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La Economía en el Gobierno de Rosas: Proteccionismo y Conflicto

26/06/2025

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El segundo gobierno de Juan Manuel de Rosas, que se extendió desde 1829 hasta su caída en 1852, fue un período de profunda consolidación del poder centralizado en Buenos Aires, caracterizado por un autoritarismo innegable y una férrea oposición a la organización nacional que implicaría la sanción de una Constitución. Esta negativa no era casual, sino que respondía a una estrategia fundamental para mantener la hegemonía porteña, especialmente en lo que respecta al control de las rentas aduaneras y la navegación fluvial. La economía de la Confederación Argentina bajo Rosas no solo reflejó su estilo de gobierno, sino que también fue el campo de batalla de intereses contrapuestos entre una capital próspera y unas provincias que anhelaban el desarrollo y la protección de sus propias producciones.

¿Por qué Rosas prohibió la navegación de los ríos interiores?
Con Rosas -que se encontraba en constante estado de guerra y bajo la obligación de pagar la fuerte deuda externa de los años de Rivadavia-, la navegación de los ríos interiores continuó con su prohibición (y los ingresos de la aduana tampoco fueron federalizados).

La Aduana de Buenos Aires: Pilar de la Hegemonía Porteña

Desde los primeros años de la independencia, e incluso antes, la región del Río de la Plata se vio marcada por una política económica que beneficiaba desproporcionadamente a Buenos Aires. La Aduana de Buenos Aires se convirtió en el nervio central de la economía, un verdadero embudo por el que debían pasar todas las mercaderías, tanto las destinadas a la exportación como las de importación. Esta situación se consolidó con la prohibición unilateral de la navegación de los ríos interiores, como el Paraná y el Uruguay, por parte de Buenos Aires. El objetivo era claro: asegurar que todo el comercio fluvial transitara por la aduana porteña, garantizando así un flujo constante de tributos que engrosaban las arcas provinciales de Buenos Aires.

Durante el gobierno de Rosas, esta política no solo se mantuvo, sino que se reforzó. A pesar de las constantes guerras y la pesada carga de la deuda externa heredada de la administración de Rivadavia, Rosas se negó rotundamente a federalizar los ingresos de la aduana. Esto significaba que, mientras las provincias del interior sufrían las consecuencias de la desprotección y la falta de acceso directo a los mercados internacionales, Buenos Aires gozaba de una posición privilegiada. La capital se erigía como el árbitro de cualquier política proteccionista, ya que cualquier arancel establecido en el Río de la Plata afectaría a toda la Confederación, y su vasto mercado era de vital importancia para el comercio regional.

Un País Desolado: El Contexto Económico Previo a la Ley de Aduana de 1835

Antes de la promulgación de la célebre Ley de Aduana, la situación económica de las provincias argentinas era, en muchos casos, desoladora. La desprotección decretada por el virrey Cisneros en 1809 y perpetuada por los gobiernos bonaerenses posteriores había castigado severamente a las economías regionales. Los intereses en disputa eran irreconciliables entre Buenos Aires y las provincias litorales (Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes) y las del interior.

Para Buenos Aires, cuyo comercio se basaba principalmente en sus vínculos con Gran Bretaña, la protección de las actividades internas significaba un encarecimiento de los artículos importados y, por ende, una reducción de los ingresos reales de sus comerciantes, hacendados y saladeristas. Además, un desarrollo productivo generalizado en el interior podría provocar un encarecimiento del trabajo asalariado, que para los exportadores porteños era simplemente un costo a minimizar.

¿Cómo era la economía en el gobierno de Rosas?

