¿Qué es uno tan diferente como yo?

La Ciencia: Una Lucha No Contada en los Libros

31/05/2022

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Desde el hacha de piedra más rudimentaria hasta las complejidades de la industria moderna, la trayectoria del desarrollo humano ha sido una curva ascendente inconfundible. Fenómenos que alguna vez aterrorizaron a nuestros ancestros, hoy son temas cotidianos en los libros de texto escolares. Hemos dominado una fuerza de la naturaleza tras otra, impulsados por una sed insaciable de comprensión. Sin embargo, lo que a menudo no se registra en los relatos convencionales de la ciencia es su verdadero carácter: una lucha ininterrumpida, a menudo violenta e intermitente, por el conocimiento, profundamente arraigada en las dinámicas de la sociedad de clases y las batallas filosóficas. Esta omisión puede llevarnos a una arrogancia hacia la ciencia, asumiendo que somos inmunes a los errores del pasado. Pero la historia real es mucho más compleja, llena de saltos, retrocesos y nuevos avances, un tapiz donde la filosofía y la sociedad se entrelazan con cada descubrimiento.

¿Qué no está registrado en los libros de hoy?
Sin embargo, lo que no está registrado en los libros de hoy es el carácter intermitente y a menudo violento que a menudo tomó la lucha por el conocimiento científico. El resultado puede ser una actitud arrogante hacia la ciencia -«nosotros» sabemos más y no podríamos repetir los errores de las no ilustradas generaciones pasadas.
Índice de Contenido

La Lucha Oculta del Conocimiento: Idealismo vs. Materialismo

El camino del conocimiento científico nunca ha sido una línea recta y pacífica. Detrás de cada avance, subyace una lucha filosófica ininterrumpida, que se remonta a los orígenes mismos de la civilización. Esta contienda se ha librado principalmente entre dos grandes campos, como los describió Engels: el idealismo y el materialismo. Por un lado, están aquellos que postulan la primacía del espíritu sobre la naturaleza, asumiendo una creación del mundo de alguna forma. Por otro, se encuentran quienes consideran lo material como primario, base de todas las escuelas del materialismo.

Una perspectiva materialista es, en esencia, una premisa fundamental para toda ciencia genuina. Las luchas en el ámbito de la filosofía no son meras abstracciones; reflejan las pugnas reales del mundo físico, especialmente entre las clases sociales. En su apogeo, la burguesía, como clase revolucionaria, esgrimió un materialismo militante contra el feudalismo, utilizando las ciencias naturales como un arma clave en su ascenso. Hoy, la situación es diametralmente opuesta: el capitalismo está en decadencia, y la burguesía apoya manifestaciones religiosas y místicas para desviar la atención de las masas, buscando en el cielo la solución a problemas terrenales. Esta regresión filosófica es un síntoma de su declive.

Para el proletariado moderno, la necesidad de una filosofía propia es aún mayor. Es impensable que la clase obrera comprenda su papel histórico y se proponga tomar el poder sin antes liberarse de los prejuicios y el misticismo propagados por la clase capitalista. Esta filosofía no puede ser el viejo materialismo 'mecánico' de los siglos XVII-XVIII, que acompañó a la Revolución Científica. En la era moderna, el único materialismo consistente, que se alinea con los avances más recientes de la ciencia, es el materialismo dialéctico.

El Materialismo Dialéctico: Una Lógica del Movimiento

Antes de sumergirnos en la relación entre el materialismo dialéctico y las ciencias naturales, es crucial entender qué es la dialéctica. Un aforismo del filósofo griego Heráclito, 'todo es y no es; porque todo fluye', encapsula su esencia. Aunque a primera vista parezca absurdo, la dialéctica no niega la existencia de la estasis o el equilibrio en la naturaleza. Simplemente afirma que toda estasis es relativa y tiene límites, y que oculta un movimiento real. El papel de la ciencia es descubrir esos límites y revelar el movimiento subyacente.

