Maquiavelo y Rousseau: Naturaleza Humana y República

05/10/2024

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La historia del pensamiento político está tejida con hilos de influencia, diálogo y a menudo, confrontación. Pocas relaciones son tan intrigantes y complejas como la que une a Nicolás Maquiavelo y Jean-Jacques Rousseau, dos titanes cuyas ideas moldearon profundamente la comprensión moderna del Estado, el poder y la sociedad. Aunque Maquiavelo es frecuentemente percibido como el preceptor de la tiranía, y Rousseau como el apóstol de la libertad y la bondad natural, un análisis más profundo revela una conexión sorprendente. Rousseau mismo, en una de las frases más célebres de su Contrato Social, llegó a calificar a Maquiavelo como un “preceptor del pueblo” y a El Príncipe como un libro para republicanos, una afirmación que desafía la interpretación convencional y nos invita a explorar la sutil pero determinante huella del florentino en el pensamiento del ginebrino.

¿Cuál es la influencia de Maquiavelo en Rousseau?
El preceptor del pueblo Como se ha visto, la influencia ejercida por Maquiavelo en Rousseau puede apreciarse en muchas opiniones y temas tratados por este último, tal como se ha mostrado en las páginas anteriores con algunos de los más relevantes, como la naturaleza humana y el republicanismo.

A pesar de las escasas alusiones explícitas de Rousseau a Maquiavelo en sus obras –apenas una mención en el Contrato Social y algunas notas a pie de página–, la resonancia de las ideas maquiavélicas es innegable en aspectos fundamentales de su teoría. Ambos pensadores recurrieron a los clásicos, con Roma como un caso de estudio recurrente para validar sus ideas. Más allá de esto, existen paralelismos fascinantes, como la frase rousseauniana “el que quiere el fin, quiere los medios”, que evoca la famosa máxima atribuida a Maquiavelo, reflejando una aceptación compartida de la indisoluble relación entre la acción política y sus consecuencias morales. Asimismo, ambos concibieron el Estado no como una entidad orgánica, sino como una verdadera “obra de arte”, producto de la razón y el diseño humano. Incluso sus motivaciones para escribir política fueron similares: la necesidad, el exilio o la exclusión del servicio público, lo que los convirtió en teóricos por accidente de la fortuna, no por elección.

Índice de Contenido

La Naturaleza Humana: Entre la Maldad Innata y la Bondad Corrompida

Uno de los puntos de mayor contraste aparente entre Maquiavelo y Rousseau radica en su concepción de la naturaleza humana. Maquiavelo es el máximo exponente de una visión que postula la maldad congénita del hombre, mientras que Rousseau es el paradigma de su bondad natural. Sin embargo, esta dicotomía es más compleja de lo que parece a primera vista.

La Constancia de la Malignidad en Maquiavelo

Para Maquiavelo, la perversidad natural del ser humano es una verdad irrefutable. En El Príncipe, afirma categóricamente que “de la generalidad de los hombres se puede decir esto: que son ingratos, volubles, simuladores, cobardes ante el peligro y ávidos de lucro”. Y va más allá al justificar la falta de palabra de un príncipe: “Si los hombres fuesen todos buenos, este precepto no sería bueno; pero como son perversos y no la observarían contigo, tampoco tú debes observarla con ellos”. Esta visión se reitera en los Discursos sobre la primera década de Tito Livio, donde sostiene que quien organiza una república debe presuponer que “todos los hombres son malos”. Para Maquiavelo, la esencia de la política reside en la tensión entre la tendencia humana a la corrupción y la capacidad de las instituciones para enmendarla, confiriendo al Estado una función moralizante crucial: las leyes y la autoridad del príncipe pueden “hacer bueno” al hombre e infundirle virtud.

Las Ambivalencias de Rousseau sobre la Naturaleza Humana

Rousseau, por su parte, es célebre por su defensa de la bondad natural del hombre, pero su obra exhibe ciertas ambigüedades. Aunque en el Emilio y en Las Ensoñaciones del Paseante Solitario afirma explícitamente que “el hombre es naturalmente bueno y que sólo por las instituciones se vuelven malvados los hombres”, esta postura no es siempre consistente. En el Discurso sobre las Ciencias y las Artes, critica el progreso, los libros y las artes por haber corrompido a la humanidad, llegando a arremeter contra las bibliotecas por preservar "objetos tan dañinos como los libros".

