26/11/2023
La frase “Lo mismo no es lo común”, acuñada por la destacada pedagoga Flavia Terigi, nos invita a una profunda reflexión sobre cómo entendemos la igualdad y la inclusión, especialmente en el ámbito educativo, pero con resonancias que trascienden a nuestra forma de interactuar con el conocimiento, la cultura y la sociedad. A menudo, confundimos la igualdad con la homogeneidad, creyendo que ofrecer a todos exactamente lo mismo garantizará los mismos resultados o experiencias. Sin embargo, Terigi y otros pensadores nos demuestran que esta concepción simplista no solo es errónea, sino que puede perpetuar y acentuar las desigualdades existentes. La verdadera inclusión y el auténtico desarrollo del “bien común” requieren un enfoque mucho más sofisticado y matizado, que reconozca y valore la diversidad.

La Inclusión Educativa: Más Allá del Acceso Físico
Cuando hablamos de inclusión educativa, es fácil caer en la trampa de pensar que se trata simplemente de que todos estén presentes en el mismo espacio. No obstante, Flavia Terigi (2008) desglosa este concepto en tres significados progresivos, cada uno más complejo y desafiante que el anterior, que nos ayudan a comprender por qué “lo mismo no es lo común”.
1. Todos en la Escuela: El Acceso Material
El primer significado de inclusión, el más básico y fundamental, se refiere al acceso material a la escuela. Como señala Terigi, es la idea de “una escuela para todos”. Parece una meta obvia y, sin embargo, aún hoy es un objetivo incumplido en muchos sectores de la población. La escuela debe estar disponible para todos, sin exclusiones. Sin embargo, este acceso por sí solo es limitado. El hecho de que una escuela exista no garantiza que todos asistan, o que quienes ingresan no abandonen rápidamente. Además, la preocupación no es solo que “todos vayan a la escuela, sino a la misma escuela”, superando la segregación por condiciones socioeconómicas o de capacidad.
2. Todos Aprendiendo lo Mismo: La Trampa de la Homogeneidad
Una vez que se logra el acceso, la siguiente etapa en la concepción de la inclusión se centra en que “todos aprendan lo mismo”. Aquí es donde la idea de “lo mismo no es lo común” comienza a cobrar fuerza. Ofrecer a todos la misma propuesta educativa, los mismos recursos y las mismas condiciones puede parecer justo en la superficie, pero a menudo resulta ser profundamente injusto. La premisa es que, para que todos aprendan lo mismo, las oportunidades deben ser diferentes. Esto implica reconocer que los estudiantes llegan a la escuela con diversas trayectorias, conocimientos previos y contextos, y que una enseñanza homogénea no puede atender estas particularidades. “La compensación material parece insuficiente”, dice Terigi. No basta con añadir más libros o más horas; es necesario “romper la homogeneidad de la propuesta educativa” y ensayar estrategias distintas para que todos puedan alcanzar los mismos objetivos de aprendizaje, aunque sea por caminos diferentes. La igualdad de resultados requiere, paradójicamente, una diferenciación de los medios.
3. Todos Aprendiendo lo Común: La Construcción de un Currículo Justo
El tercer y más profundo significado de inclusión es que “todos aprendan lo común”. Este nivel va más allá de la homogeneidad y la diferenciación de oportunidades para alcanzar lo mismo. Se trata de cuestionar qué es exactamente ese “mismo” que queremos que todos aprendan. La idea de que la homogeneidad es garantía de igualdad es insostenible. Los currículos pueden ser injustos si solo validan la cultura de sectores específicos de la población, desautorizando otras perspectivas o promoviendo contenidos elitistas y parciales. Aprender “lo mismo” bajo esta visión puede significar aprender contenidos que no son relevantes o equitativos para todos. La inclusión educativa, en este sentido, implica una revisión profunda del currículo para que contemple los intereses y las perspectivas de todos los estudiantes, especialmente los menos favorecidos. Se busca una “formación común” que no priorice unas áreas o capacidades sobre otras, sino que apunte a una formación integral. Aquí, “lo común” se diferencia claramente de “lo mismo”, entendiéndose como un conjunto de saberes y experiencias fundamentales y compartidos, pero construidos desde la diversidad y la justicia.
