Dos Veces Junio: La Banalidad del Horror Argentino

04/07/2023

Valoración: 4.23 (10491 votos)

En el vasto universo de la literatura latinoamericana, pocas obras logran capturar la esencia de un período histórico tan oscuro y doloroso como lo hace “Dos Veces Junio” de Martín Kohan. Publicada en 2002, esta novela no es solo un relato sobre la última dictadura militar argentina (1976-1983); es una inmersión sin concesiones en la psique de aquellos que, por acción u omisión, formaron parte de los engranajes de un sistema represivo. Kohan, con una prosa afilada y desprovista de sentimentalismos, nos invita a confrontar una realidad que, lejos de ser un lamento, se presenta como un escalofriante espejo de la banalidad del mal.

¿Qué trata la novela dos veces junio de Martín Kohan?
Reseña de la novela «Dos veces junio», de Martín Kohan Por Rosana López Rodríguez – Siguiendo con nuestro análisis de la literatura argentina contemporánea, le toca esta vez a uno de los escritores más leídos de la “joven generación”: Martín Kohan. Su novela Dos veces junio cuenta dos momentos de derrota de la historia argentina.

La novela se erige como un testimonio ficticio que, paradójicamente, ilumina verdades históricas con una luz brutal. A través de la mirada de un conscripto, chofer de un médico involucrado en las torturas, el autor desentraña cómo la lógica burocrática y la indiferencia cotidiana pueden ser tan devastadoras como la violencia explícita. “Dos Veces Junio” no busca ofrecer respuestas fáciles, sino que interpela al lector, obligándolo a reflexionar sobre la compleja red de responsabilidades y la delgada línea entre la obediencia y la complicidad en tiempos de horror.

Índice de Contenido

El Corazón de la Oscuridad: La Dictadura Argentina como Telón de Fondo

La Argentina de finales de los años 70 y principios de los 80 fue un país convulsionado por la represión estatal. La última dictadura militar, autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, implementó un plan sistemático de terrorismo de Estado que incluyó secuestros, torturas, desapariciones forzadas y apropiación de niños. Este período dejó cicatrices profundas en la sociedad argentina, y la literatura ha sido una herramienta fundamental para procesar y comprender aquellos años. Martín Kohan, lejos de recurrir a los clichés del relato testimonial, elige una aproximación oblicua y perturbadora para abordar esta temática.

“Dos Veces Junio” se ambienta en dos momentos clave que, aunque aparentemente disímiles, actúan como metáforas de la derrota y el colapso de un proyecto nacional. El primero es junio de 1978, en plena dictadura y durante el Mundial de Fútbol que Argentina ganó, un evento utilizado por el régimen para proyectar una imagen de normalidad. El segundo es junio de 1982, tras la derrota en la Guerra de Malvinas, un punto de inflexión que marcó el principio del fin del régimen militar. Estos dos junios, separados por cuatro años, enmarcan una historia que explora cómo la violencia institucional permea todos los estratos de la sociedad, incluso aquellos que se perciben como ajenos o indiferentes.

Una Trama que Desgarra: Junio de 1978 y la Banalidad del Horror

La primera parte de la novela nos introduce a un joven conscripto que cumple su servicio militar obligatorio. Su tarea es ser el chofer del Doctor Mesiano, un médico que no solo asiste, sino que “supervisa” las sesiones de tortura en un centro clandestino de detención. La trama se dispara con una pregunta inquietante escrita en un cuaderno: “¿A partir de qué edad se puede empezar a torturar a un niño?”. Lo perturbador no es la pregunta en sí, sino la reacción del protagonista: su principal preocupación no es el contenido atroz de la consulta, sino una falta de ortografía en la misma, la cual se apresura a corregir. Este acto, aparentemente trivial, esconde una profunda reflexión sobre la obediencia, la autoridad y la incapacidad de ver el horror cuando se está inmerso en su lógica.

