Los Ojos de Oro del Axolotl: Un Viaje Cortazariano

23/03/2024

Valoración: 4.58 (15190 votos)

Julio Cortázar, maestro del cuento y explorador de los límites de la realidad, nos sumerge en una de sus piezas más inquietantes y fascinantes: 'Axolotl'. Publicado en 1956, este relato no es solo la crónica de una obsesión, sino una profunda meditación sobre la identidad, la percepción y la delgada línea entre lo humano y lo animal. En el corazón de esta obra, que ha cautivado a generaciones de lectores, reside el misterio de los axolotl, esos enigmáticos anfibios mexicanos, y, sobre todo, la profunda y perturbadora elocuencia de sus ojos. El protagonista, un hombre común en París, se ve arrastrado por una fascinación inexplicable hacia estas criaturas, cuya inmovilidad y mirada lo interpelan de una manera que trasciende lo meramente biológico, prometiendo una conexión que lo transformará para siempre.

¿Qué decían los ojos de los Axolotl?
Los ojos de los axolotl me decían de la presencia de una vida diferente, de otra manera de mirar. Pegando mi cara al vidrio (a veces el guardián tosía inquieto) buscaba ver mejor los diminutos puntos áureos, esa entrada al mundo infinitamente lento y remoto de las criaturas rosadas.

Desde el primer encuentro en el acuario del Jardín des Plantes, los axolotl ejercen una atracción irresistible sobre el narrador. No es solo su exotismo o su peculiar fisonomía lo que lo atrapa, sino una cualidad más etérea, casi mística. La quietud de los axolotl, su aparente indiferencia al mundo exterior, contrasta con la intensidad de su mirada. El protagonista los describe como 'cuerpecito rosado y como translúcido', con 'patas, de una finura sutilísima, acabadas en menudos dedos, en uñas minuciosamente humanas'. Pero es la descripción de sus ojos lo que verdaderamente cimienta el eje de la narrativa: 'dos orificios como cabezas de alfiler, enteramente de un oro transparente carentes de toda vida pero mirando, dejándose penetrar por mi mirada que parecía pasar a través del punto áureo y perderse en un diáfano misterio interior'. Este fragmento inicial ya nos advierte de la singularidad de estos ojos, que aunque 'carentes de toda vida', poseen una capacidad de comunicación y una profundidad que supera lo convencional. Un 'delgadísimo halo negro' los enmarca, inscribiéndolos en la 'carne rosa', en la 'piedra rosa de la cabeza', sugiriendo una antigüedad y una sabiduría inherente a su ser.

La Obsesión y el Vínculo Profundo

La fascinación del narrador por los axolotl no es pasajera; se convierte en una verdadera obsesión. Día tras día, regresa al acuario, dejando de lado sus otras actividades. Esta persistencia no es solo la de un observador curioso, sino la de alguien que busca descifrar un enigma, que siente una 'vinculación' innegable con estas criaturas. Él mismo lo expresa: 'desde un primer momento comprendí que estábamos vinculados, que algo infinitamente perdido y distante seguía sin embargo uniéndonos'. Esta conexión va más allá de lo racional; es una intuición profunda, una resonancia que lo atrae. Los ojos de los axolotl, a pesar de su inmovilidad, le 'decían de la presencia de una vida diferente, de otra manera de mirar'. No son solo órganos de la vista; son ventanas a una existencia alternativa, a un modo de ser que el narrador anhela comprender o, quizás, al que pertenece de alguna forma. La inexpresividad aparente de sus rostros, descritos como 'caras aztecas', oculta una profundidad que el protagonista percibe como un 'mensaje' urgente: 'Sálvanos, sálvanos'. Esta súplica, imaginada o real, refuerza la idea de que los axolotl no son meros animales, sino seres conscientes, atrapados en una existencia de 'silencio abisal' y 'reflexión desesperada'.

La Metamorfosis: Un Cambio de Perspectiva y de Identidad

El punto culminante del cuento es la sorprendente metamorfosis del narrador. Lo que comienza como una observación se transforma en una transmigración de la conciencia. El momento clave es cuando, pegado al cristal, el narrador ve 'mi cara contra el vidrio, en vez del axolotl vi mi cara contra el vidrio, la vi fuera del acuario, la vi del otro lado del vidrio'. Este instante de revelación no es solo un cambio físico, sino una reconfiguración total de la identidad. De pronto, el observador se convierte en el observado. 'Ahora soy un axolotl', declara al inicio del cuento, y este giro narrativo nos sitúa en la perspectiva de la criatura. Esta metamorfosis es facilitada, y quizás predicha, por la intensidad de la mirada de los axolotl. Es como si sus ojos hubieran sido el portal a través del cual el narrador fue 'devorado lentamente' en un 'canibalismo de oro'. La mirada ya no es solo de observación, sino de asimilación. Una vez transformado, el axolotl-narrador reflexiona sobre su nueva condición: 'El horror venía —lo supe en el mismo momento— de creerme prisionero en un cuerpo de axolotl, transmigrado a él con mi pensamiento de hombre, enterrado vivo en un axolotl'. Sin embargo, esta sensación de horror se desvanece al comprender que su nueva identidad no es una prisión, sino una nueva forma de existencia, donde 'todo axolotl piensa como un hombre dentro de su imagen de piedra rosa'.

