¿Cómo ha superado la ideología de género el concepto de hombre y mujer?

La Fe Ante la Ideología: Hombre y Mujer en Perspectiva Cristiana

19/12/2023

Valoración: 3.91 (6991 votos)

En un mundo que redefine constantemente los conceptos más arraigados de la existencia humana, la distinción entre hombre y mujer se ha convertido en un punto central de debate. La fe cristiana, con una tradición milenaria, ofrece una comprensión profunda y coherente de la naturaleza humana, basada en la revelación divina. Esta visión se contrapone directamente a la ideología de género, un sistema de pensamiento que propone que las diferencias entre los sexos son meras construcciones culturales, separadas de la biología y de una naturaleza fija. A lo largo de este artículo, exploraremos cómo esta ideología ha intentado superar el concepto tradicional de hombre y mujer, y cómo la perspectiva cristiana ofrece una respuesta que subraya la dignidad, la complementariedad y el verdadero sentido de nuestra identidad.

¿Cómo ha superado la ideología de género el concepto de hombre y mujer?
¿La ideología de género ha superado el concepto de hombre y mujer? Desde estas perspectivas, negar la ordenación a una persona perteneciente al “género” humano se convertirá rápidamente en un crimen y puede esperarse que un día la Iglesia católica vaya a juicio ante un tribunal europeo por discriminación.
Índice de Contenido

La Fe Cristiana: Un Fundamento Inamovible para el Hombre y la Mujer

Desde sus orígenes, la fe cristiana ha presentado una visión clara y unificada del ser humano, arraigada en la creación divina. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que cada uno de los dos sexos, el masculino y el femenino, es, con una dignidad igual, aunque de manera distinta, imagen del poder y la ternura de Dios. Esta distinción no es una fuente de conflicto, sino de una profunda unidad. La unión del hombre y la mujer en el matrimonio es la forma más sublime de imitar en la carne la generosidad y la fecundidad del Creador, cuando, al dejar el hombre a su padre y a su madre y unirse a su mujer, se hacen una sola carne. De esta unión proceden todas las generaciones humanas.

La fe cristiana católica es portadora de una visión completa y plena del hombre, que puede contribuir enormemente al esfuerzo de aquellos que, de manera convencida y sincera, buscan hacer un bien a las personas. Lleva a la perfección la aspiración de igualdad que la ideología de género intenta alcanzar, pero lo hace desde una perspectiva de dignidad y no de uniformidad. Dios da la dignidad personal de igual modo al hombre y a la mujer. Ambos fueron creados a imagen y semejanza de un Dios personal. Sería desigual y discriminatorio si solo el varón hubiera sido hecho persona e imagen de Dios y la mujer no. La Iglesia Católica no es portadora de una fe propia, sino de la que le fue revelada y confiada por Jesucristo mismo, quien afirmó: “¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? De manera que ya no son dos sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre” (Mt 19,4-6).

Para la fe cristiana, el hombre y la mujer no se conciben por separado, sino como un solo ser en el matrimonio, una unión tan profunda que San Pablo la compara con la indisoluble unión entre Cristo y su Iglesia. Esta es una visión de unidad que cicatriza y corrige toda visión prejuiciada de nuestra fe y de la misma persona. La fe cristiana tiene lo que a la ideología de género le falta: una comprensión de la persona que no se reduce a la genitalidad o el placer sexual, ni a la rivalidad, sino que se enmarca en la alianza matrimonial, donde ambos se convierten en un solo ser.

La Ideología de Género: Una Desconstrucción de la Realidad Humana

La ideología de género se define como un sistema de pensamiento cerrado que defiende que las diferencias entre el hombre y la mujer, más allá de las obvias diferencias anatómicas, no corresponden a una naturaleza fija, sino que son construcciones meramente culturales y convencionales, hechas según los roles y estereotipos que cada sociedad asigna a los sexos. Su objetivo principal es desencializar la idea de mujer y de hombre, es decir, vaciar de su esencia a estos conceptos, para convertirlos en otra cosa: pura materia orgánica sobre la cual se puede construir cualquier tipo de sexualidad. Esto implica la total negación de la antropología realista y del concepto de naturaleza humana, no por nuevos datos científicos, sino por una negación puramente ideológica.

