21/12/2021
La atmósfera previa a la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara se vio sacudida por un anuncio que encendió un intenso debate en el ámbito literario y social: la editorial Siglo XXI suspendía la presentación del libro Cuando lo trans no es transgresor de Laura Lecuona, alegando haber recibido “amenazas”. Este incidente no solo puso de manifiesto la creciente tensión en torno a la llamada “cultura de la cancelación”, sino que también reabrió viejas heridas sobre los límites de la libertad de expresión, la censura y el papel del arte en una sociedad cada vez más polarizada. La propia autora se sintió “cancelada”, mientras que voces como la de la periodista Láurel Miranda, quien había instado a la editorial a no ser “cómplice de discursos discriminatorios”, recordaban que la libertad de expresión no es absoluta y tiene un límite claro: cuando se atenta contra los derechos humanos. Este episodio fue el catalizador de una conversación profunda y, a menudo, incómoda entre destacadas autoras como Clara Obligado, Ariana Harwicz y María Galindo, quienes ofrecieron perspectivas tan diversas como el propio fenómeno que intentaban desentrañar.

- ¿Qué es la 'Cultura de la Cancelación' en el Ámbito Literario?
- ¿Quién Cancela y Quién es Cancelado? Las Dinámicas de Poder
- Crítica, Cancelación o Censura: Desentrañando los Términos
- El Papel de las Editoriales: Negocio, Ideología y Resistencia
- ¿Debe el Arte Tener una Misión Social o Política?
- Preguntas Frecuentes sobre la Cancelación en la Literatura
¿Qué es la 'Cultura de la Cancelación' en el Ámbito Literario?
El término “cultura de la cancelación” ha irrumpido con fuerza en el discurso público, pero su significado es tan escurridizo como las arenas movedizas. Para las escritoras reunidas en el debate, la cancelación va más allá de un simple boicot en redes sociales, aunque estas últimas jueguen un papel crucial. Ariana Harwicz, por ejemplo, observa una preocupante “docilidad” y “actitud servil” entre los artistas, una “sumisión absoluta a la doxa del momento”, a una suerte de “lengua oficial fascista” que, aunque sutil, conduce a la autocensura. Para ella, los mecanismos no son rústicos ni evidentes, sino un “coqueteo entre los autores y lo que se vende en el mercado”, aceptando escribir libros “placenteros y seductores” para la conformación de catálogos. La cancelación, en su visión, es un “modus operandi cotidiano, casi banal” que “arruina vidas”, llevando a autores al ostracismo o incluso al suicidio.
Clara Obligado, por su parte, aunque reconoce la potencia del término, prefiere situarlo dentro del contexto del feminismo y los debates sociales. Ella se posiciona en un punto intermedio, no estando de acuerdo con la cancelación per se, pero tampoco con la idea de que “se pueda decir cualquier cosa”. Para Obligado, el debate es interesante, pero no se puede negar una “cultura que tenemos inscrita en el cuerpo”, refiriéndose a las sensibilidades y límites éticos que la sociedad ha internalizado.
María Galindo, con una postura más radical, afirma estar “cancelada” y despoja al término de su aparente novedad. Para ella, la cancelación es un “hijo menor de la cultura del Facebook”, una red transnacional empresarial que administra las relaciones sociales. Lo que realmente subyace son fenómenos de larga data en el mundo editorial y cultural: censura, racismo, transfobia, exclusión, omisión y borramiento. Galindo cuestiona duramente “a quién miércoles estamos leyendo” y “a quién miércoles estamos publicando”, señalando un “círculo vicioso” que ha despojado a los intelectuales de su papel crítico para convertirlos en una “élite cultural” burguesa.
¿Quién Cancela y Quién es Cancelado? Las Dinámicas de Poder
La pregunta sobre quién ejerce la cancelación y quién la sufre revela complejas dinámicas de poder. María Galindo insiste en que la cancelación, en su sentido más profundo, es una herramienta de los sistemas dominantes para silenciar a los ya marginados. Cuando el discurso se invierte y se acusa a las “locas” (en su referencia a ciertas feministas o activistas) de “cancelar a los que nos cancelan”, se desdibuja la realidad de que la exclusión y el borramiento son prácticas históricas y sistémicas en la cultura y la edición. Para Galindo, aceptar racismo, transfobia o amenazas de muerte como algo “debatible” es inaceptable; hay una diferencia fundamental entre el debate plural y la permisividad del odio.