En contraste, las demás provincias clamaban por medidas proteccionistas para poder sobrevivir y crecer frente a la abrumadora superioridad productiva de Europa y Norteamérica. Algunos ejemplos ilustran la magnitud del problema:

  • Santa Fe: Podía abastecer de leña a todo el país, pero la desprotección hacía que este negocio se perdiera en favor del carbón inglés.
  • Región de Cuyo (San Juan, Mendoza, La Rioja, Catamarca): Su industria vitivinícola, de alta calidad, no podía competir con el precio del vino extranjero en el litoral debido a los elevados costos del transporte terrestre.
  • Industria Textil: La poderosa industria textil del Virreinato, con centros como Cochabamba (Alto Perú) y Tucumán (algodón), así como Corrientes, Catamarca, Córdoba, Salta y Santiago del Estero, se había desmantelado casi por completo tras la liberalización de 1809. La productividad británica, basada en el trabajo socializado y mecanizado de la Revolución Industrial, era inalcanzable para el trabajo individual y artesanal de estas provincias.
  • Transporte Interno: Las industrias de carretas de Mendoza y Tucumán, y la cría de mulas en Santa Fe y Entre Ríos (esenciales para el transporte de productos cuyanos), vieron su clientela sumamente reducida al atrofiarse la producción del interior.
  • Manufacturas del Cuero: Buenos Aires exportaba cuero en abundancia a Gran Bretaña, pero luego compraba ese mismo cuero industrializado en forma de zapatos, vestimentas y arreos, perdiendo así el valor agregado de la manufactura local.
  • Alimentos Procesados: Mendoza, un gran centro harinero, fue inundada por harinas de Brasil y Estados Unidos que, combinando bajos costos de transporte marítimo y una estrategia de venta por debajo del costo para arruinar la producción regional, destruyeron el mercado local. Lo mismo ocurrió con el azúcar tucumano y los vinos, vinagres, aguardientes, licores y caldos cuyanos.

Con los ingresos de la población reducidos a la miseria y la estructura productiva desolada, incluso actividades agrícolas como el arroz tucumano, los aceites de oliva de La Rioja, Catamarca y Salta, y los cereales de las quintas urbanas, se vieron aplastadas. Los famosos astilleros de Paraguay y Corrientes también sufrieron drásticamente. Las provincias del interior vivían una realidad socioeconómica muy distinta a la del litoral, con el comercio con el Alto Perú cortado, la mano de obra empleada en los ejércitos y los mercados litorales perdidos ante la competencia inglesa. La producción artesanal apenas se mantenía, y los capitales se invertían en la compra de tierras, generando numerosos latifundios.

La Ley de Aduana de 1835: El Corazón del Proteccionismo Rosista

Ante este panorama, Juan Manuel de Rosas promulgó la crucial Ley de Aduana de 1835, un plan que había sido propuesto años antes por Pedro Ferré, gobernador de Corrientes. Esta ley marcó un hito en la política económica de la Confederación, buscando el renacimiento de las manufacturas y la producción agrícola nacionales.

Las principales disposiciones de la ley fueron:

  • Aranceles Elevados: Se impusieron aranceles del 35% a la mayoría de los productos extranjeros que competían con las producciones nacionales. En algunos casos, los aforos alcanzaron el 50%.
  • Prohibiciones Directas: El ingreso de numerosos productos extranjeros fue directamente prohibido para proteger industrias estratégicas.
  • Incentivos al Transporte Nacional: Se diseñaron medidas para favorecer el transporte marítimo realizado con buques de bandera nacional.
  • Derechos a la Exportación de Cuero: Se impusieron derechos de alrededor del 25% a la exportación de cuero, buscando que el Estado capturara una parte de la renta ganadera.
  • Exención para el Interior: Las mercaderías destinadas al interior fueron liberadas de todo gravamen, una medida fundamental para reactivar el comercio interprovincial.
  • Solidaridad Hispanoamericana: Demostrando una política de apoyo regional, los productos provenientes de la Banda Oriental (actual Uruguay) y Chile sufrían aranceles menores.

Esta ley representó un cambio significativo, consolidando una política de proteccionismo que buscaba fortalecer la producción interna y reducir la dependencia de las importaciones. Rosas, con esta medida, se posicionaba como un defensor de los intereses productivos nacionales, aunque siempre bajo la órbita del control y beneficio de Buenos Aires.

