10/05/2026
En el vasto universo de la literatura argentina, pocas obras resplandecen con la vitalidad y el humor atemporal de ¡Jettatore!, la ingeniosa comedia teatral de Gregorio de Laferrère. Estrenada en 1904 en Buenos Aires, esta pieza no solo se consolidó como un pilar de la célebre “época de oro” del teatro nacional, sino que también se erigió como una de las cumbres de la comedia en la literatura argentina. Más allá de su trama hilarante, "¡Jettatore!" es una aguda crítica social disfrazada de vodevil, que explora la fascinación y el miedo ante la superstición, un tema tan relevante en su tiempo como ahora.

- Orígenes y el Camino al Éxito de una Comedia Inesperada
- El Corazón de la Comedia: La Superstición como Protagonista
- Don Lucas: El Inocente Portador de la "Jettatura"
- Un Vodevil con Sello Argentino y Humor Satírico
- Impacto y Legado Cultural en el Teatro Argentino
- De las Tablas a la Pantalla: Adaptaciones de "¡Jettatore!"
- Preguntas Frecuentes sobre "¡Jettatore!"
Orígenes y el Camino al Éxito de una Comedia Inesperada
La historia de cómo "¡Jettatore!" llegó a los escenarios es tan peculiar como la propia obra. Gregorio de Laferrère, un dramaturgo argentino de la aristocracia porteña, cultivaba las letras en secreto, principalmente la novela. Por ello, la aparición de su primera obra teatral fue una genuina sorpresa para su círculo social. Según el propio autor, "¡Jettatore!" fue escrita "por humorada", sin la menor intención de que fuera representada públicamente.
El destino, sin embargo, tenía otros planes. Un día, también por una broma, Laferrère leyó la obra a un amigo, quien, impresionado por su gracia, lo instó a enviarla al Teatro de la Comedia, donde actuaba la renombrada compañía de Gerónimo Podestá. Con cierta reticencia, Laferrère accedió, pero sin revelar su autoría. La respuesta inicial fue desalentadora: la obra fue rechazada por considerarse "irrepresentable", un revés que podría haber sepultado la comedia antes de su nacimiento.
Afortunadamente, otro amigo de Laferrère intervino, haciendo llegar el manuscrito al influyente crítico teatral Joaquín de Vedia. De Vedia, reconociendo el potencial humorístico de la pieza, y aún sin conocer la identidad del autor, la compartió con Enrique García Velloso, sugiriéndole que la leyera y que, con algunas correcciones técnicas y la supresión de escenas repetitivas, podría ser muy divertida. García Velloso también se entusiasmó, pero coincidió en las fallas técnicas, señalando que la obra estaba "mal armada", dividida en nueve cuadros que exigían múltiples cambios de decorado, un desafío logístico para la época.
Fue solo entonces que De Vedia reveló la identidad del autor. Laferrère, receptivo a las observaciones, se dedicó a reescribir y ajustar la obra. Suprimió escenas, pulió diálogos y, crucialmente, logró la unidad dramática desarrollando la trama en tres actos que se desarrollaban en un único decorado. Esta revisión fue fundamental para su aceptación y posterior estreno por la compañía Podestá.
El estreno de "¡Jettatore!" el 30 de mayo de 1904 fue un verdadero acontecimiento social en Buenos Aires. Tan significativo fue el evento que contó con la presencia en un palco del entonces presidente de la Nación, el general Julio Argentino Roca. Además, la función atrajo a un público que no solía ser asiduo a las representaciones de compañías nacionales, lo que subraya la expectación y el interés que generó la obra desde su debut.

El Corazón de la Comedia: La Superstición como Protagonista
Laferrère, con su pluma incisiva y observadora, eligió la superstición como el eje central de "¡Jettatore!". La obra es una brillante caricatura de la creencia popular que atribuye a ciertos individuos una "funesta influencia magnética", un concepto conocido como "jettatura" (del italiano "jettare" o francés "jeter", que significa "lanzar", en este contexto, "lanzar efluvios nefastos"). Esta superstición, que en el lunfardo porteño se traduce como "yeta" o mala suerte, estaba muy extendida en la Buenos Aires de principios del siglo XX, especialmente en los círculos sociales y clubes.