Clara Obligado coincide en que la cancelación está “inserta en la sociedad” y que el discurso puede ser invertido. Ella aboga por actitudes de debate que permitan el encuentro, en lugar de posturas que conducen al ataque y la incomprensión. Además, Obligado destaca que la cancelación también se aplica a figuras que nunca cuestionan su ideología y que son intocables, poniendo como ejemplo el caso de la obra de teatro sobre Teresa de Jesús de Paco Bezerra, vetada por la Comunidad de Madrid, lo que ella califica directamente de “censura”.
Ariana Harwicz, si bien reconoce la existencia de la censura oficial, se centra en la “lógica” de la cancelación cotidiana. Describe cómo el miedo se ha arraigado, con autores evitando la compañía de otros por rumores de “transfobia” o “misoginia”. Afirma que la cancelación se ha vuelto “democrática” en el sentido cínico de que “cualquiera” puede ser cancelado, incluso autores “heteronormativos, blanquitos, heteropatriarcales”. Sin embargo, subraya que las posturas no son siempre equivalentes: un acto transfóbico no es lo mismo que un acto antitransfóbico. La conversación se tensa al abordar ejemplos como el de un libro sobre la transexualidad en Francia cuyas conferencias fueron suspendidas por amenazas, lo que Harwicz interpreta como una forma de censura “de los dos lados”, aunque Galindo y Obligado insisten en que una postura de odio no es comparable a una de defensa de derechos.
Crítica, Cancelación o Censura: Desentrañando los Términos
La rapidez con la que las palabras se “vacían de significado” es una preocupación compartida. Clara Obligado prefiere el término “censura” por su claridad, pero no niega la utilidad de “cancelación” como concepto nuevo, siempre que se entienda que puede operar en distintas direcciones. Sin embargo, recalca que no está de acuerdo con la “masacre” arbitraria de personas en redes sin fundamento, comparándolo con la quema de brujas. La diferencia crucial, para ella, radica en que algunas cosas están del lado de los derechos humanos y otras no, exigiendo un debate más profundo.
Ariana Harwicz refuerza la idea de que la cancelación, aunque parezca un fenómeno del algoritmo, “arruina las vidas”. La “caza de brujas” no es solo cosa del pasado, y la historia demuestra que el miedo a no “molestar a tal colectivo” lleva a la autocensura, a no escribir, publicar o reeditar ciertas obras. Para ella, el “espíritu combativo” de otras épocas se ha diluido.
María Galindo insiste en la necesidad de ir más allá del “término muy lavado” de cancelación, que termina “relativizando” problemas graves. Cuando una persona lesbiana, marica o del sur se rebela contra un canon racista, se está defendiendo de una censura histórica y de un “borramiento”. No es lo mismo un texto que excluye y demoniza a las trabajadoras sexuales que un texto de trabajadoras sexuales que se reivindican. Galindo denuncia el “relativismo neoliberal” que equipara posturas de odio con las de emancipación.
| Concepto | Característica Principal | Ejemplos/Contexto |
|---|---|---|
| Censura | Prohibición o restricción oficial de una obra o expresión por una autoridad. | Veto de obra de teatro por el gobierno (caso Paco Bezerra en Madrid); intentos de la Iglesia de censurar a Pasolini. |
| Cancelación | Retirada de apoyo público o boicot a una persona o su obra, a menudo impulsada por la presión social o en redes. | Suspensión de la presentación de un libro por “amenazas” (caso Laura Lecuona); autores evitando a otros por acusaciones de transfobia. |
| Crítica | Evaluación, análisis y juicio razonado de una obra o idea, con el fin de generar debate y enriquecer la comprensión. | Debates literarios, análisis de textos, discusiones sobre el contenido de un libro. |
| Borramiento/Exclusión | Negación de existencia, visibilidad o voz a grupos o discursos marginados, a menudo de forma sistémica e histórica. | Racismo, clasismo, transfobia, homofobia y misoginia en el canon editorial y cultural, definiendo qué se publica y qué no. |
El Papel de las Editoriales: Negocio, Ideología y Resistencia
La discusión se extiende inevitablemente al papel de las editoriales. Clara Obligado es categórica: “En general las editoriales van a cancelar a un autor que no se vaya a vender bien.” La verdadera política, para ella, radica en la elección de a quién se publica y el valor económico de esa publicación. No se debe confundir “ideología con dinero”.

