La Isla Desierta: El Clamor de la Libertad en Arlt

17/01/2023

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En el vasto universo de la literatura argentina, pocas voces resuenan con la crudeza y la penetración psicológica de Roberto Arlt. Su obra, a menudo sombría y desoladora, explora las profundidades de la condición humana, revelando cómo la imaginación, lejos de ser un escape liberador, puede convertirse en el preludio de una derrota aún más amarga. Dentro de su prolífico repertorio, destaca una pieza breve pero impactante: "La isla desierta". Esta "burlería en un acto", como la definió el propio autor, es una ventana a la vida monótona de unos oficinistas portuarios cuya existencia gris se ve repentinamente sacudida por un rayo de esperanza, o quizás, de una ilusión fatal. Acompáñenos en un profundo análisis de esta obra, desentrañando sus personajes, su escenario opresivo y el trágico destino de unos sueños desatados.

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¿Quién Fue Roberto Arlt y Qué es "La Isla Desierta"?

Roberto Arlt (1900-1942) fue uno de los escritores más influyentes y originales de la literatura argentina del siglo XX. Conocido por su estilo directo, su lenguaje coloquial y su profunda exploración de los bajos fondos urbanos, Arlt se destacó tanto en la narrativa (con novelas como "El juguete rabioso" o "Los siete locos") como en el teatro. Su dramaturgia, cargada de existencialismo y crítica social, a menudo presentaba personajes marginales o frustrados que luchaban contra un sistema opresivo y una realidad ineludible.

"La isla desierta", estrenada por el Teatro del Pueblo de Buenos Aires el 30 de diciembre de 1937, es una de sus obras teatrales más representadas y estudiadas. Arlt la subtituló como una "burlería en un acto", un término que encierra una doble significación. Por un lado, alude a una obra narrativa o dramática cuyas características fabulosas son tan convincentes que logran que el espectador las perciba como reales, un engaño magistral de la imaginación. Por otro, evoca la idea de "burla", sugiriendo que el relato fantástico de Cipriano, aunque cautivador, finalmente se convierte en una cruel ironía para sus oyentes. También puede hacer referencia a una antigua celebración gallega, llena de canto, baile y bullicio, lo que prefigura la explosión de júbilo y su posterior disolución en la obra.

La obra aborda temas universales como la alienación laboral, la búsqueda de la libertad, la fuga de la rutina y la confrontación entre la fantasía y la cruda realidad. Arlt utiliza un escenario aparentemente simple para desplegar una compleja red de simbolismos y críticas a la sociedad moderna, donde la burocracia y la opresión minan el espíritu humano.

El Escenario de la Opresión: La Oficina Portuaria

La acción de "La isla desierta" transcurre casi en su totalidad en un único espacio: una oficina de aduanas. Sin embargo, este no es un lugar cualquiera. La obra arranca con un cambio significativo en la vida de los personajes: han sido trasladados de un sombrío y claustrofóbico sótano a la décima planta de un edificio funcional, con un inmenso ventanal que da al puerto de Buenos Aires. Este cambio de ubicación es más que un simple detalle geográfico; es un catalizador dramático que desata la trama.

La acotación escénica describe la nueva oficina como una "oficina rectangular blanquísima, con ventanal a todo lo ancho del salón, enmarcando el cielo infinito caldeado en azul". A primera vista, podría parecer una mejora, un espacio más luminoso y abierto. No obstante, para los "desdichados" burócratas, este nuevo entorno se convierte en una fuente de tormento. El mundo gris y cuadriculado del interior de la oficina, con sus montañas de papeles y su trabajo interminable, contrasta brutalmente con la vida que se despliega más allá del cristal.

El ventanal se convierte en un portal a un mundo prohibido, una tentación constante. A través de él, los empleados reciben la luz natural, un símbolo positivo frente a la oscuridad de sus vidas rutinarias. Pero también escuchan el bullicio de la calle y, lo más perturbador, el silbido de las sirenas de los buques que anuncian su llegada desde tierras lejanas. Estos sonidos, que evocan el canto de las sirenas de la epopeya clásica, representan el llamamiento de la libertad, de la aventura, de mundos posibles e inalcanzables. Los oficinistas, como Ulises atado al mástil, deben resistir la fuerza irresistible de este magnetismo exterior que amenaza con arrancarlos de la vulgaridad de sus vidas y dislocar su tan preciada, y a la vez odiada, eficacia administrativa.

