¿Qué actividades estaban prohibidas durante la última dictadura militar?

Libros Prohibidos: La Fantasía Bajo Censura

26/12/2021

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En los años oscuros de la última dictadura cívico-militar en Argentina, la simple acción de leer, que hoy consideramos un derecho fundamental, era percibida como una peligrosa amenaza para el régimen. Esta persecución cultural fue tan brutal que alcanzó incluso a los libros destinados a los lectores más jóvenes, con la convicción de que la fantasía y la imaginación podían ser semilleros de ideas 'subversivas'. Dos casos emblemáticos marcan esta absurda cruzada contra la inocencia: en 1977, el clásico infantil Un elefante ocupa mucho espacio de Elsa Bornemann fue prohibido; y dos años después, en 1979, le tocó el turno a La torre de cubos, el primer libro para chicos de Laura Devetach, un texto que el poder militar consideró cargado de 'simbología confusa' e 'ilimitada fantasía'.

¿Cuáles son las obras más censuradas?
La Línea. Ed. Granica Las obras creadas por la dupla compuesta por la escritora argentina Beatriz Doumerc y el ilustrador Ayax Barnes, ha sido de las más censuradas: "El pueblo que no quería ser gris", "Daniel y los reyes", "Cómo se hacen los niños", ninguna se salvó del miedo de los militares a los mensajes "subversivos" ocultos.
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La Torre de Cubos: Cuando la Imaginación se Vuelve Peligrosa

El 23 de mayo de 1979, la resolución 480 prohibía en la provincia de Santa Fe La torre de cubos de Laura Devetach, un veto que luego se extendería por todo el país. Los motivos esgrimidos por el régimen militar eran tan absurdos como reveladores de su paranoia: se hablaba de «graves falencias tales como simbología confusa, cuestionamientos ideológicos-sociales, objetivos no adecuados al hecho estético, ilimitada fantasía, carencia de estímulos espirituales y trascendentes». Específicamente, se criticaba que su temática se centrara en «aspectos sociales como crítica a la organización del trabajo, la propiedad privada y el principio de autoridad enfrentando grupos sociales, raciales o económicos con base completamente materialista, como también cuestionando la vida familiar».

Dentro de La torre de cubos, un cuento en particular, La Planta de Bartolo, capturó la atención de los censores. En esta historia, Bartolo siembra una planta de la que nacen cuadernos. Él los regala generosamente a los niños del pueblo para que puedan escribir y aprender con gusto. Esta simple acción de generosidad y acceso al conocimiento fue interpretada como una afrenta directa a la propiedad privada y al sistema establecido, especialmente cuando el vendedor de cuadernos, enojado por perder su negocio, intenta comprar la planta y, al ser rechazado, envía a la policía. La llegada de los niños, gritando y silbando en defensa de Bartolo, era una imagen demasiado cercana a la desobediencia civil para los ojos de la dictadura.

A pesar de la prohibición oficial, La torre de cubos, al igual que muchos otros textos censurados, encontró caminos para seguir circulando. Maestros y bibliotecarios, en un acto de resistencia silenciosa pero poderosa, hacían copias a mimeógrafo, los incluían en antologías sin el nombre de la autora, o simplemente los leían a escondidas. La palabra de Devetach, y la de tantos otros, demostró ser más fuerte que cualquier decreto, manteniendo viva la llama de la imaginación y la libertad.

Otros Libros Icónicos que Enfrentaron la Censura

La censura no se detuvo en Devetach. La lista de obras prohibidas es extensa y revela la magnitud del control que el régimen intentó ejercer sobre el pensamiento y la cultura. Aquí, algunos de los casos más resonantes:

Un Elefante Ocupa Mucho Espacio, de Elsa Bornemann

Prohibido por decreto el 13 de octubre de 1977, junto a El nacimiento, los niños y el amor de Agnés Rosenstiehl, este libro fue acusado de contener «cuentos destinados al público infantil, con una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria a la tarea de captación ideológica del accionar subversivo». La historia de Víctor, el elefante de circo que organiza una huelga de animales para recuperar su libertad, fue vista como una peligrosa incitación a la rebelión. Irónicamente, en 1976, esta obra había sido seleccionada para integrar la prestigiosa Lista de Honor del Premio Internacional “Hans Christian Andersen”. Como consecuencia de la censura, Elsa Bornemann tuvo vedado el acceso a cualquier establecimiento de educación pública hasta el fin de la dictadura.