Esta ideología propone la búsqueda de una “liberación total” del ser humano en todos los órdenes, a través de la “de-construcción” del lenguaje, las relaciones familiares, la reproducción, la sexualidad, la educación, la cultura e incluso la religión y la figura de Cristo. El Cardenal Ratzinger (futuro Benedicto XVI) lo sentenció con agudeza: “La ideología de género es la última rebelión de la creatura contra su condición de creatura”. Según él, el hombre moderno, con esta ideología, pretende librarse incluso de las exigencias de su propio cuerpo, considerándose un ser autónomo que se construye a sí mismo, una pura voluntad que se autocrea y se convierte en un dios para sí mismo. Judith Butler, una de las figuras influyentes en esta corriente, afirma que el género es una construcción cultural, radicalmente independiente del sexo, un artificio libre de ataduras, de modo que “hombre y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, tanto un cuerpo masculino como uno femenino”.

Raíces Históricas y Propósitos de la Ideología de Género

La “perspectiva de género” no es un fenómeno reciente. La IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer, celebrada en septiembre de 1995 en Pekín, fue el escenario elegido para lanzar una fuerte campaña de persuasión y difusión de esta nueva perspectiva, que desde entonces se ha filtrado en diversos ámbitos de países industrializados y en vías de desarrollo. Dale O’Leary, experta en el tema, señala que la teoría del “feminismo de género” se basa en una interpretación neo-marxista de la historia. Parte de la afirmación de Marx de que toda la historia es una lucha de clases, de opresor contra oprimido, que se resolverá cuando los oprimidos se alcen en revolución e impongan una dictadura, reconstruyendo la sociedad para crear una sociedad sin clases, libre de conflictos y utópica.

Frederick Engels sentó las bases de la unión entre el marxismo y el feminismo, al señalar en su obra “El Origen de la Familia, la Propiedad y el Estado” que “el primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino”. Mientras los marxistas clásicos creían que el sistema de clases desaparecería al eliminar la propiedad privada, facilitar el divorcio, aceptar la ilegitimidad, forzar la entrada de la mujer al mercado laboral, colocar a los niños en institutos de cuidado diario y eliminar la religión, las “feministas de género” argumentan que los marxistas fracasaron al concentrarse en soluciones económicas sin atacar directamente a la familia, considerada la verdadera causa de las clases.

¿Cuál es la diferencia entre la fe cristiana y la ideología de género?
La fe cristiana, en cambio, nos lleva a mirar que el otro es mi hermano, por ser todos hijos de un mismo Padre que nos ha dado la vida. La ideología de género hace girar todo el entorno hacia el propio yo y a todos los ve en función de sí mismo; es decir, los vuelve instrumentos para la auto satisfacción. Esto es de plano discriminador.

Shulamith Firestone, una feminista radical, afirma la necesidad de destruir no solo la diferencia de clases económicas, sino también la diferencia de sexos. Para ella, la meta definitiva de la revolución feminista debe ser “no simplemente acabar con el privilegio masculino sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarían culturalmente”. Es evidente que para esta “perspectiva de género”, la realidad de la naturaleza incomoda, estorba y, por tanto, debe desaparecer. El propósito real no es mejorar la situación de la mujer, sino separar a la mujer del hombre y destruir la identificación de sus intereses con los de sus familias. El interés primordial del feminismo radical nunca ha sido mejorar directamente la situación de la mujer ni aumentar su libertad, sino utilizar las mejoras menores como un medio para la revolución de clase sexo/género, como afirma Heidi Hartmann: “La cuestión de la mujer nunca ha sido la ‘cuestión feminista’. Esta se dirige a las causas de la desigualdad sexual entre hombres y mujeres, del dominio masculino sobre la mujer”.

Además, las “feministas de género” ponen especial énfasis en la “de-construcción” de la religión, a la que consideran la causa principal de la opresión de la mujer. Numerosas ONG acreditadas ante la ONU critican a quienes denominan “fundamentalistas” (cristianos, judíos, musulmanes o cualquier persona que rehúse ajustar las doctrinas de su religión a la agenda del “feminismo de género”). Un vídeo promotor del Foro de las ONG en la Conferencia de Pekín, producido por Judith Lasch, señala que “nada ha hecho más por constreñir a la mujer que los credos y las enseñanzas religiosas”. Para el “feminismo de género”, la religión es un invento humano, y las religiones principales fueron inventadas por hombres para oprimir a las mujeres. Teólogas feministas de género como Elisabeth Schussler Fiorenza niegan la posibilidad misma de la Revelación, afirmando que los textos bíblicos “no son revelación de inspiración verbal ni principios doctrinales, sino formulaciones históricas… todos los textos son producto de una cultura e historia patriarcal androcéntrica”. Incluso, Joanne Carlson Brown y Carole R. Bohn atacan directamente al cristianismo como propulsor del abuso infantil, al considerarlo una “teología abusiva que glorifica el sufrimiento”, donde Dios Padre exige y efectúa el sufrimiento y la muerte de su propio hijo.

