07/06/2023
En el vasto universo de la literatura, pocas plumas han logrado capturar la esencia de la ironía y el absurdo como la de Oscar Wilde. Su relato corto, «El crimen de Lord Arthur Savile», publicado en 1891, es una joya que, bajo la superficie de una trama aparentemente macabra, esconde una profunda reflexión sobre el destino, el deber y la naturaleza caprichosa de la vida. Esta historia nos sumerge en el peculiar dilema de un joven aristócrata inglés, Lord Arthur Savile, cuya vida idílica se ve abruptamente trastocada por una predicción inusitada. Acompáñenos a desentrañar los intrincados caminos que Arthur recorre en su peculiar búsqueda por cumplir una profecía que, lejos de ser una carga, se convierte en el motor de una serie de eventos tanto cómicos como reveladores.

La trama se desenvuelve en el vibrante escenario de una elegante recepción organizada por la fascinante Lady Windermere en Bentinck House. Un crisol de personalidades de la alta sociedad londinense se congrega en los suntuosos salones, donde la anfitriona, con su cuello de marfil y sus cabellos de oro, irradia una belleza singular. Ella, una mujer que ha vivido bajo la premisa de que “nada se parece tanto a la ingenuidad como el atrevimiento”, ha traído a su velada a un personaje que cambiará el curso de la existencia de Lord Arthur: el señor Podgers, un quiromante de aspecto ordinario, con una cabeza cómicamente calva y grandes gafas de oro, más parecido a un notario pueblerino que a un místico. Lady Windermere, en su excentricidad, confía ciegamente en sus predicciones, invitando a sus distinguidos invitados a someterse a la lectura de sus manos.
- La Infausta Profecía y el Peculiar Sentido del Deber
- Primer Intento: El Veneno y la Dama Distinguida
- Segundo Intento: La Dinamita y el Decano Aficionado a los Relojes
- La Última Oportunidad: El Támesis y el Giro del Destino
- La Felicidad Conquistada y la Persistente Ironía
- Reflexiones Finales: El Juego de Wilde con el Destino
La Infausta Profecía y el Peculiar Sentido del Deber
Mientras el señor Podgers revela con acierto detalles sobre la vida de otros invitados, como la duquesa de Paisley o lady Flora, Lord Arthur Savile, un joven apuesto y distinguido, prometido de la encantadora Sybil Merton, siente una curiosidad irresistible por conocer su propio futuro. Con cierta timidez, se acerca al quiromante. Lo que sigue es una escena cargada de tensión: el señor Podgers palidece, tiembla y sus manos carnosas se ponen frías y viscosas. Después de un silencio inquietante, el quiromante revela que Lord Arthur cometerá un asesinato. Esta es la fatalidad que se cierne sobre él.
La predicción no solo lo aterra, sino que lo sume en una profunda reflexión sobre el deber. Lord Arthur, un hombre de principios, decide que no puede casarse con Sybil, su amada, mientras esta sombra de crimen se cierna sobre él. Considera que sería una traición, un acto egoísta. Su lógica, aunque retorcida, lo lleva a una conclusión sorprendente: debe cumplir la profecía antes de su matrimonio. Solo así podrá presentarse ante el altar con la conciencia tranquila y ofrecer a Sybil una vida sin remordimientos ni el peso de un futuro incierto. Su mente práctica, ajena a los sueños o la ociosidad, le impulsa a la acción. Para él, la vida es una cuestión de hacer, no de pensar. Así, el supuesto "crimen" se transforma en un sacrificio, un acto de amor supremo.
Primer Intento: El Veneno y la Dama Distinguida
El primer objetivo de Lord Arthur es Lady Clementina Beauchamp, una anciana y estimable prima segunda de su madre. La elección no es arbitraria; la quiere, es rica (lo que descarta cualquier motivo económico), y su edad avanzada hace que su muerte sea menos "sospechosa". El método elegido es el veneno, concretamente aconitina, por su rapidez y ausencia de dolor, y porque le permite evitar la violencia personal, que detesta. La idea de un escándalo público o de ver su nombre en la prensa le horroriza, pues su reputación y la de Sybil son primordiales.
Se procura el veneno en una farmacia, presentándose como el dueño de un gran danés con hidrofobia, y lo coloca en una hermosa bombonera de plata. Visita a Lady Clementina, quien, con su humor peculiar, se queja de sus dolencias y de la poca utilidad de los médicos. Lord Arthur le ofrece la cápsula como un "remedio milagroso" de un estadounidense. Sin embargo, en un giro de la ironía, Lady Clementina, fascinada por la bombonera y por la apariencia de "bombón" de la cápsula, se niega a tomarla de inmediato, decidiendo guardarla para su próximo ataque de estómago. Este primer intento, planeado con tanta meticulosidad, fracasa de la manera más absurda, por la propia excentricidad de la víctima y la sobreprotección de Lord Arthur. La boda se pospone, sumiendo a Sybil en la tristeza, mientras Arthur parte hacia Venecia, esperando la noticia de la muerte de su prima.
