16/07/2023
El “Nunca Más: informe final de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas” no es solo un libro, es una cicatriz abierta en la historia argentina, un testimonio ineludible de uno de los períodos más oscuros del país. Desde su publicación inicial, se transformó en una pieza histórica fundamental, la materia prima esencial para el célebre Juicio a las Juntas Militares. Este informe marcó un antes y un después en la forma en que los argentinos se interpretan a sí mismos, cómo leen su pasado y su presente, trascendiendo el mero documento para convertirse en un símbolo. Con varias ediciones y superando el millón de ejemplares, gran parte de ellos en tirajes populares, su impacto ha sido inmenso y su relevancia, inquebrantable.

La obra surgió de la urgente necesidad de trasladar los testimonios de los crímenes de lesa humanidad perpetrados durante el Terrorismo de Estado entre 1976 y 1983. Impulsada por el gobierno del presidente Raúl Alfonsín y su política de derechos humanos, la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) tenía una misión que, en un principio, se proponía una mirada conclusiva, conciliadora y superadora. Sin embargo, lo que realmente explotó del trabajo de la CONADEP en menos de un año, excediendo largamente su rol de mero canal de la Justicia, fue la demostración con pruebas inapelables de la existencia de un plan criminal y sistemático por parte del gobierno militar. Este informe rechazaba la idea de “excesos individuales” y, en cambio, evidenciaba las complicidades castrenses y civiles, estatales y privadas, que originalmente se intentarían negar. Aunque el documento original no incluía nombres de represores ni involucrados, una lectura atenta de sus 8961 casos registrados de víctimas promovía justamente lo contrario: abría puertas insospechadas a la persecución de la Verdad como un movilizador político de la sociedad. Este legado de búsqueda de justicia, fundado el 20 de septiembre de 1984 con la entrega del informe por Ernesto Sábato a Alfonsín, ha permitido a los argentinos, con una larga trama de justicia fuera de la justicia, valorar finalmente las instancias institucionales y acatar sus dictámenes y resoluciones.
- Los Orígenes del Informe: Un Clima de Denuncia y Expectativa
- La CONADEP: Un Mandato Cuestionado y Superado
- La Controversia de la "Teoría de los Dos Demonios"
- Un Adelanto Histórico por Televisión: La Verdad al Aire
- De la Redacción a la Entrega Pública: El Nacimiento de un Hito
- El Legado Continuo: Ediciones, Controversias y la Búsqueda Incesante de Justicia
- Preguntas Frecuentes sobre el Informe Nunca Más
Los Orígenes del Informe: Un Clima de Denuncia y Expectativa
Los cimientos de este texto, y sus orientaciones, se hallan mucho antes de la asunción de Alfonsín el 10 de diciembre de 1983. A partir de 1980, las denuncias por violaciones a los derechos humanos se sucedían sin cesar, desde los informes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) hasta los reclamos judiciales de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos (APDH) –clave en la posterior CONADEP– y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). Estos reclamos fueron reafirmados con el Premio Nobel de la Paz a Adolfo Pérez Esquivel, quien presidía el Servicio de Paz y Justicia, y con las inocultables rondas de las Madres de Plaza de Mayo, que ya eran un símbolo global de resistencia y denuncia. Los partidos políticos reclamaban “antes que sea tarde” que el gobierno de facto informara sobre el paradero de miles de personas, mientras que dirigentes como Ricardo Balbín ya hablaban abiertamente de “desaparecidos”.
En este marco, los teóricos judiciales del futuro presidente Alfonsín, Jaime Malamud Goti y Carlos Nino, con la experiencia europea de los juicios a jerarcas nazis y dictadores, propusieron un punto intermedio equidistante entre la ley del talión –que sostenían los organismos de derechos humanos con el “Juicio y castigo a los culpables”– y la voluntad de olvido, propugnada por los mismos militares y no pocos políticos y sindicalistas mediante decretos inconstitucionales antes de la salida de los golpistas de la Casa Rosada. Aquí se encuentra el inicio de la tantas veces cuestionada “Obediencia Debida”, que inculpaba solamente a las cúpulas militares y a quienes se “excedieron”. Esta decisión controvertida, que no renegaba el deseo de Alfonsín de condenar el “genocidio” –otra palabra popularizada en el “Nunca Más”–, tenía un contexto que la justificaba: la extrema debilidad de su mandato, espoleado por militares y peronistas. Otro objetivo de los teóricos, no siempre reconocido al apelar a tribunales civiles, era lograr que las propias Fuerzas Armadas participaran en el proceso de democratización y evitar futuras revueltas militares, un temor constante desde la publicación del informe, con rumores de tanques en movimiento la noche de septiembre de 1984, hasta los indultos del presidente Carlos Menem.
