24/08/2022
La ciudad de Buenos Aires, vibrante y rica en historia, ha perdido recientemente uno de sus más preciados emblemas culturales: Clásica y Moderna. Tras ochenta años de ininterrumpida trayectoria, esta mítica librería, que también funcionaba como café y epicentro de encuentros artísticos, bajó sus persianas en la avenida Callao 892. Su cierre no es solo el fin de un negocio, sino el adiós a un espacio que fue un imán para escritores, músicos y un sinfín de artistas, un verdadero refugio donde el placer de la lectura se fusionaba con el aroma del café y la efervescencia de las ideas. Un lugar donde tomar o comer algo iba de la mano con el placer de pensar, de ver o de escuchar, y donde la presencia de Natalia "Natu" Poblet, la carismática heredera de una "dinastía de libreros" y alma mater del lugar hasta su fallecimiento en 2017, era un pilar fundamental.

La noticia del desalojo por una abultada deuda de alquiler de 500.000 pesos resonó como un eco de tristeza en el ámbito cultural. Las ventas, que venían en declive desde 2014, sumadas a la ausencia de Natu, dejaron a la librería en una situación insostenible. Este artículo se adentra en la historia, el impacto y el doloroso final de un lugar que, para muchos, era mucho más que una librería: era un pedazo vivo de la identidad cultural de Buenos Aires.
Un Legado de Ocho Décadas: Historia y Orígenes de un Símbolo
La historia de Clásica y Moderna es una narrativa fascinante que se entrelaza con la propia historia de la cultura porteña. Sus raíces se remontan mucho antes de su apertura oficial en 1938, cuando Francisco Poblet, uno de los hijos de Emilio Poblet Diez, decidió fundar su propia librería junto a su mujer. Emilio, el abuelo de Natu, había emigrado desde Madrid en 1916 para establecer en Buenos Aires la "Librería Académica de Poblet e Hijos", sentando las bases de una verdadera estirpe de libreros.
Desde sus inicios, Clásica y Moderna se erigió como un bastión del libro y el pensamiento. Durante las décadas de 1950 y 1960, se consolidó como un referente ineludible. Pero su valor trascendió lo meramente comercial: en los oscuros años de la dictadura militar en Argentina, la librería se convirtió en un refugio de resistencia. En sus fondos, custodiaba y protegía libros prohibidos, desafiando la censura y preservando la libertad de ideas. Era un faro en medio de la oscuridad, un santuario donde la palabra impresa seguía viva a pesar de los intentos por silenciarla.
La evolución del espacio fue notable. El 25 de mayo de 1988, de la mano de Natu, su hermano Paco y el diseñador Ricardo Plant, Clásica y Moderna dio un paso más allá, incorporando un restaurante y bar. Esta transformación la convirtió en un concepto pionero: un espacio donde se podía disfrutar de buena música –jazz, bossa, blues–, contemplar arte, participar en eventos culturales y, por supuesto, sumergirse en la lectura. Esta fusión la hizo única y le valió ser declarada de "interés cultural" por la Legislatura porteña, un reconocimiento a su invaluable aporte a la vida de la ciudad.
Natalia "Natu" Poblet: El Alma Indeleble de la Librería
Hablar de Clásica y Moderna es hablar de Natu Poblet. Ella fue, sin lugar a dudas, el corazón y el alma de este emblemático lugar. Si bien se graduó como arquitecta en la UBA y ejerció la profesión hasta principios de los años 80, su destino la llamaba de vuelta a la tradición familiar. Tras el fallecimiento de su padre, Natu, junto a su hermano Paco, asumió la dirección y transformó la librería en un verdadero "imán" cultural. Su visión era clara: trascender la simple venta de libros para convertir el espacio en un vibrante centro de actividades.
Bajo su tutela, Clásica y Moderna albergó innumerables cursos, conferencias, presentaciones de libros y recitales, atrayendo a una audiencia ávida de conocimiento y arte. Natu no solo gestionaba el negocio; ella vivía el libro. Solía recomendar con pasión "El extranjero" de Albert Camus y recordaba con especial cariño la presentación de "La casa de los espíritus" de Isabel Allende en 1985. Para ella, "el libro es un objeto de placer", y su entusiasmo era contagioso, recomendando solo aquellos títulos que la habían cautivado profundamente.
