06/03/2025
En el vasto universo de las artes y las publicaciones, a menudo surgen confusiones terminológicas que impiden una comprensión clara de conceptos específicos. Uno de estos es el del 'Libro de Artista' (LA), una expresión que, a primera vista, podría parecer sinónimo de 'libro de arte'. Sin embargo, como bien señala José Emilio Antón en sus reflexiones, la distinción es fundamental y crucial para adentrarnos en la esencia de esta propuesta artística única. La afirmación más concisa y contundente que define al LA es: no es un libro de arte, es una obra de arte en sí.

Esta premisa sienta las bases para explorar un género que ha redefinido la relación entre el soporte, el contenido y la intención artística. El Libro de Artista es una creación concebida y ejecutada por un artista plástico o poeta visual, quien ejerce un control total sobre su desarrollo y posible edición. Esta cualidad artística integral es lo que lo diferencia radicalmente de lo que denominamos un 'libro común' o 'libro industrial', el cual, aunque pueda contener obras de arte, ilustraciones o fotografías, no es en sí mismo una creación artística concebida como tal.
- El Libro de Artista: Un Género Interdisciplinario
- Primer Dilema: El Formato y el Soporte
- Segundo Dilema: La Propia Denominación de los LA
- Tercer Dilema: Las Diferenciaciones del LA con el Libro Ilustrado
- Cuarto Dilema: La Relación entre los LA y los Libros de Bibliofilia
- Conceptos Cercanos al Libro de Artista
- Preguntas Frecuentes sobre el Libro de Artista
El Libro de Artista: Un Género Interdisciplinario
El surgimiento del LA como medio de expresión plástico se ubica en la segunda mitad del siglo XX. Nace con parámetros novedosos y diferenciados de la pintura, la escultura o las obras literarias editadas. Esta singularidad lo ha consolidado como un género artístico propio e independiente, fundamentalmente interdisciplinario. Al igual que la ópera, el cine o el cómic en su momento, el Libro de Artista ha logrado establecerse como una disciplina con reglas y posibilidades estéticas inherentes.
Los artistas que abrazan este formato, aunque se inspiran en el libro común, lo hacen para subvertir su función tradicional. Del libro industrial, toman el formato y el soporte, pero le insuflan una nueva vida. Valoran la continuidad que proporciona el paginado, introduciendo un factor temporal que se despliega al pasar las páginas en una secuencia deseada. Este elemento temporal es compartido con otros géneros del siglo XX, como el videoarte, la performance o el cómic. Asimismo, el LA explora el juego participativo del lector/manipulador y un profundo componente sensitivo, que puede ser táctil, olfativo o visual.
Paralelamente, los artistas reconocen y valoran del libro común factores como la economía en su producción, su portabilidad y fácil manejo, y su inmensa capacidad difusora y democratizadora de la cultura, lo que ha convertido al libro en el símbolo universal del conocimiento. Esta fascinación de los artistas por el libro no es nueva; históricamente, han sido colaboradores del mundo editorial a través de miniados, grabados, ilustraciones y diseños de portadas, pero con el LA, el libro se convierte en el fin, no solo en el medio.
Primer Dilema: El Formato y el Soporte
Uno de los primeros debates en torno al Libro de Artista se centra en su formato y soporte. El movimiento Fluxus, en los años 50, fue pionero en la difusión de ideas utópicas a través de la edición de sus libros y libros-caja. Figuras como Maciunas, Vostell, Filliu, Beuys, junto con Ruscha y Roth, sentaron las bases del concepto de LA, influyendo en las ediciones de artistas actuales. Para estos artistas, muchos de ellos activistas comprometidos con desarrollar un espíritu crítico, el libro se convirtió en un soporte ideal para difundir consignas ideológicas que perdurarían más que sus efímeras acciones (happenings, performances). Servían como estudios previos, agendas de trabajo, guiones o incluso para registrar, archivar y divulgar la acción posteriormente. Por su tamaño y bajo coste, el formato de libro tradicional era ideal para la difusión de estas obras que ya se constituían en auténticos LA.