Para clarificar estos conceptos, podemos visualizar sus diferencias:
| Concepto de Inclusión | Descripción | Implicación Principal | Desafío |
|---|---|---|---|
| Todos en la Escuela | Acceso físico y presencia de todos los estudiantes en el sistema educativo. | Garantizar la matrícula y asistencia. | Superar barreras socioeconómicas y geográficas para el acceso. |
| Todos Aprendiendo lo Mismo | Ofrecer la misma propuesta educativa a todos los estudiantes. | Lograr objetivos de aprendizaje idénticos. | Reconocer que la igualdad de oportunidades requiere diferenciación de métodos y recursos. |
| Todos Aprendiendo lo Común | Construir un currículo revisado que incluya las perspectivas e intereses de todos, especialmente los menos favorecidos, para una formación integral. | Definir un cuerpo de conocimientos y habilidades compartidas que sea relevante y equitativo para todos. | Evitar la codificación de culturas elitistas y asegurar la justicia curricular. |
Desentrañando “Lo Común”: Más Allá de la Reducción
El concepto de “lo común” es crucial en este debate y, a menudo, se confunde con “lo mismo”. Terigi (2008) señala que en los debates pedagógicos sobre la formación, aparecen tres conceptos utilizados: “lo común”, “lo general” y “lo básico”. Mientras que “lo básico” podría implicar una reducción a los mínimos indispensables y “lo general” a una formación amplia pero quizás descontextualizada, “lo común” se presenta como un concepto más rico y complejo. Se le atribuyen concepciones dicotómicas, entendiéndolo como algo amplio y diverso, pero a veces también ligado a una reducción. Sin embargo, su esencia radica en la formación integral, que no prioriza unas áreas sobre otras o unas capacidades sobre otras, sino que busca un desarrollo equilibrado y pertinente para todos. La justicia curricular implica precisamente esto: construir un currículo que exprese los intereses de los grupos menos favorecidos, promueva la participación de todos los sectores sociales y contribuya a la construcción histórica de la igualdad. Es tejer entramados que favorezcan propuestas de enseñanza significativas para todos, ayudando a cada estudiante a aprender, no de forma idéntica, sino de manera que sea relevante para su vida y su desarrollo pleno.

La Subjetividad en la Lectura: Cuando el Mismo Libro no es el Mismo
La idea de que “lo mismo no es lo común” se extiende maravillosamente al mundo de los libros y la lectura. Un libro, en su forma física, es un objeto “mismo”. Las palabras impresas son idénticas para cada lector. Sin embargo, la experiencia de leer ese libro, el “libro” que se forma en la mente del lector, nunca es el mismo para dos personas distintas. Esta es una de las verdades más fascinantes de la literatura y un ejemplo perfecto de cómo lo común (el texto) se transforma en algo único (la experiencia de lectura) para cada individuo.
Un lector se acerca a una novela con su propia historia de vida, sus emociones, sus conocimientos previos y sus expectativas. Como se menciona en el análisis de “Terra Alta” de Javier Cercas, la lectura es un acto de identificación. El personaje de Melchor Marín se identifica inicialmente con Jean Valjean de “Los Miserables”, y luego, en una fase de madurez, con el inspector Javert. Esto no es solo una evolución del personaje, sino un reflejo de cómo la lectura nos transforma. El libro, el mismo libro, le ofrece a Melchor diferentes comprensiones y perspectivas a medida que él mismo cambia. Las imágenes que construimos al leer una novela tienen que ver con experiencias que son únicas para cada lector, incluso aquellas de las que no somos conscientes. Es por eso que “nunca un mismo libro, leído por dos o más personas, será el mismo libro”.
Incluso en formas poéticas concisas como el haiku, esta subjetividad se manifiesta. Un haiku, con su estructura de tres versos sin rima, busca capturar un instante, una emoción, una escena de la vida cotidiana o de la naturaleza. Aunque el texto sea breve y común para todos los que lo leen, la emoción que transmite, la nostalgia, la armonía o la fugacidad, se experimenta de manera personal. Rosa María Marcillas Piquer y Pedro Villar Sánchez, autores de “Doscientos haikus de amor y una canción encadenada”, invitan a descubrir el poder de la poesía en versos “para interiorizar, para leer despacio y profundizar en ellos con la calma tan necesaria en nuestros días”. La poesía, en su aparente sencillez, permite que cada lector halle su propia voz y sus propias sombras en las palabras del autor. El haiku se convierte en una forma de expresar “lo indecible”, y esa conexión es profundamente personal. El libro físico es “lo mismo”, pero el universo emocional que despierta en cada lector es “lo no común”.
