21/03/2024
Miguel de Cervantes nos legó una de las obras cumbres de la literatura universal, una novela que ha trascendido épocas y fronteras: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Más allá de las aventuras y desventuras del Caballero de la Triste Figura, su historia es un profundo reflejo de la pasión por los libros, la delgada línea entre la realidad y la ficción, y el impacto que la lectura puede tener en la vida de una persona. Nos adentraremos en el corazón de la locura quijotesca, explorando la vasta biblioteca que la alimentó, el célebre escrutinio que intentó sanarla y cómo, incluso siglos después, la figura de Don Quijote sigue inspirando a escritores y revelándonos verdades sobre nuestro propio mundo.

La Biblioteca del Hidalgo: Un Tesoro de Fantasía
Alonso Quijano, el honrado hidalgo de la Mancha, se nos presenta como un hombre de cincuenta años, soltero, respetado en su aldea y aficionado a la caza. Sin embargo, su vida toma un giro inesperado cuando se entrega a la lectura de libros de caballerías con una pasión desmedida. Sin descanso, día y noche, "de claro en claro" y "de turbio en turbio", devoró cuantas historias de caballeros andantes cayeron en sus manos. Su afición era tal que llegó a vender una buena parte de sus hanegadas de tierra, empobreciéndose notablemente, solo para adquirir más volúmenes. Esta entrega sin límites lo llevó a un estado en el que, como describe su biógrafo, se le secó el cerebro, confundiendo la fantasía de las novelas con la realidad palpable.
Cuando el ama y la sobrina del hidalgo, consternadas por sus extravagancias, acudieron al cura y al barbero del lugar, relataron las horas de lectura ininterrumpida que su señor había dedicado a esos libros, guardados en un aposento de la casa. Allí, en la famosa biblioteca de Don Quijote, se encontraron "más de cien cuerpos de libro grandes, muy bien encuadernados, y otros pequeños". Los grandes eran, sin duda, los libros de caballerías, que habían consumido su razón. Esta vasta colección, sin ejemplares repetidos, sugiere que Alonso Quijano había logrado reunir prácticamente la totalidad de las obras de ese género literario disponibles en su época.
El Famoso Escutinio: Fuego y Perdón Literario
Ante la evidente locura del hidalgo, sus amigos, el cura Pedro Pérez y el barbero maese Nicolás, decidieron atajar el mal en su raíz: los libros. A la mañana siguiente, con la ayuda del ama y la sobrina, llevaron a cabo el que quizás sea el escrutinio de libros más famoso de la historia de la literatura. Su objetivo era quemar aquellos volúmenes que tanto daño habían hecho a la cordura de su amigo.
De la gran cantidad de libros de caballerías, el cura, un "verdadero especialista" en el género, examinó y comentó veintisiete. La mayoría fueron condenados sin piedad al fuego que el ama había encendido en el corral, arrojándolos por una ventana. Sin embargo, algunos se salvaron, no sin un debate y justificaciones:
| Título del Libro | Motivo del Indulto (o Condena) | Observaciones |
|---|---|---|
| Amadís de Gaula | Indultado | Considerado el "principio" y "dogmatizador" de la secta, pero el barbero intercedió diciendo que era "el mejor de todos los libros de este género". |
| Palmerín de Inglaterra | Indultado | Elogiado por el cura como "esa palma de Inglaterra". |
| Don Belianís | Indultado (con reservas) | Se salvó de la quema, pero el cura pidió al barbero que no se lo dejara leer a nadie. |
| Tirante el Blanco | Indultado | El cura lo conocía y encargó a maese Nicolás que lo leyera, calificándolo de "tesoro de contento y una mina de pasatiempos", a pesar de sus "defectos y vicios". |
| Don Cirongilio de Tracia | Condenado | Uno de los libros del ventero que el cura hubiera querido quemar. |
| Felixmarte de Hircania | Condenado | Otro de los libros del ventero que el cura hubiera querido quemar. |
| Otros 80+ libros de caballerías | Condenados | Quemados sin examinación ni indulgencia. |
Además de los libros de caballerías, también se salvaron algunas obras de poesía y novelas pastoriles, como la Diana de Montemayor y Gil Polo, Los ocho libros de Fortuna de amor, un Tesoro de varias poesías, el Cancionero de López Maldonado y la propia Galatea de Cervantes. Finalmente, tres poemas épicos —La Araucana, La Austríada y El Monserrate— y Las lágrimas de Angélica de Barahona de Soto, también escaparon a la hoguera, elogiados por su valor literario.
