el Escenario: De la Ópera al Musical

La influencia del Quijote en la música escénica, fundamentalmente operística, ha sido inmensa. Decenas y decenas de obras musicales se han escrito para la escena sobre la obra cervantina, muchas de las cuales, aunque hoy olvidadas, suman más de 100 títulos solo en el campo operístico. Estas obras se refieren tanto a la figura central o a otras secundarias como a la totalidad (evidentemente resumida) o a alguno de los episodios de la novela.

¿Qué son los libros de caballerías?
Los libros de caballerías son un género narrativo que se destacó en el siglo XVI, tanto dentro como fuera de la Península Ibérica. Los libros de caballerías castellanos son una parte importante de este género.

La primera obra escénica alusiva a la novela se remonta a 1655, el dramma per musica Sancio, con libreto de Camilo Rima, estrenado en Módena, curiosamente centrado en Sancho Panza. En 1680, Carlo Sajon compuso la música para Il Don Chissiot della Mancia de Morosini en Venecia. En 1690, Johann Philipp Förtsch estrenó su ópera Der Irrende Ritter Don Quixote de la Mancia en Hamburgo, y cinco años después, Henry Purcell compuso su música incidental La cómica historia de don Quijote. Fue en el siglo XVIII cuando el caballero español se hizo protagonista de numerosos escenarios. Algunas obras representativas incluyen:

  • Don Quichotte de la Manche (1703) de Stadel.
  • Don Chisciotte in Sierra Morena (1719) de Francesco Bartolomeo Conti.
  • Don Chisciotte in corte della duchessa (1727) de Antonio Caldara.
  • Don Chisciotto della Mancia (1733) de Francesco Feo.
  • El intermezzo Don Chisciotte (1746) de Giambattista Martini, maestro de Mozart.
  • Don Quichotte der Löwenritter (1761) de Georg Philipp Telemann.
  • Don Chisciotte della Mancia (1769) de Giovanni Paisiello, revisada en 1976 por Hans Werner Henze.
  • Don Chisciotte alle nozze di Gamace (1770) de Salieri.
  • Il Don Chisciotto (1770) de Nicolo Piccinni.

La figura de Sancho Panza también ha sido base de muchas partituras, la mayoría cómicas, como Sancio Panza (1733) de Caldara, Sancho Pança gouverneur ou La Bagatelle (1727) de Jean Claude Gillier, o La ínsula Barataria (1864) de Emilio Arrieta. El episodio de las bodas de Camacho (capítulo XIX de la segunda parte) inspiró óperas de Robert Bochsa (1815), Saverio Mercadante (1825) y Felix Mendelssohn (1827).

Saltando a épocas más recientes, destaca Don Quixote (1898) de Wilhelm Kienzl, de extracción wagneriana. Sin embargo, la más conocida y representada actualmente es la comedia heroica Don Quichotte (1910) de Jules Massenet, popularizada por el bajo ruso Fiodor Chaliapin. Con un valor mucho mayor se sitúa la ópera de cámara de Falla, El retablo de maese Pedro (1923), basada en el capítulo XXVI de la segunda parte, concebida para marionetas.

En la veta española, el cantante y compositor sevillano Manuel García estrenó un Don Quijote en Nueva York en 1826, una ópera bufa con influencias de Mozart y parentescos con Rossini y Beethoven. Más modernamente, ha habido intentos de Rodolfo Halffter (Clavileño, 1934), Ernesto Halffter (Dulcinea, 1944), y las dos creaciones más sonadas de los últimos tiempos: el Don Quijote de Cristóbal Halffter (1999) y DQ de José Luis Turina (2000). En el terreno de la zarzuela, la más conocida es La venta de Don Quijote (1902) de Chapí, pero existen muchos otros títulos, especialmente alrededor del tercer centenario de la obra.

La vasta cantidad de adaptaciones musicales demuestra que, lejos de ser una simple sátira que “mató” el género caballeresco, el Quijote lo transformó. Se convirtió en un arquetipo, un catalizador de nuevas narrativas y exploraciones de la condición humana, manteniendo viva, a través de la ironía y la profundidad, la esencia de la caballería en una nueva era. Cervantes, al desfigurar el ideal, lo inmortalizó.

Preguntas Frecuentes

¿Fue Don Quijote realmente una parodia de los libros de caballerías?
Si bien Don Quijote tiene elementos claros de parodia y crítica a los libros de caballerías, su relación con el género es más compleja. Cervantes usa la parodia como un vehículo para explorar temas profundos sobre la realidad, la imaginación y los ideales, lo que, paradójicamente, llevó a una sublimación y reinvención del espíritu caballeresco, no a su mera aniquilación. La obra es una consecuencia y un producto de una rica tradición que transforma.

¿Por qué Don Quijote fue tan popular en Europa desde el principio?
El Quijote triunfó rápidamente en Europa porque los primeros lectores lo interpretaron a través de un “imaginario caballeresco” ya existente y muy arraigado. Lo vieron no tanto como una burla destructiva, sino como una nueva manifestación de las aventuras y valores caballerescos, aunque con un tono cómico y, a la postre, profundamente humano. Este contexto permitió que fuera abrazado y difundido masivamente en traducciones y representaciones.

¿Qué son las “tres grandes materias” de la literatura caballeresca?
Las “tres grandes materias” son las principales fuentes temáticas de la literatura caballeresca medieval: la Materia de Francia (ciclo carolingio, centrada en Carlomagno y sus paladines), la Materia de Bretaña (ciclo artúrico, sobre el Rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda), y la Materia de Roma (ciclo clásico, basado en leyendas grecorromanas y bizantinas).

¿Cuántas óperas se han compuesto sobre Don Quijote?
Se han contabilizado más de 100 títulos de óperas y otras obras musicales escénicas que se refieren a la figura central de Don Quijote, a personajes secundarios o a episodios de la novela, desde mediados del siglo XVII hasta la actualidad. Esto demuestra la enorme influencia y el atractivo perdurable de la obra de Cervantes en el ámbito musical.

¿Cómo influyó el “Amadís de Gaula” en la recepción del Quijote?
El Amadís de Gaula, refundido por Garci Rodríguez de Montalvo, estableció un precedente importante al revitalizar una vieja materia caballeresca con nuevas pautas. Cervantes, de manera similar, tomó la tradición caballeresca y la transformó, creando algo que, aunque percibido como distinto, se apoyaba en el mismo tronco. Esto facilitó que los lectores, especialmente en Europa, pudieran encajar el Quijote dentro de su comprensión del género caballeresco, viéndolo como una evolución o una nueva forma de la misma tradición.

Si quieres conocer otros artículos parecidos a El Quijote: ¿Fin o Renacer de la Caballería? puedes visitar la categoría Literatura.

Subir