De ahí que algunos teóricos iniciales del LA opinaran que estas obras debían aproximarse lo más posible al libro común, utilizando sus materiales y formatos propios y evitando elementos extraños o formas exóticas. Sin embargo, la realidad de exposiciones y ferias de LA ha superado con creces esta idea. La libertad creativa y las múltiples posibilidades técnicas han resultado en una enorme variedad de obras y acabados. Limitar la creatividad de los artistas imponiendo formatos y soportes establecidos es una restricción de la libertad creativa, una idea inherentemente negativa. Quizás esos teóricos olvidaron que los códices occidentales no han sido los únicos soportes, y que la información a lo largo de la historia ha tenido múltiples formas y materiales de transmisión: desde los pictogramas de las cuevas prehistóricas, pasando por las tabletas de barro sumerias (2.300 a.C.), los papiros egipcios, las tablas enyesadas griegas, las enceradas romanas, las tablillas tibetanas, los rollos japoneses, diversas placas metálicas, materiales vegetales, conchas, huesos, vitelas, y, por supuesto, el papel. El libro de artista, por lo tanto, es una obra de arte realizada por un artista visual que utiliza, para elaborar su obra, el formato del libro actual normalizado, o que se inspira en cualquiera de los soportes históricos de la transmisión escrita. Un ejemplo de esta utilización de soportes históricos es la obra de Gérard de Brénnel.
Segundo Dilema: La Propia Denominación de los LA
Otra fuente de confusión es la denominación de 'libro objeto' para referirse a cualquier LA que no se ajuste a los formatos tradicionales del libro industrial. Si bien las publicaciones de Fluxus o los artistas de acción podían cumplir estas normas, la variedad actual escapa a esa mirada rígida. A menudo, se ha pasado a denominar de forma global a todos los LA como 'Libros objeto', una denominación que, a mi parecer, no debería usarse.
El diccionario de la RAE define 'objeto' como: “Todo lo que puede ser materia de conocimiento o sensibilidad de parte del sujeto, incluso de este mismo”, o “Aquello que sirve de materia o asunto al ejercicio de las facultades mentales”, o “Cosa, especialmente la de carácter material”. Según estas definiciones, cualquier cosa material o de conocimiento es un objeto. Así, un texto de mecánica, las poesías de José Emilio Pacheco o un libro sobre Velázquez podrían ser definidos como objetos. Por lo tanto, llamar 'libros objeto' a lo que es simplemente un libro de artista es una indefinición total. Las obras que denominamos genéricamente Libros de Artista deberían tener una ampliación en su definición con subgrupos que las caractericen más concretamente. Un LA puede tener la forma, imagen y características cercanas al libro común, con la posibilidad de ser hojeado, o bien puede renunciar a parte o a toda capacidad transmisora de información y del factor temporal en beneficio de potenciar la imagen tridimensional o escultórica. También puede ser un ejemplar único, seriado o editado, y estar realizado en muy diversos formatos o con muy diversos materiales. Por lo tanto, a la denominación genérica de LA habría que añadir alguna característica más que pudiera clarificar y ayudar a definir mejor lo que es: una obra de arte.
Tercer Dilema: Las Diferenciaciones del LA con el Libro Ilustrado
La relación entre el Libro de Artista y el libro ilustrado es de gran importancia histórica, pero sus diferencias son marcadas. El libro ilustrado es primordialmente literario. La aportación plástica de los artistas e ilustradores, por muy relevantes que sean, es siempre una colaboración que apoya al texto del escritor. Como afirmaba Matisse: “El ilustrador siempre ejercerá de simple acompañamiento, como un segundo violín en una orquesta”. En el libro ilustrado, el artista plástico está al servicio del texto literario. Aunque el LA debe un gran tributo al libro ilustrado, sus diferencias son evidentes.

El LA es una obra autónoma e independiente, un género dentro de las artes plásticas, en el que pueden convivir textos e imágenes, pero que es una obra cerrada, cuyo único autor la concibe, realiza o controla su producción íntegramente como obra de arte. Los libros ilustrados no se pueden considerar como «la obra de arte de un artista», que es lo que marca la diferencia esencial con los libros de artista. Cathi Coleman, en el catálogo de la exposición de LA de Madrid (1982), señalaba que “La relación del artista-literato, promovida a principios del s. XX por Ambrois Vollard y los bibliófilos franceses no concuerda con la finalidad de los LA”.