La Realidad de los Libros de Caballerías en la España del Siglo XVI
Contrario a la creencia de algunos críticos, los libros de caballerías no estaban en su fase terminal cuando Cervantes escribió el Quijote. El decenio de los ochenta del siglo XVI había sido testigo de una verdadera inundación de estas obras. Investigaciones bibliográficas, como las recogidas por Martín de Riquer y José Simón Díaz, cifran en ochenta y seis ediciones rigurosamente comprobadas entre 1530 y 1599. Si se añaden las perdidas, los pliegos sueltos y los cuadernillos, el número total de ejemplares podría haber ascendido a unos doscientos o doscientos cincuenta mil libros grandes en menos de setenta años, en una población que apenas superaba los ocho millones de habitantes, la mitad de los cuales era analfabeta. Esto demuestra una fortuna editorial inmensa para la época.

Estos libros no solo eran populares, sino que también eran objeto de polémica y censura por parte de intelectuales y sabios de la talla de Luis Vives, Melchor Cano, Arias Montano y fray Luis de Granada, quienes publicaron decenas de críticas severas. La existencia de tal debate es una prueba más de su amplia difusión e impacto cultural.
Más Allá de Don Quijote: Otros Amantes de la Caballería
El impacto de los libros de caballerías no se limitaba a la Mancha. En el Quijote, muchos personajes importantes son aficionados a ellos o los conocen a fondo. El ventero Juan Palomeque, por ejemplo, tenía varios de estos libros en su posada y se sabía sus historias casi de memoria. Contaba con entusiasmo cómo los segadores se reunían para escucharlos, afirmando que les quitaban "mil canas". Para él, estas historias eran tan creíbles que no podía aceptar que fueran "disparates y mentiras, estando impresos con licencia de los señores del Consejo Real".
Incluso la famosa Maritornes, la criada de la venta, disfrutaba de estas lecturas, encontrando "cosa de mieles" la imagen de "una señora debajo de unos naranjos abrazada con su caballero". La propia ventera apreciaba el sosiego que estas lecturas traían a su marido. Otros huéspedes de la venta, como Luscinda, Dorotea, don Fernando y Cardenio, también estaban familiarizados con el género. Cardenio, incluso, había regalado un ejemplar de Amadís a Luscinda cuando eran novios. Esto ilustra cómo estos relatos estaban arraigados en la sociedad española de la época, traspasando clases sociales y entornos, desde palacios hasta humildes ventas.
La Locura Quijotesca: Confundiendo Realidad y Ficción
La esencia de la locura de Don Quijote reside en su incapacidad para distinguir entre la realidad y la ficción. Sus extensas lecturas de caballerías lo llevaron a mezclar héroes y villanos de los relatos con el mundo que le rodeaba, transformando molinos en gigantes y ventas en castillos. Esta confusión se manifiesta en sus palabras y hechos, como cuando, en la segunda parte de la obra, durante una conversación sobre el inminente peligro turco, él insiste en que la solución sería la aparición de un caballero andante como Belianís o Amadís de Gaula.
Su reacción iracunda cuando el barbero relata historias de locos de un hospital de Sevilla, sintiéndose directamente aludido, demuestra que, aunque su juicio estuviera trastornado, no era tonto. La vehemencia con la que defiende el mundo de la caballería, incluso ante simples alusiones, es la prueba de que su mente, aunque dañada, mantenía una lógica interna basada en sus lecturas. Cervantes, sin la ciencia psiquiátrica moderna, logra retratar una disfunción anímica que se traduce en una fascinante distorsión de la percepción.
Cervantes, el Lector Insaciable y el Escritor Genial
Si Don Quijote era un lector voraz, no menos lo era su creador, Miguel de Cervantes. Se especula que Cervantes pudo haber leído la mayor parte de los libros de caballerías de su tiempo para poder parodiarlos con tanta maestría. Su "felicísima memoria" y su vasto conocimiento literario son evidentes en el Quijote, donde se encuentran citas, alusiones y frases de hasta ciento ocho obras literarias diferentes, de las cuales veintinueve son de caballerías. Esto revela que la obra no solo es una invectiva contra un género, sino un diálogo con un universo literario mucho más amplio.