Mientras el conscripto busca al Doctor Mesiano, quien se ha ausentado para ver un partido del Mundial, la novela describe escenas de una indiferencia aterradora. El protagonista presencia golpes en la oscuridad, ve a una chica correr y llorar, pero su mente las interpreta como “ratas perseguidas por gatos”. La deshumanización del otro es total, y la violencia se normaliza hasta convertirse en parte del paisaje urbano. La visita a un prostíbulo, narrada con una frialdad desapasionada, y la descripción de una película pornográfica, se entrelazan con la violencia institucional, sugiriendo una conexión entre la perversión sexual y el ejercicio del poder más brutal. Finalmente, en el centro clandestino de Quilmes, una detenida le ruega ayuda al conscripto, apelando a su humanidad. Su respuesta, repetida de diversas maneras –“No hables más, hija de puta, ¿no ves que ya estás muerta?”– y su negativa a ayudar a “extremistas”, encapsula la aterradora negación de la compasión. El episodio culmina con la apropiación de un recién nacido de una de las detenidas, un acto que ilustra la dimensión más cruel y deshumanizante del terrorismo de Estado.

Ecos de la Derrota: Junio de 1982 y la Resistencia Silenciosa

La segunda parte de “Dos Veces Junio” nos sitúa cuatro años después, en junio de 1982. La Guerra de Malvinas ha terminado con la rendición argentina, y el ex-conscripto, ahora estudiante de medicina, decide visitar al Doctor Mesiano para ofrecerle sus condolencias por la muerte de su hijo Sergio en combate. Este encuentro es un momento de profunda resignación. Mesiano repite que “todo está perdido”: el mundial, la guerra, y la perspectiva de los militares de seguir siendo la dirigencia política del país. La atmósfera es de derrota y desilusión.

A pesar de la desazón, el protagonista, al regresar a su casa, escucha en la radio un mensaje esperanzador que llama a la unidad nacional y a no resignarse a la derrota. Sin embargo, su vida personal es un reflejo de la desolación interna: vive solo, sin amigos, y sus sueños recurrentes con la prostituta del pasado, cuyo rostro ya no puede recordar, simbolizan una búsqueda de algo “real” en un mundo despojado de sentido. Esta segunda parte, aunque menos explícita en su descripción de la violencia, profundiza en las consecuencias psicológicas y sociales de la represión, mostrando una sociedad marcada por la pérdida y la dificultad de reconstruir lazos humanos.

Las Claves Filosóficas de Kohan: Un Viaje a Través del Poder y la Razón

La profundidad de “Dos Veces Junio” reside no solo en su trama, sino en las sofisticadas estrategias narrativas y los fundamentos filosóficos que Martín Kohan emplea para construir su relato. Estas claves interpretativas invitan a una lectura más allá de la superficie, revelando una crítica profunda a la naturaleza del poder y la racionalidad.

La Puesta en Abismo: Reflejos del Poder

Uno de los recursos más importantes en la novela es la puesta en abismo. Este concepto, que implica la inclusión de una narración dentro de otra que la refleja o la duplica, permite que episodios aparentemente menores resuenen con el problema central del ejercicio del poder en la sociedad. La descripción de una película pornográfica, el ambiente del prostíbulo o incluso el partido de fútbol del Mundial, funcionan como espejos de la situación argentina. Estos elementos secundarios no son superfluos; por el contrario, magnifican la idea de que el poder no solo es ejercido por los “fuertes”. Los débiles también desarrollan estrategias: la prostituta que finge, la detenida que obliga al conscripto a escuchar la realidad, o incluso el protagonista que, al corregir una falta de ortografía en el cuaderno de la autoridad, ejerce una forma sutil de poder.

¿Qué prefiere Martín Kohan en lugar de leer mala literatura?
En lugar de leer mala literatura, él recomendó ver una buena película o jugar un buen partido de fútbol. El escritor Martín Kohan señaló, en una entrevista que le hicimos en el Monitor hace tres años, que él desconfiaba de quienes defienden el valor del libro, aunque sea malo.

Esta perspectiva está fuertemente influenciada por el pensamiento de Michel Foucault, quien postula que el poder no es una entidad monolítica que se ejerce de arriba hacia abajo, sino que es omnipresente, construye y no solo destruye. Foucault sostiene que todos los individuos son capaces de desarrollar estrategias de poder, y que el poder mismo engendra su reverso, limitándose. La novela, al mostrar cómo los detalles menores y las acciones cotidianas revelan las configuraciones del poder, invita a una lectura foucaultiana donde las fuerzas se dispersan y la resistencia individual se convierte en un acto significativo.

