Ética a Nicómaco: La búsqueda de la Felicidad

01/03/2023

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La Ética a Nicómaco, una de las obras más influyentes del pensamiento occidental, nos invita a un viaje profundo hacia la comprensión de la vida buena y la felicidad. Escrita por el célebre filósofo griego Aristóteles, esta monumental pieza no es solo un tratado académico, sino una guía práctica para el comportamiento humano, sentando las bases de lo que hoy conocemos como ética de la virtud. Desde sus primeras líneas, Aristóteles nos sumerge en la pregunta fundamental: ¿cuál es el fin último de todas nuestras acciones y aspiraciones? A lo largo de sus páginas, y especialmente en su primer libro, se desvela una concepción teleológica del universo, donde cada ser y cada acto tienden hacia un bien específico, culminando en la noción de eudaimonía o florecimiento humano.

¿Cuál es el primer libro de la ética a Nicómaco?
¡Bienvenidos al resumen del primer libro de la obra Ética a Nicómaco! Escrito por el filósofo griego Aristóteles, este libro es considerado uno de los pilares de la ética occidental. En esta obra, Aristóteles explora las virtudes, el carácter y la felicidad, brindando una guía práctica para una vida ética y plena.

La obra, cuyo título se atribuye a su hijo Nicómaco, quien la editó y corrigió, representa el análisis más detallado y preciso de Aristóteles sobre el fenómeno moral. A diferencia de otros saberes que buscan un producto externo, la ética aristotélica se centra en el “obrar” mismo, en la praxis, es decir, en el comportamiento moral que se plasma en nuestra propia existencia. Aquí, la razón (lógos) juega un papel central, siendo el fundamento de las virtudes que, para Aristóteles, son la clave en la incesante búsqueda humana de la felicidad.

Índice de Contenido

La Clasificación Aristotélica de los Saberes

Antes de adentrarnos en los matices de la ética moral, es crucial comprender el marco epistemológico en el que Aristóteles sitúa este saber. El filósofo de Estagira realizó una clasificación de los saberes que aún hoy resuena en la filosofía, distinguiendo entre diferentes tipos de objetos de estudio. Para él, los objetos pueden ser:

  • Entes cuyos principios no pueden ser de otra manera: Aquellos que son universales y necesarios, ajenos a la voluntad humana.
  • Entes cuyos principios sí pueden ser de otra manera: Aquellos que giran en torno a la acción humana, donde la contingencia y la elección son posibles.

Con base en esta distinción, Aristóteles categoriza los saberes en:

Tipo de SaberObjeto de EstudioCaracterística PrincipalEjemplos
Saber Teórico (theorein: contemplar)Entes inmutables y necesariosContemplación y conocimiento de lo que esMetafísica, Física, Matemáticas
Saber Poiético (poiein: hacer, producir)Acciones dirigidas a la elaboración de un producto externoGuía para crear o fabricar (arte, técnica)Construcción de una rueda, tejer, escultura, pintura
Saber Práctico (praxis: acción)Acciones humanas en sí mismas (comportamiento moral)Guía para dirigir la acción hacia el bien, la buena actuación es el finÉtica, Política

Los saberes teóricos describen lo que existe. En contraste, los saberes poiéticos y prácticos buscan establecer normas y orientaciones sobre cómo se debe actuar para obtener un fin deseado, diferenciándose en si ese fin es externo a la acción o si la buena acción es el fin en sí misma.

Diferencias entre el Saber Práctico (o Moral) y el Saber Poiético (o Técnico)

Para entender la singularidad del saber práctico, es útil compararlo con el saber poiético. La distinción radica principalmente en los fines:

  • En el saber poiético (técnica), el fin es distinto de la acción por la cual se consigue. Por ejemplo, el fin de construir una casa es la casa misma, un producto externo. El técnico es hábil en aplicar los medios para un fin, sin juzgar si ese fin es bueno o malo.
  • En el saber práctico (moral), el fin de la acción es la acción misma. La buena actuación, la virtud, es en sí misma el fin. El sabio moral o prudente no solo delibera sobre los medios, sino que su objetivo es conseguir un fin inherentemente bueno. Una cosa es producir objetos útiles o bellos, y otra muy diferente es actuar bien en la vida.

