31/01/2022
En los anales de la historia de la evangelización del continente americano, pocos nombres resplandecen con la intensidad y el cariño con que se recuerda a fray Pedro de Gante. Este humilde hermano lego franciscano, cuyo nombre de nacimiento era Pedro de Mura, trascendió las barreras culturales y geográficas para convertirse en un apóstol inquebrantable de los mexicanos desde su llegada en 1523. Su historia es un testimonio de fe, amor por la cultura indígena y una defensa férrea de un pueblo recién conquistado, un legado tan profundo que los propios indígenas lo recordarían como aquel cuyo corazón era un 'libro de colores'.

Nacido alrededor de 1490 en Iguen, Bélgica, fray Pedro de Gante fue parte de la primera misión franciscana organizada para la Nueva España. Su viaje, que comenzó el 27 de abril de 1522 desde Gante, Bélgica, junto a fray Juan de Tecto y fray Juan de Aora, no era solo una travesía oceánica, sino un salto hacia lo desconocido, motivado por las cartas de Hernán Cortés al Emperador Carlos V. Tras una estancia de un año en España, desembarcó en las costas de Veracruz el 13 de agosto de 1523, apenas cuatro años después de la llegada de Cortés a México. Lo que encontró fue una tierra en ruinas, un pueblo desolado por la conquista, pero también una gente de “bonísima complexión y natural”, como él mismo describiría, apta para recibir la fe y para un futuro prometedor.
Un Viaje de Fe y Descubrimiento
La llegada de fray Pedro de Gante a México marcó el inicio de una era dorada para las misiones franciscanas en América durante el siglo XVI. A pesar de las impresiones iniciales de una tierra paradisíaca, que describió como superior a todas las demás del mundo por su clima templado, lo que verdaderamente cautivó su espíritu fue la gente. Su decisión de entrar en la Orden Franciscana como hermano lego, una vocación que mantuvo con firmeza incluso cuando el Emperador Carlos V quiso nombrarlo arzobispo de México, subraya su humildad y su compromiso con el servicio directo.
Junto con sus compañeros flamencos, fray Pedro enfrentó un desafío monumental: la barrera del idioma. En los primeros años, se dedicaron al estudio de las lenguas indígenas, una tarea que fray Juan de Tecto humorísticamente llamó “la teología que de todo punto ignoró san Agustín”. Esta dedicación a comprender el idioma náhuatl fue fundamental para su misión, permitiéndole conectar profundamente con la población local en un momento de gran vulnerabilidad y reconstrucción tras la conquista.
Pionero de la Educación Misionera y Artesanal
El espíritu innovador y misionero de Pedro de Gante se manifestó plenamente en su enfoque educativo. Combinando ideas pedagógicas europeas con la rica tradición cultural prehispánica, y aprovechando el ingenio y las habilidades artísticas de los indígenas (pintura, música, danza, drama), estableció un sistema misional-educativo que se convertiría en un modelo para toda América. Su interés en la educación de los niños, especialmente los hijos de la nobleza indígena, fue prioritario desde su llegada. En Texcoco, y más tarde en la Ciudad de México, organizó una escuela con un doble propósito:
- Instrucción Cristiana: Educar en la fe a los niños más sobresalientes de la sociedad indígena.
- Formación de Misioneros: Capacitar a estos jóvenes como un grupo misionero que pudiera tomar la delantera en la evangelización, superando las dificultades lingüísticas que aún enfrentaban muchos frailes.
Fray Pedro se dedicaba incansablemente, día y noche, a esta labor. “He escogido unos cincuenta (niños) de los más avisados, y cada semana les enseño a uno por uno lo que toca decir o predicar la domínica siguiente; lo cual no me es corto trabajo, atento día y noche a este negocio para componerles y concordarles sus sermones”, explicaba. Su jornada era extenuante pero gratificante: “En el día enseño a leer, escribir y cantar; en la noche, doctrina cristiana y sermones”.
Poco después, añadió un objetivo crucial a su escuela: la enseñanza de artes manuales. Su visión era más que solo transmitir oficios; buscaba abrir las puertas a la sociedad indígena hacia la libertad de trabajo y un sustento digno, combatiendo la ignominia de la servidumbre. De su escuela de México salieron los primeros artesanos: pintores, canteros, carpinteros, herreros, sastres y zapateros, cuyas habilidades fueron fundamentales para la edificación de los primeros templos y la creación de obras de arte religioso que adornaron las iglesias de la Nueva España.
El Defensor Incansable del Pueblo Conquistado
Más allá de su rol como educador y evangelizador, fray Pedro de Gante emergió como una de las voces más vigorosas y sinceras en la defensa de los derechos del pueblo indígena. Su cercanía y convivencia con ellos le otorgaron una comprensión profunda de su situación, lo que lo llevó a exigir igualdad de trato entre españoles e indios. En una carta al Emperador Carlos V, con palabras claras y contundentes, advirtió: “Aviso, como siervo de Vuestra Magestad, que si no provee en que (los indios) tributen como en España (los españoles) de lo que tienen y no más, y que sus personas no sean esclavos y sirvan, la tierra se perderá…”.
