02/09/2022
Hace cincuenta años, el 15 de mayo de 1959, la Argentina perdía a uno de sus más lúcidos y comprometidos pensadores: Raúl Scalabrini Ortiz (1898 – 1959). Su partida no significó el olvido, sino el inicio de una perpetua integración de su nombre en la historia de las letras y el pensamiento político argentino. Scalabrini Ortiz no fue solo un escritor; fue un faro que iluminó los rincones más oscuros de la injerencia extranjera y la entrega del patrimonio nacional, dedicando su vida a los más puros ideales de arte y patria.

Su figura fue la de un obrero de la prosa, un intelectual que concebía su pluma como una herramienta de redención social y engrandecimiento ciudadano. Convivían en él, en una armónica conjunción de pensamiento y arte, las cualidades que, según Keyserling, definirían al escritor del mañana: la tribuna y la profecía, unidas a una expresión vivaz y depurada. Heredero de la pasión nativa de pensadores como Echeverría y Sarmiento, Scalabrini ejerció un magisterio tanto artístico como social, dejando una huella indeleble en la conciencia nacional.
- Una Vida Dedicada a la Patria y el Pensamiento
- La Revelación de la Política Británica y el Mito del Riel ‘Civilizador’
- El Nacionalismo como Mística y Conciencia
- Un Pensador Sin Ataduras Ideológicas
- Preguntas Frecuentes sobre Raúl Scalabrini Ortiz
- Conclusión: El Legado Imperecedero de Scalabrini Ortiz
Una Vida Dedicada a la Patria y el Pensamiento
Raúl Scalabrini Ortiz desplegó su talento en múltiples frentes del periodismo y la literatura. Fue redactor editorialista de prestigiosos diarios como “La Nación”, “El Mundo” y “Noticias Gráficas”, y crítico teatral de la revista “El Hogar”. Su compromiso con la verdad y la soberanía lo llevó a fundar el diario “Reconquista” en los agitados días de 1939, una publicación que se convirtió en una trinchera contra los mitos de la sumisión. En su obra de periodista, escritor económico y sociólogo, imprimió el sello de una vocación sin mácula y la impronta de un acendrado espíritu patriótico y de artista.
Entre sus publicaciones más destacadas se encuentran “El hombre que está solo y espera”, una profunda radiografía del porteño, y obras de análisis político y económico de vital importancia como “Política británica en el Río de la Plata”, “Historia de los ferrocarriles argentinos” y “Los ferrocarriles deben ser argentinos”. Estos libros no solo ilustran su capacidad de análisis, sino que revelan el objetivo central que Scalabrini quiso y consiguió cumplir entre sus compatriotas: despertar la conciencia sobre la soberanía nacional.
La Revelación de la Política Británica y el Mito del Riel ‘Civilizador’
Una de las contribuciones más significativas de Scalabrini Ortiz fue su incisivo análisis de la influencia británica en Argentina. En “Política británica en el Río de la Plata”, desentrañó la compleja red de intereses del Foreign Office y el Almirantazgo británico en Sudamérica, revelando los pasos manifiestos y ocultos de los Lores que anudaron la diplomacia argentina desde la Revolución de Mayo hasta la creación del Banco Central. Esta obra fue una bofetada a la narrativa oficial, exponiendo cómo los hilos del poder extranjero se tejían en el corazón de la nación.
Pero quizás donde su pluma fue más demoledora fue en su estudio sobre los ferrocarriles argentinos. En “Historia de los ferrocarriles argentinos” y “Los ferrocarriles deben ser argentinos”, Scalabrini Ortiz pulverizó el mito del riel “civilizador”. Demostró, con argumentos contundentes y datos irrefutables, que lejos de traer progreso, la expansión ferroviaria bajo control extranjero había causado estancamiento económico y atraso social al país. Su tesis, no solo seductora sino de demostración efectiva y convincente, revelaba una verdad incómoda: los ferrocarriles, fundamentos de la soberanía económica, fueron creados y construidos inicialmente por argentinos.
Ferrocarriles Nacionales: Un Modelo de Gestión y Renta
Contrario a la creencia popular, Argentina ya contaba con una extensa red ferroviaria nacional antes de la masiva inversión británica. Para 1886, cuando Julio Argentino Roca finalizó su presidencia, el país disponía de seis mil kilómetros de ferrocarriles nacionales. Un ejemplo sobresaliente fue el Ferrocarril Andino. Originalmente planeado para extenderse de Villa María a Mendoza y San Juan, con posible prolongación a Chile, su construcción pasó a ser responsabilidad del Consejo de Obras Públicas de la Nación en 1881 tras la renuncia del concesionario Juan Clark.
