Cicatrices de Saer: Un Viaje a las Heridas del Alma

15/05/2022

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La literatura es un universo vasto y enigmático, capaz de transportarnos a realidades complejas y profundas. Entre los autores que han logrado esta hazaña con maestría, Juan José Saer se erige como una figura singular y esencial de la lengua hispana. Su obra, cargada de una agudeza y sensibilidad inigualables, invita a una inmersión profunda en la condición humana. Uno de sus títulos más fascinantes y, para muchos, un punto de inflexión en su trayectoria, es «Cicatrices», una obra que, a pesar de haber sido publicada en 1969, mantiene una vigencia y una capacidad de interpelación asombrosas.

¿Cuál es la primera edición de cicatrices?
Quisiera hacer un comentario sobre Cicatrices, cuya primera edición data de 1969 y al que llegué luego de haber leído varios de sus libros escritos con posterioridad. Su título me interpeló. ¿Cicatrices?

Adentrarse en el mundo saeriano es un viaje sin retorno. Quien descubre a Saer, queda prendado de su estilo, su capacidad de observación y su particular manera de construir la realidad a través de las palabras. Aunque vivió gran parte de su vida en París, su Santa Fe natal y el español argentino nunca abandonaron su pluma, infundiendo a su escritura una autenticidad palpable. Para quienes se acercan a su obra, «Cicatrices» representa un punto de acceso privilegiado a su universo, un testimonio de su genio y su maestría narrativa.

Índice de Contenido

La Primera Edición de «Cicatrices»: Un Hito en la Obra de Saer

Para aquellos que se preguntan por la génesis de esta obra maestra, es fundamental saber que la primera edición de «Cicatrices» vio la luz en el año 1969. Este dato, aparentemente simple, adquiere una profunda relevancia al considerar el contexto literario y social de la época. En un período de efervescencia cultural y política en América Latina, Saer ya estaba delineando una propuesta narrativa que se desmarcaría de las tendencias dominantes, apostando por una exploración más íntima, filosófica y experimental de la existencia humana.

Publicada en Argentina, esta edición inicial marcó el comienzo de la recepción de una novela que, con el tiempo, se convertiría en un referente ineludible para entender la evolución de la literatura contemporánea en español. La obra, aunque quizás no tan ampliamente conocida en sus inicios como otras publicaciones de la época, fue ganando adeptos y críticos que supieron reconocer su valor intrínseco, su audacia formal y la profundidad de sus planteamientos. Es esta edición primigenia la que sentó las bases para el posterior reconocimiento de «Cicatrices» como una de las cumbres de la producción saeriana.

¿Qué Son las Cicatrices? Una Exploración Semántica y Existencial

El título mismo de la obra, «Cicatrices», es una invitación a la reflexión y a la introspección. La palabra evoca, en su sentido más literal, la señal o marca que queda en la piel después de que una herida se cierra. Pero, en un plano más profundo y metafórico, remite a la «impresión profunda y duradera que deja un hecho doloroso». Esta dualidad entre lo físico y lo emocional, entre la curación aparente y la permanencia del daño, es el eje central sobre el que giran los relatos de Saer, y el misterio que el autor propone al lector.

¿Qué heridas portan los personajes de esta novela? ¿Logran estas heridas cicatrizar o permanecen abiertas, supurando en el alma de quienes las padecen? Saer, con su genialidad característica, no ofrece respuestas unívocas ni cerradas. Por el contrario, bordea, sugiere, y deja al lector la tarea de completar los vacíos, de buscar sus propias interpretaciones y de confrontarse con su propia percepción de la realidad. Esta aproximación a lo real, sin la pretensión de «decirlo todo» o de ofrecer verdades absolutas, es precisamente lo que hace que su literatura sea tan poderosa, tan subversiva y deje una marca indeleble en la mente de quien la lee, una verdadera cicatriz intelectual y emocional.