Segundo Intento: La Dinamita y el Decano Aficionado a los Relojes
Las semanas en Venecia son una tortura para Lord Arthur, quien revisa diariamente la sección de obituarios sin éxito. Regresa a Londres y se enfrenta a la cruel realidad: Lady Clementina ha muerto, sí, pero de causas naturales, ¡y la píldora de aconitina sigue intacta en la bombonera! La conmoción lo abruma. La profecía sigue sin cumplirse, y su deber permanece.
Reafirmado en su propósito, Lord Arthur decide que el veneno no es lo suyo y opta por la dinamita. Su nueva víctima es su tío, el deán de Chichester, un hombre culto y aficionado a los relojes. Para conseguir el explosivo, recurre a su amigo Rouvaloff, un joven ruso de tendencias revolucionarias, quien lo dirige a Herr Winckelkopf, un anarquista alemán que fabrica relojes explosivos. La escena en la guarida de Winckelkopf es un ejemplo brillante del humor de Wilde, donde un asesino a sueldo se comporta como un amable comerciante. Lord Arthur, bajo el alias de Robert Smith, encarga un reloj con una figurita de la Libertad, programado para explotar al mediodía del viernes.
El día señalado, Lord Arthur espera ansiosamente la noticia, pero los periódicos no reportan nada. Visita a Herr Winckelkopf, quien, con disculpas rebuscadas, le explica que sus productos son a veces "algo inexactos". Poco después, la duquesa de Paisley le muestra una carta de su sobrina, Jane Percy, hija del deán. La carta describe con hilarante detalle cómo el "reloj explosivo" llegó, cómo la figurita de la Libertad se rompió la nariz al "estallar" a las doce, y cómo el deán lo considera un simple despertador ruidoso, que su hijo Reggie se lleva al colegio para hacer "pequeñas explosiones" durante todo el día. El segundo intento ha fallado de nuevo de forma absurda, transformando un acto mortal en una comedia familiar.
| Intento de Asesinato | Víctima | Método | Resultado | Observaciones |
|---|---|---|---|---|
| Primer Intento | Lady Clementina Beauchamp | Veneno (Aconitina) | Fallo | La víctima no toma el veneno, lo guarda como un "bombón" y muere de causas naturales. |
| Segundo Intento | El Deán de Chichester | Reloj Explosivo | Fallo | El reloj solo rompe la nariz de una figura, se convierte en un "despertador ruidoso" usado por un niño. |
La Última Oportunidad: El Támesis y el Giro del Destino
Lord Arthur cae en la desesperación. Ha hecho todo lo posible por cumplir con su deber, pero el destino parece burlarse de él. Se siente un fracasado, incapaz de llevar a cabo ni siquiera un crimen. Una noche, mientras deambula por los muelles del Támesis, sumido en sus pensamientos, divisa una figura familiar asomada al parapeto del río: es el señor Podgers, el quiromante que inició toda su odisea. En un instante, sin premeditación alguna, una idea brillante (o fatal) cruza su mente. Sin dudarlo, se desliza silenciosamente, agarra al quiromante por las piernas y lo arroja al río.
Se escucha un chapoteo, una blasfemia, y luego el silencio. Lord Arthur observa ansiosamente la superficie del agua, solo viendo el sombrero del quiromante flotar antes de desaparecer. Se siente aliviado; el destino se ha cumplido, y el nombre de Sybil brota de sus labios. La ironía final llega con la noticia en el periódico: el cuerpo del señor Septimus R. Podgers ha sido encontrado, y la causa de su muerte ha sido declarada un "suicidio por trastorno momentáneo de sus facultades mentales, provocado por un trabajo excesivo".
La profecía se ha cumplido, pero no de la forma en que Lord Arthur lo había planeado. Él no es un asesino en el sentido tradicional, sino un instrumento del destino, y su acto se disfraza como un suicidio, liberándolo de toda culpa aparente y, más importante aún, de su autoimpuesto deber.
La Felicidad Conquistada y la Persistente Ironía
Liberado de la carga que lo oprimía, Lord Arthur se casa con Sybil tres semanas después. La boda es un evento grandioso, y la pareja irradia felicidad. El deán de Chichester, el mismo que escapó de la dinamita, oficia la ceremonia, añadiendo una capa más de absurdo a la situación. Lord Arthur no siente remordimientos; por el contrario, se siente dichoso y cree que le debe toda la felicidad de su vida al quiromante.