La Obsesión Numérica: Cuando la Razón Engendra el Horror

Otra clave interpretativa de la novela es su temática numérica. Kohan impregna el relato con una obsesión por los números: los capítulos son breves y titulados con cifras, los subcapítulos se ordenan con numeración romana, y el narrador se detiene en detalles cuantitativos como el número de orden en la “colimba”, la formación completa de la selección argentina (nombres, posiciones, pesos, estaturas), la cantidad de espectadores en el estadio, o el peso de un bebé apropiado. Esta meticulosidad “burocrática” con los números tiene una intención muy específica.

Según el propio autor, el uso de esta racionalidad inhumana busca mostrar que el horror y el exterminio no son un asalto a la razón, sino una consecuencia de la razón occidental misma. La novela se alinea con las ideas de Adorno y Horkheimer en “Dialéctica del Iluminismo”, quienes argumentan que la Ilustración, al buscar la dominación total de la naturaleza, degeneró en una razón instrumental capaz de producir la barbarie. Así, los personajes que clasifican, miden y racionalizan todo el tiempo se convierten en la encarnación de una lógica que, en su máxima expresión, produce el horror. Kohan utiliza esta estrategia para escapar a las “formas cristalizadas de la memoria” y al registro testimonial, proponiendo una visión donde el mal no es una anomalía irracional, sino el producto de una racionalidad deshumanizada.

El Narrador Cómplice: La Carga de la Indiferencia

El narrador de “Dos Veces Junio” es un protagonista en primera persona que se caracteriza por su aparente avidez de objetividad y su no intervención en las situaciones que se le presentan. Este rasgo es fundamental para el efecto que la novela busca en el lector: provocar una profunda indignación moral. Al posicionar al narrador en el lugar menos responsable y más diferido del poder, el texto lo obliga a ser cómplice, a tomar partido.

Esta estrategia encuentra su fundamento en la obra de Hannah Arendt, especialmente en “Eichmann en Jerusalén”, donde caracteriza a Adolf Eichmann no como un monstruo sádico, sino como un eslabón más de la maquinaria burocrática nazi, un burócrata que cumplía órdenes. Arendt argumenta que el mal se vuelve “banal” cuando se convierte en parte del ordenamiento jurídico del Estado, y que la responsabilidad individual recae en todos los que, por acción u omisión, contribuyen al funcionamiento de esa maquinaria. Kohan, al aplicar esta perspectiva, sugiere que la culpa no se limita a los grandes perpetradores, sino que se extiende a todos los “engranajes” de la “máquina social”, incluso aquellos que se perciben como pasivos o indiferentes. Sin embargo, esta postura ha generado debate, ya que la dilución de la culpa puede, paradójicamente, llevar a que nadie sea verdaderamente culpable, o a borrar las diferencias cualitativas entre víctimas y victimarios.

“Dos Veces Junio” como Declaración Política y Crítica

La novela de Kohan es, en sí misma, una declaración política. Al mostrar los engranajes menores de la máquina social y cómo los individuos se convierten en objetos de un uso social abstracto, la obra critica la idea de que la responsabilidad se limita a los centros de poder. Los personajes cumplen con su deber más allá de toda consideración moral, a menudo desconociendo el porqué de sus acciones, reproduciendo así lo que exige el ejercicio del poder en la sociedad: que los mecanismos funcionen. La metáfora de los engranajes es central: si todos los sujetos están involucrados, aunque en grado diverso, en el funcionamiento de la máquina, entonces todos son responsables.

Kohan busca oponerse a lecturas “cristalizadas” del pasado argentino, como la “teoría de los dos demonios” (que equipara la violencia estatal con la de las organizaciones guerrilleras) o el registro testimonial del informe “Nunca Más” (que, según algunos críticos, victimiza en exceso). Sin embargo, al exponer la realidad en clave foucaultiana y frankfurtiana, la novela también ha sido objeto de críticas. Algunos argumentan que, al diluir la culpa en una moral individual abstracta y al negar el sujeto social, la obra corre el riesgo de eliminar todo elemento explicativo de la historia real, transformando la compleja dinámica de poder en una mera diatriba moral donde, si todos son culpables, nadie lo es realmente. Esta ambigüedad es precisamente lo que convierte a “Dos Veces Junio” en una obra tan potente y provocadora.

