Grandes Plumas Argentinas: Calles y Cantos

19/12/2022

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La literatura es el alma de una nación, un espejo donde se reflejan sus sueños, sus luchas y su identidad. Las palabras de los grandes autores no solo llenan páginas, sino que a menudo trascienden el papel para impregnar la vida cotidiana, dando nombre a plazas, bibliotecas y, por supuesto, a las calles de nuestros barrios. Pero, ¿quiénes son estas figuras cuyas obras y vidas dejaron una huella tan profunda que su legado se convirtió en parte del paisaje urbano? Y más específicamente, en el corazón de la cultura rioplatense, ¿quién entonó por primera vez ‘La Canción del Barrio’?

Este artículo se sumerge en la vasta y apasionante historia de la cultura argentina, explorando desde sus orígenes coloniales hasta los albores del siglo XX, para desvelar los nombres y las obras que moldearon el pensamiento y el arte de esta nación. Acompáñenos en este recorrido por la evolución de las letras argentinas, descubriendo cómo los ecos del pasado aún resuenan en el presente.

¿Quién escribió 'La canción del barrio'?
Hacia 1910 surge una nueva generación, con carácter entre bohemio y revolucionario, que tiene su portaestandarte en el poeta Evaristo Carriego, autor de 'La canción del barrio' y 'Misas herejes'.
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El Legado en el Asfalto: ¿Quiénes Inspiran las Calles?

La práctica de nombrar calles en honor a figuras destacadas es un tributo universal a aquellos que, con su intelecto y creatividad, enriquecieron la sociedad. En el contexto de la literatura, este honor se reserva para aquellos escritores cuya obra no solo alcanzó la excelencia artística, sino que también caló hondo en el imaginación colectiva, o cuya influencia fue fundamental para el desarrollo cultural. El fragmento que nos interpela sobre “las calles del barrio” menciona, aunque de forma fragmentada, la calidad y sensibilidad de José Saramago, Premio Nobel de Literatura portugués, cuya vida y obra también tuvieron un vínculo con España.

Si bien Saramago es un gigante de la literatura universal, la pregunta nos invita a reflexionar sobre los autores que, en el contexto argentino, han sido honrados de esta manera. A lo largo de la historia, las ciudades argentinas han inmortalizado a sus propios próceres literarios. Desde los padres fundadores de la nación hasta los poetas y novelistas que capturaron la esencia del ser argentino, sus nombres se encuentran grabados en placas de calle, recordándonos su inmortal contribución. Estas figuras no solo escribieron libros; construyeron narrativas que definieron una identidad, impulsaron el pensamiento crítico y sembraron las semillas de la modernidad. El acto de nombrar una calle en su honor es una forma de mantener viva su memoria y de reconocer el impacto perdurable de su legado en la trama de la vida cotidiana.

El Ritmo del Barrio: ¿Quién Escribió 'La Canción del Barrio'?

Adentrándonos en el corazón de la cuestión, la búsqueda del autor de ‘La Canción del Barrio’ nos lleva directamente a una figura emblemática de la literatura argentina de principios del siglo XX: Evaristo Carriego. Nacido en 1883 y fallecido prematuramente en 1912, Carriego fue un poeta que se convirtió en el portaestandarte de una nueva generación surgida alrededor de 1910, caracterizada por un espíritu bohemio y, en cierta medida, revolucionario. Su obra, cargada de sensibilidad y una mirada profunda sobre los personajes y escenarios urbanos, capturó la esencia de los arrabales de Buenos Aires, de sus gentes humildes y de la melancolía que a menudo acompañaba la vida en los conventillos y las calles de tierra.

‘La Canción del Barrio’ es, junto con ‘Misas herejes’, una de sus obras más conocidas, un reflejo de su capacidad para transformar lo cotidiano en poesía, elevando la vida sencilla y a menudo dura de los barrios a la categoría de arte. Carriego fue un pionero en la exploración de temas urbanos y populares, abriendo camino para futuras generaciones de escritores que buscarían en el corazón de la ciudad la inspiración para sus relatos y versos. Su influencia fue tal que su figura se convirtió en un mito, especialmente para escritores posteriores como Jorge Luis Borges, quien lo admiraba profundamente y contribuyó a perpetuar su legado.