Las contradicciones se acentúan en otros pasajes. En el mismo Emilio, se pregunta cómo conciliar la bondad natural con la afirmación de que “las instituciones sociales buenas son las que mejor saben borrar la naturaleza del hombre, privarle de su existencia absoluta, dándole una relativa”. Y en el Contrato Social, su obra política fundamental, no hay rastro de la presunción de la bondad natural. Por el contrario, declara que el tránsito del estado de naturaleza al estado civil “produce en el hombre un cambio muy notable, al sustituir en su conducta la justicia al instinto y al dar a sus acciones la moralidad que antes les faltaba”. Aquí, el estado de naturaleza es una existencia pobre, sin moralidad. Rousseau llega a afirmar que el legislador debe “cambiar, por decirlo así, la naturaleza humana [...] de alterar la constitución del hombre para reforzarla”. Esta visión, que otorga al Estado la capacidad de transformar al ser humano, es un eco de la función moralizante que Maquiavelo atribuía a las leyes y al príncipe.

A pesar de estas indefiniciones, la parte más vigorosa de la teoría de Rousseau coincide con Maquiavelo: la convicción de que la asociación política ejerce una influencia benéfica poderosa. Solo a través de ella el hombre accede a la civilización, la moralidad y la igualdad. El poder político se ejerce, sin dudas, en beneficio de los gobernados. Como lo expresa en el Discurso sobre la Economía Política: “Si bueno es emplear a los hombres tal cual son, mejor es aún tornarlos tal y como se necesita que sean [...] Cierto es que a la larga los pueblos son como los hacen los gobiernos”.

Tabla Comparativa: Naturaleza Humana

AspectoMaquiaveloRousseau (Posturas Variadas)
Naturaleza HumanaConsistente: El hombre es inherentemente malo, ingrato, voluble, etc.Ambivalente: Proclama la bondad natural, pero también la corrupción por la sociedad y la necesidad de que la sociedad "cambie" la naturaleza humana.
Rol de las InstitucionesPueden corregir la maldad humana, infundir virtud, salvar al hombre de su miseria moral.Esenciales para la moralidad, civilización y libertad; el estado civil es superior al natural para el desarrollo moral.
Estado de NaturalezaNo se explora en detalle, pero se infiere un estado de conflicto o potencial conflicto dada la maldad intrínseca.Contradictorio: A veces idealizado como paraíso de bondad, otras veces denostado como existencia pobre y amoral, o incluso un estado de guerra.

El Republicanismo: Entre la Libertad y la Voluntad General

Tanto Maquiavelo como Rousseau son figuras centrales en la tradición del republicanismo moderno, aunque sus concepciones presenten importantes matices. Su republicanismo se manifiesta en dos dimensiones esenciales: la elección de la república como la mejor forma de gobierno y la prioridad de la entidad pública sobre los individuos.

¿Cuál es la influencia de Maquiavelo en Rousseau?
El preceptor del pueblo Como se ha visto, la influencia ejercida por Maquiavelo en Rousseau puede apreciarse en muchas opiniones y temas tratados por este último, tal como se ha mostrado en las páginas anteriores con algunos de los más relevantes, como la naturaleza humana y el republicanismo.

Forma de Gobierno y Soberanía

Para Maquiavelo, la república es sinónimo de libertad y amplia participación ciudadana, en contraste con la monarquía. La considera más duradera, propicia para la formación de hombres virtuosos, la generación de riqueza y la estabilidad. Sin embargo, no tiene un compromiso incondicional; un Estado puede adoptar una u otra forma según las circunstancias y la necesidad. Acepta el ciclo político de las formas de gobierno, donde una monarquía puede convertirse en república y viceversa.

Rousseau, influido por Maquiavelo y Bodino, sume la noción de república en la ambigüedad. A veces distingue claramente república y monarquía, pero en el Contrato Social, la define simplemente como un gobierno donde impera la ley. Desde esta óptica, incluso una monarquía puede ser una república si se rige por la ley. Rousseau identifica la república con la voluntad soberana, entendida como la expresión de la voluntad general a través de la ley. Para él, la soberanía no distingue entre individuos, sino entre el todo (la entidad colectiva) y la parte (el individuo), estableciendo una relación directa entre la soberanía y una república democrática. Esto marca un paso crucial hacia el concepto moderno de soberanía, donde el poder reside en la colectividad y se expresa a través de la voluntad general.