Cervantes se muestra como un escritor excepcional, con una asombrosa facilidad de expresión. Su prosa, a menudo descuidada en la sintaxis pero rica en vocabulario y variedad de estilos, da la impresión de ser escrita rápidamente y a vuela pluma. Esta fluidez le permitía acomodarse a las situaciones y a la cultura de cada personaje, desde la elocuencia ciceroniana de Don Quijote en sus discursos sobre la Edad de Oro o las armas y las letras, hasta la naturalidad en ambientes familiares, sin olvidar la habilidad de Sancho para los refranes y dichos populares. Cervantes no solo creó personajes inolvidables, sino que los dotó de una voz auténtica y diversa.
El Lector Ideal: La Visión de Borges y Pierre Menard
La pregunta sobre el "mejor lector del Quijote" nos lleva a la genialidad de Jorge Luis Borges y su cuento "Pierre Menard, autor del Quijote". Pierre Menard no es un simple lector, sino un escritor francés que se propone una tarea asombrosa: no reescribir otro Quijote, sino componer el Quijote mismo, palabra por palabra, sin copiarlo. Esta empresa, aparentemente inútil, revela una profundidad de lectura y comprensión que trasciende la mera asimilación del texto. Menard, al intentar recrear las condiciones mentales y temporales de Cervantes para producir el Quijote, se convierte en el lector ideal por excelencia. Su lectura es tan profunda que se fusiona con la creación, elevando la experiencia lectora a un acto de coautoría intelectual. Es una forma de lectura que busca la esencia, el alma misma de la obra, más allá de la superficie.
El Quijote a Través de los Siglos: Un Espejo de Nuestra Realidad
Cuatrocientos años después de la publicación de la segunda parte del Quijote, la figura del hidalgo manchego sigue siendo una fuente inagotable de inspiración. A través de sus ojos, o más bien, a través de la lente de su historia, los lectores de hoy y de siempre pueden descubrir y reflexionar sobre las realidades de su propio tiempo. Numerosos autores han tomado el legado de Cervantes para explorar temas contemporáneos, demostrando la universalidad de la obra:
- Al Morir Don Quijote y El final de Sancho Panza y otras suertes de Andrés Trapiello: Estas novelas continúan las vidas de los personajes tras la muerte del hidalgo, mostrando cómo su influencia perdura y cómo la vida, a pesar de la pérdida del caballero, sigue su curso, incluso llevando a Sancho a aprender a leer y a los personajes a buscar fortuna en las Indias. Reflejan la adaptación y la búsqueda de nuevos horizontes.
- Don Quijote de Manhattan de Marina Perezagua: Aquí, Don Quijote y Sancho deambulan por las calles de Nueva York. El hidalgo, al leer la Biblia en lugar de un libro de caballerías, siente la necesidad imperiosa de arreglar el mundo. Esta obra muestra cómo el idealismo quijotesco se adapta a un contexto moderno, y cómo la búsqueda de la justicia puede nacer de cualquier "texto sagrado" o ideal.
- Quijote Z de Hazáel González: Una premisa audaz que plantea la existencia de una versión previa del Quijote donde el hidalgo era un "perseguidor de no-muertos". Es un ejemplo claro de cómo la figura del loco idealista se adapta a géneros contemporáneos como el de los zombis, revelando la persistencia de la lucha contra el mal, aunque el "mal" cambie de forma.
- El regreso de don Quijote de Gilbert Keith Chesterton: Defiende la cordura del caballero frente a la locura del mundo. Muestra un grupo de aficionados que, tras una obra teatral, se niegan a abandonar sus ropas medievales y pretenden instaurar el antiguo orden de la caballería en Inglaterra. Es una crítica a la sociedad moderna y una reivindicación del idealismo frente al pragmatismo.
- Don Quijote en Auschwitz de Vicente Piñeiro: Ambientada en Lituania y Auschwitz, la novela cuenta la historia de un judío que sobrevive al Holocausto y un alumno de una escuela de albañilería que se fuga de la muerte inspirado por la lectura del Quijote. Petrauskas sueña que el judío de la Triste Figura lucha contra molinos de viento con aspas en forma de esvástica. Esta obra es un poderoso ejemplo de cómo la literatura, y el Quijote en particular, puede infundir esperanza y resistencia ante la más cruel de las realidades.