Una Estructura Singular: Cuatro Relatos, Múltiples Perspectivas

«Cicatrices» no es una novela lineal en el sentido tradicional. Está compuesta por cuatro relatos que, si bien pueden leerse de forma independiente, están intrínsecamente conectados por un hilo conductor sutil pero persistente. Cada uno de estos relatos guarda una lógica propia y un desarrollo autónomo, pero juntos construyen un tapiz complejo de interacciones, consecuencias y reflexiones sobre un mismo evento central. El autor, con una maestría formal que lo distingue, utiliza los meses del año (Mayo, Julio, Octubre, Diciembre) como títulos para cada sección, una aparente cronología que, sin embargo, sirve de telón de fondo para una temporalidad radicalmente subjetiva, donde el tiempo psicológico y emocional prevalece sobre el cronológico.

El evento central que une estas narrativas es el asesinato de una mujer a manos de su esposo, Luis Fiore, un obrero metalúrgico, ocurrido el 1° de mayo. Lejos de ser un policial al uso, la obra se adentra en una literatura profundamente política, aunque al modo saeriano: sin caer en polémicas explícitas o discursos panfletarios, sino a través de guiños y sugerencias que resuenan con el lector atento. La elección del protagonista como obrero y la fecha del suceso, el Día Internacional de los Trabajadores, no son casuales, sino que refuerzan una crítica social implícita y una reflexión sobre la condición humana en un contexto determinado, invitando a una lectura más allá de lo evidente.

La fragmentación de las voces narrativas es otro elemento clave de la estructura de «Cicatrices». Cada episodio es relatado desde la perspectiva de un personaje distinto, lo que permite al lector acercarse a los hechos desde múltiples ángulos, comprendiendo que lo que importa no es tanto lo sucedido en sí, sino lo dicho acerca de eso, las interpretaciones, los silencios y los efectos en la subjetividad de cada uno. Esta polifonía narrativa no solo enriquece la trama, sino que también subraya la idea de que la verdad es siempre escurridiza, multifacética y dependiente del ojo que la mira y de la voz que la relata.

Perspectivas Narrativas en «Cicatrices»

Para comprender mejor la riqueza de esta estructura y la forma en que Saer construye su relato a partir de la multiplicidad de miradas, podemos observar cómo distribuye las voces y los enfoques a lo largo de los cuatro relatos:

Relato (Mes)Personaje Central / NarradorEnfoque Principal y Temáticas
MayoÁngel (joven periodista)La confrontación con la figura materna, el alcoholismo, el incesto simbólico y el descubrimiento de la propia vulnerabilidad y deseo.
JulioLuis Fiore (el asesino)La psique del perpetrador, la decisión de la ruptura radical con la vida, el anhelo de borrar el pasado y la culpa.
OctubreEl Juez (encargado del caso Fiore)La burocracia deshumanizada, el sistema judicial, la atracción ambigua por Ángel y la incapacidad de comprender la subjetividad del crimen.
DiciembreTomatis (periodista, mentor de Ángel)La visión cínica y seductora del mundo, las relaciones de poder, la manipulación y la interacción con los otros personajes, especialmente Ángel.

Esta diversidad de perspectivas no solo enriquece la trama, sino que también subraya la idea de que la verdad es siempre escurridiza, multifacética y dependiente del ojo que la mira, una marca distintiva del estilo de Saer.

Ángel: Las Heridas de la Infancia y el Encuentro con el Doble

El primer capítulo, titulado "Mayo", se centra en Ángel, un joven de 19 años que intenta dar sus primeros pasos en el periodismo y en la vida adulta. Su mentor es Tomatis, un personaje recurrente en la obra de Saer: inteligente, sarcástico y seductor, que lo introduce en el mundo del diario, asignándole la sección más vilipendiada: el pronóstico del tiempo. Esta ironía subraya la posición marginal de Ángel y su búsqueda de sentido en un mundo que a menudo le resulta incomprensible.

La vida de Ángel está marcada por una convivencia compleja y perturbadora con su madre, una mujer joven, hermosa y alcohólica. El alcohol, presente constantemente entre ellos, parece ser el único medio para que el joven sobrelleve una relación teñida de hostilidad permanente, que a menudo escala a la violencia física y a escenas de una obscenidad perturbadora. Los cuerpos de ambos están expuestos en una danza de provocación mutua, generando en Ángel una profunda angustia, sufrimiento y una sensación de encierro de la que parece incapaz de escapar.