La Ultrabomba, de Mario Lodi y El Pueblo que no Quería Ser Gris, de Beatriz Doumerc y Ayax Barnes

Estos dos títulos, del sello editorial Rompan Filas, fueron prohibidos el 3 de septiembre de 1976 por el decreto N° 1888. La ultrabomba narraba la historia de un ambicioso empresario que vende armas y fomenta la guerra, mientras que El pueblo que no quería ser gris contaba la desobediencia de un pueblo que se niega a pintar sus casas de un monótono color gris, optando por la diversidad y la vida. Ambas obras fueron consideradas directamente subversivas por su clara crítica a la autoridad, el consumismo y la uniformidad impuesta.

Cinco Dedos, Ediciones De la Flor

Esta traducción de un libro infantil de Berlín Occidental fue censurada el 8 de febrero de 1977. La simple alegoría de una mano verde persiguiendo a los dedos de una mano roja que, al unirse y formar un puño, logran defenderse, fue calificada de tener una «finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria a la tarea de captación ideológica, propia del accionar subversivo». Las consecuencias para sus editores, Daniel Divinsky y Kuki Miler, fueron severas: fueron detenidos y permanecieron 127 días a disposición del Poder Ejecutivo.

¿Cuál fue el primer libro de Laura Devetach en ser censurado?
La torre de cubos, el primer libro para chicos de Laura Devetach fue censurado dos años después por “simbología confusa, cuestionamientos ideológicos-sociales, objetivos no adecuados al hecho estético e ilimitada fantasía”.

Además de estos, otros títulos fundamentales fueron prohibidos, abarcando desde obras infantiles como Dailán Kifki de María Elena Walsh, hasta textos para adultos como Operación Masacre de Rodolfo Walsh, Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano, e incluso El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, demostrando la amplitud y el absurdo del control ideológico.

La Campaña por la Memoria: El Colectivo LIJ

Cuarenta y cuatro años después de esa oscura etapa, el Colectivo LIJ (Literatura Infantil y Juvenil), integrado por autoras y autores, ha emprendido una significativa campaña para rescatar aquellos textos censurados. Esta iniciativa busca ser un aporte al ejercicio colectivo de memoria, verdad y justicia. Silvia Schujer, Paula Bombara y Mario Méndez son algunos de los autores que forman parte de este colectivo, que creó un canal de YouTube para difundir una serie de videos donde cada autor lee fragmentos de títulos prohibidos o alusivos a ese contexto político.

Paula Bombara, por ejemplo, eligió leer líneas de Caso Gaspar, su cuento preferido del libro de Bornemann. Mario Méndez, por su parte, sumó su voz leyendo Avenida Luro 7229, un microcuento de su autoría, y los primeros párrafos de Un elefante ocupa mucho espacio y de El golpe y los chicos de Graciela Montes. Estas acciones no solo buscan recordar, sino también educar a las nuevas generaciones sobre la importancia de la libertad de expresión y el peligro del negacionismo, un tema que Mario Méndez enfatiza como una lucha constante para que el 24 de marzo y su significado nunca sean olvidados.

La Literatura Actual: Manteniendo Viva la Llama de la Memoria

La democracia ha permitido que la literatura infantil y juvenil siga explorando y narrando los horrores de la dictadura, multiplicando las voces y las perspectivas. Mario Méndez, en El que no salta es un holandés, aborda la tragedia a través de la mirada de un niño durante el Mundial 78. Junto a Paula Bombara y otros, participó en ¿Quién soy? Relatos sobre identidad, nietos y reencuentros, que reúne ficciones basadas en la vida real de hijos de desaparecidos. Bombara, con su clásico El mar y la serpiente, publicado hace 15 años, narra la experiencia de una niña cuyos padres son secuestrados por el gobierno militar. En esta misma línea se inscriben Manuela en el umbral de Mercedes Pérez Sabbi y Los que volvieron de Márgara Averbach, que explora una investigación sobre NN enterrados.

Incluso el grupo musical Canticuénticos lanzó este año su libro Pañuelito blanco, un emotivo homenaje a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, compartiendo un objetivo similar con Antiprincesas de Plaza de Mayo, escrito por Nadia Fink y Pitu Saá, Viqui Veronesi y Diego Abu Arab. Estas obras contemporáneas demuestran que la memoria sigue siendo un pilar fundamental en la producción cultural, asegurando que las nuevas generaciones conozcan la historia y valoren la libertad.

Prohibir, Quemar, Perseguir: La Mecánica de la Censura

Para “preservar la moral de la niñez” y los supuestos “objetivos del proceso”, el Proceso de Reorganización Nacional implementó una política de censura sistemática y brutal. La Dirección General de Publicaciones era la encargada de este control, iniciando procedimientos por denuncia, pedido de evaluación oficial o incluso campañas periodísticas. Tras un análisis ideológico-político, se elaboraban listados de obras y editoriales clasificadas por su “grado de peligrosidad”.

