¿Qué es la muerte en cadena?

Mujeres Extraordinarias: La Fuerza del CNP

24/12/2023

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Desde siempre, la idea de salvar el mundo ha cautivado la imaginación de muchos, especialmente en la infancia. Sin embargo, para algunas, esa fantasía se transformó en una vocación de servicio público, una elección profesional que, en otros tiempos, era impensable para las mujeres. Hoy, la presencia femenina en profesiones antes dominadas por hombres, como la policía, es una realidad palpable y esencial. Este artículo está dedicado a esas mujeres que, más allá de ser madres, esposas, hijas o amigas, son ante todo, Policías con mayúsculas, entregadas a proteger a la ciudadanía.

¿Qué pasó tras la muerte del conde de la cadena?
Tras la muerte del Conde de la Cadena, quedó al resguardo de uno de sus descendientes y su hija. Debido al sufrimiento y torturas que vivieron los tlahuicas, se dice que los muros escondían lamentos y dolor. Es así como los nuevos dueños del lugar tuvieron una muerte trágica.

Ellas son Sonia, Natalia, Macarena, Mercedes, Cristina y Mónica. Cada una, desde su unidad, teje una parte de la compleja y vital labor que desempeña el Cuerpo Nacional de Policía (CNP). Sus historias son un testimonio de valentía, dedicación y un profundo compromiso con la seguridad y el bienestar de todos.

Índice de Contenido

Sonia P.: El Latido de la UPR en Sevilla

Una sonrisa radiante nos recibe en la Comisaría de Blas Infante, en Sevilla. Sonia P., de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR), es un torrente de energía que nos sumerge en la vida de una mujer policía. Diplomada en turismo, licenciada en psicología y psiquiatría forense, y políglota, Sonia es un ejemplo de preparación y vocación. Junto a su equipo, trabaja diariamente para brindar protección a los sevillanos, a menudo de forma casi invisible hasta que su intervención es crucial. Con más de 9.000 mujeres en el CNP a nivel nacional, su presencia es una fuerza innegable.

Sonia relata experiencias que marcan profundamente, como su participación en la Operación Copérnico en Cataluña, describiéndola como «más dura de lo que se vio en televisión». Su motivación para elegir esta profesión es clara: «Me encanta ayudar a las personas y tengo interiorizada esta profesión… Recuerdo que siempre quise ser policía. Fíjate si esto es así que cuando era pequeña y veía un coche de la policía, le tiraba besos porque quería ser como ellos».

El camino para llegar hasta aquí no es fácil. Las pruebas físicas, idénticas para hombres y mujeres (aunque con más tiempo para ellas), requieren una disciplina férrea. Sonia defiende la igualdad en las pruebas, convencida de que «preparándolas con tiempo, con esfuerzo y con disciplina se consigue». Su madre, al principio alarmada por su elección, hoy la ve con orgullo, al igual que su padre. Sin embargo, el miedo es una constante, especialmente en situaciones de alto riesgo. «En Madrid, en Vallecas, me sacaron una pistola… Actúo con cabeza pero no me paro a pensar en las consecuencias negativas que me pueda acarrear una actuación… Es a posteriori cuando veo lo que podría haberme pasado».

La satisfacción de su trabajo radica en el agradecimiento ciudadano y en la certeza de volver a casa con su equipo: «tu trabajo ha ido bien porque hemos salido de base juntos y volvemos juntos… Yo quiero volver con los que me he ido». Pero también hay momentos de profundo dolor, como comunicar la muerte de un hijo a sus padres, una experiencia que la ha hecho llorar. Ante los insultos, su respuesta es contundente: «Sé que me van a humillar. Sé que me van a insultar, pero también sé que me van a necesitar y siempre voy a estar ahí… Soy capaz de dar mi vida». Su lema y el de su equipo de la UPR, es un reflejo de su compañerismo: «Lánzame a los lobos y me verás luchar con la manada… siempre juntos porque si cae uno, caemos todos».

Como la única mujer en su grupo de la UPR en Sevilla (rayo 26), Sonia se enfrenta a percepciones erróneas. Algunos la ven como un elemento débil por ser mujer, pero ella lo transforma en fortaleza. No tiene pareja ni hijos, aunque se considera «madre perruna». La conciliación es un gran desafío en su profesión, con índices de divorcio elevados debido a las largas ausencias y la imprevisibilidad de los horarios. «Si tuviese pareja tendría que asumir a lo que me dedico porque mi trabajo, junto a mi familia y el deporte es lo principal y hay muchos hombres que no lo entienden».