Ética y Moral: Precisiones Terminológicas

Es común usar “ética” y “moral” indistintamente, pero Aristóteles, a través de la evolución del pensamiento griego, nos ayuda a precisar sus significados. La palabra “ética” proviene del griego ethos (ηθος), que originalmente significaba “morada” o “lugar donde vivimos”, aludiendo a lo propio, lo íntimo. Más tarde, se vinculó al “carácter”, aquello que es lo más distintivo de una persona y su modo de actuar en relación con las normas comunitarias. La idea de la “forja del carácter” resume bien este sentido.

Existe otro término griego, ethos (εθος), con épsilon, que significa “costumbre” o “hábito”. Ambos términos están vinculados, ya que el carácter se forma a través del hábito. Por otro lado, el término “moral” proviene del latín mos, moris, con una evolución similar en su significado básico.

Sin embargo, en la actualidad, por convención, se suele distinguir:

  • Moral: Se refiere al conjunto de principios, normas y valores que rigen la vida cotidiana de una comunidad o individuo (la “moral vivida”).
  • Ética: Se reserva para la disciplina filosófica que reflexiona sobre la moralidad, su fundamento y validez (la “moral pensada”). La moral se pregunta “¿qué debemos hacer?”, mientras la ética indaga “¿por qué debemos?”, buscando argumentos que avalen la validez de los códigos morales.

Esta distinción permite abordar el relativismo ético, reconociendo la pluralidad de códigos morales sin caer en la idea de que todas las posiciones son igualmente válidas. La reflexión ética busca trascender lo meramente vigente para discernir lo éticamente válido.

La Concepción Teleológica en Aristóteles: Todo Tiende a un Bien

Volviendo a la Ética a Nicómaco, en el Libro I, Aristóteles declara una de sus ideas más fundamentales:

“Todo arte, toda investigación e, igualmente, toda acción y toda libre elección parecen tender a algún bien, por esto se ha manifestado, con razón, que el bien es aquello hacia lo que todas las cosas tienden.”

Esta afirmación es el corazón de su pensamiento teleológico (del griego télos: fin). Para Aristóteles, toda la naturaleza, y en particular la acción humana, está orientada hacia un fin, un propósito, una “causa final”. No hacemos nada sin considerar que es un “bien”, aunque a veces nos equivoquemos en nuestra valoración. Las acciones se realizan con una finalidad. Por ejemplo, el fin de la medicina es la salud, el de la estrategia la victoria, el de la economía la riqueza.

¿Cuál es el primer libro de la ética a Nicómaco?
¡Bienvenidos al resumen del primer libro de la obra Ética a Nicómaco! Escrito por el filósofo griego Aristóteles, este libro es considerado uno de los pilares de la ética occidental. En esta obra, Aristóteles explora las virtudes, el carácter y la felicidad, brindando una guía práctica para una vida ética y plena.

Sin embargo, Aristóteles distingue entre bienes que son meros “medios” para alcanzar otros (como trabajar para obtener dinero) y bienes que son “fines en sí mismos” (como la diversión o el conocimiento por puro placer). Esta distinción es crucial para identificar el fin último del ser humano.

La Eudaimonía como Fin Último: La Felicidad Suprema

Si existe un fin que deseamos por sí mismo, y todas las demás cosas a causa de él, este sería el bien supremo, lo verdaderamente “bueno” y lo “mejor”. El conocimiento de este bien es fundamental, como un arquero que necesita conocer su blanco para acertar. Aristóteles afirma que, sobre este fin, todos, tanto el vulgo como los cultos, están de acuerdo: es la felicidad (eudaimonía). Vivir bien y obrar bien es sinónimo de ser feliz.

