¿Hayek y Pinochet? Desmontando un Mito Recurrente

24/05/2023

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La historia de las ideas, como la historia misma, a menudo se escribe con tinta de prejuicio y selectividad. Una y otra vez, ciertos pensadores son arrastrados al escrutinio público no por la profundidad de su obra, sino por supuestas "manchas" en su biografía que los vinculan a regímenes autoritarios. Es una acusación recurrente, un eco persistente en el debate contemporáneo, que busca deslegitimar la raíz misma de ciertas corrientes de pensamiento. Recientemente, una seguidora en Twitter, @rodriguezbraun, me compartió su reticencia a leer a Friedrich Hayek, el insigne economista y filósofo liberal, basándose en la creencia de que había "respaldado a Pinochet". Esta afirmación no es un caso aislado; forma parte de una narrativa más amplia, tejida por la corrección política, que busca asociar el liberalismo con el despotismo. Pero, ¿es esta asociación justa? ¿Se aplica el mismo rasero a todos los pensadores? Este artículo se propone desentrañar esta compleja red de acusaciones, examinar la evidencia y, quizás, arrojar luz sobre una doble moral que distorsiona la comprensión de la historia intelectual.

¿Por qué no quería leer A Hayek?
Me dijo una seguidora en twitter (@rodriguezbraun) que no quería ni leer a Hayek porque había respaldado a Pinochet. Es reiterada la asociación que la corrección política establece entre liberalismo y despotismo. ¿Quién no sabe que Friedman se entrevistó con Pinochet?
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El Caso Hayek: ¿Un Apoyo a la Dictadura o una Posición Matizada?

La figura de Friedrich Hayek, uno de los pilares del pensamiento liberal del siglo XX y Premio Nobel de Economía, ha sido objeto de una particular controversia: su supuesta simpatía por la dictadura de Augusto Pinochet en Chile. La acusación es grave y, para muchos, suficiente para descartar su obra. Sin embargo, la realidad detrás de esta afirmación es mucho más compleja y matizada de lo que a menudo se presenta. La "prueba irrefutable", la smoking gun que se esgrime, es una entrevista que Hayek concedió a R. Sallas, publicada en El Mercurio de Santiago de Chile el 12 de abril de 1981. Analicemos lo que realmente dijo Hayek.

En dicha entrevista, Hayek es categórico al negar la posibilidad de separar "la libertad económica de otras libertades". Esta es una piedra angular de su pensamiento: la libertad es indivisible. Más aún, se declara "totalmente en contra" de las dictaduras. Esta es una afirmación crucial que a menudo se omite en las críticas. ¿Cómo, entonces, se reconcilia esto con la acusación de apoyo a Pinochet? Hayek introduce una excepción, una que él mismo reconoce como contradictoria con el liberalismo puro, pero que considera aplicable en circunstancias verdaderamente excepcionales y siempre de modo temporal. Él admitía las dictaduras solo como una fase transitoria hacia la libertad, como una medida extrema para restaurar un orden que permitiera, a la larga, el florecimiento de las libertades individuales. Subrayó que esta postura solo se justifica en un escenario de dos únicas opciones: un dictador que, a pesar de su naturaleza, respete alguna libertad (especialmente la económica como base de otras libertades), o una democracia que no respete ninguna libertad. En un dilema tan extremo, Hayek, con reticencia, prefería la primera opción, siempre y cuando fuera un puente hacia un sistema más libre.

Es fundamental comprender el contexto y la advertencia de Hayek. Su pronóstico para Chile y América Latina fue "asistiremos a una transición de gobiernos dictatoriales a liberales", una predicción que, con la notable excepción de Cuba, se cumplió en gran medida en la región. Su visión no era la de perpetuar una dictadura, sino la de verla como un mal menor y temporal en un camino hacia una sociedad más libre. No hay una sola línea escrita por Hayek en apoyo a Pinochet; sus palabras en la entrevista son, de hecho, una condena implícita de la dictadura como forma de gobierno, aceptándola solo como una última opción para evitar un mal mayor (la tiranía totalitaria que aniquila todas las libertades) y siempre con un horizonte de transición a la libertad.