Su influencia trascendió las paredes de la librería. Durante años, Natu condujo el programa "Leer es un placer" en Radio Nacional, llevando su amor por los libros a un público más amplio. Su dedicación y aporte a la cultura fueron reconocidos incluso a nivel internacional, siendo condecorada con la Orden de Isabel la Católica en la Embajada de España en Buenos Aires. Natu no solo continuó la tradición familiar; la refundó, la hizo más plural y la dotó de una identidad inconfundible que la convirtió en un verdadero patrimonio cultural.
Un Faro para la Cultura Porteña: Escritores y Encuentros Memorables
La lista de personalidades que transitaron por Clásica y Moderna es extensa y diversa, un testimonio de su relevancia en el panorama literario y artístico. Escritores de la talla del chileno José Donoso, quien leyó allí el comienzo de su novela "La desesperanza" (1986), o figuras como Ernesto Schoo, Edgardo Cozarinsky, David Viñas, Enrique Pezzoni, Isidoro Blainsten, Juan José Sebreli y María Esther de Miguel, encontraron en sus salones un espacio para la creación, el debate y el encuentro con sus lectores.
Este lugar no era simplemente un punto de venta, sino un ágora moderna donde las ideas fluían libremente. Los eventos culturales, desde presentaciones de libros hasta recitales de jazz y bossa nova, crearon una atmósfera única que invitaba a la permanencia y la contemplación. Era un microcosmos de la rica vida cultural de Buenos Aires, un punto de referencia para intelectuales y amantes de las artes por igual. La declaración de "interés cultural" por parte de la Legislatura porteña no fue un mero formalismo, sino el reconocimiento oficial de que Clásica y Moderna era un componente insustituible del alma de la ciudad, un verdadero librería-bar que trascendía su función comercial.
Las Razones Detrás de un Cierre Doloroso
El cierre de Clásica y Moderna, aunque abrupto, fue el resultado de una combinación de factores económicos y emocionales. La disminución sostenida de las ventas, que comenzó a ser notoria alrededor de 2014, marcó el inicio de un declive. Sin embargo, el golpe más devastador fue el fallecimiento de Natu Poblet en 2017. Su partida dejó un vacío inmenso no solo en el corazón de la librería, sino también en el de su cuñado, el filósofo Alejandro Monod, esposo de Natu, quien, según su hermano Fernando, "se derrumbó" tras esta pérdida.
Fernando Monod, ingeniero de profesión y proveniente de Tandil, se hizo cargo del negocio en noviembre ante la enfermedad de su hermano Alejandro. Se encontró con una situación crítica: una deuda de alquiler de 500.000 pesos. A pesar de sus esfuerzos por negociar con el aval de dos cocheras propiedad de Alejandro, la orden de desalojo llegó. El martes en que se concretó la salida, diez empleados perdieron su fuente de trabajo, sumando una capa más de dramatismo a la situación. La lucha de Fernando por preservar este legado cultural chocó con la dura realidad de los problemas financieros y la inflexibilidad del mercado inmobiliario.
La Lucha por la Memoria: ¿Un Problema Privado o un Bien Público?
La situación de Clásica y Moderna planteó un dilema que trasciende el ámbito privado y se instala en el debate público sobre la preservación del patrimonio cultural. Fernando Monod, a pesar de su formación ajena al mundo de las librerías, no bajó los brazos. Recibió "mensajes de apoyo para Clásica y Moderna desde Luxemburgo, desde Costa Rica", lo que evidencia la repercusión internacional de este espacio y el clamor por su continuidad. Habló con funcionarios, pero la respuesta fue desalentadora: el problema se veía como "privado".
Sin embargo, para Monod y para muchos que conocieron y amaron la librería, "la librería excede eso: debe preservarse". Esta frase encapsula la esencia del conflicto: ¿hasta qué punto un espacio de tal valor cultural, que ha sido declarado de interés público, puede ser considerado un simple negocio más, sujeto a las leyes del mercado? La cruda realidad es que, como le llegaron a decir, "si los dueños del local donde funciona ponen un supermercado se aseguran la renta cada mes". La tensión entre la rentabilidad económica y la preservación cultural se hizo dolorosamente evidente. A pesar del desalojo, Fernando Monod mantenía la esperanza de una última oportunidad para cancelar la deuda en un mes, una muestra de la tenacidad con la que se intentó salvar un lugar irremplazable.