Sin embargo, la discrepancia surge al definir qué es concretamente la felicidad. Aristóteles observa que los hombres la determinan a partir de los diversos géneros de vida que observan en su comunidad, destacando tres principales:

  1. La vida de placeres (hedoné): Identificada por el vulgo con la felicidad. Aristóteles la rechaza por considerarla una “vida de bestias”, servil y dependiente de objetos externos, lo que contradice la autarquía (autosuficiencia) que debe ofrecer el fin último.
  2. La vida política: Donde los activos y mejor dotados buscan la felicidad en los honores. Aristóteles también la descarta porque los honores no dependen de uno mismo, sino de quienes los otorgan, y pueden ser arrebatados. El bien que buscamos debe ser propio e inamovible.
  3. La vida contemplativa: La vida de tipo teórico, que Aristóteles analizará con más detalle en el Libro X, y que considera la más alta forma de felicidad.

También menciona la “vida de negocios” y la riqueza, descartándolas por ser meros medios, no un fin en sí mismas. Entonces, ¿cómo encontrar el tipo de vida que nos lleva a la felicidad?

La Función Propia del Ser Humano

Aristóteles sostiene que la única manera de descubrir el fin último del ser humano es analizando su función propia, su telos. Así como el bien del flautista reside en tocar bien la flauta, y el del escultor en esculpir bien, el bien del hombre debe residir en su función distintiva. ¿Y cuál es esa función?

El filósofo examina los tipos de “alma” o principios de vida:

  • Vida vegetativa: Presente en plantas, relacionada con nutrición y crecimiento. No es exclusiva del ser humano.
  • Vida sensitiva: Presente en animales, caracterizada por sentir placer y dolor. Tampoco es exclusiva del ser humano.
  • Vida racional: Es la actividad propia del ser humano, dotado de razón (lógos).

Por lo tanto, la función del hombre es una cierta vida, una actividad del alma y unas acciones razonables, y no de cualquier manera, sino durante una vida entera. Aristóteles célebremente dice: “Porque una golondrina no hace verano, ni un solo día, y así tampoco ni un solo día ni un instante (bastan) para ser venturoso y feliz.” La felicidad es un proceso continuo, una vida bien vivida, donde la acción recta produce placer en sí misma, sin necesidad de añadidos externos. “Así la vida de estos hombres no necesita del placer como una especie de añadidura, sino que tiene el placer en sí misma.”

La Prosperidad: Un Complemento Necesario para la Felicidad

Aunque la virtud es la condición necesaria para la felicidad, Aristóteles reconoce que no es suficiente. La felicidad también requiere de bienes exteriores, pues “es imposible o no es fácil hacer el bien […] cuando no se cuenta con recursos”. Una persona virtuosa que sufre desgracias extremas (pérdida familiar, enfermedad, ruina) difícilmente podrá alcanzar la verdadera felicidad, por muy virtuosa que sea. La prosperidad, aunque no sea el fin último, es un factor que permite el florecimiento y la práctica de la virtud en plenitud.

Las Virtudes Éticas y Dianoéticas

A pesar de la necesidad de bienes externos, Aristóteles insiste en que la felicidad tiene como condición indispensable la virtud (areté), que significa “excelencia” o la perfección de la función propia de algo o alguien. En el caso de los seres humanos, la virtud se adquiere a través del aprendizaje y el ejercicio, lo que hace que la felicidad, obtenida a través de ella, sea algo divino y venturoso.

Aristóteles aclara que la “virtud humana” no es del cuerpo, sino del alma. Para entenderla, descompone el alma en una parte “irracional” y otra “racional”. La parte irracional se subdivide en:

  • Vegetativa: Relacionada con la nutrición y el crecimiento, no participa de la razón.
  • Apetitiva o desiderativa: Relacionada con los apetitos y deseos. Esta parte sí participa de la razón, pues es susceptible a la persuasión y puede “escucharla como a un padre”. Aquí es donde residen las virtudes morales.