La CONADEP: Un Mandato Cuestionado y Superado
La disyuntiva durante días fue entre crear una comisión bicameral, política y de consenso vía electoral, o un comité técnico y acotado. ¿Justicia popular o Justicia limitada? Finalmente, para evitar una comisión de legisladores que se pensaba iba a castigar a las fuerzas armadas a priori, se decidió conformar una comisión de notables. El escritor Ernesto Sábato fue designado presidente por sus pares, y la integraron figuras como el abogado Ricardo Colombres, el médico René Favaloro (quien renunció por desacuerdo al no investigar los crímenes de la Triple A, aunque otras versiones apuntan a sus amistosas relaciones con militares), el ingeniero Hilario Fernández Long, el pastor Carlos T. Gattinoni, el matemático Gregorio Klimovsky, el rabino Marshall T. Meyer (quien supuestamente sugirió el título Nunca Más, inspirado en los sobrevivientes del gueto de Varsovia), el monseñor Jaime de Nevares, el filósofo Eduardo Rabossi, la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú, y los diputados Santiago López, Hugo Piucill y Horacio Huarte. Entre sus secretarios estaba Graciela Fernández Meijide.
Varias organizaciones de derechos humanos declinaron participar, con la excepción de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), aliada a Alfonsín, y que tenía varios integrantes en el flamante organismo. Hebe de Bonafini, presidenta de Madres de Plaza de Mayo, sostenía: “La CONADEP no era una organización que había elegido el pueblo, sino que era un aparato que creó Alfonsín para ganar tiempo… habíamos hecho muchas marchas, por la Vida, por la Libertad, y era una manera, después de que habíamos crecido… de volver otra vez a una lucha individualista”. Tampoco participó el Nobel de la Paz Pérez Esquivel, quien solicitaba que se juzgara a los estratos militares sin distinciones y en cámaras comunes. Incluso dentro de la CONADEP había disenso; Fernández Meijide, madre de un detenido-desaparecido, lamentaba que la acción de la entidad se limitara a la desaparición de personas, algo que impedía el juicio político a los responsables del Terrorismo de Estado.
El decreto presidencial número 187 que instituyó la CONADEP, del 15 de diciembre de 1983, establecía que sus funciones eran recabar pruebas y testimonios a remitir a la Justicia, averiguar el destino de las personas mencionadas e hijos sustraídos, denunciar intentos de ocultamiento y destrucción de documentos, y elevar un informe en un plazo de 180 días. Y, sobre todo, que el “análisis del pasado no sustrajera los esfuerzos a afianzar la convivencia democrática”. Iniciadas sus tareas el 22 de diciembre en el segundo piso del Centro Cultural San Martín, pronto se comprendió que el propósito de encorsetar la voz de la sociedad iba a fracasar. La CONADEP se transformó en un hervidero de denuncias y operaciones, con sus integrantes tomando testimonios y recorriendo los centros de detención clandestinos, llegando incluso al Uruguay en su búsqueda, o incentivando las presentaciones espontáneas a través de flashes audiovisuales en medios nacionales. Allí sí participarían muchos organismos de derechos humanos conformados por familiares, reticentes al comenzar las tareas de la CONADEP, y aparecerían sobrevivientes, “en el límite de lo decible”, que de los escasos doce que contaban las asociaciones de derechos humanos, alcanzaron los dos mil en un par de meses. Para sistematizar la información, se decidió privilegiar los testimonios, lo que a la larga sería el sostén de las denuncias de la Justicia sobre un plan sistemático de secuestro de personas –y robo de bienes–, y, también como algo no dicho que influenciaría en desmoronar el rumbo gubernamental, permitir la identificación de los responsables. Es decir, el camino de la Verdad que aún resuena en los tribunales. Tal ingente labor, que se acumuló en 50 mil páginas y que disparó una causa que se calcula pesa tres toneladas en los archivos judiciales, motivó que el presidente Alfonsín a regañadientes extendiera el plazo de entrega del esperado informe. Mientras tanto, se sucedían las amenazas a los integrantes de la CONADEP, atacados por “subversivos”, a medida que adelantaban los horrores con que asolaron los militares la nación a partir del 24 de marzo de 1976.