Mientras Maquiavelo se preocupaba por la gobernabilidad de los Estados y su conservación, Rousseau ponía el acento en la legitimidad. Para el florentino, la primera responsabilidad del Estado es mantenerse, justificando cualquier medio para lograrlo en aras de la preservación de gobernantes y gobernados. Para el ginebrino, la primera responsabilidad es ser legítimo, que sus mandatos se ajusten a la ley, expresión del asentimiento universal de los ciudadanos. Aunque ambos valoran el imperio de la ley, para Maquiavelo las leyes deben corresponderse con las costumbres, mientras que para Rousseau, la ley emana de la voluntad explícita del pueblo, convirtiéndose en un instrumento de cambio y acción.

La Prioridad del Interés Público

Una coincidencia fundamental es la convicción de ambos en que la fuerza y virtud de un Estado residen en la prioridad de los asuntos públicos sobre los particulares. Maquiavelo lo expresa al decir que “lo que hace grandes las ciudades no es el bien particular, sino el bien común”, y que las repúblicas bien ordenadas deben mantener “al erario rico y al ciudadano pobre”.

Rousseau no solo comparte esta idea, sino que la lleva a un extremo. En el Contrato Social, advierte que “tan pronto como el servicio público deja de ser el principal asunto de interés de los ciudadanos y prefieren servir con sus bolsillos a hacerlo con su persona, el Estado se halla próximo a su ruina”. En el Proyecto de Constitución para Córcega, afirma: “quisiera que la propiedad estatal llegara a ser tan grande, tan fuerte, y la de los ciudadanos tan pequeña, tan débil, como ello sea posible”. Esta exigencia de entrega completa e incondicional al Estado, ejemplificada en la anécdota de la mujer espartana que celebra la victoria de la batalla antes que llorar a sus hijos caídos, ha llevado a críticos como Benjamin Constant a identificar a Rousseau como precursor del totalitarismo, al concentrar el debate no en quién detenta el poder, sino en la cantidad de poder que se entrega.

Para Rousseau, la libertad no consiste en hacer lo que uno quiere, sino en no estar sometido a la voluntad de otro, ni someter a otro a la propia. Esta concepción negativa de la libertad, centrada en la no-intervención y la autonomía moral, resuena con la idea maquiavélica de que la libertad del pueblo es “no ser oprimido”. La famosa frase rousseauniana “quienquiera se niegue a obedecer la voluntad general será obligado a ello por todo el cuerpo. Esto no significa sino que se le obligará a ser libre”, se interpreta mejor bajo esta luz: la obediencia a la ley que emana de la voluntad general es la única forma de garantizar la verdadera autonomía y evitar la "esclavitud" de los instintos o de voluntades particulares, permitiendo al individuo ser verdaderamente libre en el ámbito moral y político.

La Cuestión de las Divisiones y la Opinión Pública

Mientras Maquiavelo reconocía que ciertas divisiones internas podían fortalecer una república al garantizar el equilibrio entre las partes, Rousseau las miraba con desagrado, pues consideraba que las “asociaciones parciales” distorsionaban la voluntad general, aspirando a la unanimidad. La única forma de contrarrestarlas, paradójicamente, era multiplicándolas.

Un aspecto crucial, aunque menos explorado en el Contrato Social, es el papel de la opinión pública. En la Carta a D'Alembert, Rousseau describe la opinión como uno de los instrumentos más efectivos para influir en las costumbres del pueblo, junto con las leyes y el placer. Era consciente de que, en sociedad, el individuo vive a través de los otros, y su opinión es trascendente. En sus escritos más pragmáticos, como el Proyecto para Córcega y las Consideraciones sobre el Gobierno de Polonia, Rousseau propone mecanismos de control basados en la opinión pública, llegando incluso a sugerir que la sepultura de los monarcas se decidiera post-mortem según el veredicto público, y que se fomentara un clima de vigilancia e inspección mutua entre los ciudadanos para asegurar la entrega al servicio público.

¿Cuál fue el primer libro de Maquiavelo?
Maquiavelo comenzó a escribir la obra en 1512 durante su retiro en Sant'Andrea in Percussina; allí completó el primer libro, pero se detuvo ese mismo año para escribir El príncipe, 1 seguramente con la esperanza de que Lorenzo II de Médici, a quien está dedicado ese opúsculo, lo sacara de su situación de arresto.