Friedman y los Dobles Estándares en el Juicio Histórico

El caso de Milton Friedman, otro gigante del liberalismo económico y también Premio Nobel, es igualmente ilustrativo de la selectividad con la que se juzga a los pensadores liberales. Es de conocimiento público que Friedman se entrevistó con Pinochet, y este hecho es constantemente invocado para vincular el liberalismo con regímenes autoritarios. Lo que se sabe menos, o lo que convenientemente se ignora, es que Friedman también se reunió con los jefes del régimen comunista chino, a quienes aconsejó la misma política económica que había recomendado al dictador chileno. Su enfoque, en ambos casos, era pragmático: promover políticas económicas que, según su convicción, llevarían a la prosperidad y, eventualmente, a una mayor libertad. Friedman creía firmemente que la libertad económica era un prerrequisito para la libertad política, y su consejo se basaba en esta premisa, independientemente del régimen en el poder.

Más allá de estas interacciones, se sabe muchísimo menos, y rara vez se menciona, que Friedman asesoró y apoyó especialmente a políticos democráticos en diversas partes del mundo. Sin embargo, en el discurso público, lo que importa es su "complicidad" con el "odiado general" Pinochet. Esta omisión selectiva de información es reveladora. Sugiere que el objetivo no es una evaluación equilibrada de la trayectoria de un pensador, sino la búsqueda de cualquier mancha que pueda ser utilizada para desacreditar una ideología completa.

La Inconsistencia del Juicio: ¿Por Qué Solo los Liberales?

La crítica hacia Hayek y Friedman por sus supuestas "complicidades" con dictaduras contrasta drásticamente con la permisividad, o incluso el silencio, con el que se tratan las afinidades de otros intelectuales con regímenes totalitarios de signo opuesto. Mientras que a los liberales se les escudriña meticulosamente, no vaya a ser que tengan alguna mancha en su currículum que los acerque a alguna tiranía ya extinguida, ¿qué pasa con aquellos que se acercaron, y mucho, a las satrapías socialistas que aún están en pie y oprimiendo al pueblo? La respuesta es, lamentablemente, "no pasa nada".

Se considera moralmente reprobable haber apoyado a Pinochet, pero no a Fidel Castro, a pesar de que este último presidió una dictadura que ha durado décadas, con un historial de represión, violaciones de derechos humanos y ruina económica. Y por hablar solo de economistas destacados, nadie reprochó a John Kenneth Galbraith, una figura influyente de la izquierda, el haber elogiado abiertamente las dictaduras comunistas de Rusia y China. La lista de intelectuales y artistas que aplaudieron el comunismo sin recibir condena alguna es copiosísima, como documenta Paul Hollander en su obra "Los peregrinos políticos".

¿Por qué no quería leer A Hayek?
Me dijo una seguidora en twitter (@rodriguezbraun) que no quería ni leer a Hayek porque había respaldado a Pinochet. Es reiterada la asociación que la corrección política establece entre liberalismo y despotismo. ¿Quién no sabe que Friedman se entrevistó con Pinochet?

Este doble rasero es, quizá, la parte más preocupante de todo el debate. A los liberales se les exige una coherencia absoluta con los principios democráticos y se les imparte sin cesar lecciones de respeto a la libertad. En cambio, la izquierda, en general, jamás tiene que disculparse ni dar explicación alguna por sus históricas o actuales vinculaciones con dictaduras. Es como si el apoyo a tiranías de izquierda fuera, de alguna manera, menos condenable o incluso justificable, mientras que cualquier mínima asociación con una tiranía de derecha es imperdonable. Esta asimetría en el juicio revela un sesgo ideológico profundo que impide un análisis objetivo y justo de la historia de las ideas.