Heráclito ilustraba esto con el ejemplo de las cuerdas de una lira en tensión. Aunque parecen inmóviles, albergan una gran cantidad de 'movimiento' o 'energía potencial'. Si consideramos una mesa de madera, a simple vista parece estática, pero un examen más detallado revela un proceso constante de cambio: absorbe humedad, sufre microfracturas, es descompuesta por microorganismos. Un día, la acumulación de estos cambios imperceptibles alcanzará un punto de inflexión cualitativo y la mesa colapsará.

Si una pata de la mesa se cae y es reemplazada, la pregunta '¿Es esta la misma mesa?' no tiene una respuesta sencilla. Es y no es la misma, como Heráclito descubrió hace milenios. De la misma manera, nuestras propias células se reponen y descomponen constantemente; somos y no somos la misma persona de hace un momento, manteniendo una continuidad a pesar del cambio total de partículas. La dialéctica nos invita a ver las cosas no de manera unilateral, sino en sus contradicciones y como procesos en constante movimiento. Estas contradicciones son inherentes a la naturaleza: entre lo concreto y lo abstracto, lo general y lo particular, la parte y el todo, lo accidental y lo necesario. La esencia del materialismo dialéctico es precisamente considerar las cosas en su devenir.

De la Cantidad a la Calidad: La Lógica de la Transformación

Los científicos, consciente o inconscientemente, operan a diario bajo la lógica dialéctica. Trotsky describió la 'ley fundamental' del materialismo dialéctico como la conversión de la cantidad en calidad. Todo científico acepta que la materia en movimiento puede describirse en términos de sus relaciones materiales cuantitativas: posición, velocidad, dirección, inercia, masa. Y cuando consideramos el mismo fenómeno cualitativamente (color, textura, apariencia), estamos, por supuesto, considerando la misma naturaleza. La cantidad siempre se expresa a través de la calidad, y la calidad es siempre relativa, expresando interrelaciones de la materia en movimiento.

La transformación de la cantidad en calidad significa que una acumulación de cambios cuantitativos, que al principio parecen no alterar la esencia de una cosa, pueden eventualmente transformarla por completo. Los cambios cuantitativos impulsan la transformación de una cualidad en su opuesto. Esta ley no solo se aplica a fenómenos físicos, sino también a procesos sociales y al desarrollo de la ciencia misma.

La Ciencia y la Sociedad de Clases

Antigua Grecia: Cuna de la Filosofía Natural

La historia de la filosofía y la ciencia, tal como la conocemos, a menudo se considera que comienza con los antiguos griegos. Aunque otras civilizaciones anteriores ya habían acumulado vastos conocimientos, fue en Grecia donde la filosofía y la ciencia comenzaron a desligarse de la religión y el misticismo, buscando explicaciones sin recurrir a influencias sobrenaturales. Figuras como Demócrito y Epicuro desarrollaron teorías atomísticas sin acceso a la tecnología moderna, basándose en la observación y la conjetura. Anaximandro, por su parte, postuló una teoría de la evolución biológica miles de años antes de Darwin, deduciendo correctamente los orígenes humanos a partir de peces o anfibios.

A pesar de la ingenuidad de sus detalles, muchas de estas ideas no fueron superadas hasta el Renacimiento. Sin embargo, lo notable es que estos descubrimientos tuvieron poco impacto en el desarrollo técnico o las fuerzas productivas de la sociedad. Esto se debe a que la ciencia y la filosofía en la Antigua Grecia estaban intrínsecamente ligadas al sistema esclavista. Sin el trabajo de los esclavos para sostenerlos, pensadores como Epicuro, Aristóteles o Lucrecio no habrían existido. El conocimiento era propiedad de una pequeña clase dirigente privilegiada, que tendía a denigrar el trabajo manual y a olvidar su propia dependencia de él.

La Edad Media: La Ciencia como "Sierva de la Teología"

Con el tiempo, la dependencia del pensamiento antiguo del sistema esclavista se convirtió en un grillete para el desarrollo social, llevando al colapso de la civilización grecorromana. Esto dio paso a un período de oscuridad e ignorancia en Europa, la Edad Media, donde el conocimiento de la filosofía antigua fue preservado principalmente en el mundo islámico. Aunque Aristóteles y Platón influyeron en el dogma de la Iglesia Católica, la ciencia y la filosofía produjeron poco.