Cimientos Culturales: La Argentina Colonial y Prerrevolucionaria

Para comprender la riqueza de la literatura argentina, es esencial remontarse a sus orígenes. El período prerrevolucionario, o hispánico/colonial, abarca tres siglos, desde el descubrimiento y colonización del Virreinato del Río de la Plata hasta la independencia en 1810. Durante esta extensa etapa de formación, la influencia cultural se irradió desde tres centros principales, intrínsecamente ligados a las corrientes colonizadoras:

  • El Norte: Con núcleo en Tucumán, recibió la influencia española a través de Perú y Bolivia, resultando en un arte de carácter altoperuano, especialmente antes de la llegada de los jesuitas en 1610.
  • El Sur: Concentrado en Buenos Aires, su intensidad creció a partir del siglo XVIII con el establecimiento del Virreinato. El puerto se convirtió en una puerta de entrada para influencias europeas, mezclando el neoclásico, el barroco español y el rococó francés y portugués.
  • Córdoba: Como meridiano geográfico, fue el punto de encuentro de las corrientes del norte y del sur, convirtiéndose en el centro más importante de la arquitectura colonial, con su imponente catedral como máximo exponente.

Además, las Misiones Jesuíticas del Paraguay, con sus alarifes y arquitectos, crearon un núcleo cultural peculiar que se detuvo abruptamente con su expulsión en 1767. Otras zonas, como la fluvial (Santa Fe) y la de Cuyo, también tuvieron características artísticas definidas.

La cultura prerrevolucionaria argentina fue una fusión de lo hispánico con lo indígena, adaptándose a una naturaleza virgen y a civilizaciones aborígenes preexistentes. Las reformas borbónicas de Carlos III, con la creación del Virreinato del Río de la Plata, impulsaron un nuevo empuje cultural, desplazando a Córdoba y haciendo de Buenos Aires el principal núcleo. Se buscó trasladar a la capital virreinal los principales instrumentos de civilización: la Universidad, la Biblioteca, el Archivo y la Imprenta. Si bien el traslado de la Universidad no se concretó, se fundó el Real Convictorio de San Carlos en Buenos Aires, y la imprenta, impulsada por el virrey Vértiz, jugó un papel crucial en la difusión de obras religiosas, periódicos y, más tarde, en la Revolución, manifiestos y las estrofas de Vicente López y Planes.

El Despertar de la Nación: Prensa y Letras Fundacionales

El siglo XIX marcó el inicio de una efervescencia intelectual y periodística. En abril de 1801, apareció en Buenos Aires el primer periódico, el ‘Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiógrafo del Río de la Plata’, que contó con colaboradores de la talla de Manuel Belgrano, Gregorio Funes y Juan José Castelli. Le siguieron el ‘Semanario de Agricultura, Industria y Comercio’ (1802), fundado por Hipólito Vieytés, y el ‘Correo del Comercio de Buenos Aires’ (1810), también con Belgrano entre sus redactores. Pero fue el 7 de junio de 1810 cuando la ‘Gazeta de Buenos Ayres’, creada por el primer gobierno patrio bajo la inspiración de Mariano Moreno, sentó las bases de la libertad de expresión y la necesidad de informar al público.

En el ámbito puramente literario, de este período se destaca la figura de Manuel José de Labardén, autor de una notable oda ‘Al Paraná’ y de la tragedia ‘Siripo’, considerada la obra inicial del teatro argentino, aunque su manuscrito se perdió en un incendio. La creación de la Biblioteca Pública por Mariano Moreno y la fundación de instituciones superiores como la Universidad de Buenos Aires en 1821, con Antonio Sáenz como su primer rector, consolidaron la infraestructura para el florecimiento cultural.

Romanticismo y Gauchesca: La Forja de una Identidad Literaria

El romanticismo llegó a Argentina con la aparición de Esteban Echeverría en la escena cultural. Su obra marcó la aurora del movimiento, introduciendo temas populares y figuras que alcanzarían su plenitud en la poesía gauchesca, como se ve en ‘La cautiva’ y ‘El matadero’. Echeverría, junto con el bibliófilo Marcos Sastre, impulsó la formación del Salón Literario en 1835, núcleo de la Asociación de Mayo, cuyo manifiesto, el “Dogma Socialista de la Asociación de Mayo”, fue redactado por el propio Echeverría. Este grupo contó con figuras prominentes como Juan María Gutiérrez y Juan Bautista Alberdi, este último autor de las “Bases” que antecedieron la Constitución Argentina de 1853.

¿Quién es el autor de las calles del barrio?
no sólo de los autores que conoceremos, en su centenario, dan nombre a muchas de la calidad y sensibilidad de José las calles del barrio, sino de Saramago, Premio Nobel de Lite-aquellos otros que no tuvie-ratura, portugués que ha vivido y Yron problema alguno en pa-realizado buena parte de su obra searse y difundir cultura por los en España.

La poesía gauchesca, un género genuinamente nacional, tuvo sus precursores en Bartolomé Hidalgo, quien, con su cultísima formación, creó un género popular. Luego vendrían cultivadores famosos como Hilario Ascasubi y Estanislao del Campo. Sin embargo, la cúspide de este género le estaría reservada a José Hernández, autor de la obra maestra ‘Martín Fierro’ y ‘La vuelta de Martín Fierro’. En estas obras, se refleja magníficamente la figura del gaucho, personaje típico de la pampa, convirtiéndose en una expresión genuina de la literatura nacional.