Preguntas Frecuentes sobre la Influencia de Maquiavelo en Rousseau

¿Maquiavelo es realmente un republicano?

Sí, Maquiavelo es un republicano en el sentido de que considera la república como una forma de gobierno superior para el mantenimiento de la libertad, la virtud ciudadana y la estabilidad a largo plazo. Sin embargo, su republicanismo no es incondicional; él reconoce que la monarquía puede ser una forma de gobierno necesaria o conveniente según las circunstancias específicas de un Estado.

¿Rousseau creía en la bondad natural del hombre de forma consistente?

No de forma totalmente consistente. Aunque Rousseau es famoso por postular la bondad natural del hombre en obras como Emilio, en otras como el Contrato Social, describe el tránsito al estado civil como un proceso que le otorga al hombre moralidad y justicia, de las que carecía en el estado de naturaleza. Sus escritos muestran una ambivalencia sobre si el estado de naturaleza es un paraíso de bondad o una existencia limitada por el instinto.

¿Qué significa la frase de Rousseau "se le obligará a ser libre"?

Esta frase polémica significa que al obedecer la voluntad general, el individuo no se somete a la voluntad arbitraria de otro hombre o grupo, sino a una ley que él mismo, como parte del cuerpo soberano, ha contribuido a crear y que busca el bien común. En este sentido, la obediencia a la ley que emana de la voluntad general es la única forma de garantizar la verdadera autonomía y evitar la "esclavitud" de los instintos o de voluntades particulares, permitiendo al individuo ser verdaderamente libre en el ámbito moral y político.

¿Cómo se relacionan las ideas de Maquiavelo y Rousseau sobre el interés público?

Ambos autores coinciden en la primacía del interés público sobre el privado para la grandeza y fortaleza de un Estado. Maquiavelo enfatiza la importancia de que el erario sea rico y el ciudadano pobre, y que la virtud ciudadana se manifieste en la anteposición del bien común. Rousseau lleva esta idea al extremo, abogando por una entrega casi total del individuo al Estado y una minimización de la propiedad privada en favor de la estatal, buscando fusionar el interés personal con el público para lograr la cohesión social.

¿Cuál fue la visión de Maquiavelo y Rousseau sobre las divisiones internas en una república?

Maquiavelo consideraba que ciertas divisiones y disputas de baja intensidad entre las diferentes partes de la sociedad (como el senado y la plebe en Roma) podían ser beneficiosas, ya que garantizaban espacios de libertad y control mutuo. Rousseau, en cambio, veía las divisiones y las "asociaciones parciales" con desagrado, creyendo que debilitaban la voluntad general y la unanimidad necesaria para la cohesión de la república.

¿Maquiavelo consideraba El Príncipe un libro para republicanos?

Aunque Rousseau lo calificó así, El Príncipe fue escrito principalmente como una guía para príncipes, para aquellos que aspiraban al poder o buscaban aconsejar a gobernantes. Sin embargo, su análisis crudo de la política y el poder, así como su enfoque en la conservación del Estado y la virtù necesaria para el gobierno, contenían lecciones que Rousseau consideró valiosas incluso para el público republicano, especialmente en lo que respecta a la comprensión de los mecanismos del poder y la necesidad de un orden fuerte.

Conclusión

La influencia de Maquiavelo en Rousseau es innegable y multifacética, extendiéndose desde la concepción del Estado como una creación humana hasta la prioridad del bien público. Si bien Rousseau interpreta a Maquiavelo de una manera muy particular, presentándolo como un "preceptor del pueblo" y un republicano, esta reinterpretación revela más sobre las propias preocupaciones y soluciones del ginebrino. Ambos autores, a pesar de sus divergencias filosóficas y metodológicas, comparten una profunda preocupación por la estabilidad, la virtud cívica y la capacidad de las instituciones políticas para moldear a los ciudadanos. Las ambigüedades de Rousseau sobre la naturaleza humana y su radicalización del interés público, aunque buscan garantizar la libertad y la concordia, plantean también interrogantes sobre los límites del poder estatal y la autonomía individual, un debate que sigue siendo central en la filosofía política contemporánea. En última instancia, la relación entre Maquiavelo y Rousseau es un testimonio de cómo las ideas fluyen y se transforman, dejando una huella indeleble en la comprensión de nuestra propia condición política.

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