No fue por falta de genios, como Nicole d’Oresme, quien en el siglo XIV anticipó las conclusiones de Newton sobre la masa y la inercia. La explicación reside en la organización social y económica. La sociedad feudal, con su aristocracia y la Iglesia Católica, imponía una dictadura espiritual que justificaba el status quo. La filosofía, como afirmó Santo Tomás de Aquino, era simplemente la 'sierva de la teología'. La física aristotélica, con su noción de que todo tendía al centro de la Tierra y que Dios era el impulso constante, era dogma. Cuestionar a Aristóteles era cuestionar a Dios. Los escritos de d’Oresme, aunque brillantes, no podían derribar el viejo dogma y sirvieron como meros comentarios. La ciencia y la filosofía eran profesiones peligrosas, y solo prosperaron abiertamente en campos como la arquitectura, la construcción naval y la guerra, donde predominaban las demandas seculares.

La Revolución Científica: Un Arma Burguesa

Para que la ciencia se liberara de su posición servil, se necesitaba una revolución social. Esta lucha, que comenzó en el ámbito de las ideas, se extendió a una contienda física y sangrienta, con mártires bajo las persecuciones de las iglesias. Nicolás Copérnico fue uno de los primeros revolucionarios en usar la ciencia como arma contra la dominación eclesiástica. La Europa feudal había heredado la cosmología ptolemaica, que situaba la Tierra en el centro de la Creación, ideológicamente útil para las clases dominantes. Según este modelo, la Tierra era imperfecta y mortal, mientras los cielos eran inmortales y perfectos, la morada de Dios, girando alrededor de la Tierra en esferas concéntricas, impulsadas por ángeles y por Dios mismo. Esta jerarquía celestial reflejaba la terrenal, con reyes y campesinos.

Desde una visión moderna, esto parece una invención transparente al servicio de una clase dominante. Sin embargo, era la explicación más exitosa de los movimientos del universo para la gente feudal, y se alineaba con el 'sentido común' de una Tierra inmóvil. Pero la acumulación cuantitativa de datos astronómicos comenzó a socavar el modelo ptolemaico. Los planetas no encajaban en simples movimientos circulares, mostrando patrones complejos. La vieja teoría no colapsó por sí sola; tuvo que ser derrocada. Se inventaron 'epiciclos' y 'epicentros' para ajustar las observaciones, lo que permitía 'salvar' el modelo ptolemaico de cualquier nueva evidencia. Es irónico que esto se asemeje a la cosmología actual, con sus variables arbitrarias (materia oscura, energía oscura) que se aferran a la teoría del Big Bang sin evidencia observacional.

Thomas Kuhn, en su obra 'La revolución copernicana', demostró cómo estas revoluciones científicas son ejemplares del desarrollo del pensamiento. La visión ptolemaica era un 'paradigma' para la 'ciencia normal', donde se acumulaban datos. Pero esta acumulación cuantitativa entró en conflicto con el viejo paradigma, llevando a una crisis. Solo la 'ciencia revolucionaria' podía derrocar la vieja teoría y erigir un nuevo marco. Kuhn, sin ser un dialéctico consciente, redescubrió el funcionamiento de la dialéctica en la ciencia. Sus ideas reflejan las de Trotsky, donde la humanidad forma 'concepciones' basadas en experiencias incompletas, que luego son superadas cuantitativamente, negando el concepto inicial y requiriendo uno nuevo. Sin embargo, la limitación de Kuhn fue considerar el desarrollo científico aparte del social, económico y político.

La crisis del viejo orden feudal y el surgimiento de la burguesía, con su necesidad de revolucionar la técnica y la ciencia, fueron la fuerza motriz de la revolución científica. Copérnico fue el inicio, y a través de figuras como Tycho Brahe, Kepler y Galileo, se llegó a la 'ley general de la gravitación' de Newton, unificando la física terrestre y celestial.