Su llamado era un verdadero grito cristiano en favor del desposeído, pidiendo que los indios fueran “personas libres y que… no sirvan, pues los españoles nunca sirvieron”. Para él, los indígenas no fueron descubiertos sino “para buscalles su salvación… Vasallos de Vuestra Magestad son, la sangre de Cristo costaron, sus haciendas las han tomado, razón será que (Vuestra Magestad) se duela dellos; y pues están desposeídos de sus tierras, que en pago les ganen ánimas”. Esta postura valiente, proveniente de alguien que renunció a dignidades para seguir trabajando por el pueblo al que amaba, subraya su compromiso inquebrantable con la justicia y la dignidad humana.
Su dedicación era tal que llegó a olvidar su lengua nativa, pidiendo a sus hermanos religiosos en Flandes que tradujeran sus cartas para que sus parientes supieran de él. Este olvido de su propio idioma es un testimonio elocuente de su total inmersión y amor por su nuevo pueblo, una entrega que trascendía lo personal.
El “Libro de Colores” de un Corazón Apasionado: Un Legado Imperecedero
El impacto de fray Pedro de Gante se manifestó no solo en las instituciones que fundó y en las vidas que transformó, sino también en el profundo afecto que el pueblo indígena le profesaba. Dejó otros testimonios de su amor por este nuevo pueblo: catecismos hermosamente pintados en escritura ideográfica, siguiendo el estilo de los códices prehispánicos, y doctrinas amplísimas en lengua náhuatl, escritas en caracteres latinos. Estas obras no solo facilitaron la evangelización, sino que también respetaron y valoraron las formas de expresión artística y cultural indígenas.
La metáfora del “libro de colores” encapsula perfectamente la esencia de fray Pedro de Gante. No se refería a un libro literal creado por él (aunque sí creó catecismos ilustrados), sino a la percepción que los indígenas tenían de su corazón, de su sabiduría y de su amor. Un canto en náhuatl, entonado aún en vida de fray Pedro, lo expresa con conmovedora belleza:
“Libro de colores es tu corazón, padre Pedro; los que son tus cantos, que a Jesucristo entonamos, tú los haces llegar a San Francisco, el que vino a vivir en la tierra.”
Este canto revela que, para los indígenas, el corazón de fray Pedro era como los libros de su propia cultura: un repositorio de sabiduría, de conocimiento y, sobre todo, de amor que irradiaba vida y esperanza. Su figura encarnó la capacidad de la fe para tender puentes entre mundos, para comprender y valorar la otredad, y para construir un futuro compartido basado en el respeto y la educación. Su legado perdura como un símbolo de la evangelización que no solo buscó la conversión, sino también la protección, el desarrollo cultural y la dignificación de un pueblo. Fray Pedro de Gante, el hombre cuyo corazón fue un libro de colores, sigue inspirando a generaciones con su ejemplo de entrega y compasión.
Preguntas Frecuentes sobre Fray Pedro de Gante
| Pregunta | Respuesta |
|---|---|
| ¿Quién fue Fray Pedro de Gante? | Fue un fraile franciscano flamenco, hermano lego, que llegó a la Nueva España en 1523. Se destacó como misionero, educador y defensor de los derechos de los indígenas durante el siglo XVI. |
| ¿Por qué era importante para Pedro de Gante el “libro de colores”? | El “libro de colores” no era un libro físico, sino una metáfora utilizada por los indígenas para describir el corazón y la sabiduría de Fray Pedro de Gante, quien, como sus propios códices, irradiaba conocimiento, amor y esperanza. |
| ¿Cuál fue su principal contribución a la evangelización de México? | Su principal contribución fue el establecimiento de un sistema misional-educativo innovador. Fundó escuelas donde enseñó la fe cristiana, lectura, escritura, canto y artes manuales, formando a los primeros misioneros y artesanos indígenas. |
| ¿Cómo defendió a los indígenas? | Fray Pedro de Gante fue un vehemente defensor de los derechos de los indígenas. Escribió al Emperador Carlos V exigiendo que fueran tratados como personas libres, sin servidumbre y con tributos justos, equiparándolos a los españoles en derechos. |
| ¿Qué tipo de obras artísticas se desarrollaron bajo su influencia? | Bajo su dirección, se formaron artesanos como pintores, canteros, carpinteros, herreros, sastres y zapateros, quienes contribuyeron a la edificación de templos y la creación de arte sacro. También creó catecismos ilustrados al estilo de los códices prehispánicos. |
| ¿Qué significa que olvidó su lengua nativa? | Significa que su inmersión y dedicación al pueblo indígena y a la lengua náhuatl fueron tan profundas que con el tiempo suprimió el uso de su lengua materna, el flamenco, lo que demuestra su total entrega a su misión. |
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