El autor se inspiró en un cuento análogo de Théophile Gautier, que incluso es citado por uno de los personajes en la segunda escena de la obra. Sin embargo, como bien señala el crítico e investigador Luis Ordaz, Laferrère no se limitó a una mera adaptación; tomó "casi todos los elementos pintorescos de la realidad de nuestro ambiente". Esto confirió a la obra una autenticidad y un sabor local inconfundibles, resonando profundamente con el público argentino.
Don Lucas: El Inocente Portador de la "Jettatura"
El personaje central de la comedia es Don Lucas, un hombre inocente que, sin quererlo, se convierte en el epicentro de cien tragedias. La trama, aunque aparentemente sencilla, es hábilmente construida alrededor de una tenue fábula de amor, que sirve de telón de fondo para los hilarantes y a veces desastrosos episodios que ocurren a su alrededor. Don Lucas está rodeado por un grupo de amigos y conocidos que, al atribuirle la "jettatura", experimentan una serie de sucesos casuales o fatales. Estos incidentes, ya sean pequeños contratiempos o verdaderas calamidades, se le achacan a la supuesta influencia nefasta de Don Lucas, creando una atmósfera que oscila entre la hilaridad y el horror cómico para los espectadores.
La genialidad de Laferrère reside en cómo maneja a Don Lucas. No es un villano ni un personaje malintencionado; es, de hecho, una víctima de las creencias ajenas. Su desesperación y confusión ante los eventos que se le atribuyen son una fuente constante de humor, mientras que la reacción exagerada y supersticiosa de los demás personajes subraya la sátira social de la obra. Es la mirada de la sociedad sobre Don Lucas, y no sus acciones, lo que lo convierte en un "jettatore".
Un Vodevil con Sello Argentino y Humor Satírico
Luis Ordaz caracterizó a "¡Jettatore!" como un vodevil, un género teatral ligero y popular, a menudo con canciones y bailes, conocido por sus intrigas enredadas y situaciones cómicas. Sin embargo, Laferrère elevó este género con un "tema ingenuo pero desarrollado con mano diestra y desbordante de humor satírico". A diferencia de muchas comedias de la época, la obra nunca cae en lo "burdamente caricaturesco". Su sátira es fina, inteligente, y se burla de la credulidad y las supersticiones de una manera que provoca risas genuinas sin degradar a sus personajes.
Laferrère utiliza el humor para desnudar las debilidades humanas y las convenciones sociales. El diálogo es ágil y lleno de ingenio, y las situaciones cómicas se construyen con una precisión timing que mantiene al público enganchado. La elección de un solo decorado para los tres actos, resultado de las revisiones iniciales, contribuyó a la fluidez y el ritmo de la comedia, concentrando la acción y permitiendo que la fuerza del humor y los personajes brillara sin distracciones escenográficas excesivas.

Impacto y Legado Cultural en el Teatro Argentino
"¡Jettatore!" no fue solo un éxito de taquilla; se convirtió rápidamente en un referente cultural. Su estreno, como se mencionó, fue un acontecimiento que trascendió el ámbito teatral, atrayendo a figuras políticas y a un público que habitualmente no frecuentaba las obras nacionales. Esto marcó un hito, demostrando el potencial del teatro argentino para captar la atención de diversos estratos sociales.
Laferrère, con esta obra, contribuyó significativamente a consolidar el teatro nacional y a definir el estilo de la comedia argentina. Su habilidad para combinar la observación social con un humor perspicaz le valió un lugar de honor en la historia de la literatura del país. La obra, con su tema universal de la superstición y su tratamiento humorístico, sigue siendo relevante y se estudia en escuelas y universidades como un ejemplo de la riqueza del teatro argentino.
De las Tablas a la Pantalla: Adaptaciones de "¡Jettatore!"
La popularidad y el atractivo de "¡Jettatore!" trascendieron las décadas y las plataformas. Desde su estreno, la obra ha sido representada por incontables elencos en escenarios teatrales de toda Argentina y más allá. Su estructura sólida y sus personajes memorables la hacen adaptable a diferentes interpretaciones, lo que ha permitido que siga cautivando a nuevas generaciones de espectadores.