Esta dicotomía entre el interior opresivo y el exterior tentador se complementa con otra importante: la eficiencia del pasado (el sótano) frente a la inoperancia del presente (la décima planta). En el subterráneo, no había distracciones: "Uno estaba allí tan tranquilo como en el fondo de una tumba", afirmaba el Empleado 1º. Manuel, otro oficinista, lo describía sintiéndose "como una lombriz solitaria en un intestino de cemento". La ausencia de luz natural, el aire viciado y el silencio garantizaban una concentración absoluta. Ascender al décimo piso no es solo un movimiento físico, sino una elevación espiritual que los confronta con una realidad reprimida, que se manifiesta ahora como un deseo irrefrenable, una ensoñación.

Los Personajes: Rostros de la Rutina y el Soñador Rebelde

Los personajes de "La isla desierta" son, en su mayoría, arquetípicos, representaciones de la masa anónima de la burocracia. Carecen de nombres propios, rasgos físicos distintivos o vestimenta particular, más allá de un atuendo gris y pobre que refleja sus bajas expectativas de vida y su escasa autoestima. Son "Empleados 1º y 2º", "Empleadas 1ª, 2ª y 3ª", el "Jefe" y el "Director". Esta desindividualización subraya la idea de que son meros engranajes en la maquinaria administrativa, intercambiables y desprovistos de identidad propia. Sin embargo, dos de ellos, Manuel y María, aunque también oficinistas de toda la vida, son quienes más se dejan llevar por el sueño de la isla, cometiendo errores en su trabajo y, en última instancia, dando nombre a la obra a través de su anhelo.

Cipriano, el Catalizador de Sueños

El personaje central que rompe con esta homogeneidad y actúa como catalizador de la trama es el mulato Cipriano. Aunque se le conoce por su nombre, Arlt insiste en referirse a él como "mulato" antes de sus intervenciones, lo que le confiere un rasgo distintivo y simbólico. Su color representa el mestizaje, la fusión de culturas, la síntesis y el sincretismo. Pero también lo posiciona como un elemento perturbador en el mundo de los empleados "blancos", ya que su concepto de vida y libertad se aleja de los usos europeístas para entroncar con las culturas afroamericanas.

Arlt lo describe como "MULATO, simple y complicado, exquisito y brutal, y su voz por momentos persuasiva". Vestido con un "uniforme color de canela", Cipriano es el ordenanza, el único que puede entrar y salir del edificio durante el horario laboral, sirviendo así de puente entre las dos realidades: la oficina y el mundo exterior. Lejos de ser un personaje pasivo, Cipriano es un hombre rebelde, un instigador que pondrá en marcha la pequeña tragedia de los demás.

Se presenta ante sus compañeros como un verdadero experto en la ciencia náutica. Conoce el tonelaje y calado de los buques, sus rutas, astilleros y fechas de botadura. Ha sido "grumete, lavaplatos, marinero, cocinero de veleros, maquinista de bergantines, timonel de sampanes, contramaestre de paquebotes…", una lista de experiencias que, según él, lo harían merecedor de ser ingeniero naval o capitán de fragata. Aunque los otros oficinistas escuchan su relato con incredulidad y burla (especialmente el Empleado 2º, con su ironía), Cipriano utiliza sus tatuajes como prueba irrefutable de la veracidad de sus aventuras por los mares remotos del planeta. Estos tatuajes, que cubre todo su cuerpo y que revela al despojarse de su uniforme, son su certificado de una vida vivida en libertad, lejos de las ataduras de la rutina.