En mayo de 1885, el tren llegó a Mendoza y luego a San Juan. La eficiencia de esta obra estatal fue asombrosa: se construyeron 500 kilómetros en cinco años con costos bajísimos y un rendimiento excepcional. El propio Roca afirmó que era “La vía más barata y mejor construida de la República”. Tan exitosa fue su gestión que, en 1885, aportó un millón de pesos a las Rentas Generales de la Nación. De manera similar, el Ferrocarril Central Norte, también propiedad de la Nación, se transformó a partir de 1882 en una fuente de ingresos, autofinanciando dos de sus ramales y extendiéndose hasta Salta.
La Venta de los Ferrocarriles: Un Quiebre en la Soberanía
Esta exitosa política estatal, sin embargo, se clausuraría abruptamente con la gestión presidencial de Miguel Juárez Celman. A solo tres meses de asumir el poder, se tomó la decisión de vender el Ferrocarril Andino… ¡al mismo Juan Clark que había renunciado a construirlo! Para colmo, se le garantizó una ganancia del 5 por ciento sobre los 12 millones de pesos oro que había pagado para adquirir la línea.
En diciembre de 1887, se enajenaron los ramales del Central Norte y luego la red troncal, comprada por una firma inglesa y transferida días después al Córdoba Central Railway, nuevamente con la Nación garantizando una ganancia del 5 por ciento a los adquirientes. Poco más tarde, la provincia de Buenos Aires vendió el ejemplar Ferrocarril del Oeste. Carlos D’Amico, en su libro “Buenos Aires, sus hombres, su política” (1890), clamaba: “Los ferrocarriles de la provincia se llaman ahora ‘New Western Railway of Buenos Aires’ ¿No se parece eso a la sombra de la bandera inglesa flameando sobre otro pedazo de territorio argentino con más derecho del que tiene para flamear sobre las Islas Malvinas?”.
Así, en menos de diez años, la política ferroviaria con sentido nacional se frustró. Para 1890, la mayoría de los 9.500 km de líneas férreas pertenecía al capital inglés. Los ferrocarriles que el Estado Nacional construiría en el futuro se tenderían en zonas alejadas y escasamente pobladas, como una medida de fomento, mientras las grandes redes troncales quedaban en manos extranjeras.
Las voces de escándalo y alerta ante el despropósito de Juárez Celman –uno de los gobiernos más corruptos de nuestra historia– fueron muchas, pero desestimadas. Se vendía, en pleno éxito de explotación, lo que el país entero había construido con su esfuerzo y ahorro. Un comentario de El Nacional del 20 de julio de 1887 sintetizaba la indignación: “¿Qué no se ha dicho de los ferrocarriles? Todo empréstito era poco para gastarlo en él. Ahora de la Casa Rosada sale esta prosa: el Gobierno ‘no’ debe hacer ferrocarriles: se declara arrepentido de haberlos hecho… El gran secreto financiero consiste, pues, en este doble procedimiento: defender los ferrocarriles del Estado para tener empréstitos, y renegar de ellos luego de ser administrados por el gobierno para vender los ferrocarriles para tener dinero”.
Como en tiempos recientes, acosado por una deuda creciente en oro, el gobierno de Juárez Celman intentaba hacerse de recursos vendiendo los ferrocarriles del Estado, con el pretexto de que el Estado era mal administrador… aunque las líneas enajenadas, tanto de la Nación como de la Provincia de Buenos Aires, fueran un modelo de buena gestión comercial. Todo ello acompañado por una intensa campaña de propaganda que negaba el esfuerzo del pueblo y proclamaba su infundada incapacidad e indolencia.