Comparativa de Escrupulosidad Crítica

Para ilustrar esta disparidad, consideremos la siguiente tabla conceptual que refleja la aplicación de la crítica en función de la ideología:

Ideología del PensadorTipo de Dictadura AsociadaNivel de Escrupulosidad Crítica RecibidaConsecuencia en la Legitimidad de su Obra
LiberalDerecha (ej. Pinochet)Extremo: Cualquier conexión es una "mancha"Deslegitimación frecuente de toda su obra y pensamiento.
Socialista/IzquierdaIzquierda (ej. Castro, URSS, China)Bajo/Nulo: Conexiones a menudo ignoradas o justificadas.Impacto mínimo o nulo en la legitimidad de su obra; a menudo se disocia al pensador de las atrocidades del régimen.

Esta tabla subraya una realidad incómoda: la crítica no siempre es un ejercicio de objetividad intelectual, sino a menudo una herramienta política para desacreditar a oponentes ideológicos.

Preguntas Frecuentes sobre Hayek y las Dictaduras

Aclarar malentendidos es crucial para un debate informado. Aquí abordamos algunas preguntas comunes:

¿Hayek defendió las dictaduras como forma de gobierno ideal?

No, rotundamente no. Hayek se declaró "totalmente en contra" de las dictaduras. Su pensamiento se centra en la libertad individual y el estado de derecho. Su única admisión de una dictadura fue en un contexto muy específico y transitorio: como un posible camino para restaurar las libertades en un país donde la alternativa era una tiranía totalitaria que aniquilaba toda libertad, y siempre con el objetivo de una transición a la democracia liberal.

¿Existe alguna obra escrita por Hayek apoyando a Pinochet?

No. No hay una sola línea escrita por Hayek en apoyo explícito a Pinochet o a su régimen. Las acusaciones se basan casi exclusivamente en la interpretación de una entrevista de 1981, donde sus palabras, al ser leídas en su totalidad y contexto, revelan una posición mucho más matizada y crítica de las dictaduras de lo que se suele argumentar.

¿Hayek creía que la libertad económica justificaba cualquier dictadura?

No. Hayek argumentaba que la libertad económica es inseparable de otras libertades y un prerrequisito para ellas. Su preocupación era que, en ciertos contextos extremos, la supresión total de la libertad económica por un régimen totalitario (como el socialista) podría ser un obstáculo insuperable para cualquier forma de libertad futura. En tales casos, un régimen que permitiera cierta libertad económica, aunque fuera dictatorial, podría ser un menor de dos males si conducía a una eventual mayor libertad. Pero esto era una excepción a su regla general de oposición a las dictaduras.

¿Por qué se ataca tanto a los liberales por estas conexiones y no a otros?

Esto se debe, en gran parte, a un sesgo ideológico. Las críticas a los liberales a menudo provienen de sectores de la izquierda que buscan deslegitimar el liberalismo asociándolo con el autoritarismo de derecha. Al mismo tiempo, estos sectores tienden a ser indulgentes o a justificar las conexiones de sus propios pensadores con dictaduras de izquierda, creando un claro doble rasero. Es una táctica retórica más que un análisis histórico objetivo.

En conclusión, la acusación de que Friedrich Hayek "apoyó a Pinochet" es una simplificación deshonesta de una posición mucho más compleja y, en última instancia, una distorsión de su pensamiento. Hayek, un férreo defensor de la libertad, vio en las dictaduras un mal, que solo en circunstancias extremas y temporales, podría ser un puente hacia un orden más libre, siempre que la alternativa fuera la supresión total de toda libertad. La persistencia de esta acusación, y la selectividad con la que se aplica el juicio histórico a diferentes corrientes de pensamiento, revela más sobre los prejuicios de quienes acusan que sobre la verdadera naturaleza del liberalismo. Es hora de dejar de lado las narrativas simplistas y abordar la historia de las ideas con la complejidad y la justicia que merece, reconociendo que la libertad, en todas sus formas, fue y sigue siendo la aspiración central de pensadores como Hayek.

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