Momentos Clave en la Historia de Clásica y Moderna
| Año/Período | Acontecimiento |
|---|---|
| 1916 | Emilio Poblet Diez, abuelo de Natu, emigra de Madrid y funda la Librería Académica de Poblet e Hijos en Buenos Aires. |
| 1938 | Francisco Poblet (hijo de Emilio) y su esposa fundan Clásica y Moderna en Av. Callao 892. |
| 1950s-1960s | La librería comienza a imponerse como un referente cultural en Buenos Aires. |
| 1970s | Durante la dictadura militar, Clásica y Moderna protege libros prohibidos en sus fondos. |
| Principios de los 80 | Natu Poblet, arquitecta de profesión, decide continuar con la tradición familiar y se hace cargo de la librería junto a su hermano Paco. |
| 1985 | Isabel Allende presenta su novela "La casa de los espíritus" en la librería. |
| 25 de mayo de 1988 | Natu, Paco y el diseñador Ricardo Plant suman un restaurante y bar al concepto de la librería, transformándola en un espacio cultural integral. |
| Post-1988 | Clásica y Moderna es declarada de "interés cultural" por la Legislatura porteña. |
| 2013 | Natu Poblet publica su libro de memorias, "La cuna verde", sobre la vida de su abuelo Emilio. |
| 2014 | Las ventas en el local comienzan a decaer significativamente. |
| 2017 | Fallece Natalia "Natu" Poblet, el alma de Clásica y Moderna. |
| Reciente cierre | La librería es desalojada por una deuda de alquiler de 500.000 pesos, poniendo fin a 80 años de historia. |
Preguntas Frecuentes sobre Clásica y Moderna
¿Dónde se encontraba Clásica y Moderna?
Clásica y Moderna se encontraba ubicada en la Avenida Callao 892, en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina.
¿Cuándo cerró Clásica y Moderna?
Clásica y Moderna cerró sus puertas recientemente, tras un desalojo por una deuda de alquiler, poniendo fin a 80 años de trayectoria como librería y centro cultural.
¿Quién fue Natalia "Natu" Poblet?
Natalia "Natu" Poblet fue la heredera de una destacada "dinastía de libreros" y el alma de Clásica y Moderna. Arquitecta de profesión, asumió la dirección de la librería en los años 80 y la transformó en un vibrante centro cultural con cursos, conferencias y eventos, hasta su fallecimiento en 2017. Fue una figura clave en la cultura porteña, reconocida incluso con la Orden de Isabel la Católica.
¿Por qué era tan importante Clásica y Moderna para Buenos Aires?
Era importante porque trascendía la función de una simple librería. Fue un punto de encuentro para escritores, músicos y artistas, un refugio de pensamiento y cultura, y un espacio donde se protegieron libros prohibidos durante la dictadura. Su concepto de librería-bar y su declaración como "interés cultural" la convirtieron en un emblema de la vida cultural de Buenos Aires, un lugar donde el libro y el arte se vivían plenamente.
¿Existe alguna posibilidad de que Clásica y Moderna reabra?
Aunque fue desalojada y su cierre es un hecho, el hermano del marido de Natu, Fernando Monod, había expresado que les quedaba "una oportunidad de cancelar la deuda en un mes". Sin embargo, el futuro es incierto y dependería de complejas negociaciones y de un apoyo que, hasta el momento del desalojo, no se había concretado a nivel institucional, ya que se lo consideraba un "problema privado".
El cierre de Clásica y Moderna deja un vacío significativo en el corazón de la cultura porteña. Más allá de las frías cifras de la deuda, se despide un espacio que fue hogar para generaciones de lectores y artistas, un testimonio vivo de la resiliencia y la pasión por el libro y el arte. Su legado, sin embargo, perdurará en la memoria colectiva de quienes la transitaron y en la rica historia cultural de Buenos Aires. Su partida es un recordatorio de la fragilidad de los espacios culturales ante las presiones económicas, pero también de la profunda huella que dejan en la identidad de una ciudad.
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