La violencia de género es un tema que la afecta profundamente. La impotencia ante mujeres que no denuncian por dependencia o miedo, y las agresiones sexuales a menores, como el caso de una niña de siete años violada por un amigo de la familia, son las experiencias más difíciles. «Eso ha sido lo más desagradable que he vivido. El tema de menores lo llevo muy mal… Eso… y llevar el féretro de un compañero de La Línea de la Concepción. Se suicidó… No lo olvidaré nunca». A pesar de todo, si tuviera una hija y quisiera ser policía, la apoyaría: «porque es una profesión muy bonita». Sonia nunca se ha sentido marginada por sus compañeros, quienes la han enseñado y apoyado. Ella solo pide ser tratada «como una más», sin consideración por su género. Vive el día a día, sin mirar al futuro lejano, y jamás dejaría su trabajo por un hombre, solo por su madre o un hijo. Ver a una niña admirar a la policía y desear ser princesa, le reafirma el sentido de su vocación y su vida entregada al servicio público.

Natalia J.P.: La Conexión Canina y el Servicio Esencial

En un entorno ruidoso de ladridos, Natalia J.P. de la Unidad Especial de Guías Caninos, nos recibe con la serenidad de quien trabaja en completa sintonía con sus peculiares compañeros. Acompañada de Rayo, un perro especializado en encontrar billetes y armas, Natalia es la única mujer en un equipo de trece personas. Su unidad es fundamental, apoyando a otras en la búsqueda de explosivos o estupefacientes en estaciones o durante visitas de altas personalidades.

Natalia, que estudió farmacia pero siempre sintió la llamada del servicio público, ha pasado por Seguridad Ciudadana y Científica antes de unirse a esta unidad hace cinco años. Su amor por los perros es evidente, y se refleja en la conexión que tiene con ellos, animales que, al jubilarse, pueden quedarse con sus guías. Casada y con dos hijas, Natalia logra compaginar su vida laboral y familiar con «organización y planificación», aunque a veces necesite ayuda para los turnos de noche. El trabajo en equipo es crucial: los agentes siempre operan en parejas para garantizar la seguridad mutua y la del can. Al igual que sus compañeras, Natalia no se ha sentido discriminada y reconoce que, aunque no siente miedo, siempre está «en alerta».

Macarena L.: Seguridad Ciudadana, Un Compromiso Sin Límites

Macarena, con 34 años y una oposición aprobada a los diecinueve, es una luchadora incansable que ha trabajado en múltiples oficios antes de alcanzar su meta de ser agente del CNP. Esta experiencia le ha proporcionado un profundo conocimiento de las personas, invaluable en su labor diaria. Su familia, mayoritariamente Guardia Civil, recibió con «disgusto» su elección de ser policía, pero su determinación fue más fuerte.

Con quince años en el cuerpo, Macarena ha estado destinada en Segovia, Valencia, Madrid, Ceuta, Melilla, e incluso en servicios internacionales en Pakistán, Colombia y Mauritania. Como dice su compañero Juan, ha sido «policía nacional e internacional», adquiriendo una rica experiencia. Para ella, «lo mejor que he vivido en la policía es… ¡TODO!», destacando la calidad de sus jefes y compañeros, a quienes considera familia. Sin embargo, también ha enfrentado momentos terribles, como la muerte de un joven al que intentaron auxiliar. «Cada vez que paso por la calle en la que ocurrió siempre pienso en él».

Macarena y Juan, su «pareja» profesional, comparten turnos, especialmente por la noche, donde se encuentran con lo mejor y lo peor de la sociedad. La satisfacción de ayudar a otros es su motor: «Siempre hay algo bueno porque cuando acudes a una llamada y puedes ayudar, eso te reconforta, te sientes útil». La sincronía en el coche de patrulla es total, vital para llegar a las actuaciones rápidamente y con seguridad. Ante los insultos, actúan con profesionalidad, invitando a la corrección o interviniendo si hay delito. «Se viven situaciones muy tensas pero en algunas ocasiones, cuando se calman incluso perdón».

La conciliación con su pareja, también policía, es un desafío que manejan con organización. «Si no puedo dormir y llego de saliente, me pongo a fregar. Mi pareja cocina y además como tenemos los dos el mismo turno nos compaginamos muy bien». Aunque sacrifican momentos familiares, lo llevan «bien».