El Sacerdocio y la Distinción de Géneros en la Iglesia Católica

Un punto de fricción particular entre la ideología de género y la fe cristiana es la cuestión de la ordenación sacerdotal de las mujeres en la Iglesia Católica. La postura de la Iglesia no es una cuestión de disciplina o de derecho que pueda ser revisada, sino que se trata de la naturaleza misma del sacramento que ha recibido. El sacerdote representa a Cristo, el Esposo de la Iglesia. Esta representación no es una función social que pueda ser intercambiada, sino una acción “in persona Christi”, donde Cristo mismo actúa a través del sacerdote, especialmente en la Eucaristía (“este es mi cuerpo”) y en la reconciliación (“yo te absuelvo de tus pecados”).

A lo largo de la historia de la Iglesia, las mujeres han desempeñado funciones eminentes de muy distintos tipos. Desde Marta y María, propuestas como modelos de escucha y fe, hasta las primeras beneficiarias de la aparición del Resucitado a quienes se les encarga la misión de anunciar la buena nueva. Innumerables santas como Blandina, Genoveva, Juana de Arco, Catalina de Siena, Teresa de Ávila, Teresa del Niño Jesús, y la beata Teresa de Calcuta, han marcado la historia de la Iglesia con su santidad, liderazgo y servicio. Han dirigido escuelas, hospitales, monasterios como abadesas o prioras. Sin embargo, ninguna ha sido ordenada sacerdote. La cuestión de las diaconisas es discutida, pero nunca ha habido una sacerdotisa. La Iglesia se reconoce vinculada a esta cuestión por la revelación misma, que presenta a Jesús como el Esposo de la Iglesia, una constante ya en el Antiguo Testamento donde la alianza entre Dios y su Pueblo es una alianza conyugal. El primer signo dado por Jesús, en Caná, se sitúa en un banquete de bodas, y San Pablo ve en el matrimonio cristiano una imagen de la relación entre Cristo y la Iglesia: “amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia”.

La perspectiva de la ordenación de mujeres es especialmente actual en un momento en que se intenta confundir los sexos en un solo género. Las corrientes culturales tienden a uniformar las funciones sociales, sin distinción de sexo, bajo el principio de la paridad. Sin embargo, algunas van mucho más lejos, negando toda especificidad masculina o femenina, incluso la biológica, fundiendo ambos en un único género e instituyendo la equivalencia entre las uniones homosexuales y las heterosexuales. Desde estas perspectivas, negar la ordenación a una persona perteneciente al “género” humano se convierte rápidamente en un crimen, y se espera que la Iglesia católica sea llevada a juicio por discriminación. La Iglesia católica cree, al contrario, que la distinción de masculino y de femenino es un tema de estructura vital, lleno de sentido para toda la humanidad. Por eso, recuerda incansablemente el versículo del Génesis: “Hombre y mujer los creó”. Suprimiendo el simbolismo conyugal vinculado al ministerio del sacerdote, la Iglesia católica avalaría una ideología ruinosa para la humanidad. Esto no lo hará.

Las Consecuencias de la Ideología de Género: Egoísmo y Absurdo

Mientras la fe cristiana promueve la unidad y la complementariedad, la ideología de género ofrece una visión distorsionada de las personas, concentrando toda su atención en el uso de los genitales y el placer sexual. Su concepto de la persona está teñido de rivalidad, pugna y polarización entre hombre y mujer, lo que conduce al egoísmo. Hace ver al otro como un potencial adversario y centra la relación en la rivalidad, estableciendo una línea de protección llamada ‘igualdad’ bajo la premisa: ‘Tú no eres más que yo’. La fe cristiana, en cambio, nos lleva a mirar al otro como nuestro hermano, por ser todos hijos de un mismo Padre. La ideología de género hace girar todo el entorno hacia el propio yo, viendo a todos en función de la autosatisfacción, lo cual es discriminatorio. La fe cristiana nos mueve a otro horizonte, al testimonio de Cristo lavando los pies a sus discípulos, abriéndonos a la renuncia de sí mismo y al encuentro con el prójimo, haciendo de él el centro de toda relación de amor para hallar la alegría de vivir y el gozo verdadero.