Definición de “Virtud Moral”: El Término Medio

Es en el Libro II donde Aristóteles ofrece su célebre definición de virtud moral. La virtud no es innata, sino que se adquiere mediante la práctica, el hábito. Así como nos hacemos constructores construyendo, nos hacemos justos practicando la justicia y moderados practicando la moderación. La virtud moral, por lo tanto, tiene que ver con “pasiones” y “acciones” que deben ser realizadas de una forma específica para ser consideradas virtuosas:

“Es, por tanto, la virtud, un modo de ser selectivo, siendo un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón y por aquello que decidiría el hombre prudente. Es un medio entre dos vicios, uno por exceso y otro por defecto, y también por no alcanzar, en un caso, y sobrepasar, en otro, lo necesario en las pasiones y en las acciones, mientras que la virtud encuentra y elige el término medio.”

Desglosando esta definición:

  • Modo de ser selectivo: Los actos deben ser voluntarios y resultado de una elección libre, ya que solo las acciones voluntarias son alabadas o censuradas.
  • Hábito: No basta con una acción correcta aislada; la virtud es una manera constante de obrar, que se ha hecho costumbre.
  • Término medio: La virtud reside en un punto intermedio entre dos extremos viciosos (uno por exceso y otro por defecto). Por ejemplo, la valentía es el término medio entre la cobardía (defecto) y la temeridad (exceso).
  • Relativo a nosotros: El término medio no es una regla matemática universal. Depende de las circunstancias, la persona y el contexto. Lo que es moderado para un atleta no lo es para un oficinista.
  • Determinado por la razón y por el hombre prudente: No hay una fórmula abstracta. La razón, guiada por la sabiduría práctica o prudencia (phrónesis), nos indica cuál es el término medio en cada situación particular. El hombre prudente es el modelo a seguir, aquel con buen sentido moral.

Ser virtuoso es difícil, pues es “trabajoso hallar el medio”. Requiere discernimiento y experiencia. “No es fácil especificar cómo, con quiénes, por qué motivos y por cuánto tiempo debe uno irritarse; dado que nosotros mismos unas veces alabamos a los que se quedan cortos y decimos que son apacibles, y otras a los que se irritan y les llamamos viriles.” Se nos aconseja, incluso, inclinarnos hacia el extremo opuesto de nuestra tendencia natural para acercarnos al medio, “como hacen los que quieren enderezar las vigas torcidas”.

El Criterio de la “Acción Correcta” y la Ética de la Virtud Hoy

La Ética a Nicómaco, con casi 2400 años de antigüedad, sigue siendo una fuente de inspiración para la reflexión ética contemporánea, especialmente para la “ética de la virtud”. Esta corriente insiste en que una acción es moralmente correcta si es la que una persona virtuosa, característicamente, haría en esa situación. El individuo virtuoso se convierte en un modelo moral, un referente. Aristóteles advierte que la moralidad carece de la precisión de las matemáticas; debemos contentarnos con principios generales que permitan excepciones.

Las reglas morales a menudo entran en conflicto, requiriendo una “sensibilidad moral” para dirimir. La sabiduría moral no es solo conocimiento teórico, sino un “saber cómo” que exige mucho entrenamiento, experiencia, madurez emocional y reflexión. La persona moralmente sabia, a diferencia de quien lucha con sus impulsos, hace lo correcto con entusiasmo, libre de conflicto interior, y encuentra placer en ello. Los éticos de la virtud actuales coinciden en que el entendimiento moral se gana a través de la práctica y la experiencia. La virtud no es innata; se adquiere con tiempo, un ambiente adecuado y buenos maestros.

¿Qué es la Ética nicomáquea de Aristóteles?
En esta entrada recorremos los momentos centrales de la Ética Nicomáquea de Aristóteles, obra en la que este filósofo griego, uno de los pilares de la cultura occidental, desarrolla de la manera más precisa y detallada su propia interpretación del fenómeno moral.