- Hazañas del Capitán Carpeto de Rafael Reig: Un viudo se obsesiona con los cómics y decide convertirse en un superhéroe, el Capitán Carpeto, con leotardos y un orinal como casco, acompañado por una enfermera en paro. Esta parodia moderna del Quijote aborda temas actuales como los parques eólicos, la inmigración y los delincuentes financieros, demostrando que la lucha contra los "entuertos" sigue siendo relevante, aunque los antagonistas sean otros.
- El Evangelio según don Quijote de Jesús Clavería: Una novela "rocambolesca, absurda, histriónica, irreverente" que traslada a Don Quijote y Sancho a la América del Sur contemporánea. A través de sus ojos, el lector comprueba cómo la realidad actual es "todavía más insensata y trágica" que las fantasías del hidalgo, con una crítica a la corrupción y la moralidad de nuestros días.
Estos ejemplos, entre muchos otros, demuestran cómo el Quijote es un libro vivo, una ventana a través de la cual los autores y lectores contemporáneos exploran las complejidades de la existencia humana, la persistencia de la locura y la cordura, la búsqueda de ideales y la confrontación con la realidad, sin importar cuán absurda o trágica pueda ser.
Preguntas Frecuentes sobre Don Quijote y sus Libros
¿Cuántos libros de caballerías tenía Don Quijote en su biblioteca?
Según el texto, Don Quijote tenía "más de cien cuerpos de libro grandes, muy bien encuadernados" en su aposento, que eran principalmente libros de caballerías. Se infiere que había reunido prácticamente la totalidad de las obras de ese género literario conocidas en su tiempo.
¿Qué libros de caballerías se salvaron de la quema en el escrutinio de la biblioteca?
De los muchos libros de caballerías, solo cuatro se salvaron de la quema: Amadís de Gaula, Palmerín de Inglaterra, Don Belianís y Tirante el Blanco. Cada uno fue indultado por razones específicas, como su calidad literaria o su importancia dentro del género.

¿Quién es considerado el "mejor lector del Quijote" según el texto?
El texto menciona a Pierre Menard, del cuento de Borges, como el "mejor lector del Quijote" o el "lector ideal". Esto se debe a que Menard no solo lee la obra, sino que intenta reescribirla, palabra por palabra, fusionando la lectura con la creación y demostrando una comprensión profunda y única del texto.
¿Cuál era la finalidad de Cervantes al escribir El Quijote?
Cervantes proclamó que El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha era una "invectiva contra los libros de caballerías" y que su "escritura no mira a más que a deshacer la autoridad y cabida que en el mundo y en el vulgo tienen los libros de caballerías". Era una confrontación y, a la vez, un diálogo irónico con un género muy difundido.
¿En qué consistía la locura de Don Quijote?
La locura de Don Quijote consistía fundamentalmente en que "confundía la realidad con la ficción, los libros de caballerías con los de historia, mezclando a los héroes y a los villanos de una clase de relatos con los de la otra, y, en definitiva, el mundo que le rodeaba con el de su imaginación".
Conclusión: El Legado Inmortal del Caballero de la Triste Figura
La historia de Don Quijote es mucho más que la de un hidalgo enloquecido por la lectura. Es un testimonio de la inmensa capacidad de la literatura para moldear mentes y realidades. La biblioteca de Alonso Quijano, aunque finalmente diezmada, fue el crisol de su transformación, y su escrutinio, un momento icónico que simboliza la lucha entre la fantasía y la razón.
Cervantes, con su pluma magistral, no solo creó un personaje inolvidable, sino que también nos brindó un "libro de libros", una obra que es en sí misma una galería inagotable de géneros literarios y de la sociedad de su tiempo. La pervivencia del Quijote en la literatura posterior, a través de innumerables reinterpretaciones, demuestra que su espíritu idealista y su lucha contra los "entuertos" siguen resonando en el alma humana. Don Quijote, el lector que se convirtió en caballero, sigue siendo un espejo en el que podemos contemplar nuestras propias obsesiones, sueños y la eterna búsqueda de sentido en un mundo que, a menudo, parece tan disparatado como sus propias aventuras.
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