El Simbolismo de los Ojos de Oro

Los 'ojos de oro' de los axolotl son mucho más que un detalle estético; son el epicentro del simbolismo del cuento. Representan una puerta a lo desconocido, a una forma de consciencia que desafía las categorías humanas. Carecen de iris y pupila, lo que los hace parecer inertes, pero a la vez, poseen una 'dulce, terrible luz' y una 'profundidad insondable' que provoca vértigo en el observador. Estos ojos son los que 'miraban y sabían', los que 'reclamaban'. No son ojos de animales comunes; son el reflejo de una 'humanidad misteriosa' o, quizás, de una forma de ser anterior o paralela a la humana. La idea de que 'larva quiere decir máscara y también fantasma' añade una capa adicional de misterio a la mirada. Detrás de esas 'caras aztecas inexpresivas', los ojos de oro sugieren una sabiduría ancestral, un dolor primigenio, una condena eterna. Son los testigos de un 'remoto señorío aniquilado', de un tiempo en que el mundo 'había sido de los axolotl'. La fascinación por estos ojos es la búsqueda de una verdad oculta, de una conexión con lo primordial y lo inmutable. La falta de párpados en los ojos de los axolotl en la realidad se traduce en el cuento como una mirada perpetua, una vigilancia constante que no descansa, acentuando su papel como jueces y testigos de la existencia del narrador.

¿Qué característica de expresión tienen los Axolotl?
La voz de la narración se centró en los ojos de axolotl, diciendo que esta era la única característica de expresión en sus rostros. Admite que lo más importante es que sus ojos están obsesionados con él. Pega tu rostro al cristal para pensar. Incluso si tocó el cristal, no respondió.

Cortázar y el Realismo Fantástico

'Axolotl' es un ejemplo paradigmático del realismo fantástico que caracteriza la obra de Julio Cortázar. En este género, lo extraordinario irrumpe en lo cotidiano de manera sutil y sin explicaciones racionales, desafiando la lógica del lector. La metamorfosis del narrador en un axolotl no es un evento mágico o sobrenatural en el sentido tradicional, sino una progresión casi lógica dentro de la intensa conexión que el protagonista establece con las criaturas. La verosimilitud de la narración, a pesar de su premisa fantástica, se mantiene gracias a la meticulosa descripción de los axolotl y a la profundidad psicológica del narrador. La historia nos invita a cuestionar nuestra propia percepción de la realidad y la naturaleza de la identidad. Cortázar no nos da respuestas fáciles, sino que nos sumerge en la ambigüedad, en la posibilidad de que lo que consideramos 'realidad' sea solo una de las múltiples capas de la existencia. Los ojos de los axolotl son el umbral a esa otra realidad, un punto de inflexión donde lo familiar se vuelve ajeno y viceversa.

Preguntas Frecuentes sobre 'Axolotl' y sus Ojos

A continuación, exploramos algunas de las preguntas más comunes que surgen al adentrarse en este enigmático cuento de Cortázar:

PreguntaRespuesta
¿Qué es un axolotl en la vida real?Según el cuento y la información real, los axolotl son formas larvales de una especie de batracios (Ambystoma mexicanum) originarios de México. Son anfibios que mantienen sus características larvarias (como las branquias externas) durante toda su vida, aunque algunos pueden metamorfosearse en su forma adulta terrestre bajo ciertas condiciones. Son conocidos por su capacidad de regeneración.
¿Por qué los ojos de los axolotl son tan importantes en el cuento?Los ojos son el punto focal de la obsesión del narrador y el catalizador de la metamorfosis. Representan una puerta a una 'vida diferente', una 'otra manera de mirar'. Son descritos como 'de oro transparente', 'sin iris ni pupila', y aunque parecen carentes de vida, transmiten un mensaje profundo de sufrimiento, sabiduría ancestral y una conexión ineludible con el narrador. Son el medio a través del cual la consciencia se transfiere.
¿Cuál es el tema principal del cuento 'Axolotl'?Los temas principales incluyen la obsesión, la identidad y su fluidez, la percepción de la realidad, la transmigración del alma o la conciencia, y la comunicación entre diferentes formas de vida. El cuento explora cómo la fijación en algo ajeno puede llevar a una profunda transformación personal.
¿Qué significa la metamorfosis del narrador en un axolotl?La metamorfosis puede interpretarse de varias maneras: como la culminación de una identificación tan profunda que la barrera entre el observador y lo observado se desvanece; como una crítica a la alienación humana y una búsqueda de conexión con lo primordial; o como una exploración de la posibilidad de que la conciencia no esté ligada exclusivamente a una forma biológica. Significa el abandono de una identidad humana para adoptar una nueva, que, paradójicamente, le permite una comprensión más íntima de los axolotl.
¿Qué sugiere el final del cuento sobre la relación entre el hombre y el axolotl?El final es melancólico y ambiguo. El axolotl-narrador se da cuenta de que el hombre (su 'yo' anterior) ha perdido interés en ellos, visitándolos menos. Esto sugiere que los puentes de comunicación se han cortado definitivamente, ya que lo que era una obsesión para el hombre ahora es una realidad para el axolotl. Sin embargo, el axolotl-narrador conserva su pensamiento humano, lo que le permite reflexionar sobre esta desconexión y la posibilidad de que el hombre escriba sobre ellos, perpetuando así su historia y su misterio. Es un ciclo de observación y creación.