| Aspecto | Ferrocarriles Nacionales (pre-1887) | Ferrocarriles Privatizados (post-1887) |
|---|---|---|
| Propiedad | Estado Nacional | Capital inglés (principalmente) |
| Gestión | Modelo de buena gestión comercial | Adquiridos bajo garantía de ganancia |
| Costos | Baratura de costos | Pretextos de ineficiencia estatal |
| Rendimiento | Rendimiento excepcional, generaban ingresos | Aseguraban ganancias para compradores extranjeros |
| Extensión | 6.000 km en 1886, con proyectos de expansión estratégicos | Grandes redes troncales en manos extranjeras; el Estado construye en zonas alejadas |
| Impacto | Aportaban a Rentas Generales de la Nación | Causaron estancamiento económico y atraso social (según Scalabrini) |
El Nacionalismo como Mística y Conciencia
El pensamiento de Scalabrini Ortiz encontró el cenit de su desarrollo hacia 1940, fecha clave para la manumisión nacional. Gracias a su esfuerzo denodado, hoy se reconoce que el imperialismo extranjero coartó los esfuerzos de emancipación y libertad de Argentina, y que el “riel civilizador” solo sirvió para acuñar una locución desprestigiada e irónica. Durante casi veinte años, sus documentos innovadores y lúcidos despertaron a la parte más calificada de la población al ejercicio de la verdad.
La voz de Scalabrini Ortiz no era un altavoz partidario, sino una conciencia. Su nacionalismo representaba una mística que no ha podido articularse aún en plataforma partidaria alguna. El pensamiento nacionalista argentino, según él, siempre fue una mística popular y no un partido político. Scalabrini vivió su pasión argentina y la hizo vivir al margen del bando y las urnas, hasta arder en su mismo fuego múltiple y generoso. Él ayudó a erigir la Argentina eterna que profetizó, entrevistó y por la que fue encarcelado varias veces por su pasión nacional emancipadora, compartiendo incluso celda en 1940.
Un Pensador Sin Ataduras Ideológicas
La originalidad de Scalabrini Ortiz radicó en su capacidad para abordar la historia nacional y su realidad política contemporánea sin ningún tipo de condicionamiento ideológico. No adscribía a teorías políticas nacidas y desarrolladas en los países centrales; por el contrario, logró forjar herramientas de análisis propias, genuinamente argentinas, para comprender la complejidad de su nación. Fue un pulverizador de todos los mitos y cloroformos de la sumisión oligárquica, demostrando, por ejemplo, que un obrero argentino en 1940 se sostenía con el mismo régimen dietético y número de calorías que un culí asiático o africano, una cruda verdad que lo convirtió en la “bestia negra” de la City y los servicios de inteligencia británicos.
Preguntas Frecuentes sobre Raúl Scalabrini Ortiz
- ¿Cuál fue la principal crítica de Scalabrini Ortiz a la política británica en Argentina?
- Su principal crítica se centró en cómo la política británica, a través de sus intereses financieros y ferroviarios, coartó la soberanía económica y política de Argentina, utilizando el endeudamiento y la venta de activos nacionales para su propio beneficio, en lugar de fomentar un desarrollo genuino.
- ¿Por qué su obra sobre los ferrocarriles es tan importante?
- Su obra sobre los ferrocarriles es crucial porque desmitificó la idea de que la inversión extranjera ferroviaria fue intrínsecamente civilizadora y beneficiosa. Demostró que, por el contrario, la privatización y el control extranjero de los ferrocarriles nacionales llevaron al estancamiento económico y al atraso social, revelando un capítulo oscuro de la historia económica argentina.
- ¿Cómo influyó Scalabrini Ortiz en el pensamiento nacionalista argentino?
- Scalabrini Ortiz fue una figura clave en la configuración del pensamiento nacionalista argentino, no como una ideología partidista, sino como una “mística popular” y una conciencia. Su trabajo ayudó a despertar a la población sobre la importancia de la autodeterminación y la defensa del patrimonio nacional frente a la injerencia extranjera, inspirando a generaciones a luchar por una Argentina más justa y soberana.
Conclusión: El Legado Imperecedero de Scalabrini Ortiz
Raúl Scalabrini Ortiz fue mucho más que un escritor; fue un auténtico prócer nacional, cuya voz actuó siempre al margen de toda organización o partido político, contrariamente a lo que algunos puedan afirmar hoy. Su magisterio, ampliado por el ejercicio del periodismo y la tribuna, estuvo siempre al servicio desinteresado del ideal de redención ajeno. Su legado es el fuego en que se consumen los corazones de la patria, comenzando por los proletarios, representando la credencial de la subsistencia y salvación nacionales, antesala de la Argentina eterna que hombres como él profetizaron y ayudaron a erigir. Su figura se agiganta con el tiempo, recordándonos la importancia de la conciencia crítica y la defensa inquebrantable de la patria.
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