Consecuencias Transformadoras: El Auge Productivo Bajo la Ley de Aduana

Las consecuencias de la Ley de Aduana de 1835 fueron profundas y, para muchos, sorprendentemente positivas para el desarrollo productivo de la Confederación Argentina. A pesar de las críticas de sus detractores, los datos de la época revelan un vertiginoso crecimiento en diversas regiones:

  • Buenos Aires: La industria ganadera no solo no retrocedió, sino que la ciudad se llenó de talleres y fábricas. Según el censo de 1853, la capital bonaerense contaba con 1.065 fábricas montadas, 743 talleres y 2.008 casas de comercio, consolidándose como un gran centro industrial.
  • Córdoba y Tucumán: Se desarrollaron a gran velocidad, convirtiéndose en los centros manufactureros más importantes del país. Córdoba elaboraba zapatos y tejidos, exportando incluso pieles de cabra curtida a Francia en tales cantidades que el gobierno francés llegó a prohibir su ingreso para proteger su propia industria. Tucumán potenció su producción de muebles para abastecer los mercados cuyanos, además de cueros curtidos, tintes y tabaco, que exportaba a Chile, Bolivia y Perú. La nueva industria azucarera tucumana despegó, abasteciendo a casi todo el norte argentino y comenzando a vender en Buenos Aires.
  • Salta: Se transformó en otro gran centro industrial, especializado en hilandería, elaboración de cigarros, vasijas, suelas, becerros, curtidos, harina y vino.
  • Catamarca: Continuó abasteciendo a las provincias vecinas con grandes cantidades de algodón, vinos y aguardiente.
  • San Luis: Multiplicó sus trabajos textiles y de cueros.
  • Mendoza y San Juan: Sus vinos y aguardientes vivieron una "época dorada". También producían harina, trigo, frutas secas y jabón en grandes cantidades, e incluso hilados de seda. Exportaban a Chile importantes volúmenes de ganado en pie, cobre, frutas secas, jabón, charque, sebo y cueros.
  • Entre Ríos: Desarrolló las industrias del cuero curtido, postes de madera, maderas para quemar y cal.
  • Santa Fe: Vio el desarrollo de plantaciones de algodón y tejedurías. Finalmente, despegó la extracción de maderas y carbón de leña, que alimentaron tanto a las industrias y el consumo de Buenos Aires como a las manufacturas locales de embarcaciones y ruedas para carretas. La actividad ganadera, la más importante de la región, continuó en ascenso.
  • Corrientes: Crecieron las producciones de maderas de construcción, tabaco, almidón, naranjas y algodón, y se reconstruyeron sus antiguas y renombradas carpinterías.

Esta protección de la estructura productiva potenció el producto del trabajo de tal manera que las exportaciones se incrementaron notablemente. En Buenos Aires, entre 1835 y 1852, la exportación de lana se multiplicó por cuatro, la de cueros por tres y la de sebo por más de seis. En contraste, las importaciones solo crecieron alrededor del 20% en esos 17 años. En 1851, la balanza comercial fue por fin positiva, un logro considerable si se tiene en cuenta que los precios de los productos pecuarios en Europa habían caído a la mitad de los valores de 1825. Además, en agosto de 1837, Rosas prohibió la exportación de oro y plata para evitar la desestabilización económica por parte de los "enemigos de la patria", lo que llevó a que el interior volviera a ver una afluencia de plata boliviana, distribuyéndose por todo el país.

¿Cómo era la economía en el gobierno de Rosas?

El autoabastecimiento alcanzado fue tal que, cuando las flotas francesa (1838-1840) e inglesa (1845-1849) bloquearon los puertos nacionales, no solo no lograron la rendición argentina, sino que, paradójicamente, colaboraron en la tarea de proteger a las industrias patrias de la competencia de los capitalistas extranjeros, al limitar las importaciones.