El Papa Francisco, en su Encíclica ‘Laudato Si’, nos recuerda que “cada uno de nosotros tiene una identidad personal (…) La capacidad de reflexión, la argumentación, la creatividad, la interpretación, la elaboración artística y otras capacidades inéditas muestran una singularidad que trasciende el ámbito de lo físico y biológico. (…) consideramos al ser humano como sujeto, que nunca puede ser reducido a la categoría de objeto”. Advierte que “si el ser humano no redescubre su verdadero lugar, se entiende mal a sí mismo y termina contradiciendo su propia realidad”. Así como existen transnacionales del aborto que asesinan a los niños para venderlos por partes, también hay ideologías que pretenden fracturar y parcializar al hombre para hacer de cada elemento en que lo dividen un objeto de consumo y disfrute, como si se tratara de las gavetas de un armario. Los activistas de la ideología de género dividen la genitalidad del resto de la persona.

Las consecuencias de esta ideología pueden parecer, a primera vista, graciosas o exageradas, pero revelan un profundo absurdo. ¿Te imaginas una “igualdad de género” entre los animales? ¿Una gallina emancipándose del gallo, negándose a ser pisada y exigiendo que él ponga los huevos? ¿Vacas enfrentando a los toros para que desarrollen ubres y sean ordeñados? Este tipo de analogías, aunque cómicas, ilustran la ilógica de negar las diferencias biológicas y funcionales inherentes a la naturaleza. El sacerdote Héctor Pernía, mfc, relata la anécdota de una niña que preguntó por qué Jesucristo no fue mujer, a lo que un niño más pequeño respondió con simpleza y sabiduría: “Jesucristo no fue mujer porque si lo hubiese sido no hubiera podido cargar con la cruz tan pesada que le pusieron en su espalda”. Esta anécdota, por su sencillez, explica claramente que la ideología de género no funciona.

¿Cuál es la importancia del género?
Lo más importante para el género, es desencializar la idea de mujer y de hombre, esto es, vaciar de su esencia a estos conceptos, hacer que hombre y mujer dejen de ser lo que son para convertirlos en otra cosa: pura materia orgánica sobre la cual se puede construir cualquier tipo de sexualidad.

Incluso los niños más pequeños, de forma natural, rechazan esta ideología. Se ha observado cómo un niño de tres años, al que su madre intentó educar según la ideología de género ofreciéndole una muñeca, respondió espontáneamente: “es para niñas”. Y al mostrarle otro juguete rosado con rostro de mujer, volvió a decir: “es de niñas”. Inmediatamente, el niño se dirigió por sí mismo a un estante de camiones y escogió el que quería. Otro niño, aún gateando, al mirar juguetes para niñas y niños, siempre escogía jugar con pelotas y coches. Estos sencillos ejemplos, corroborables a diario, muestran cómo la identidad de género, lejos de ser una construcción puramente cultural, tiene raíces profundas en la naturaleza humana y es manifestada con total claridad por los más pequeños.

Tabla Comparativa: Fe Cristiana vs. Ideología de Género

AspectoFe CristianaIdeología de Género
Concepto de Hombre/MujerCreados con igual dignidad, pero distintos; imagen de Dios, destinados a la unidad y complementariedad.Construcciones culturales y convencionales, vacías de esencia; pueden significar cualquier cuerpo.
Naturaleza HumanaFija, revelada por Dios; distinción masculino/femenino como estructura vital.Negación de la naturaleza fija; pura materia orgánica sobre la cual se construye la sexualidad.
Relación Hombre-MujerUnidad en la diversidad; complementariedad y alianza conyugal (una sola carne), imitación de Cristo y la Iglesia.Rivalidad, pugna, polarización; búsqueda de "liberación total" mediante de-construcción.
Fin Último de la PersonaEncuentro con Dios y el prójimo; servicio, renuncia de sí mismo, búsqueda de la alegría verdadera.Autosatisfacción, egoísmo; el otro como instrumento o adversario.
Paternidad/MaternidadUnión generadora de vida, imitación de la fecundidad del Creador.Control de la reproducción, separación de la genitalidad del resto de la persona.
Rol del SacerdoteRepresenta a Cristo Esposo de la Iglesia; acción sacramental 'in persona Christi'.Función social sin simbolismo conyugal; puede ser desempeñada por cualquier 'género'.

Preguntas Frecuentes

¿Por qué la Iglesia Católica no ordena mujeres sacerdotes?