Años después, con dos hermosos hijos, Lady Windermere visita a la pareja. En una conversación con Sybil, menciona su desilusión con la quiromancia, a la que ahora considera una farsa, y su nueva pasión por la telepatía. Sybil, sin embargo, defiende la quiromancia, explicando que Arthur se la toma muy en serio. Cuando Lord Arthur se une a ellas, Lady Windermere le pregunta directamente si cree en la quiromancia. Él, sonriendo, responde: "Claro que sí... Porque le debo toda la dicha de mi vida". Y al ofrecerle rosas a su esposa y mirarla a los ojos, añade: "Pues Sybil". Esta es la última y más brillante chispa de la ironía de Wilde: Lord Arthur cree que la quiromancia, a través de la predicción y los fallidos intentos, lo llevó a cumplir su deber y, por ende, a su felicidad.
Reflexiones Finales: El Juego de Wilde con el Destino
«El crimen de Lord Arthur Savile» es una magistral lección sobre la naturaleza elusiva del destino y la futilidad de intentar controlarlo. Wilde juega con la idea de que, a veces, los planes más elaborados fracasan de las maneras más inesperadas, mientras que el resultado deseado llega por un golpe de suerte o un acto impulsivo. La historia es una sátira social, que se burla de la rigidez de las costumbres victorianas y de la seriedad con la que la alta sociedad toma supersticiones como la quiromancia, incluso cuando las interpretan de formas tan singulares.
El carácter de Lord Arthur, inicialmente tan recto y preocupado por el deber, se ve empujado a una serie de situaciones que rozan lo ridículo, destacando la absurda lógica que puede surgir de una premisa irracional. La obra es un recordatorio de que la vida a menudo se despliega con una lógica propia, ajena a nuestras intenciones, y que la felicidad puede encontrarse en los caminos más inesperados, incluso aquellos pavimentados con intentos de asesinato fallidos.
Preguntas Frecuentes sobre «El crimen de Lord Arthur Savile»
¿Quién era Lord Arthur Savile?
Lord Arthur Savile era un joven aristócrata inglés, de buena posición económica y prometido de la bella Sybil Merton. Se le describe como un hombre de principios y de naturaleza práctica, aunque su sentido del deber lo lleva a acciones extraordinarias.
¿Qué le predijo el quiromante, el señor Podgers?
El señor Podgers le predijo a Lord Arthur que cometería un asesinato. Esta profecía es el motor principal de toda la trama.
¿Por qué Lord Arthur decidió cometer el crimen antes de casarse?
Lord Arthur sintió que era su deber cumplir la profecía antes de su matrimonio para no traer desgracia a su amada Sybil. Consideraba que casarse con la sombra de un crimen pendiente sobre su cabeza sería un acto egoísta y deshonroso.
¿Cuáles fueron sus intentos fallidos de asesinato?
Sus dos primeros intentos fracasaron de manera cómica: primero, intentó envenenar a su prima, Lady Clementina Beauchamp, con aconitina, pero ella guardó la cápsula como un bombón. Segundo, envió un reloj explosivo a su tío, el deán de Chichester, pero el dispositivo solo causó un daño menor y fue considerado un juguete ruidoso.
¿Cómo se cumplió finalmente la profecía?
La profecía se cumplió cuando Lord Arthur, en un acto impulsivo y desesperado, arrojó al propio quiromante, el señor Podgers, al río Támesis. El cuerpo de Podgers fue encontrado días después, y su muerte fue declarada "suicidio" por las autoridades, liberando a Lord Arthur de cualquier sospecha.
¿Cuál es el mensaje o la enseñanza principal de la historia?
La historia explora la ironía del destino y la absurda futilidad de intentar controlarlo. Sugiere que los planes más meticulosos pueden fracasar, mientras que los resultados deseados pueden llegar de las formas más inesperadas y no planificadas. También es una sátira sutil sobre las costumbres y la lógica de la alta sociedad victoriana.
¿Lord Arthur se arrepintió de sus acciones?
No. Lord Arthur experimentó alivio y felicidad después de que la profecía se cumpliera. Creía que al haber "cumplido" su deber, había asegurado su felicidad y la de Sybil, sin sentir remordimientos por el destino del quiromante.
En definitiva, «El crimen de Lord Arthur Savile» es un testimonio del genio de Oscar Wilde, quien con su pluma afilada y su ingenio inigualable, nos invita a reflexionar sobre las complejidades de la vida, la moralidad y la ineludible danza entre el libre albedrío y el destino. Un cuento que, lejos de ser una simple anécdota criminal, se revela como una profunda comedia humana.
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