La tradición de los libros ilustrados en Occidente se remonta a los «libros del geómetra» griego Eudoxo de Cnido o a «Imagine» del romano Terencio Varón (con sus 700 retratos), además de las culturas orientales como la persa, japonesa o china. Posteriormente, en Occidente, encontramos la tradición de copistas y amanuenses de los monasterios medievales, la producción de la imprenta con el Apocalipsis de 1498 con xilografías de Durero, o los libros ilustrados mediante grabados de Cranach, Rembrandt o Doré. Sin embargo, la calidad y la intencionalidad más plástica de las obras del siglo XX, con ilustraciones de Picasso, Chagall, Dubuffet, Dalí o Miró, hacen que estos últimos libros, con ediciones exquisitas, influyan de gran manera en las obras en formato libro de los artistas plásticos actuales. Es importante destacar que el valor o la calidad de los libros ilustrados puede, en muchas ocasiones, superar a algunos LA, pero el objetivo aquí es diferenciar claramente los dos tipos de obras para entender los conceptos de los que hablamos, sin entrar en valoraciones artísticas o económicas.
Cuarto Dilema: La Relación entre los LA y los Libros de Bibliofilia
La bibliofilia, definida como la «Pasión por los libros, especialmente por los curiosos o raros», podría parecer que abarca a los actuales LA, pero generalmente no es así. Los ejemplares para bibliófilos se encuentran normalmente en librerías especializadas o anticuarios, mientras que los LA se comercializan en lugares dedicados a las obras plásticas, como las galerías de arte. Desafortunadamente, la bibliofilia está más cercana a la concepción literaria que a la de las artes plásticas, lo que nos deja, por el momento, sin los potenciales coleccionistas que habitualmente adquieren dichas obras de bibliofilia.
A la producción editorial de ediciones facsímiles de códices, libros manuscritos ilustrados e iluminados, como «El libro de los muertos del antiguo Egipto», «El libro de horas de Ana de Bretaña», o «Las muy ricas horas del Duque de Berry» de la editorial Casariego, «El Beato de Liébana» o «El Apocalipsis de 1313» de la editorial Moleiro, o la «Biblia de la Casa de Alba» de la Fundación Amigos del Sefarad, se las relaciona con el arte de la reproducción. A este tipo de obras de muy cuidada edición, y relacionadas normalmente con la cultura de la Edad Media, las podemos denominar Ediciones de Arte. Todas estas definiciones fueron tratadas en el primer encuentro internacional organizado por www.librosdeartista.info, denominado «Primer encuentro en red sobre el LA, el libro ilustrado y la edición de arte», con el convencimiento de que estas tres denominaciones abarcaban por sí mismas a muchos de los libros relacionados con las artes en general.
Conceptos Cercanos al Libro de Artista
Las Carpetas de Obra Gráfica
Dentro de la denominación de 'ediciones de arte' podríamos incluir las carpetas o cajas que contienen obra gráfica. Normalmente, están pensadas para contener la obra gráfica de un artista o de una selección de artistas, en torno a un tema determinado y con obras de diferentes técnicas (calcografía, xilografía, litografía, serigrafía o electrografía). A este tipo de carpetas se les suelen añadir páginas con un texto impreso, bien porque las obras lo ilustran o porque es una presentación literaria de la obra gráfica realizada por el artista o artistas. Ejemplos en España incluyen obras del recientemente fallecido José Hernández, como Bacanal (1975) con textos de Buñuel, o Une saison en enfer (1981) de Rimbaud. Estas carpetas suelen numerarse, como toda la obra gráfica, y son adquiridas, en gran parte, para que las obras que contienen puedan ser enmarcadas por separado, perdiendo así su carácter unitario. Este tipo de colecciones, reunidas en carpetas o cajas con su presentación y textos, son también ediciones de arte que se acercan al concepto del LA, teniendo en cuenta que una parte de los LA actuales también se realizan mediante técnicas de impresión artística. Sin embargo, las carpetas con obra gráfica no tienen la concepción inicial de ser una obra de arte en sí mismas.
Las Revistas Ensambladas
Otra posibilidad cercana al LA es la de las cajas o contenedores de obras colectivas, denominadas Revistas Ensambladas. Sus antecedentes más claros son los cadáveres exquisitos surrealistas. Según Antonio Gómez, artista, poeta visual, autor de LA y coleccionista: “A principios de los 60, el intercambio directo entre creadores propició la aparición de revistas ensambladas, publicaciones colectivas confeccionadas exclusivamente con obras originales en las que el planteamiento fundamental de su contenido suele ser visual; el texto en ellas pierde la importancia que puede alcanzar en otro tipo de revistas normalizadas o comerciales, y queda subordinado por el atractivo que aportan formas, imágenes, objetos y texturas”.