La Controversia de la "Teoría de los Dos Demonios"
Otra cuestión que influenciaría en el informe, y en el trabajo de la CONADEP, sería la continuación de una línea de pensamiento que se remontaba al análisis de la dirigencia sobre la violencia política de los setenta. La célebre y cuestionada Teoría de los Dos Demonios, que recién sería criticada abiertamente al año siguiente de publicado el “Nunca Más” por Osvaldo Bayer y las Madres de Plaza de Mayo, ya había sido enunciada por Alfonsín en julio de 1983: “Argentina fue barrida por la violencia y nuestra sociedad fue ahogada por la tenaza del terror. Por un lado, el intento de cambiar la sociedad transformado en terrorismo. Por otro lado, el intento de preservar la sociedad, convertido en Terrorismo de Estado. Entre uno y otro, el derecho a la vida, a la integridad física y a la libertad fue destruido”. El doctor se cuidaba, sin embargo, en adelantar cómo serían enjuiciados los responsables de estos actos aún impunes y ocultos. Entre uno y otro, lo que quedaba era una sociedad inocente, cristalizada en los desaparecidos. “Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto de la extrema izquierda como de la extrema derecha, fenómeno que ha ocurrido en otros países”, aparece en una de las construcciones más citadas y discutidas del “Nunca Más”. Otro tema, que tampoco es demasiado mencionado, es que esta teoría resultaba funcional al proyecto del alfonsinismo, que se veía superador de estos demonios y sus contextos sociohistóricos, en un soñado tercer movimiento popular que dejaba atrás al peronismo, los militares y las hegemonías económicas. La caída a pedazos del Austral en 1987, con la hiperinflación como signo del mandato radical, y el fortalecimiento del peronismo, que con ¿distintos? matices y pocos intervalos se mantiene en el poder desde 1989, son las lecciones a aprender en los cursos de política contemporánea.
Volviendo al “Nunca Más”, paradójicamente después de la oración citada aparece: “No fue de esta manera en nuestro país: a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor al combatido”, exponiendo una valoración moral que instigaría a todo menos a la conciliación o a una solución atemperada. Desde la asunción, Alfonsín buscó bajar los decibeles a la politización y exigencias de los organismos de derechos humanos, que se retroalimentaban en el “show del horror” que los medios irresponsablemente usufructuaban, e ideó una comisión de expertos, al estilo norteamericano –son curiosas varias intervenciones de legisladores radicales justificando este tipo de comités en éxitos al determinar parques nacionales en Estados Unidos–, o con un cercano caso boliviano en la cuestión de los derechos humanos, que fue un rotundo fracaso.