Newton y el Materialismo Mecánico: Luces y Sombras

La revolución de Newton debería haber expuesto las limitaciones de ver los cielos como un reloj inmortal, llevando a la introducción de la dialéctica en la astronomía. Galileo, de hecho, defendió la visión copernicana basándose en la cambiabilidad de los cielos (manchas solares, novas), demostrando su mortalidad e interconexión con las leyes terrestres. Newton, sin embargo, influenciado por el materialismo 'mecánico' o 'metafísico' de Francis Bacon y John Locke, desdeñó la filosofía con su famosa frase 'Física, cuidado con la metafísica'.

Este materialismo mecánico concebía el mundo como un compuesto de entidades aisladas que siguen leyes simples y predecibles, como un reloj. La historia, la contingencia y la no linealidad desaparecían. Las 'fuerzas' actuaban externamente, perturbando movimientos que de otro modo serían lineales. Si los cielos no tenían pasado ni futuro y seguían movimientos cíclicos, ¿cómo lograron su disposición actual? Para Newton, la respuesta era Dios, el 'relojero inteligente' que puso en marcha este gigantesco mecanismo. Esta visión semi-materialista, al intentar lidiar con el mundo de manera mecánica, invitaba al retorno del idealismo.

El Cerebro Mecánico y el Empiriocriticismo

Esta visión mecanicista se extendió a la biología y la química, explicando procesos biológicos y químicos como movimientos mecanicistas. El corazón como bomba, las extremidades como palancas, e incluso los procesos cerebrales como transmisiones mecánicas. Descartes, un defensor de esta visión, consideraba a los animales como autómatas y solo pudo encontrar una explicación dualista y sobrenatural para la conciencia humana, dejando una puerta abierta al misticismo. El materialismo mecanicista, al concebir al ser humano como un sujeto pasivo ante la naturaleza, también planteaba preguntas sobre la veracidad del conocimiento.

Aunque materialistas e idealistas coinciden en que el conocimiento proviene de los sentidos, el idealista o solipsista (como Hume y Berkeley) cuestionaba si las sensaciones reflejan un mundo material externo. Para Berkeley, la 'manzana' es solo un complejo de sensaciones (redonda, roja, crujiente), y la idea de que exista como 'materia' es un salto injustificado. Aunque esto suena absurdo, Ernst Mach, a principios del siglo XX, revivió esta filosofía como 'empiriocriticismo', viendo el mundo como 'complejos de sensaciones'. Hoy, esta tendencia resurge en la 'teoría del universo de la información', donde las 'sensaciones' son reemplazadas por 'información'.

En su libro 'Materialismo y empiriocriticismo', Lenin, en respuesta al resurgimiento místico tras la derrota de la Revolución Rusa de 1905, demostró cómo el materialismo no dialéctico y mecanicista no puede responder adecuadamente a los idealistas. Tiende a ser un trampolín: o hacia un materialismo genuinamente dialéctico (el salto de Marx desde Feuerbach) o hacia el idealismo. Lenin argumentó que no somos sujetos pasivos, sino que interactuamos activamente con el mundo, y nuestras acciones confirman o rechazan la realidad de nuestras conclusiones. Como Marx explicó en sus Tesis sobre Feuerbach, el materialismo anterior fallaba al concebir la realidad solo como objeto de contemplación, no como actividad sensorial humana o práctica.

La Ciencia Como Campo de Batalla Filosófico

La historia de la revolución científica, que comenzó como un desafío revolucionario al feudalismo, se osificó en un dogma conservador, como señaló Engels: 'Copérnico, al comienzo del período, escribe una carta renunciando a la teología; Newton cierra el período con el postulado de un primer impulso divino'. Fue a través del idealismo de Kant y Hegel que se redescubrió la dialéctica griega. El progreso científico ha confirmado la perspectiva dialéctica en cada avance. La tarea de Marx fue colocar la dialéctica sobre una base materialista y científica, revelando la naturaleza contradictoria y mortal del capitalismo. La defensa de una perspectiva materialista moderna es, por tanto, la defensa de la ciencia misma contra todo intento de retorno al misticismo y el idealismo, y representa el punto de vista de la clase trabajadora en su lucha contra la burguesía.