¿Qué es la muerte en cadena?
La muerte en cadena es un peligro con el que se pueden encontrar todos los días. Por lo tanto, es necesario tener mucha sangre fría para contener el impulso de acudir rápidamente a rescatar al compañero.

Macarena, que estuvo dos años en la UFAM (Unidades de Familia y Mujer), es especialmente sensible a los casos de violencia de género. Siente que las mujeres se sienten más reconfortadas cuando es una agente la que las atiende. Para ella, ser policía no es un trabajo de ocho horas, sino una forma de vida: «Nunca. Ser policía es un trabajo pero también es una forma de vida porque no haces cosas que hacen otros. Tienes que tener más cuidado… No dejo de ser policía. Miro todo lo que está alrededor. Es deformación profesional». Ha sufrido lesiones en el cumplimiento del deber, pero su sentido de servicio es tal que solo se da cuenta del peligro «cuando terminan una actuación». Macarena no siente la necesidad de demostrar nada por ser mujer; sus compañeros la respetan y valoran. Actualmente, oposita para la escala de subinspección, con una prometedora carrera por delante. Su primer mandamiento diario es ayudar y auxiliar a las personas, una misión que comparte con Juan, quien la mira con admiración y cariño.

Mercedes R. y Cristina M.: La Majestuosidad de la Caballería

La Unidad Especial de Caballería es, sin duda, una de las más espectaculares del CNP. Mercedes R. y Cristina M. nos introducen en este mundo donde los agentes a caballo representan una autoridad imponente. Participan en eventos masivos como partidos de fútbol o cabalgatas, y acceden a zonas de difícil acceso, además de proteger a personalidades. Mercedes, con su seguridad, y Cristina, enérgica y dedicada a la doma de potros, son el complemento perfecto en esta unidad mayoritariamente masculina.

El cuidado de estos animales es una labor diaria y gratificante, que va más allá del momento de montar. Horas de doma, preparación y atención son cruciales. Los caballos, de fuerza descomunal, deben enfrentar situaciones de estrés extremo, como los derbis, y estas mujeres los dominan con destreza, sentido común, respeto y cariño. Mercedes y Cristina forman un tándem inseparable con sus monturas, sintiendo una conexión que les ha salvado y ayudado en numerosas ocasiones, un testimonio de la nobleza de estos animales.

Mónica E.G.: La Audacia del Subsuelo y la Protección Ambiental

La última parada nos lleva a la Unidad de Subsuelo y Protección Ambiental, una de las más complejas y peligrosas. Mónica E.G. es la única mujer en Andalucía en esta unidad tan técnica y especial. Rafael, el agente más veterano, expresa el orgullo del equipo por tenerla: «Es un orgullo para nosotros que Mónica esté en esta unidad porque es la única mujer en Andalucía… Es una compañera en todos los sentidos». Su equipo la describe como optimista y predispuesta, aportando «muy buen rollo».

Estos agentes trabajan en espacios confinados, oscuros, angostos y con ventilación desfavorable. Se enfrentan a gases tóxicos, inflamables, aguas fecales, ratas y cucarachas. Cuando uno se asoma a una alcantarilla abierta, se percata de la importancia de este equipo para la seguridad de todos. El peligro más significativo al que se enfrentan es la muerte en cadena. Este término, en su contexto, se refiere al riesgo de que un compañero se vea afectado por las condiciones adversas del subsuelo (gases, falta de oxígeno, etc.), y el impulso natural de otro compañero de acudir a su rescate sin las precauciones necesarias, provocando que también este último caiga en la misma situación de peligro. Para evitarlo, aplican protocolos de seguridad estrictos: tres personas permanecen fuera mientras solo dos realizan la inspección, avanzando de 25 en 25 metros en las entrañas de la ciudad. Cinco personas trabajan en formación como si fueran una sola, anticipándose a cualquier eventualidad.

Lo comprueban absolutamente todo: abren tapas para ventilar, miden niveles de gases, revisan equipos de protección una y otra vez. La protección es primordial en esta especialización. Acceden a colectores, pozos profundos de aguas movedizas, sabiendo que su presencia es necesaria incluso en el subsuelo. Su equipo cuenta con taquillas separadas para ropa de trabajo y personal debido a la posible adherencia de bacterias y virus, que no pueden llevar a casa por protocolo. Lavar la ropa en el mismo lugar de trabajo es una medida de seguridad. Lo que sí se llevan a casa es el afán por cuidar de los demás sin esperar reconocimiento explícito.