Aristóteles también consideraba que la virtud es, en parte, una cuestión de “suerte moral”. Nuestra crianza y el ambiente de nacimiento son cruciales. Si tenemos la suerte de contar con padres y maestros sabios que nos guíen, tendremos más oportunidades de desarrollar virtudes. El objetivo último de la educación moral, para Aristóteles, es hacernos mejores personas, más valientes, justas, moderadas y sabias. La virtud no es un mero hábito, sino un rasgo de carácter que define a la persona.

La Vida Contemplativa como la Vida “Más Feliz”

Aunque el Libro I sienta las bases, Aristóteles desarrolla en el Libro X su justificación de por qué la vida contemplativa, al permitir el desarrollo de la razón (el factor esencial del ser humano), es la más feliz. No obstante, es realista: ningún hombre puede vivir una vida pura y exclusivamente contemplativa, ya que las necesidades humanas son variadas. Admite que una vida puramente teorética es un ideal “superior a la humana”, donde el hombre vive más como algo “divino” que como hombre.

Para la mayoría, aquellos no privilegiados para dedicarse exclusivamente a la contemplación, queda el ejercicio de la virtud moral, la excelencia en el obrar. Esta excelencia, aunque no persiga inicialmente el placer, en el verdadero virtuoso encontrará el placer en sí misma. Es importante destacar que la ética aristotélica no es individualista. La práctica de la virtud requiere una buena educación desde la infancia en el seno de la comunidad, con la participación de padres y una buena legislación. Desde el inicio de la Ética a Nicómaco, Aristóteles deja claro el objetivo integral que persigue, articulando ética y política:

“Pues aunque sea el mismo el bien del individuo y el de la ciudad, es evidente que es mucho más grande y más perfecto alcanzar y salvaguardar el de la ciudad; porque procurar el bien de una persona es algo deseable, pero es más hermoso y divino conseguirlo para un pueblo y para ciudades.”

Así, la Ética a Nicómaco se erige como un faro para comprender la moralidad no como un conjunto de reglas rígidas, sino como un camino de desarrollo del carácter, una búsqueda constante de la excelencia que, en última instancia, conduce a la verdadera felicidad y al florecimiento humano dentro de la comunidad.

Preguntas Frecuentes sobre la Ética a Nicómaco

¿Es la felicidad para Aristóteles solo placer?

No. Aristóteles distingue claramente la felicidad (eudaimonía) del mero placer (hedoné). Aunque reconoce que el placer acompaña a la acción virtuosa, la felicidad para él es un estado de florecimiento y plenitud que se alcanza a través del ejercicio de la función propia del ser humano, que es la actividad racional virtuosa, a lo largo de toda una vida. La vida dedicada únicamente a los placeres es considerada una “vida de bestias” y no conduce a la verdadera felicidad.

¿Qué significa el “término medio” en la ética aristotélica?

El “término medio” es el concepto central de la virtud moral en Aristóteles. Significa que la virtud es un punto intermedio entre dos vicios, uno por exceso y otro por defecto, en relación con las pasiones y las acciones. Por ejemplo, la valentía es el término medio entre la cobardía (defecto) y la temeridad (exceso). Este término medio no es una media aritmética, sino un punto óptimo determinado por la razón y por lo que decidiría un hombre prudente en cada situación particular, siendo “relativo a nosotros” y las circunstancias.

¿Por qué la vida contemplativa es la más feliz según Aristóteles?

Aristóteles considera la vida contemplativa (dedicada al conocimiento y la razón teórica) como la más feliz porque es la que mejor desarrolla la función más elevada y distintiva del ser humano: la razón. Al ser la razón lo más divino en nosotros, la vida dedicada a su ejercicio puro es la que más se acerca a la perfección y a la autosuficiencia. Sin embargo, Aristóteles también reconoce que esta es una vida ideal, casi “superior a la humana”, y que para la mayoría, la felicidad se encuentra en el ejercicio de las virtudes morales en la vida práctica y comunitaria.

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