La transformación de Cipriano es clave: de ordenanza, se convierte en una criatura libre, cuyo movimiento es un reclamo constante a la libertad. Cuando toma la tapa de la máquina de escribir y comienza a batir el "tam tam ancestral", oscilando "simiesco" sobre sí mismo, gesticulando "como un demonio" y "tocando el tambor", se convierte en un demonio tentador que busca subvertir el orden establecido en la oficina. Su ritmo contagioso logra que los empleados, históricamente reprimidos, se quiten sacos, chalecos, corbatas, y las mujeres se recojan las faldas y arrojen los zapatos para unirse a una danza ritual y transgresora. Es en este momento de frenesí que alcanzan, por primera y única vez en sus vidas, la libertad y la ensoñación.

Las Figuras de la Autoridad: El Jefe y el Director

En el extremo opuesto a los oficinistas y a Cipriano se encuentran las figuras de autoridad: El Jefe y El Director. El Jefe es presentado como un hombre despótico, insensible, vigilante y controlador, que ejerce violencia verbal y psicológica sobre sus subordinados. Su única preocupación es la eficiencia burocrática y el mantenimiento del orden, representando la opresión y la rigidez del sistema. El Director, por su parte, es la máxima autoridad, la encarnación final del poder que aplasta cualquier intento de rebeldía o desviación de la norma. Ambos son los antagonistas que, al irrumpir en la oficina durante la danza liberadora, pondrán un fin abrupto a la ensoñación y a la libertad efímera de los empleados.

El Poder de la Ensoñación: Un Viaje a la Isla Ideal

El corazón de "La isla desierta" late al ritmo de la ensoñación colectiva de los oficinistas. Agobiados por décadas de tareas tediosas, su imaginación, alimentada por los relatos de Cipriano, se convierte en su única válvula de escape. El mulato no solo narra sus aventuras pasadas, sino que comienza a describir un lugar ideal, un paraíso terrenal que es la antítesis del mundo repetitivo de la ciudad: la "isla desierta".

Cipriano pinta un cuadro vívido de este lugar idílico: una isla paradisíaca, exuberante de vegetación, donde los árboles están cargados de frutas al alcance de la mano. Lo más impactante de su descripción es la vida de sus habitantes: hombres y mujeres que viven desnudos, liberados de las ataduras de la ropa y de las convenciones sociales. El amor es libre y espontáneo, sin la necesidad de leyes ni matrimonios. No hay jueces ni cobradores de impuestos, ni divorcios, ni guardianes de plaza; solo paz y alegría. Es un lugar tan perfecto y pacífico que la misma existencia de la ley se vuelve innecesaria. Este relato fabuloso, lleno de descripciones topográficas y etopeyas que resaltan la personalidad pacífica y alegre de sus habitantes, se ve enriquecido por imágenes cromáticas (el colorido de las flores) e imágenes olfativas (el aroma de las flores), transportando a los oyentes a ese mundo utópico.

¿Quién escribió la isla desierta?
Análisis de La isla desierta de Roberto Arlt FUENTE: José Manuel Camacho Delgado Departamento de Filologías Integradas. Universidad de Sevilla En la obra literaria del escritor argentino Roberto Arlt, la imaginación no conduce a los personajes a la liberación, sino a la derrota definitiva.

El entusiasmo por este viaje imaginario crece exponencialmente entre los oficinistas. Manuel, que ha pasado cuarenta años en la empresa y se siente sumamente aburrido, es el primero en confesar su deseo de "correr mundo, a vivir la vida". Su melancolía se transforma en una revelación: confiesa haber sido el soplón del Jefe durante veinte años, un acto que lo hace sentir liberado. Su decisión de abandonar el trabajo, aunque aún sin un destino físico claro, es un paso hacia la mayor libertad. Varios compañeros se suman a su plan, discutiendo detalles sobre cómo encontrarían tal isla.

El clímax de esta ensoñación llega cuando Cipriano, imitando a los negros que tocan el tambor en su isla ideal, comienza a usar la tapa de una máquina de escribir como percusión. Sugestionados por el ritmo ancestral, los empleados "van entrando todos en la danza". Histéricamente, se despojan de sus prendas formales: los hombres se quitan sacos, chalecos y corbatas; las muchachas se recogen las faldas y arrojan los zapatos. El mulato bate frenéticamente el "tambor" improvisado, y todos cantan un ritmo de rumba. Esta danza, con un profundo sentido ritual y transgresor, es el momento de máxima libertad, donde los oficinistas pierden la noción de la realidad de la oficina y se entregan por completo al furor tribal. Es la bacanal administrativa, el instante en que la fantasía se apodera de sus cuerpos y mentes, ofreciéndoles una libertad que nunca antes habían experimentado.

