30/08/2023
La República Dominicana se vistió de luto en la madrugada del 31 de mayo de 2016, cuando se anunció el fallecimiento del general Antonio Imbert Barrera a la venerable edad de 95 años. Su partida no fue una más, sino el adiós al último de los valientes que, con un acto audaz y decisivo, puso fin a 31 años de la cruenta tiranía de Rafael Leonidas Trujillo Molina. Su muerte causó un profundo pesar, pues la sociedad dominicana perdía a un testimonio viviente de uno de los episodios más trascendentales de su historia reciente, un hombre cuya vida se entrelazó indisolublemente con los altibajos y las transformaciones de la nación.

El general Imbert Barrera no solo fue un conspirador en la sombra, sino un protagonista activo en el despertar de la democracia dominicana. Su figura, compleja y multifacética, trascendió el acto del ajusticiamiento para participar en otros momentos cruciales que moldearon el perfil político del país. Desde su juventud en Puerto Plata hasta su retiro en la vida privada, Imbert Barrera vivió bajo el escrutinio de la historia, siempre apegado a sus firmes convicciones. Su legado es un recordatorio de que la libertad, a menudo, se forja con el coraje de unos pocos.
El Héroe del 30 de Mayo: El Fin de una Tiranía
La noche del 30 de mayo de 1961 quedó grabada a fuego en la memoria dominicana, y Antonio Imbert Barrera fue uno de sus principales artífices. Formó parte del selecto grupo de catorce hombres, conocidos como los Héroes del 30 de Mayo, que se propusieron acabar con la vida del dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina. Imbert se unió a la conspiración cuando los planes ya estaban avanzados, pero su determinación y valentía lo colocaron en el centro de la acción.
Esa fatídica noche, Trujillo abandonó la capital en su Chevrolet Bel Air azul claro, con destino a San Cristóbal, donde se rumoreaba que se encontraría con una amante. Los conspiradores, conocedores de la ruta, se dividieron en tres vehículos y se apostaron a lo largo del camino costero. Imbert Barrera conducía uno de los automóviles, acompañado por tres de sus socios. Cuando el vehículo del dictador los rebasó, Imbert inició la persecución. Sus cómplices abrieron fuego con ametralladoras, destrozando el cristal trasero del Bel Air e hiriendo a Trujillo.
El dictador, malherido, ordenó detener el coche y salió para defenderse con un revólver calibre .38. Mientras la sangre le corría por la espalda, según relataría el chofer Zacarías de la Cruz, Imbert y sus compañeros salieron de su propio vehículo y se cubrieron, avanzando sigilosamente. «Estaba en el suelo, a pocos metros de él», recordaría Imbert. «Apunté mi revólver y disparé dos veces. Una bala le dio en la barbilla. Se cayó de espaldas, debió morir inmediatamente. No se movió más». Con esos disparos, Antonio Imbert Barrera selló el destino de la tiranía y abrió las puertas a una nueva era para la República Dominicana.
Tras el ajusticiamiento, los atacantes se llevaron el cuerpo de Trujillo, dejando al chofer, que había recibido siete disparos, por muerto. Sin embargo, Zacarías de la Cruz recobró la conciencia y, en medio de la noche iluminada por la luna, encontró la gorra militar del Generalísimo. Los días siguientes fueron de intensa persecución. El hijo de Trujillo, Ramfis, asumió el mando y ordenó la caza de los conspiradores. Todos, excepto Antonio Imbert Barrera y Luis Amiama Tió, fueron asesinados. Imbert encontró refugio en la embajada italiana, gracias a la ayuda del cónsul honorario Francisco Rainieri, un amigo cercano, y logró salir de su escondite a finales de 1961, emergiendo como un héroe nacional.