Una cita del texto ilustra la perturbadora dinámica entre madre e hijo, donde la seducción y la provocación se mezclan con la impotencia: «…..oí crujir la cama y la voz de mi madre sonó nuevamente. Pase -me dijo-. Mi madre estaba metida en la cama con las frazadas hasta el cuello. Lo recibo así porque estoy desnuda. Espero que no le moleste…». Esta provocación constante por parte de una madre que no puede sostener su función como figura de autoridad y protección, sumerge a Ángel en una situación de encierro incestuoso, ambigua y angustiante. Su refugio es la botella de ginebra y, en la soledad, la masturbación, mientras su madre sale cada noche con otros hombres. Sus intentos de establecer relaciones fuera de este círculo, por ejemplo con las amigas de Tomatis, siempre fracasan, subsumidos por la figura dominante de su mentor.

La figura del padre, fallecido, es denigrada en el relato de Ángel, descrito como alguien tan insignificante que su ausencia apenas se notó. Ángel relata: «Era tan insignificante, que la más pequeña hormiga del planeta que hubiese muerto en su lugar, habría hecho notar su ausencia más que él». Y añade: «Cuando murió el único cambio que hubo en la casa fue que en el lugar que él ocupaba en la cama, ahora había aire». Esta negación de la existencia paterna, de su lugar en la cama y en la vida, refuerza la posición de Ángel como un "falo materno", un hijo que ocupa un lugar simbólico crucial en la psique de su madre, lo que le impide una salida real de la endogamia familiar y la construcción de una identidad propia. El nombre "Ángel", que evoca la asexualidad y la pureza, no parece casual en este contexto de relaciones turbias y deseos conflictivos.

El Juez, el Suicidio y la Ruptura Radical

La trama se entrelaza cuando Ángel, por una atracción ambigua que el juez siente hacia él, es testigo del interrogatorio del acusado Luis Fiore. El juez, un aristócrata rancio y deshumanizado, accede a la petición de Ángel de presenciar el interrogatorio, un acto que no está permitido, pero que revela la peculiar dinámica de poder y deseo que subyace en las relaciones saerianas. En una escena de gran impacto y una de las más poéticas de la obra, Fiore se precipita sobre los ventanales y cae al vacío desde un tercer piso. Saer, con una maestría narrativa y una agudeza conceptual que resuenan con teorías psicoanalíticas, describe este acto como un «pasaje al acto», donde el sujeto se identifica con un objeto residual, una «cáscara vacía», y se eyecta de la escena, rompiendo radicalmente con el lazo social y con la vida misma.

El testimonio de Ángel sobre este suceso es desolador y revelador: «El tipo no dijo nada. Los ojos parecían cubiertos de una pátina de un material transparente, una especie de laca sin brillo que los opacaba y los dejaba como ciegos». Ante la insistencia del juez, Fiore solo pronuncia unas palabras finales cargadas de significado: «Juez, los pedazos no se pueden juntar», antes de saltar. Esta imagen de la imposibilidad de reunir los fragmentos es una metáfora poderosa de la desintegración del sujeto y de la ruptura de la coherencia interna.

¿Cuál es la primera edición de cicatrices?
Quisiera hacer un comentario sobre Cicatrices, cuya primera edición data de 1969 y al que llegué luego de haber leído varios de sus libros escritos con posterioridad. Su título me interpeló. ¿Cicatrices?

Mientras todos actúan como marionetas de una maquinaria burocrática infernal, incapaces de comprender la magnitud del acto, Ángel es el único que se interroga sobre la subjetividad del asesino, sobre lo que lo precipitó a tal decisión. Él es quien queda dividido, interrogado y marcado por la escena, transformando para siempre su percepción de la realidad y de la fragilidad humana. Esta escena, aunque breve, deja una profunda cicatriz en la psique de Ángel, impulsándolo hacia una nueva comprensión de sí mismo y del mundo.