Todo se basa en un intercambio por correo postal. El coordinador de estas revistas actúa como intermediario, recibiendo de todos los participantes un número de obras previamente fijado, a menudo sobre un tema concreto y con la única limitación del tamaño impuesto por las medidas de la carpeta, caja o contenedor. Al tratarse de obras originales –aunque algunas acogen también trabajos, cuadernillos o suplementos editados con técnicas de impresión comercial– la tirada es limitada, oscilando entre 20 y 100 el número de trabajos solicitados, lo que les confiere un carácter más singular que exclusivo. Una vez completado el proceso de encarte o montaje, el coordinador facilita un ejemplar a cada colaborador para asegurar la continuidad del proyecto. Estas propuestas surgieron como una respuesta a los procedimientos anquilosados, desarrollando un espíritu crítico y transmitiendo mensajes más acordes con la realidad, ajenos a galerías, críticos, comisarios, ferias, museos y responsables de la cultura oficialista. La satisfacción de los logros impulsa la continuidad de estas experiencias, que se convierten en patrimonio particular de aficionados y amantes de diversas expresiones artísticas. Algunas de estas revistas ensambladas en España son: Veneno, Piedra Lunar, Arco Iris, La Más Bella, La Caja de Truenos y Branques. Entre las más recientes destaca LA LATA, cuyo contenedor es una lata de conservas cerrada herméticamente con objetos artísticos únicos. La revista ensamblada RAS, fundada en 1996 en Cuenca, surge de las siglas Revista de Arte Sonoro, presentándose en formato CD y dedicada a difundir obras y documentos sonoros de artistas plásticos y músicos. Es la única revista periódica española que presta atención al arte sonoro. Como obra colectiva realizada por artistas plásticos, no se puede considerar estrictamente libro de artista, porque aunque tenga un argumento concreto y unificador, no está pensada expresamente como una obra de un artista determinado. Es, por tanto, un ejemplo más de obra colectiva que se aproxima al concepto de LA.
Las revistas ensambladas también se encuadran dentro del movimiento del Mail Art, ya que se reúnen y distribuyen gracias al correo y carecen de compensación económica, siendo sobre todo una comunicación entre personas, artistas o no. Otra variante es el envío de una obra a un artista para que este añada una nueva obra y la envíe al siguiente, creando una cadena. El formato desplegable en acordeón es ideal para estas obras colectivas. Además de la diversidad de formatos e ideas de las revistas ensambladas, existen publicaciones de ediciones independientes o marginales de artistas plásticos o poetas visuales que pueden ser consideradas LA o que están cercanas a su órbita, creando un mundo complejo pero de extraordinaria riqueza.
Preguntas Frecuentes sobre el Libro de Artista
- ¿Cuál es la diferencia principal entre un libro de arte y un libro de artista?
- La diferencia fundamental es que un libro de arte es un libro que trata sobre arte (contiene reproducciones, estudios, etc.), mientras que un libro de artista es una obra de arte en sí misma, concebida y realizada por el artista como una pieza única o seriada.
- ¿Por qué el libro de artista es considerado un género artístico propio?
- Es un género propio porque utiliza el formato del libro como un medio de expresión plástico con parámetros nuevos y diferenciados de otras disciplinas como la pintura o la escultura. Es fundamentalmente interdisciplinario y se basa en la concepción integral del artista sobre la obra en formato libro.
- ¿Qué es un 'libro objeto' y por qué no es el término más adecuado para un libro de artista?
- El término 'libro objeto' se usa a veces para libros de artista que no se ajustan a formatos tradicionales. Sin embargo, no es el más adecuado porque la palabra 'objeto' es demasiado genérica (todo lo material o de conocimiento es un objeto), lo que no define la especificidad ni la intención artística de un libro de artista.
- ¿Cómo se relaciona el movimiento Fluxus con el origen del libro de artista?
- El movimiento Fluxus, en los años 50, fue clave en la difusión de ideas utópicas a través de sus publicaciones y libros-caja. Artistas como Maciunas o Vostell utilizaron el libro como un soporte ideal para difundir sus planteamientos ideológicos y registrar sus acciones efímeras, sentando un precedente importante para el concepto del LA.
- ¿Qué son las 'revistas ensambladas' y cómo se conectan con el libro de artista?
- Las revistas ensambladas son publicaciones colectivas, a menudo en cajas o contenedores, que se componen de obras originales enviadas por diversos artistas, coordinadas por un intermediario. Se distribuyen generalmente por correo (Mail Art) y priorizan lo visual. Aunque no son estrictamente un Libro de Artista (al no ser obra de un único artista), se aproximan a su concepto por su carácter experimental, su formato no convencional y su distribución independiente.
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