María Galindo subraya la existencia de “editoriales y editoriales”. Frente a los “grandes monstruos” como Planeta, Anagrama o Penguin Random House, que operan bajo una lógica “mercantil capitalista, colonial, clasista del libro”, ha surgido una “rebelión muy interesante” en forma de libros autogestivos, editoriales cartoneras y pequeñas editoriales independientes. Para Galindo, la lógica de lo que se publica y lo que no, no es una cuestión de calidad, sino de poder y mercado.
Ariana Harwicz, quien conoce el mundo editorial desde dentro, tanto las pequeñas como las grandes, confirma el “mucho cinismo”. Ha escuchado a editores decir que publican a mujeres “porque venden”. Aunque no desea que se deje de publicar a mujeres o a quienes fueron invisibilizados, advierte que no hay que ser “inocentes”. El mercado es un negocio y existe una “instrumentalización” de los discursos de defensa de lo marginal. La dificultad radica en “no ser el idiota útil”, en no caer en esa lógica mercantilista que desvirtúa las intenciones genuinas.
Una de las preguntas más controvertidas que surgió en el debate fue si el arte debe asumir una misión social o política. Ariana Harwicz es clara al respecto: “El arte no es una ONG.” Aunque ella misma ha militado por la justicia social y está de acuerdo con la conciencia social y la crítica al neoliberalismo, no le adjudica al arte “el poder de hacer justicia o tener misiones humanitarias”. Para ella, el arte “no lo hace ahora, no lo hizo nunca”. Su propósito es otro, quizás más ligado a la exploración de las complejidades humanas sin la obligación de ofrecer soluciones o moralejas.
María Galindo, en contraste, aunque no se opone explícitamente a esta visión, invita a leer a Pier Paolo Pasolini, quien, en su opinión, “ubicó muy bien las cosas, para qué escribir, por qué escribir”. Pasolini, asesinado por el fascismo, encarna un modelo de escritor comprometido, que no cedió ante la censura de la Iglesia y cuya obra se inscribe en un ámbito de conflicto y resistencia. Su figura sugiere que el arte, al menos para algunos, es intrínsecamente un acto político y social.
Preguntas Frecuentes sobre la Cancelación en la Literatura
¿Es la “cultura de la cancelación” una nueva forma de censura?
Las opiniones divergen. Algunos la ven como una forma moderna de censura, impulsada por la presión social y las redes. Otros, como María Galindo, argumentan que es un término “lavado” que disfraza fenómenos de exclusión y borramiento que siempre han existido en la industria cultural, como el racismo o la transfobia sistémica.
¿Dónde está el límite de la libertad de expresión en la literatura?
El consenso general, expresado por Láurel Miranda y Clara Obligado, es que la libertad de expresión no es absoluta y tiene un límite claro: cuando atenta contra los derechos humanos o promueve discursos de odio. Sin embargo, la interpretación de cuándo se cruza esa línea es el centro del debate.
¿Influyen las redes sociales en la “cancelación” de autores?
Sí, de manera significativa. Las redes sociales amplifican las críticas, permiten la viralización de acusaciones y ejercen una presión pública que puede llevar a editoriales o instituciones a suspender eventos o retirar apoyo a autores. María Galindo incluso las describe como una “red transnacional empresarial que administra las relaciones sociales”.
¿Cuál es el papel de las editoriales en este debate?
Las editoriales son actores clave. Por un lado, están sujetas a presiones de mercado y a la búsqueda de rentabilidad, lo que puede llevarlas a publicar lo que “vende” o a evitar lo que podría generar controversia. Por otro lado, también existe un movimiento de editoriales independientes y autogestivas que buscan contrarrestar las lógicas comerciales y coloniales de las grandes corporaciones, ofreciendo espacios a voces marginales.
¿Debe el arte tener una misión social o política?
No hay una respuesta única. Autoras como Ariana Harwicz defienden que el arte no es una “ONG” y su función no es la de hacer justicia social, aunque el artista pueda tener conciencia social. Otros, como María Galindo, sugieren que el arte, en su esencia, puede ser un acto profundamente político y de resistencia, citando a figuras como Pasolini.
El debate sobre la cancelación en la literatura es un reflejo de tensiones más amplias en la sociedad contemporánea. No hay respuestas fáciles ni verdades absolutas. Lo que sí es evidente es la necesidad de un diálogo profundo, que distinga entre la crítica constructiva, la censura autoritaria y las expresiones de odio, para así salvaguardar un espacio donde la literatura pueda seguir siendo un catalizador de ideas, incluso las más incómodas.
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