El Doble y el Significado de las Cicatrices en Ángel

El concepto de «el doble» es crucial en la narrativa de Ángel, y una de las exploraciones más fascinantes de la novela. Varias veces, Ángel lo ve y lo persigue, sin poder alcanzarlo. No hay horror ni miedo ante esta figura enigmática, sino una curiosidad profunda ante este «campo desconocido pero familiar», la inquietante posibilidad de que su doble esté viviendo una vida que él no puede vivir. Esta idea de una vida vedada, de una imposibilidad de ser, es central en su angustia y en su búsqueda de identidad.

El clímax de esta búsqueda se da cuando Ángel huye de lo que ha sido para él la presentificación del fantasma de la escena primaria, el encuentro sexual de su madre con Tomatis. Es entonces cuando se topa, por primera vez, cara a cara con su doble. Ve en el otro su propio rostro, pero transformado por la experiencia: «…una cara empavorecida, llena de esas cicatrices tempranas que dejan las primeras heridas de la comprensión y la extrañeza».

Este es el último párrafo que escribe Saer en la novela, una decisión deliberada de bordear lo indecible, de dejar la interpretación abierta al lector. Para muchos, como Silvina Rodríguez, esta confrontación con el doble y con la escena primaria es el encuentro de Ángel con las cicatrices que dan título a la obra. Son las marcas que deja la confrontación con la castración materna, que lo remite a su propia castración y a la posibilidad de asumir su deseo. Hasta ese momento, Ángel solo portaba heridas invisibles, tal vez para sí mismo, que no lograban cicatrizar y que lo hacían suponer que otro estaba viviendo una vida que para él estaba vedada. Efectivamente, su posición fantasmática le hacía imposible vivir una vida por fuera de la endogamia familiar. El ver a su madre como mujer de otro hombre, no de él, le abre la posibilidad de un cambio de posición, de ser protagonista de su propia vida y no solo un resto. Las cicatrices, en este sentido, no solo son marcas de dolor, sino también de entendimiento y de un nuevo comienzo.

Temas Recurrentes en la Obra de Saer

«Cicatrices» es un microcosmos de los grandes temas que atraviesan la vasta y compleja obra de Juan José Saer. La temporalidad, tanto subjetiva como cronológica, es un elemento constante y fundamental en su narrativa. Saer juega con el tiempo, lo distorsiona, lo fragmenta, lo dilata y lo comprime, para mostrar cómo la percepción individual y la memoria moldea la realidad y la experiencia humana. La memoria, los recuerdos, y la forma en que el pasado incide y se reconfigura en el presente son explorados con una profundidad psicológica notable, haciendo del tiempo un personaje más en sus relatos.

La sexualidad y la muerte son otros ejes fundamentales que Saer aborda con una crudeza y una honestidad perturbadoras. Estos dos significantes, que en el inconsciente carecen de una representación completa y permanecen como "agujeros" en el saber, son abordados por Saer desde un «saber agujereado», dejando al lector frente a la incompletud, el misterio y la ambigüedad inherente a la existencia. En «Cicatrices», la sexualidad se presenta en sus formas más crudas, complejas y a menudo perturbadoras, mientras que la muerte es un acto de ruptura radical, un silencio final que no resuelve, sino que profundiza los interrogantes sobre la vida y el sentido.

La política, como se mencionó, no es explícita ni didáctica en la obra de Saer, sino que se filtra a través de los pequeños gestos, las decisiones de los personajes, el contexto social y las atmósferas. Saer no moraliza ni emite juicios directos, sino que observa y retrata, permitiendo que la política emerja de la vida misma de sus personajes, de sus interacciones y de las estructuras sociales en las que están inmersos. Esta sutil aproximación a lo político es una de las características más originales y poderosas de su escritura.

Preguntas Frecuentes sobre «Cicatrices» de Juan José Saer

¿De qué trata «Cicatrices» de Juan José Saer?