Otros poetas destacados de esta época fueron Olegario V. Andrade con ‘El nido de cóndores’, Carlos Guido Spano y Ricardo Gutiérrez. Aunque no usara el lenguaje gauchesco, Rafael Obligado, por sus temas y raigambre nacional, se distinguió, así como Pedro B. Palacios (Almafuerte), de original personalidad y carácter definido.

Gigantes del Siglo XIX: Política, Letras y Periodismo

A mediados del siglo XIX, dos figuras colosales dominaron la escena cultural argentina: Domingo Faustino Sarmiento y Bartolomé Mitre. Sarmiento, un hombre de lucha, plasmó su pasión en obras como ‘Facundo’, realizando estudios sociológicos y ejerciendo una poderosa influencia cultural tanto desde la llanura como desde la presidencia. Mitre, no solo un militar y político destacado, fue un fino traductor de la ‘Divina Comedia’ y autor de ‘Historia de Belgrano’ e ‘Historia de San Martín’. Además, fundó el diario ‘La Nación’ en 1870, que junto a ‘La Prensa’, establecida por José C. Paz en 1869, marcaron la época del gran periodismo argentino.

Otras figuras notables de este período incluyen a fray Mamerto Esquiú, prelado virtuoso, y al gran jurista Dalmacio Vélez Sarsfield, autor del influyente Código Civil Argentino. Francisco Javier Muñiz, médico, naturalista y paleontólogo, también dejó su huella en la vida cultural y científica del país.

La Generación del 80 y Nuevas Voces

El crecimiento y vértigo constructivo de la Argentina a fines del siglo XIX vieron el surgimiento de la Generación del 80, cuyo trabajo documentó la vida de la época. A ella pertenecen Lucio V. López con su novela ‘La gran aldea’, Julián Martel con ‘La bolsa’ y Carlos María Ocantos con ‘Quilito’. A estos se suman Eugenio Cambaceres, José Luis Cantilo y el español Francisco Grandmontagne, con novelas como ‘La Maldonada’ y ‘Teodoro Foronda’. Arquetipos de esta generación son Miguel Cané, quien en su ‘Juvenilia’ refleja toda una época, y Lucio V. Mansilla, autor de ‘Una excursión a los indios ranqueles’. Eduardo Wilde, José Manuel Estrada y Pedro Goyena también fueron figuras destacadas en política y letras.

En 1893, el Ateneo, con Calixto Oyuela como fundador, marcó un hito en la vida intelectual, coincidiendo con la aparición de figuras literarias de gran relieve como Leopoldo Lugones, Paul Groussac y Roberto J. Payró. Joaquín V. González, autor de ‘Mis montañas’, continuó la tradición del estadista hombre de letras, al estilo de Mitre y Sarmiento.

El fin del siglo también vio el surgimiento de la Sociedad Científica Argentina (1872) y el trabajo del Perito Moreno en la Patagonia y la creación del Museo de Historia Natural de La Plata. El antropólogo Florentino Ameghino, con su ‘Antigüedad del hombre en el Plata’, esbozó teorías que desarrollaría en su obra capital, ‘Filogenia’. En sociología, destacaron Juan Agustín García, Agustín Álvarez, José María Ramos Mejía y José Ingenieros. Alejandro Korn, con sus obras como ‘Influencias filosóficas en la evolución nacional’ y ‘La libertad creadora’, fue crucial en la renovación de las ideas filosóficas.

El Amanecer del Siglo XX: Teatro Nacional y Revistas Literarias

La inquietud artística de fines del siglo pasado se manifestó en la creación de una literatura dramática de carácter nacional. La compañía circense de la familia Podestá fue pionera, adaptando novelas de Eduardo Gutiérrez sobre héroes populares como Juan Moreira. Pronto, obras como ‘Calandria’ de Martiniano Leguizamón y ‘La piedra de escándalo’ de Martín Coronado consolidaron la escena criolla. Argentina entraba en el siglo XX con un franco progreso cultural.

En el teatro, Florencio Sánchez, de origen uruguayo, se erigió como una figura de excepción, con dramas como ‘La gringa’, ‘Barranca abajo’ y ‘Los muertos’, y comedias como ‘M’hijo el dotor’. Otros autores primordiales en los inicios del teatro argentino fueron Enrique García Velloso, Gregorio de Laferrére, Alberto Ghiraldo y Julio Sánchez Gardel.

La personalidad literaria de Leopoldo Lugones se desarrolló ampliamente en este siglo, tanto como prosista como poeta, con clásicos como ‘La guerra gaucha’ y ‘Odas seculares’. Roberto J. Payró se destacó como costumbrista de vena irónica. Tres novelistas iniciaron el siglo con una labor considerable: Martínez Zuviría (Hugo Wast), Manuel Gálvez y Benito Lynch. A ellos se suman Ricardo Rojas, Enrique Larreta (autor de ‘La gloria de don Ramiro’) y Arturo Capdevilla.