El Despertar Brusco: La Realidad Ineludible

La ensoñación, sin embargo, es solo el preludio de una caída aún mayor en el sórdido carácter de la realidad. Roberto Arlt, en su visión pesimista del hombre y la sociedad, no deja espacio para que sus personajes escapen de la miseria que los rodea. La fantasía, la imaginación o el sueño se convierten en espejos deformantes que, en lugar de redimir, devuelven la imagen de unas vidas mutiladas, incapaces de soñar con libertad plena.

El clímax de la danza tribal es abruptamente interrumpido por la irrupción del Jefe y el Director en la oficina. La visión de sus empleados semidesnudos, bailando desenfrenadamente alrededor del mulato Cipriano, es inaceptable para las figuras de autoridad. La "burlería" de Cipriano ha llevado a una transgresión total del orden burocrático, y la respuesta es inmediata y drástica: el despido de todos los participantes de esta "bacanal administrativa".

El final de la obra no se resuelve con la muerte de los protagonistas, sino con una condena igualmente devastadora: la expulsión de su fuente de sustento, la aniquilación de su rutina, por miserable que fuera. Pero la derrota no termina ahí. Para preservar la eficiencia burocrática y evitar futuros "cantos de sirena" procedentes del puerto, el Director ordena una medida final que sella el destino de los sueños: poner vidrios opacos en el ventanal. Esta acción arranca de cuajo todo vínculo con el exterior, transformando la décima planta de nuevo en un espacio cerrado, claustrofóbico y horrendo. El hombre es arrasado junto con sus tentaciones de utopía, y el ciclo de la opresión se cierra de forma definitiva. La imaginación, en lugar de ser una vía de escape, ha servido para condenar a los personajes, sumergiéndolos en una realidad de catástrofe sin válvulas de escape.

Temas Centrales y Reflexiones de la Obra

"La isla desierta" de Roberto Arlt es una obra rica en temáticas que invitan a la reflexión profunda sobre la condición humana y la sociedad. A continuación, exploramos algunos de sus ejes centrales:

Libertad Versus Opresión

Este es el tema medular de la obra. Los oficinistas viven en un estado de opresión constante, sometidos a una rutina tediosa y a la autoridad despótica del Jefe. Su trabajo es alienante, desprovisto de sentido o satisfacción personal. La "isla desierta" se erige como el símbolo de la libertad absoluta, un lugar donde no existen las ataduras sociales, económicas o morales. La búsqueda desesperada de esta libertad, aunque solo sea en el plano de la ensoñación, es el motor que impulsa a los personajes. Sin embargo, Arlt nos muestra que esta libertad es frágil y efímera, fácilmente aplastada por las estructuras establecidas y la realidad inmutable.

El Trabajo Ideal Versus el Trabajo No Deseado

La obra plantea una crítica feroz al concepto de trabajo en la sociedad moderna. El trabajo de los oficinistas es el epítome del "trabajo no deseado": se realiza por obligación y necesidad económica, sin pasión ni satisfacción. Genera agotamiento, cansancio y descontento. En contraste, los personajes anhelan un "trabajo ideal", aquel que brinde placer, realización personal y la posibilidad de cumplir sueños. Aunque la isla desierta no representa un "trabajo" en el sentido convencional, sí encarna un modo de vida donde las actividades son espontáneas, libres y gratificantes, la antítesis de su existencia en la oficina. La obra invita a cuestionar: ¿Es posible disfrutar del trabajo? ¿Debería el trabajo ser una carga o una fuente de realización personal?