«Cicatrices» es una novela que explora las consecuencias de un crimen, el asesinato de una mujer por su esposo, a través de las perspectivas de cuatro personajes diferentes: un joven periodista, el asesino, el juez a cargo del caso y el mentor del periodista. Aborda temas como la subjetividad, la temporalidad (subjetiva y cronológica), la sexualidad, la muerte, la política y las complejas dinámicas familiares, todo ello en el marco de una estructura narrativa fragmentada y sugerente que invita a múltiples interpretaciones.

¿Es necesario leer los libros de Saer en orden cronológico?

No, no es estrictamente necesario. Aunque la obra de Saer a menudo interconecta personajes, escenarios y temas recurrentes, cada novela puede disfrutarse y comprenderse de forma independiente. De hecho, el propio texto del cual se basa este artículo menciona que la autora llegó a «Cicatrices» después de haber leído otros libros de Saer escritos con posterioridad, lo que demuestra que no es indispensable seguir un orden estricto para apreciar su genio literario.

¿Cuál es el significado del título «Cicatrices» en la novela?

El título alude tanto a las marcas físicas como a las profundas huellas emocionales y psicológicas que dejan las heridas y los eventos traumáticos en los individuos. Simboliza la persistencia del dolor y la dificultad de la curación, pero también la posibilidad de transformación, comprensión y, a veces, de una nueva forma de existir que surge de enfrentar esas marcas. En el contexto de la novela, las cicatrices representan las huellas indelebles que la vida, las relaciones y los conflictos dejan en la psique de los personajes, especialmente en Ángel.

¿Hay elementos de psicoanálisis en la novela?

Sí, aunque Juan José Saer no era un autor puramente psicoanalítico, su obra, y «Cicatrices» en particular, dialoga intensamente con conceptos psicoanalíticos. Esto se evidencia en la profunda exploración de las dinámicas familiares (como la relación edípica de Ángel con su madre y la figura del padre ausente), la angustia existencial, el deseo, la pulsión de muerte, el concepto del «doble» y el «pasaje al acto». Saer logra una profundidad psicológica que resuena con estas teorías, invitando a una lectura que va más allá de la superficie de la trama.

¿Por qué la novela termina de forma tan abierta y sin una resolución clara?

Saer es conocido por su estilo que «borda lo real» y «no intenta decir todo», dejando espacio para la ambigüedad y la interpretación. La finalización abierta de «Cicatrices» es una decisión deliberada del autor para permitir al lector ser un participante activo en la construcción del sentido de la obra. Al no ofrecer una resolución definitiva, Saer invita a reflexionar y a interpretar las «cicatrices» que la obra deja en la propia comprensión del lector, confiando en su inteligencia y subjetividad. Esta técnica es una de las grandezas del autor, que valora la experiencia de lectura como un proceso de descubrimiento personal.

Conclusión: La Huella Inborrable de Saer

«Cicatrices» es mucho más que una novela; es una experiencia literaria que desafía al lector, lo interpela y lo sumerge en las profundidades de la condición humana. Juan José Saer, con su estilo inconfundible, supo crear un universo donde lo real y lo sugerido se entrelazan, dejando al descubierto las heridas que nos marcan y las complejas formas en que intentamos, o no, sanarlas. Su capacidad para explorar la subjetividad, el tiempo y las relaciones humanas con una agudeza inigualable lo posiciona como uno de los grandes maestros de la literatura en español.

Desde su primera edición en 1969, esta obra ha demostrado ser atemporal, resonando con nuevas generaciones de lectores y críticos. Es un testimonio del poder de la literatura para explorar aquello que es indecible, para dar forma a las cicatrices invisibles que llevamos dentro y para recordarnos que, a veces, la grandeza de una historia reside precisamente en lo que no se dice, en los silencios y en los vacíos que nos invitan a completarla con nuestra propia experiencia y reflexión.

Las «cicatrices» de esta obra son, en última instancia, las que quedan en el lector: las que lo invitan a reflexionar sobre sus propias marcas, a interrogarse sobre la complejidad de la existencia y a apreciar la maestría de un autor que no solo narra una historia, sino que nos enseña a leer el mundo de una manera más profunda y matizada, dejando una huella inborrable en el panorama literario en español.

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