Esta persecución no solo afectó a los libros, sino también a sus creadores y a las editoriales. Muchos escritores fueron prohibidos, se exiliaron o, trágicamente, permanecen desaparecidos. Editoriales como Eudeba (Editorial Universitaria de Buenos Aires) y el Centro Editor de América Latina (CEAL) fueron intervenidas y brutalmente reprimidas. El caso del CEAL es emblemático: el 26 de junio de 1980, un millón y medio de ejemplares, incluyendo la Nueva Enciclopedia del Mundo Joven, fueron quemados en un baldío de Sarandí, en un acto que buscaba borrar no solo libros, sino también ideas y la posibilidad de un futuro crítico. Los dictadores lo sabían: las palabras son poderosas y, por lo tanto, para ellos, peligrosas.

¿Quién es el autor de la resistencia contra la dictadura militar?
Conti es, sin dudas, uno de los escritores referentes en materia de la resistencia contra la dictadura militar, quizás junto a Rodolfo Walsh y Francisco «Paco» Urondo en el podio de los casos más reconocidos.
TítuloAutor/aAño de ProhibiciónMotivo de Censura
La torre de cubosLaura Devetach1979"Simbología confusa, cuestionamientos ideológicos-sociales, ilimitada fantasía."
Un elefante ocupa mucho espacioElsa Bornemann1977"Finalidad de adoctrinamiento... preparatoria para la tarea de captación ideológica del accionar subversivo."
El pueblo que no quería ser grisBeatriz Doumerc y Ayax Barnes1976"Contenido subversivo" (implícito por el decreto general a Rompan Filas).
Cinco dedos(Anónimo / Berlín Occidental)1977"Finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria a la tarea de captación ideológica, propia del accionar subversivo."

Preguntas Frecuentes sobre la Censura Literaria en la Dictadura

  • ¿Cuál fue el primer libro de Laura Devetach en ser censurado?

    El primer libro de Laura Devetach en ser censurado fue La torre de cubos en 1979. Fue prohibido por considerarse que contenía "simbología confusa, cuestionamientos ideológicos-sociales, objetivos no adecuados al hecho estético e ilimitada fantasía". Particularmente, el cuento "La Planta de Bartolo" fue visto como una crítica a la propiedad privada y al principio de autoridad.

  • ¿Por qué la dictadura militar censuraba libros infantiles?

    La dictadura cívico-militar consideraba que la literatura infantil y juvenil, especialmente aquella que fomentaba la imaginación, el pensamiento crítico o la empatía social, era "subversiva" y "adoctrinadora". Temían que estas obras prepararan a los niños para un "accionar subversivo" al cuestionar el orden establecido, la autoridad o la propiedad privada. La fantasía era vista como una herramienta transformadora y, por lo tanto, peligrosa.

  • ¿Qué pasó con los autores y editoriales de los libros censurados?

    Muchos autores fueron perseguidos, se les prohibió el acceso a instituciones educativas o se vieron forzados al exilio. Algunos, como Daniel Divinsky y Kuki Miler de Ediciones De la Flor, fueron encarcelados. Editoriales como Eudeba y el Centro Editor de América Latina (CEAL) fueron intervenidas o sufrieron la quema masiva de ejemplares, como sucedió con un millón y medio de libros del CEAL en 1980.

  • ¿Cómo se mantuvo viva la literatura censurada durante la dictadura?

    A pesar de la prohibición oficial, muchos de estos libros continuaron circulando por "canales alternativos". Maestros y bibliotecarios hacían copias mimeografiadas, los textos eran incluidos en antologías sin el nombre del autor, o se leían en secreto. La palabra prohibida, paradójicamente, se divulgaba más, demostrando la resiliencia cultural y el deseo de libertad de expresión.

  • ¿Qué iniciativas actuales buscan recuperar la memoria de los libros censurados?

    El Colectivo LIJ (Literatura Infantil y Juvenil), integrado por autores, ha emprendido campañas para rescatar estos textos. Un ejemplo es la creación de un canal de YouTube donde diversos autores leen fragmentos de libros prohibidos o alusivos a ese contexto. Estas iniciativas buscan mantener viva la memoria colectiva y contribuir al ejercicio de verdad y justicia, especialmente en fechas conmemorativas como el 24 de marzo.

Así como seguimos cantando, como dice Mario Benedetti en sus Canciones del desexilio, seguimos leyendo, los nuevos libros, los “viejos”, los clásicos y hoy podemos volver a leer los libros que fueron “silenciados” durante la dictadura militar. Si cada pregunta tiene su respuesta, en sus lecturas podemos encontrar algo de la justicia necesaria, pero sobre todo, la libertad de transitar sus letras y que las nuevas generaciones se hagan las preguntas necesarias y se formulen entonces las respuestas necesarias: justas y llenas de memoria.

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