La Imaginación como Arma de Doble Filo

En el mundo literario de Arlt, la imaginación no es una fuerza redentora. Al contrario, en "La isla desierta", los continuos desdoblamientos imaginativos sirven para sumergir a los personajes en una realidad de catástrofe. La ensoñación de la isla, lejos de ofrecer una válvula de escape o un punto de fuga hacia una situación mejor, es el preludio de un desastre aún mayor. La fantasía se convierte en un espejo deformante que devuelve la imagen de vidas mutiladas e incapaces de soñar con libertad plena. La obra es un recordatorio sombrío de que, a veces, la esperanza ilusoria puede conducir a una desesperación más profunda cuando se enfrenta a la implacable realidad.

El Significado de "Burlería"

El subtítulo de la obra, "burlería", adquiere un profundo significado al final de la pieza. La "burla" es la que el propio Arlt, a través de la realidad implacable, le hace a sus personajes y, por extensión, al espectador. El relato fabuloso y convincente de Cipriano logra que los oficinistas se entreguen a la creencia de una utopía posible, solo para ser brutalmente desmentida por la intervención de la autoridad. Es una burla cruel al idealismo y a la fragilidad de los sueños frente al poder establecido y la rigidez de la vida moderna.

Preguntas Frecuentes sobre "La Isla Desierta" de Roberto Arlt

¿Quién escribió "La isla desierta"?

"La isla desierta" fue escrita por el reconocido autor argentino Roberto Arlt.

¿Cuál es el argumento principal de la obra?

La obra narra la historia de un grupo de oficinistas aburridos y frustrados en una oficina portuaria. Tras ser trasladados a un piso superior con un gran ventanal que da al puerto, comienzan a fantasear con escapar a una isla desierta, un lugar idílico de libertad. Un cadete, el mulato Cipriano, aviva estas fantasías con sus relatos de viajes. La ensoñación culmina en una danza tribal en la oficina, pero es bruscamente interrumpida por la aparición del jefe y el director, quienes despiden a todos y condenan el espacio al cerrar la ventana con vidrios opacos.

¿Qué simboliza la isla desierta para los personajes?

La isla desierta simboliza la utopía, la libertad absoluta, la antítesis de su vida monótona y opresiva. Es un lugar sin leyes, sin jueces, donde el amor es libre, y la vida se rige por la espontaneidad y la alegría, en contraste con la burocracia y la rigidez de la oficina.

¿Qué papel juega Cipriano en la obra?

Cipriano, el mulato ordenanza, es el catalizador de la ensoñación. Con sus relatos de viajes y su personalidad rebelde y carismática, conecta el mundo gris de la oficina con la promesa de libertad del exterior. Él es quien incita a los oficinistas a la danza tribal, liderando la explosión de su fantasía colectiva. Representa la fusión cultural y un espíritu de libertad que choca con la norma establecida.

¿Cómo termina "La isla desierta"?

La obra termina con el despido masivo de todos los oficinistas por parte del jefe y el director, quienes los encuentran bailando semidesnudos. Para evitar futuras distracciones y asegurar la eficiencia burocrática, el director ordena que se coloquen vidrios opacos en el gran ventanal de la oficina, sellando la derrota de los sueños y la imposibilidad de escape para los personajes.

¿Por qué es considerada una "burlería"?

Es considerada una "burlería" porque el fabuloso relato de Cipriano y la ensoñación colectiva de los oficinistas logran que estos crean en una realidad utópica, solo para que esta creencia sea brutalmente desmentida por la intervención de la autoridad. La obra "burla" la esperanza de los personajes, mostrando cómo la fantasía, en el universo de Arlt, no redime, sino que condena a una realidad aún más dura.

Conclusión

"La isla desierta" de Roberto Arlt es mucho más que una simple pieza teatral; es un espejo crítico de la sociedad industrial y burocrática, una obra que cuestiona la naturaleza del trabajo, la libertad y el poder de la imaginación. A través de la trágica historia de unos oficinistas que osan soñar, Arlt nos confronta con la amarga verdad de que, en ocasiones, la fantasía no es un refugio, sino una antesala a una realidad aún más desoladora. La obra permanece vigente como un poderoso recordatorio de la lucha constante entre el espíritu humano y las cadenas invisibles de la rutina, un llamado a reflexionar sobre nuestra propia búsqueda de una "isla desierta" en un mundo cada vez más opaco.

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