Además del teatro, "¡Jettatore!" también encontró su camino en la televisión, con diversas adaptaciones que llevaron la historia a un público aún más amplio. Sin embargo, una de sus adaptaciones más notables fue la película de 1938, también titulada "¡Jettatore!", dirigida por Luis Bayón Herrera. Esta versión cinematográfica es un testimonio de la perdurabilidad de la trama y los personajes de Laferrère, demostrando que su humor y su crítica a la superstición seguían siendo tan potentes en la gran pantalla como lo fueron en las tablas teatrales.
Datos Clave de "¡Jettatore!"
| Atributo | Detalle |
|---|---|
| Título Original | ¡Jettatore! |
| Autor | Gregorio de Laferrère |
| Género | Comedia Dramática / Vodevil |
| Fecha de Estreno | 30 de mayo de 1904 |
| País de Origen | Argentina |
| Tema Central | Sátira a la superstición (jettatura) |
| Adaptación Cinematográfica | Película de 1938, dirigida por Luis Bayón Herrera |
Preguntas Frecuentes sobre "¡Jettatore!"
A continuación, respondemos algunas de las preguntas más comunes sobre esta emblemática obra:
¿Quién fue Gregorio de Laferrère?
Gregorio de Laferrère (1867-1913) fue un destacado dramaturgo y político argentino. Proveniente de una familia acomodada de Buenos Aires, cultivó la literatura de manera privada antes de irrumpir en la escena teatral con "¡Jettatore!". Es considerado uno de los pilares de la comedia en Argentina, con obras que reflejan la sociedad de su tiempo con agudeza y humor. Además de su faceta artística, Laferrère tuvo una activa participación política.

¿Cuál es el argumento principal de "¡Jettatore!"?
La obra gira en torno a Don Lucas, un hombre cuya presencia es inexplicablemente asociada con la mala suerte por su círculo social. A lo largo de la comedia, una serie de infortunios y situaciones embarazosas ocurren en su presencia o se le atribuyen directamente, lo que lleva a los demás personajes a intentar evitarlo o a idear planes para "neutralizar" su supuesta influencia negativa, todo ello en el marco de una trama amorosa.
¿Por qué es importante "¡Jettatore!" en la literatura argentina?
"¡Jettatore!" es fundamental por varias razones: es una de las mejores comedias de la "época de oro" del teatro argentino, aborda de forma satírica y humorística la superstición, un aspecto arraigado en la cultura popular, y supo combinar elementos del vodevil con un estilo local auténtico. Su éxito en el estreno y su perdurabilidad a lo largo de las décadas la consolidan como un clásico que define la comedia nacional.
¿Se basa "¡Jettatore!" en alguna historia real o preexistente?
Sí, el propio Laferrère admitió haberse inspirado en un cuento análogo del escritor francés Théophile Gautier. Sin embargo, es crucial destacar que Laferrère no se limitó a una simple adaptación. Tomó la esencia del concepto y lo enriqueció con elementos y matices propios de la realidad social y cultural de Buenos Aires de principios del siglo XX, dotándola de una identidad argentina única y resonante.
¿Qué significa el término "jettatore" y por qué se usa en la obra?
"Jettatore" es un término de origen italiano que deriva del verbo "jettare" (lanzar). En este contexto, se refiere a una persona que se cree que tiene la capacidad de "lanzar" o transmitir mala suerte, desgracia o influencias negativas a otros, a menudo de forma involuntaria. Laferrère lo utiliza para satirizar la superstición y la credulidad de la sociedad de su tiempo, haciendo de Don Lucas el arquetipo de esta figura.
En definitiva, "¡Jettatore!" de Gregorio de Laferrère es mucho más que una simple comedia; es un espejo de una sociedad, un estudio sobre la superstición y una muestra del ingenio y la maestría de uno de los grandes dramaturgos argentinos. Su capacidad para seguir provocando risas y reflexiones más de un siglo después de su estreno es la prueba irrefutable de su carácter atemporal y su merecido lugar en el panteón de la literatura argentina. Una obra que, lejos de traer mala suerte, es un verdadero tesoro.
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