Esta idea resalta la importancia de la lectura como un acto de enriquecimiento personal, donde la interacción con el texto transforma al lector y es transformada por este. No se trata de una recepción pasiva de información, sino de una construcción activa de significado, donde el “mismo” contenido se convierte en una experiencia “no común” para cada mente. Por eso, acercar la poesía a los más jóvenes implica reconocer que el poema debe ser un “territorio sagrado”, no un adorno ni una excusa para evaluar gramática, sino un espacio para la celebración gozosa del lenguaje, que construye la sensibilidad y el imaginario de los niños de manera única para cada uno.
El Bien Común: Una Aspiración Colectiva y Diversa
Relacionado con la idea de “lo común” en un sentido más amplio, el concepto de “bien común” también ha evolucionado. Tradicionalmente relevante en la filosofía social, política y económica, cayó en desuso y ha resurgido con sentidos variados y, a menudo, confusos. El bien común, desde una perspectiva aristotélico-tomista y en la doctrina social de la Iglesia católica, se refiere a las condiciones sociales que permiten a las personas y a los grupos alcanzar su propio perfeccionamiento. En la modernidad, se ha debatido sobre si el bien común es simplemente la suma de bienes individuales (perspectiva liberal) o si es un fin en sí mismo que trasciende a los individuos (perspectivas comunitaristas o totalitarias).
Lo relevante para nuestra discusión es que la consecución del bien común no puede lograrse a través de la imposición de una uniformidad. Así como “lo mismo no es lo común” en el ámbito educativo o en la lectura, tampoco lo es en la construcción de una sociedad justa. El bien común implica reconocer la diversidad de intereses, necesidades y perspectivas de todos los ciudadanos, especialmente los menos favorecidos, y buscar soluciones que integren y valoren estas diferencias. Es una construcción histórica de la igualdad que nace del diálogo y la participación, no de la asimilación forzada a un modelo único.

Preguntas Frecuentes
¿Qué significa “lo mismo no es lo común” en educación?
Significa que la verdadera inclusión y equidad en la educación no se logran tratando a todos los estudiantes de la misma manera o exigiéndoles que aprendan exactamente el mismo contenido con los mismos métodos. En cambio, requiere reconocer sus diversas necesidades y trayectorias, ofreciendo oportunidades diferenciadas para que todos puedan acceder a un currículo “común” que sea relevante, equitativo y que contemple sus perspectivas, promoviendo una formación integral.
¿Por qué es importante diferenciar “lo mismo” de “lo común” en el currículo?
Es crucial porque un currículo que busca que todos aprendan “lo mismo” puede ser injusto y elitista, al no considerar la diversidad cultural y social de los estudiantes. Diferenciar “lo común” implica construir un currículo que sea pertinente y significativo para todos, revisando los contenidos para que incluyan las voces y los intereses de los menos favorecidos, asegurando así una justicia curricular y una formación más democrática y equitativa.
¿Cómo influye la lectura en la comprensión de “lo mismo no es lo común”?
La lectura es un ejemplo vívido de este principio. Aunque el texto de un libro es “lo mismo” para todos los lectores, la experiencia de lectura, la interpretación, las emociones y los aprendizajes que se derivan de él son únicos y “no comunes” para cada persona. Esto se debe a que cada lector interactúa con el texto desde su propia historia, conocimientos y subjetividad, creando una versión personal del libro en su mente. Es un acto de construcción individual a partir de un material compartido.
¿Qué relación tiene el “bien común” con esta idea?
El “bien común” se relaciona con “lo mismo no es lo común” al enfatizar que los objetivos de una sociedad justa no se alcanzan mediante la imposición de uniformidad, sino a través del reconocimiento y la valoración de la diversidad. La construcción del bien común implica crear las condiciones para que todos los individuos y grupos, con sus particularidades, puedan desarrollarse plenamente, lo cual requiere políticas y acciones que atiendan a las diferencias para lograr una verdadera equidad social.
En definitiva, la poderosa idea de que “lo mismo no es lo común” nos impulsa a una comprensión más rica y profunda de la igualdad y la inclusión. Nos reta a ir más allá de las soluciones simplistas y a reconocer que la verdadera equidad y el desarrollo pleno de las personas y las sociedades no residen en la uniformidad, sino en la capacidad de tejer un entramado de oportunidades y experiencias que, partiendo de lo compartido, permitan el florecimiento de la diversidad. Ya sea en las aulas, en las páginas de un libro o en la aspiración de una sociedad más justa, comprender esta distinción es fundamental para construir un futuro verdaderamente inclusivo y equitativo, donde cada individuo pueda alcanzar su máximo potencial, no a pesar de sus diferencias, sino gracias a ellas.
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