El Legado de la Política Económica Rosista

La caída de Rosas en 1852, tras la Batalla de Caseros y el enfrentamiento con Justo José de Urquiza (quien reclamaba la libre navegación de los ríos para el desarrollo de Entre Ríos y el comercio exterior sin pasar por Buenos Aires), marcó el fin de una era. Rosas presentó su renuncia y se exilió en Inglaterra, poniendo fin a su vasto poder.

El legado económico de Rosas es complejo. Una lectura superficial podría sugerir una clara superioridad del proteccionismo sobre el liberalismo. Sin embargo, es crucial entender que la economía rosista no abolió un régimen liberal genuino, sino más bien una forma de intervención económica que perjudicaba la manufactura nacional para beneficiar a socios británicos. Este "desproteccionismo" o "proteccionismo a la inversa" castigaba con severos aranceles la exportación de productos industrializados, pero no la de productos primarios, en línea con los intereses comerciales ingleses. El verdadero régimen económico liberal, con la apertura y la libre navegación de los ríos, haría su aparición en Argentina solo después de la caída de Rosas y una vez resueltos los grandes conflictos internos de las guerras civiles posteriores, hacia 1865.

Aunque su gobierno dejó profundas divisiones en la sociedad argentina y sentó las bases para futuros enfrentamientos políticos y militares, la defensa de la soberanía y la independencia frente a las potencias extranjeras, apoyada por una robusta política económica proteccionista, convirtió a Rosas en un símbolo de la resistencia argentina. Su política económica, centrada en los intereses porteños pero con un impacto innegable en el desarrollo productivo de todo el país, fue un capítulo fundamental en la construcción de la identidad económica de la Argentina.

Preguntas Frecuentes sobre la Economía Rosista

¿Cuánto tiempo duró el segundo gobierno de Rosas?
El segundo gobierno de Juan Manuel de Rosas duró desde 1829 hasta su caída en 1852, un total de 23 años.
¿Cuál fue la principal oposición a Rosas y por qué?
La principal oposición a Rosas fue Justo José de Urquiza, quien lideró el Ejército Grande que lo derrotó en la Batalla de Caseros en 1852. Uno de los motivos clave de su enfrentamiento fue la exigencia de Urquiza por la libre navegación de los ríos interiores, vital para el desarrollo económico de Entre Ríos y la salida de su producción al exterior sin depender de Buenos Aires.
¿Cuál fue la política económica central de Rosas?
Rosas implementó una política económica de carácter proteccionista, consolidando el control estatal de los puertos y las aduanas de Buenos Aires. Esta política buscaba beneficiar a los sectores comerciales y productivos porteños, aunque también impulsó el desarrollo de industrias y producciones en las provincias del interior a través de la Ley de Aduana de 1835.
¿Qué fue la Ley de Aduana de 1835 y cuáles fueron sus efectos?
La Ley de Aduana de 1835 fue una legislación clave que impuso altos aranceles (35% a 50%) y prohibiciones a productos extranjeros que competían con la producción nacional. Su objetivo era fomentar el renacimiento de las manufacturas y la agricultura en el país. Sus efectos incluyeron un notable crecimiento de diversas industrias en Buenos Aires y las provincias, un aumento significativo de las exportaciones y una balanza comercial positiva, permitiendo al país resistir bloqueos extranjeros.
¿Por qué Rosas prohibió la navegación de los ríos interiores?
En realidad, Rosas mantuvo y consolidó una prohibición preexistente impuesta por Buenos Aires. El propósito era centralizar todo el comercio exterior e interior a través del puerto y la aduana de Buenos Aires, asegurando así que todas las mercaderías pagaran tributo en la capital y manteniendo la hegemonía económica y política porteña sobre el resto de las provincias.
¿Cómo benefició el gobierno de Rosas a las provincias del interior?
Aunque la política de Rosas se centró en los intereses porteños, la Ley de Aduana de 1835, al proteger la producción nacional, generó un importante impulso en las economías provinciales. Esto se manifestó en el desarrollo de industrias textiles, vitivinícolas, harineras, de curtiembres, azucareras y de transporte en varias provincias, que pudieron competir y crecer al quedar resguardadas de la competencia extranjera.

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