Una Vida Marcada por la Historia Dominicana
Antonio Imbert Barrera nació en Puerto Plata el 3 de diciembre de 1920, siendo el tercero de cuatro hijos de Segundo Manuel Imbert Mesnier, un contable y político, y María Consuelo de la Barrera Steinkopf. Aunque no cursó estudios universitarios, se hizo piloto y desempeñó diversos trabajos antes de la dictadura, incluyendo la administración de una planta de cemento y una fábrica de productos cítricos. Su familia era de renombre en Puerto Plata, y él mismo ocupó puestos importantes durante el régimen de Trujillo.
Sin embargo, su lealtad al dictador se quebró en 1956, cuando su hermano Segundo fue encarcelado en una redada contra los enemigos del régimen. Fue entonces cuando Imbert decidió que «el único modo de librarse de él era matándolo». Esta convicción lo llevó a unirse al complot que cambiaría el curso de la historia dominicana.
La vida de Imbert Barrera estuvo constantemente bajo amenaza tras el magnicidio. En 1967, sobrevivió milagrosamente a un atentado a balazos mientras conducía su automóvil por la avenida Pedro Henríquez Ureña. Los autores materiales e intelectuales de este ataque nunca fueron identificados, lo que subraya la persistencia de las tensiones y los peligros en la política dominicana de la época. Este episodio es un testimonio de la valentía y la resiliencia de un hombre que, a pesar de los riesgos, se mantuvo firme en sus convicciones.
En su vida personal, Imbert Barrera también conoció la tragedia. Su primera esposa, Guarina Tesón, falleció en un accidente de avión junto a su hija Leslie y su hermana Aída. Otro de sus hijos murió por complicaciones de la diabetes. A pesar de estas pérdidas personales, Imbert Barrera continuó sirviendo a su país y honrando su compromiso con la libertad.
Liderazgo en Tiempos de Transición
Tras el ajusticiamiento de Trujillo y su salida del escondite en 1961, Antonio Imbert Barrera no se retiró de la vida pública. Por el contrario, ejerció un rol protagónico en los turbulentos años de transición dominicana. En enero de 1962, formó parte de una junta de siete miembros que gobernó el país hasta 1963, intentando establecer las bases de un nuevo orden político.
Su participación en la política post-Trujillo fue compleja y, en ocasiones, controvertida. En 1963, Imbert Barrera participó en el golpe de Estado que derrocó al presidente Juan Bosch, el primer presidente democráticamente elegido tras la dictadura. Después de este evento, formó parte de una junta militar que dirigió el país. Posteriormente, en 1965, durante la Guerra de Abril, Imbert fue nombrado presidente del Gobierno de Reconstrucción Nacional, una facción que se opuso al bando constitucionalista. Ocupó este cargo durante cinco meses, un periodo de intensa polarización y conflicto armado en la nación.

Años más tarde, regresó a un alto cargo gubernamental en 1986, cuando el presidente Joaquín Balaguer lo designó Secretario de las Fuerzas Armadas, puesto que ocupó hasta 1988. Al año siguiente, Balaguer lo nombró presidente del Consejo de Administración de la minera Rosario Dominicana. Al término de estas funciones, Imbert Barrera se retiró definitivamente a la vida privada, conservando el rango militar vitalicio de Mayor General. Su carrera política reflejó las complejidades y los desafíos de una nación en constante búsqueda de su identidad y estabilidad tras décadas de opresión.
El Legado de un Patriota
El nombre del general Antonio Imbert Barrera ha quedado inscrito con tinta imborrable en la historia nacional dominicana. Su rol como el último sobreviviente de los héroes del 30 de mayo que ajusticiaron a Trujillo y pusieron fin a una tiranía sin parangón, le valió el reconocimiento oficial como héroe nacional. En su honor, se erige un monumento en el lugar del ajusticiamiento, un recordatorio constante de su valentía y sacrificio.
El presidente Danilo Medina decretó tres días de luto nacional tras su fallecimiento, reconociendo públicamente «su conducta valiente en planear la muerte del tirano Rafael Leónidas Trujillo Molina el glorioso 30 de mayo de 1961, abriendo las puertas a la democracia». Este gesto oficial consolidó su lugar en el panteón de los grandes hombres de la República Dominicana.