Un Adelanto Histórico por Televisión: La Verdad al Aire
En un clima de agitación social y cuestionamiento desde las fuerzas de seguridad, en junio de 1984 se decidió realizar un programa televisivo. Con la producción de Ruiz Guiñazú y Gerardo Taratuto –quien además de integrar el área legal de la CONADEP, era dramaturgo y realizador televisivo–, el programa fue grabado el 30 de junio de 1984 en los estudios de Canal 13. Esto motivó una guerra de nervios, con un Alfonsín negociando segundo a segundo con militares que se amotinaban en Córdoba. Hasta el último minuto hubo un real peligro de que no se difundiera; Sábato incluso amenazó con renunciar, pero finalmente salió al aire el 4 de julio a las 22, dentro del programa “Televisión Abierta” conducido por Sergio Villarroel. Tras una presentación del ministro Tróccoli, que insistía en la tesis de la violencia cruzada y la sociedad inocente, se escuchó una voz en off: “¿Dónde están?”. Nada fue igual para los dos millones de argentinos que vieron la emisión en sus casas y la reprodujeron, comentando, en cada ámbito familiar y laboral, durante semanas. Una detallada presentación de los avances del informe de la CONADEP cedió paso a desgarradores testimonios de familiares y sobrevivientes, presentados sin identidades políticas. Al cierre, Sábato consideró que eran “actos demoníacos” y que en ningún momento se pretendió “elogiar a la subversión… –que el propósito de la CONADEP– era examinar e indagar los crímenes cometidos bajo el gobierno de facto”. Fue la primera vez que públicamente se reconocían los horrores desde una tutela estatal, pero, asimismo, extendió socialmente la demanda de justicia al castigo; algo fuera de los planes del alfonsinismo para los fines de este comité técnico. Unos 1300 oficiales aparecían involucrados en la desaparición forzada de personas, con datos que indagaban otras cuestiones, como que la mayoría de los desaparecidos eran obreros o asalariados, el 21% eran estudiantes, un 11% profesionales, y un 5% niños, entre los casi 9000 casos investigados. Además, se advertía que persistía un gran número de víctimas del Terrorismo de Estado que difícilmente se registrarían alguna vez por miedo, en los primeros meses de la democracia, o por autocensura, por temor al escarnio público –de allí una razón de la decisión de, en los estertores del “no te metás”, ocultar las filiaciones políticas.
De la Redacción a la Entrega Pública: El Nacimiento de un Hito
Durante agosto se procedió a la redacción final, dividida entre los integrantes de la comisión, quienes, en vez de presentarlo como un informe lato, buscaron un estilo narrativo centrado en el testimonio. Taratuto se encargó de darle un estilo unificador al texto que, sin grandes adjetivaciones, describe la secuencia del secuestro, la tortura y la desaparición de los casos citados. También se incluyeron planos y fotografías de los centros de detención y tortura clandestinos, siempre que no afectaran la “sensibilidad”, ya que se pretendió que el informe tuviera un masivo alcance y tirada. Pese al pedido de la mayoría de las organizaciones de derechos humanos, y a solicitud de presidencia, no se mencionaron a los represores por sus nombres. Según Emilio Crenzel, los integrantes estuvieron rápidamente de acuerdo con el título del “Nunca Más”, en la certeza de que darían a conocer un texto fundamental de la Argentina del siglo XX.
Setenta mil personas asistirían a Plaza de Mayo el 20 de septiembre de 1984 a la entrega pública del informe en Casa Rosada. Fue la única vez que todos los miembros de la CONADEP participaron de un acto del Nunca Más. Una vez que Sábato pasó el trabajo al presidente Alfonsín, arrancaba “después de la verdad, ahora la justicia”, que derivaría en el Juicio a las Juntas en 1985. Un día después, la presidencia dispuso que la Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba) se encargara de la edición, aún hoy responsable desde la primera versión presentada el 28 de noviembre de 1984. Incluso tuvo una masiva edición en fascículos con collage de León Ferrari en 1995, el año en que se introdujo en la currícula de la educación media porteña.
El Legado Continuo: Ediciones, Controversias y la Búsqueda Incesante de Justicia
El “Nunca Más” sigue siendo una pieza candente sobre cómo interpretar el pasado y cómo encarar la construcción de la verdad compartida, tal cual lo demuestra la polémica con el nuevo prólogo de 2006. Este prólogo, escrito durante la presidencia de Néstor Kirchner, cuestionaba la teoría de los dos demonios, aunque, como anota Crenzel, “extiende el Nunca Más de los crímenes de estado hacia la desigualdad social. Pese a ello, como el prólogo original, no historiza la violencia política y el terror de estado y las responsabilidades que se conjugaron en su ejercicio, y reproduce, desde una mirada inversa, pero también totalizante, la relación de la sociedad argentina con esos hechos”. En 2016, a 40 años del golpe, se presentó una nueva edición del libro, esta vez sin el prólogo de una década atrás, generando una dura discusión entre el gobierno del presidente Mauricio Macri y los organismos de derechos humanos. La voz de la sociedad, la autonomía de un pueblo que persigue Verdad y Justicia, sigue latente en sus páginas, recordándonos que la memoria es un campo de batalla constante y la búsqueda de la verdad, un proceso inacabado.