Comparación: Materialismo Mecánico vs. Materialismo Dialéctico

CaracterísticaMaterialismo MecánicoMaterialismo Dialéctico
Visión del mundoCompuesto de entidades aisladas, desconectadas, que siguen leyes simples y predecibles.Red de procesos interdependientes y contradictorios, en constante movimiento y transformación.
Cambio y desarrolloLineal, predecible, con fenómenos aislados de su contexto. El cambio es externo.Intermitente, no lineal, con transformaciones cualitativas surgidas de acumulaciones cuantitativas. El cambio es inherente.
Origen de las cosasA menudo requiere un "primer impulso" o "creador" para explicar el inicio.Todo es materia en movimiento, en desarrollo constante, sin necesidad de un motor externo.
ConocimientoRecepción pasiva de sensaciones.Interacción activa con el mundo; la práctica confirma o refuta las conclusiones.

Preguntas Frecuentes

¿Por qué los libros de historia de la ciencia no suelen mencionar estas luchas?

Los libros de texto a menudo simplifican la historia del progreso científico, presentando los descubrimientos como una sucesión lineal de genios e ideas, sin profundizar en las complejas y a menudo violentas luchas filosóficas y sociales que los acompañaron. Esto se debe, en parte, a que la historia es contada por las clases dominantes, que tienen interés en presentar una visión armoniosa y despolitizada del conocimiento para mantener el status quo y evitar el cuestionamiento de su propia posición.

¿Qué es el materialismo dialéctico y por qué es relevante para la ciencia?

El materialismo dialéctico es una filosofía que entiende el mundo como materia en constante movimiento y transformación, donde todo está interconectado y las contradicciones son el motor del cambio. Es relevante para la ciencia porque proporciona un marco para entender los fenómenos no como estáticos, sino como procesos dinámicos. Permite comprender cómo los cambios cuantitativos llevan a transformaciones cualitativas y cómo la ciencia misma se desarrolla a través de crisis y revoluciones de pensamiento, en lugar de una acumulación lineal de hechos.

¿Cómo influyó la sociedad de clases en el desarrollo científico?

La sociedad de clases ha influido profundamente en el desarrollo científico. En la Antigua Grecia, la ciencia fue un privilegio de la clase dominante, sustentada por el trabajo esclavo. Durante la Edad Media, la Iglesia, como poder feudal, subyugó la ciencia a la teología, suprimiendo ideas que desafiaran el orden establecido. La burguesía, en su fase revolucionaria, impulsó la ciencia como arma contra el feudalismo y la Iglesia. Sin embargo, en su decadencia, la burguesía actual tiende a promover el misticismo y el idealismo, buscando desviar la atención de los problemas sociales. La ciencia, por lo tanto, es un campo de batalla donde las ideas filosóficas y los intereses de clase se enfrentan.

¿Es el materialismo mecánico lo mismo que el materialismo dialéctico?

No, son diferentes. El materialismo mecánico (o metafísico) concibe el mundo como un conjunto de entidades aisladas que siguen leyes fijas y predecibles, como un reloj. Ve el cambio como algo externo y lineal, y a menudo recurre a una fuerza externa (como Dios) para explicar el origen o el 'primer impulso'. Por el contrario, el materialismo dialéctico ve el mundo como una red de procesos interdependientes y contradictorios, en constante movimiento y transformación. Entiende que el cambio es inherente y que las acumulaciones cuantitativas llevan a saltos cualitativos, sin necesidad de un motor externo. El materialismo mecánico, al no poder explicar adecuadamente la complejidad y el cambio, a menudo deja la puerta abierta al idealismo.

¿Por qué la burguesía pasó de un materialismo militante a apoyar el misticismo?

En su fase revolucionaria, la burguesía utilizó el materialismo y la ciencia como herramientas para derrocar el feudalismo y la autoridad de la Iglesia, que justificaba el orden antiguo. Sin embargo, una vez establecida como clase dominante, el capitalismo mismo entró en decadencia. Una filosofía materialista consecuente, especialmente el materialismo dialéctico, revela las contradicciones y la naturaleza mortal del propio sistema capitalista. Para desviar la atención de estas contradicciones y mantener el status quo, la burguesía actual recurre al misticismo, la religión y el idealismo, buscando justificaciones para sus privilegios y desviando a las masas de los problemas terrenales y de la posibilidad de un cambio social.

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