La Iglesia Católica no ordena mujeres sacerdotes porque el sacerdocio no es una cuestión de función social o disciplina eclesiástica, sino de la naturaleza misma del sacramento del orden. El sacerdote representa a Cristo, el Esposo de la Iglesia. Esta representación, en la que Cristo actúa a través del sacerdote, requiere una identificación sacramental con el rol de Cristo como Esposo, una realidad que la Iglesia se reconoce vinculada por la revelación divina. No es una cuestión de discriminación, sino de fidelidad a lo que Cristo instituyó y a la tradición constante de la Iglesia.

¿La Iglesia Católica discrimina a las mujeres?

La Iglesia Católica no discrimina a las mujeres. Por el contrario, reconoce y valora la igual dignidad de hombre y mujer, ambos creados a imagen y semejanza de Dios. A lo largo de la historia de la Iglesia, las mujeres han desempeñado roles eminentes y cruciales en la evangelización, la caridad, la educación y la gestión, como lo demuestran las vidas de innumerables santas y mujeres líderes en la actualidad. La distinción de roles, como el sacerdocio reservado a los varones, se entiende desde una perspectiva teológica y sacramental de complementariedad, no de superioridad o inferioridad. La Iglesia busca una verdadera complementariedad, donde la aceptación de las diferencias pide humildad pero aporta alegría.

¿Qué significa “desencializar” el concepto de hombre y mujer según la ideología de género?

“Desencializar” en el contexto de la ideología de género significa vaciar de su significado inherente y natural los conceptos de hombre y mujer. Es decir, negar que haya una esencia o naturaleza fija que defina lo que es ser hombre o ser mujer. En su lugar, se propone que estas identidades son construcciones meramente culturales, sociales y convencionales, que pueden ser modificadas o elegidas libremente, independientemente de la biología. Esto reduce al ser humano a una “pura materia orgánica” sobre la cual se puede construir cualquier tipo de sexualidad o identidad de género.

¿Tiene la ideología de género raíces marxistas?

Según expertos como Dale O’Leary, la teoría del “feminismo de género” tiene profundas raíces en una interpretación neo-marxista de la historia. Partiendo de la premisa marxista de la lucha de clases entre opresores y oprimidos, esta perspectiva aplica el mismo esquema a la relación entre hombres y mujeres, considerándola un antagonismo de clases sexuales. Pensadores como Frederick Engels sentaron las bases al identificar el matrimonio monógamo como el primer sistema de opresión. Las feministas de género radicalizan esta idea, buscando la “de-construcción” de la familia y de la distinción misma entre los sexos, considerándolas la verdadera causa de la opresión, más allá de las soluciones puramente económicas propuestas por el marxismo clásico.

¿Cómo ve la Iglesia Católica la igualdad entre hombre y mujer?

La Iglesia Católica ve la igualdad entre hombre y mujer como una igualdad en dignidad personal. Ambos son creados a imagen y semejanza de Dios y poseen la misma dignidad inherente. Sin embargo, esta igualdad no implica la indistinción o la anulación de las diferencias. Al contrario, la Iglesia valora las diferencias intrínsecas entre el masculino y el femenino como parte de la riqueza de la creación y como base para la complementariedad. La unión en el matrimonio, donde hombre y mujer se hacen “una sola carne”, es el modelo de esta igualdad en la diferencia, reflejando la unión de Cristo con la Iglesia y la generosidad y fecundidad del Creador. La diversidad, para la fe cristiana, no es dominación sino complementariedad y riqueza, y el vínculo del amor mutuo protege a la diversidad de los peligros de opresión y esclavitud.

En conclusión, la ideología de género representa un intento radical de redefinir la naturaleza humana, despojando a los conceptos de hombre y mujer de su esencia y significado intrínseco. Esta perspectiva, con sus raíces en corrientes filosóficas y sociales que buscan una “liberación total” a través de la de-construcción de las estructuras tradicionales, choca frontalmente con la visión de la fe cristiana. Para la Iglesia, la distinción entre masculino y femenino no es una construcción cultural arbitraria, sino una estructura vital querida por Dios, llena de sentido y que promueve la complementariedad y la unidad, no la rivalidad. Al defender la verdad sobre el hombre y la mujer tal como han sido creados, la Iglesia Católica no solo se mantiene fiel a su revelación, sino que también ofrece un gran servicio a la sociedad, mostrando cómo la aceptación gozosa de las diferencias es fuente de verdadera alegría y plenitud humana.

Si quieres conocer otros artículos parecidos a La Fe Ante la Ideología: Hombre y Mujer en Perspectiva Cristiana puedes visitar la categoría Librerías.

Subir