Más allá de los honores públicos, Imbert Barrera mantuvo una conexión personal con el histórico evento. Durante años, recordó su papel en el asesinato de Trujillo con una celebración privada. Cada 30 de mayo, se ponía los mismos zapatos cafés y el reloj que llevaba la noche del ajusticiamiento, una tradición íntima que simbolizaba su compromiso y la carga de su memoria histórica. Su vida, con sus luces y sus sombras, es un testimonio de la lucha por la libertad y la complejidad de la construcción de una nación.
Al momento de su muerte, le sobreviven su esposa, Giralda Busto, y sus hijos Antonio (quien fue comandante de la policía) y Óscar, así como un sobrino adoptado, 31 nietos y siete bisnietos. La satisfacción de su familia es que el general Imbert Barrera partió «investido con la altísima condición de héroe nacional», dejando un legado que continuará inspirando a las futuras generaciones de dominicanos.
Preguntas Frecuentes sobre Antonio Imbert Barrera
¿Quién fue Antonio Imbert Barrera?
Antonio Imbert Barrera fue un militar y político dominicano, reconocido como un héroe nacional por ser el último sobreviviente del grupo de conspiradores que ajustició al dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina el 30 de mayo de 1961. También desempeñó roles importantes en la política post-Trujillo, incluyendo la presidencia del Gobierno de Reconstrucción Nacional en 1965 y la Secretaría de las Fuerzas Armadas.

Imbert fue empresario. Provenía de una familia de renombre en Puerto Plata, al norte del país, y tuvo puestos importantes durante el gobierno de Trujillo. En 1956, su hermano, Segundo, terminó en prisión tras una redada contra enemigos del dictador. Fue cuando cambió de bando. ¿Cuál fue el papel de Imbert Barrera en el ajusticiamiento de Trujillo?
Imbert Barrera fue uno de los catorce hombres que participaron directamente en el complot para asesinar a Trujillo. La noche del 30 de mayo de 1961, él mismo disparó los tiros finales que acabaron con la vida del dictador, sellando así el fin de la tiranía.
¿Cuándo y cómo murió Antonio Imbert Barrera?
Antonio Imbert Barrera falleció el 31 de mayo de 2016, a la edad de 95 años, en su casa de Santo Domingo. La causa de su muerte fue una neumonía que se complicó.
¿Qué otros roles políticos tuvo Imbert Barrera?
Después del ajusticiamiento de Trujillo, Imbert Barrera formó parte de una junta de gobierno en 1962. Participó en el golpe de Estado contra Juan Bosch en 1963 y presidió el Gobierno de Reconstrucción Nacional durante la Guerra de Abril de 1965. También sirvió como Secretario de las Fuerzas Armadas de 1986 a 1988 y fue presidente del Consejo de Administración de Rosario Dominicana en 1989.
¿Por qué Antonio Imbert Barrera es considerado un héroe nacional?
Es considerado un héroe nacional principalmente por su papel decisivo en el ajusticiamiento de Rafael Leonidas Trujillo, un acto que liberó a la República Dominicana de una dictadura de más de tres décadas y abrió el camino hacia la democracia. Su valentía y el impacto histórico de sus acciones son la base de su reconocimiento.
La muerte de Antonio Imbert Barrera no solo marcó el fin de una vida longeva y llena de acontecimientos, sino también el cierre de un capítulo fundamental en la historia dominicana. Su figura, compleja y controvertida en algunos aspectos de su trayectoria política posterior, permanece incuestionable en su papel como ejecutor de la tiranía trujillista. Fue un hombre que, con su arrojo, contribuyó a cambiar el destino de su nación, dejando un legado que resuena con los ecos de la libertad y el coraje. Su nombre, sin duda, perdurará como símbolo de un momento decisivo en la búsqueda de la soberanía y la justicia en la República Dominicana.
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