Mónica, además, destaca por ser madre soltera, conjugando una vida profesional al límite con la personal, donde un niño pequeño espera a una madre que, aunque ella lo niegue, no es como las demás. Su compromiso es una prueba de que la superación no tiene límites.

El Eslabón Invisible: Prensa y Protocolo

Detrás de estas historias, la labor de Ana Cambón, Inspectora Jefa de la Unidad de Prensa y Protocolo, y Macarena de la Palma, policía en la misma unidad, fue fundamental. Su paciencia infinita y las facilidades que brindaron hicieron posible este reportaje. Ellas son parte de esas «Mujeres Valientes» que confiaron en la visibilidad de estas historias, permitiendo que Sonia, Natalia, Macarena, Mercedes, Cristina y Mónica, quienes trabajan en silencio y sin apenas notoriedad, recibieran el homenaje que merecen.

Todas estas mujeres se juegan la vida a diario, en una «liga difícil de jugar». Son arrojadas, fuertes y sinceras. Sufren, lloran, ríen, se emocionan y bromean con sus compañeros en las infinitas horas que pasan juntos. Sus ojos brillan cuando hablan de sus hijos, parejas o familia, mostrando la profunda humanidad que hay detrás del uniforme. La franqueza de sus sonrisas y las conversaciones fuera de micrófono revelan la autenticidad de su entrega. Sonia, Natalia, Macarena, Mercedes, Cristina y Mónica son, sin duda, parte de las Mujeres Valientes que nos protegen.

Desafíos y Conciliación: La Realidad de Ser Policía y Mujer

La vida de una mujer policía está marcada por desafíos únicos, especialmente en lo que respecta a la conciliación familiar y personal. La naturaleza impredecible de su trabajo, con turnos de noche y la necesidad de ausentarse por periodos prolongados, dificulta enormemente el equilibrio. Como Sonia y Natalia mencionan, esto puede llevar a altos índices de divorcio o a la necesidad de una red de apoyo familiar robusta. Macarena, con su pareja también policía, encuentra ventajas en la comprensión mutua, pero reconoce la pérdida de momentos familiares.

Además de la conciliación, enfrentan la constante exposición a situaciones traumáticas y peligrosas. La necesidad de mantener la mente fría ante la violencia, las agresiones o la muerte, y la incapacidad de «desconectar» al llegar a casa, son cargas emocionales significativas. Sin embargo, la gratificación de ayudar y sentirse útil es un motor poderoso que las impulsa a seguir adelante, a pesar de los riesgos y sacrificios personales.

Preguntas Frecuentes sobre la Mujer en el CNP

PreguntaRespuesta
¿Se enfrentan a la discriminación por ser mujeres?En general, las entrevistadas afirman no haberse sentido marginadas, destacando el apoyo y respeto de sus compañeros, y su deseo de ser tratadas como uno más del equipo.
¿Sienten miedo en su trabajo?Todas reconocen haber sentido miedo en situaciones de alto riesgo, pero la adrenalina y la profesionalidad les permiten actuar con cabeza fría en el momento. El miedo suele aparecer a posteriori.
¿Cómo reacciona su familia a su profesión?Las reacciones varían, desde la preocupación inicial (como en el caso de la madre de Sonia) hasta el orgullo. La comprensión y el apoyo familiar son cruciales para sobrellevar los desafíos de la profesión.
¿Es difícil conciliar la vida laboral y familiar?Sí, es uno de los mayores desafíos. Los horarios impredecibles, las largas jornadas y las misiones fuera de casa hacen que la conciliación sea muy complicada, requiriendo gran organización y apoyo familiar.
¿Qué es lo más difícil de su trabajo?Los casos que involucran a menores (agresiones, pederastia) y la comunicación de malas noticias a las familias son experiencias profundamente dolorosas. También la impotencia ante situaciones de violencia de género donde la víctima no denuncia.
¿Dejan de ser policías cuando se quitan el uniforme?No, afirman que ser policía es una forma de vida. Siempre están en alerta, observando su entorno y dispuestas a auxiliar a quienes lo necesiten, incluso de paisano.

Cuando nos crucemos con alguna de ellas y sus compañeros, recordemos que sus vidas son valiosas porque las ponen en nuestras manos para que vivamos con seguridad y bajo la calidez de su protección. A todas estas mujeres extraordinarias, simplemente… ¡GRACIAS! Y gracias también a todos los hombres que forman parte de estos equipos, permitiendo que sus compañeras sean protagonistas y demostrando un compromiso, responsabilidad y profesionalidad ejemplares para cuerpos policiales internacionales.

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