Comparativa: Los Dos Junios de la Derrota

Para comprender mejor la estructura y el simbolismo de la novela, es útil contrastar los dos momentos temporales que la vertebran:

AspectoJunio de 1978Junio de 1982
Contexto HistóricoPlena dictadura militar, Mundial de Fútbol '78. El régimen busca legitimidad y ocultar el terror.Post-Guerra de Malvinas (derrota argentina). Fin del ciclo militar, quiebre del régimen.
Atmósfera PredominanteHorror velado, indiferencia, obediencia ciega, violencia burocrática “normalizada”.Desilusión, melancolía, reflexión sobre la derrota, búsqueda de sentido en la posguerra.
ProtagonistaConscripto joven, chofer del Dr. Mesiano, en el centro de la máquina represiva.Ex-conscripto, ahora estudiante de medicina, observador más distante de las secuelas.
Eventos ClaveLa pregunta sobre la tortura infantil, la indiferencia ante el sufrimiento ajeno, la apropiación de un bebé.Muerte del hijo de Mesiano en Malvinas, la sensación de “todo está perdido”, la memoria de la prostituta.
SimbolismoLa normalización del terror, el poder que se ejerce en los detalles cotidianos, la complicidad por omisión.Las consecuencias de la derrota militar y moral, la memoria fragmentada, la dificultad de sanar las heridas.
Temas ResaltadosBanalidad del mal, obediencia, deshumanización, la razón instrumental.Pérdida, duelo, la responsabilidad individual en un contexto de colapso, la persistencia del horror.

Preguntas Frecuentes sobre "Dos Veces Junio"

¿Cuál es el tema principal de "Dos Veces Junio"?
El tema principal es la última dictadura militar argentina (1976-1983), enfocándose en la banalidad del mal, la complicidad individual y la forma en que la violencia y el horror se insertan en la vida cotidiana a través de la burocracia y la indiferencia.
¿Quién es el autor de "Dos Veces Junio"?
El autor es el escritor argentino Martín Kohan.
¿En qué años se ambienta la novela?
La novela se ambienta en dos momentos clave: junio de 1978 (durante el Mundial de Fútbol) y junio de 1982 (después de la Guerra de Malvinas).
¿Qué representa el personaje del conscripto?
El conscripto representa el “engranaje menor” de la máquina represiva, un individuo que, a pesar de no ser un torturador directo, se convierte en cómplice por su obediencia, su indiferencia y su preocupación por detalles triviales ante el horror, encarnando la responsabilidad individual dentro de un sistema.
¿Por qué es importante el uso de los números en la novela?
El uso de números (estadísticas de fútbol, pesos, edades, etc.) es crucial para mostrar cómo la racionalidad inhumana y la burocracia pueden ser la base del horror, no su opuesto. Sugiere que el exterminio es una consecuencia de una razón deshumanizada, no de la irracionalidad.
¿Qué críticas se han hecho a la interpretación filosófica de la novela?
Algunas críticas señalan que, al diluir la responsabilidad entre todos los “engranajes” de la máquina social y al no establecer claras diferencias de grado en la culpa, la novela podría, paradójicamente, llevar a una situación donde la víctima se confunde con el victimario, o donde la culpa se vuelve tan general que termina por no ser atribuible a nadie en particular, diluyendo la explicación histórica en una diatriba moral.
¿Es "Dos Veces Junio" una novela testimonial?
No. Aunque aborda un período histórico real y doloroso, Kohan se distancia del registro testimonial tradicional. Utiliza la ficción y estrategias filosóficas (como la puesta en abismo y la numeración) para explorar el horror desde una perspectiva más abstracta y reflexiva, buscando escapar a las “formas cristalizadas de la memoria”.

En definitiva, “Dos Veces Junio” de Martín Kohan es mucho más que una novela sobre la dictadura. Es una obra que nos obliga a mirar de frente las complejidades del poder, la responsabilidad y la naturaleza humana en situaciones límite. Su prosa cruda y su enfoque intelectualmente desafiante la convierten en una lectura esencial para comprender las sombras de la historia reciente de Argentina y, por extensión, las dinámicas del horror en cualquier contexto. La novela no ofrece consuelo, sino una invitación a la reflexión profunda sobre cómo la indiferencia y la obediencia pueden ser tan devastadoras como la violencia explícita. Si buscas una experiencia literaria que te conmueva y te haga cuestionar tus propias concepciones sobre el bien y el mal, sumérgete en las inquietantes páginas de esta obra maestra.

Si quieres conocer otros artículos parecidos a Dos Veces Junio: La Banalidad del Horror Argentino puedes visitar la categoría Novela.

Subir