La Dualidad de la Percepción: Hombre vs. Axolotl

El cuento de Cortázar se construye sobre una fascinante dualidad en la percepción, que se materializa de forma más palpable a través de los ojos. Antes de la metamorfosis, el narrador humano proyecta sus propias interpretaciones y deseos sobre los axolotl. Percibe en ellos una 'humanidad latente', un sufrimiento mudo, una súplica. Sus ojos son para él la entrada a un 'diáfano misterio interior', a un mundo 'infinitamente lento y remoto'. Sin embargo, una vez que la transformación se consuma, la percepción cambia radicalmente. El axolotl-narrador comprende que 'ninguna comprensión era posible' desde la perspectiva humana. Lo que el hombre interpretaba como un mensaje o un lamento, es simplemente la realidad existencial de ser un axolotl. Los ojos, que antes eran un misterio a descifrar, se convierten en el medio a través del cual el axolotl-narrador ve al hombre, ahora el 'otro', el ajeno. La 'tortura rígida en el fondo del agua' que el hombre creía sentir, es ahora la vivencia directa del axolotl. Esta tabla comparativa ilustra el contraste:

Perspectiva Humana (Narrador)Perspectiva Axolotl (Narrador Transformado)
Los ojos son un portal a un misterio, una súplica de ayuda.Los ojos son el medio de su propia percepción, el 'resplandor dorado' que ve al hombre.
Proyecta humanidad y sufrimiento en las criaturas.Comprende la inutilidad de la 'comprensión' humana; su existencia es intrínsecamente diferente.
Siente una profunda conexión y un 'canibalismo de oro' a través de los ojos.Reconoce la desconexión gradual del hombre que lo observa.
Busca descifrar el mensaje de los axolotl.Es el mensaje mismo, parte de una existencia inamovible.
Se siente 'innoble' ante su pureza.Es la 'pureza espantosa' que antes observaba.

La Importancia de la Inmovilidad y el Silencio

Además de los ojos, la inmovilidad de los axolotl juega un papel crucial en la narrativa y en la percepción del narrador. 'Fue su quietud la que me hizo inclinarme fascinado la primera vez que vi a los axolotl', confiesa. Esta inmovilidad no es pasividad, sino una forma de abolir el espacio y el tiempo, una 'indiferencia' que el narrador inicialmente cree comprender como una 'voluntad secreta'. Los axolotl, al ser 'esclavos de su cuerpo' y condenados a un 'silencio abisal', se convierten en símbolos de una existencia contemplativa y resignada, pero a la vez, profundamente consciente. La falta de movimiento exterior amplifica la importancia de la mirada; es a través de esos ojos fijos que se transmite el verdadero 'mensaje'. El silencio de los axolotl no es vacío, sino un receptáculo de una 'reflexión desesperada' y de una sabiduría que solo puede ser captada por una sensibilidad extrema, como la del narrador. La ausencia de párpados en sus ojos refuerza esta idea de una vigilancia incesante, una mirada que no descansa, que absorbe y que, finalmente, transforma.

El Legado de 'Axolotl' y su Mirada Perdurable

El cuento 'Axolotl' de Cortázar es una obra que perdura en la mente del lector mucho después de haberla terminado, precisamente por la potente imagen de esos ojos de oro. No solo son el motor de la trama, sino también el símbolo de una verdad inalcanzable, de un misterio que se niega a ser completamente desvelado. La historia nos invita a reflexionar sobre la naturaleza de la empatía, la posibilidad de trascender las limitaciones de nuestra propia especie y la búsqueda de significado en lo aparentemente inexpresivo. Los ojos de oro del axolotl, 'carentes de toda vida pero mirando', se convierten en una metáfora de la capacidad humana para proyectar y encontrar sentido, incluso en las formas más ajenas a nosotros. Pero también nos advierten sobre los peligros de una obsesión que puede disolver los límites de nuestra propia identidad. Al final, lo que queda es la imagen de un hombre transformado, observando su 'yo' anterior desde el otro lado del cristal, con la certeza de que la comunicación plena es imposible, pero con la esperanza de que su historia, la del axolotl, sea contada. Los ojos de oro de los axolotl no solo miraron al narrador, sino que lo invitaron a una transformación que lo haría ver el mundo, y a sí mismo, desde una perspectiva completamente nueva y perturbadora. Son, en esencia, los ojos de la alteridad y de la revelación.

Si quieres conocer otros artículos parecidos a Los Ojos de Oro del Axolotl: Un Viaje Cortazariano puedes visitar la categoría Literatura.

Subir