Tabla 1: Visión Inicial de la CONADEP vs. Realidad de su Impacto
| Aspecto | Visión Inicial (Gobierno Alfonsín) | Realidad y Evolución (Impacto de la CONADEP) |
|---|---|---|
| Objetivo Principal | Mirada conclusiva, conciliadora, superadora. Mero canal de la Justicia. | Demostrar un plan criminal y sistemático. Movilizador político de la sociedad. |
| Rol | Comité técnico, acotado, no político. | Hervidero de denuncias, centro de operaciones de investigación. |
| Participación Soc. Civil | Restringida, con reticencia de org. de DDHH. | Amplia, con participación de familiares y sobrevivientes. |
| Alcance de la Investigación | Recabar pruebas y testimonios para la Justicia, limitada a desapariciones. | Identificación de responsables, sistematización de la información para futuras denuncias de plan sistemático. |
| Contenido del Informe | Se esperaba un informe técnico sin nombres de represores. | Estilo narrativo centrado en el testimonio, con valoraciones morales que instigaron la justicia. |
Tabla 2: Demografía de las Víctimas Registradas en el Informe Nunca Más (Casos Investigados)
| Categoría | Porcentaje Aproximado | Detalles Adicionales |
|---|---|---|
| Obreros o Asalariados | Mayoría significativa | Constituían el grupo más grande de víctimas. |
| Estudiantes | 21% | Un sector joven y activo de la sociedad. |
| Profesionales | 11% | Incluía a médicos, abogados, etc. |
| Niños | 5% | Víctimas directas de la represión. |
| Total de Casos Investigados | Aproximadamente 9000 | Base de datos central del informe. |
Preguntas Frecuentes sobre el Informe Nunca Más
¿Qué es el informe Nunca Más?
El “Nunca Más” es el informe final de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), un documento histórico que recopila y sistematiza miles de testimonios y pruebas sobre las violaciones a los derechos humanos, principalmente desapariciones forzadas, ocurridas durante la última dictadura militar argentina (1976-1983). Se publicó en 1984 y fue fundamental para el Juicio a las Juntas.
¿Quién encargó el informe Nunca Más?
El informe fue encargado por el presidente Raúl Alfonsín, a pocos días de asumir la presidencia en diciembre de 1983, mediante el decreto presidencial número 187 que creó la CONADEP.
¿Quién fue Ernesto Sábato en relación con el Nunca Más?
Ernesto Sábato fue un reconocido escritor argentino y el presidente de la CONADEP. Su figura fue clave en la credibilidad y difusión del informe, y fue él quien entregó el documento al presidente Alfonsín en un acto público en 1984.
¿Qué fue la CONADEP?
La CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) fue una comisión creada por el gobierno de Raúl Alfonsín en 1983 con el objetivo de investigar y documentar las desapariciones forzadas y otras violaciones a los derechos humanos cometidas por el Terrorismo de Estado en Argentina. Estuvo integrada por destacadas figuras de la cultura, la ciencia y la religión.
¿Por qué es importante el Nunca Más para la historia argentina?
El Nunca Más es importante porque fue el primer reconocimiento oficial y exhaustivo de los crímenes de la dictadura, proporcionando una base documental ineludible para la justicia. Sirvió como prueba clave en el Juicio a las Juntas, sentando un precedente fundamental para la defensa de los derechos humanos y la búsqueda de verdad y justicia en Argentina y el mundo.
¿Ha tenido el Nunca Más diferentes ediciones o prólogos?
Sí, el “Nunca Más” ha tenido varias ediciones a lo largo del tiempo. La edición original de 1984 fue publicada por Eudeba. Posteriormente, se han introducido nuevos prólogos, como el de 2006 durante la presidencia de Néstor Kirchner, que generó debate al cuestionar la "Teoría de los Dos Demonios". En 2016, se presentó otra edición sin ese prólogo, lo que también provocó discusiones sobre la interpretación de la historia reciente.
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