¿Quién es el autor de las calles del barrio?
no sólo de los autores que conoceremos, en su centenario, dan nombre a muchas de la calidad y sensibilidad de José las calles del barrio, sino de Saramago, Premio Nobel de Lite-aquellos otros que no tuvie-ratura, portugués que ha vivido y Yron problema alguno en pa-realizado buena parte de su obra searse y difundir cultura por los en España.

En 1907, Alfredo A. Bianchi y Roberto P. Giusti fundaron la revista ‘Nosotros’, un claro exponente de la intelectualidad argentina. Posteriormente, Victoria Ocampo fundó y dirigió la revista ‘Sur’, que reflejó las más modernas corrientes literarias y filosóficas de América y Europa.

La Generación del '10 y la Consolidación de la Modernidad

Hacia 1910, surge la ya mencionada generación con Evaristo Carriego como portaestandarte, autor de ‘Misas herejes’ y, por supuesto, de la inmortal ‘La Canción del Barrio’. Esta generación, con su carácter bohemio y revolucionario, marcó un giro hacia la modernidad. Posteriormente, Buenos Aires se convirtió en un crisol donde resonaron todas las corrientes literarias europeas de entre guerras, aunque poetas como Fernández Moreno mantuvieron una conexión con la tradición clásica española.

Ricardo Güiraldes, el escritor que vivió intensamente el alma de la pampa, dejó una obra cumbre en ‘Don Segundo Sombra’, una novela recia, profunda y cargada de nostalgia, que capturó la esencia del gaucho y el paisaje pampeano con una maestría inigualable. Esta obra es un pilar fundamental en la narrativa argentina, trascendiendo las fronteras y siendo reconocida como un clásico de la literatura hispanoamericana.

Las Plumas del Siglo XX: Hacia la Vanguardia

En las generaciones modernas, tres nombres se destacan por la afirmación vigorosa de sus personalidades y obras: Ezequiel Martínez Estrada, Eduardo Mallea y, por supuesto, Jorge Luis Borges. Borges, en particular, revolucionó la literatura universal con sus cuentos, ensayos y poemas, explorando temas como los laberintos, los sueños, la filosofía y la metafísica, dejando un legado que sigue siendo estudiado y admirado en todo el mundo.

El panorama literario argentino se amplió, además, a las provincias, con núcleos locales de escritores en Tucumán, Córdoba, Mendoza y Santa Fe, creando un ambiente intelectual propicio para la integración de un arte nacional verdaderamente diverso y representativo de todo el territorio.

Preguntas Frecuentes sobre la Literatura Argentina

¿Qué papel jugaron los periódicos en los inicios de la literatura argentina?
Los periódicos fueron fundamentales. Funcionaron como plataformas de difusión para las primeras obras literarias, ensayos políticos y científicos, y espacios de debate intelectual. Publicaciones como el ‘Telégrafo Mercantil’, el ‘Semanario de Agricultura’ y, especialmente, la ‘Gazeta de Buenos Ayres’ sentaron las bases para el periodismo y la libertad de expresión, permitiendo a autores como Manuel Belgrano y Mariano Moreno divulgar sus ideas y escritos.

¿Cuál es la importancia de la poesía gauchesca en la identidad argentina?
La poesía gauchesca es crucial porque dio voz a un personaje central de la cultura rural argentina: el gaucho. A través de obras como ‘Martín Fierro’ de José Hernández, se exploraron temas de identidad, libertad, justicia y la vida en la pampa, consolidando un género literario único y una figura arquetípica que representa una parte esencial del alma nacional. Fue una de las primeras expresiones literarias que realmente se sintió autóctona y no una mera copia de modelos europeos.

¿Cómo influyó la Generación del 80 en la cultura argentina?
La Generación del 80 fue decisiva porque documentó y reflejó la vida de una Argentina en pleno crecimiento y modernización. Sus obras, tanto novelas como ensayos, abordaron la vida urbana, los cambios sociales y la consolidación de la nación. Figuras como Miguel Cané y Lucio V. Mansilla, a través de sus escritos, capturaron el espíritu de una época y contribuyeron a cimentar una literatura que miraba hacia el futuro sin olvidar sus raíces.

La historia de la literatura argentina es un vasto tapiz tejido con las voces de innumerables talentos. Desde los primeros cronistas coloniales hasta los maestros de la modernidad, cada autor, cada obra, ha añadido una hebra a esta rica tradición. Los nombres que resuenan en las calles y los versos que se cantan en los barrios son un testimonio vivo de que la palabra escrita tiene el poder de transformar y perdurar, definiendo la esencia de una nación y conectando generaciones a través del tiempo.

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