19/11/2022
En el vasto universo de la lectura, pocos placeres se comparan con la anticipación de recibir un nuevo libro en casa. Ya sea una novela esperada, un manual técnico o un cuento infantil, el acto de adquirirlo y tenerlo en nuestras manos es el culmen de un proceso que, en la era digital, a menudo comienza con un clic. Pero, ¿qué implica ese proceso de envío? ¿Cuáles son las opciones disponibles para que esos tesoros literarios lleguen a nuestro hogar? Y más allá de la logística moderna, ¿ha sido siempre tan sencillo el viaje de un libro? La historia nos demuestra que, a veces, la circulación de las ideas impresas ha enfrentado obstáculos mucho más grandes que una tarifa de envío.

Este artículo explorará tanto la conveniencia actual de la compra y envío de libros a domicilio, centrándonos en un referente como Casa del Libro, como la importancia fundamental de la libre circulación de la palabra escrita, recordándonos un episodio oscuro de la historia donde los libros, en lugar de ser enviados, fueron retenidos y hasta incinerados.
Recibiendo tus Historias: Opciones y Costos de Envío en Casa del Libro
Cuando te dispones a comprar un libro en línea, una de las primeras preguntas que surgen es: ¿cómo llegará a mis manos y cuánto costará? Casa del Libro, una de las librerías más emblemáticas de España, ofrece diversas opciones para garantizar que tus lecturas te alcancen cómodamente. Es importante señalar que, si bien las opciones de envío son variadas y flexibles, los costos específicos pueden fluctuar y se detallan en su "Tabla de precios y formas de envío" oficial, la cual se recomienda consultar directamente en su sitio web para obtener la información más actualizada.
Las principales modalidades de envío a domicilio que Casa del Libro pone a disposición de sus clientes en España son:
- Envío a domicilio: La opción más común, donde el pedido es entregado directamente en la dirección que indiques.
- Envío en 1 día: Para aquellos que no pueden esperar, esta modalidad ofrece una entrega ultrarrápida, generalmente disponible para España península y Baleares. Es ideal para regalos de última hora o para satisfacer una necesidad urgente de lectura.
- Estándar: Una opción económica y fiable para entregas en toda España, incluyendo la península, Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla. El tiempo de entrega es mayor que el envío en 1 día, pero sigue siendo eficiente.
- Casa del Libro Plus: Esta es una suscripción que ofrece una tarifa plana de envíos. Si eres un lector asiduo y realizas múltiples compras al año, esta opción puede resultar muy ventajosa, ya que te permite ahorrar significativamente en los gastos de envío a largo plazo.
- Hoy en Madrid: Un servicio exclusivo para entregas en el mismo día, disponible solo en Madrid y para códigos postales específicos. Es la máxima expresión de inmediatez para los residentes de la capital.
- Enviado por el vendedor: Para productos adquiridos a través de otros vendedores que operan en la plataforma de Casa del Libro, las condiciones y costos de envío pueden variar, ya que son gestionados directamente por el tercero.
Además de la entrega a domicilio, Casa del Libro ofrece alternativas para la recogida de pedidos, pensando en la comodidad y las preferencias de cada cliente:
- Recogida en librería: Una excelente opción para quienes prefieren recoger sus libros en persona y, de paso, darse una vuelta por la librería. Esta modalidad está disponible solo en España península y permite ahorrar los gastos de envío.
- Correos: Para las entregas en Canarias, Ceuta y Melilla, la opción de Correos es la vía principal, asegurando que los libros lleguen a estas regiones insulares y ciudades autónomas.
La flexibilidad y diversidad en las opciones de envío demuestran el compromiso de Casa del Libro por facilitar el acceso a la lectura. Sin embargo, más allá de la compra comercial, existen otras formas y propósitos para el envío de libros, como veremos a continuación.
El acto de enviar libros no siempre está ligado a una transacción comercial. En ocasiones, la distribución de material de lectura tiene un propósito educativo o social, buscando llevar el conocimiento y el entretenimiento a hogares específicos. En contextos educativos, por ejemplo, el envío de libros a casa de los estudiantes puede ser una herramienta poderosa para fomentar la lectura y apoyar el aprendizaje, especialmente cuando se consideran las particularidades de cada familia.
Para que esta iniciativa sea verdaderamente efectiva, es crucial tener en cuenta ciertos aspectos:
- Inclusión lingüística: Es fundamental que los materiales estén disponibles en el idioma que habla la familia del niño. Esto puede requerir la colaboración de miembros del distrito escolar, de la comunidad o incluso de alumnos mayores que puedan traducir el contenido. La inclusión lingüística asegura que el mensaje y la historia sean accesibles para todos los miembros del hogar, creando un ambiente de lectura más acogedor y efectivo.
- Contenido adecuado: Los libros deben tener tramas sencillas y contar con ilustraciones claras. Esto es especialmente importante para los lectores más jóvenes o para aquellos que están desarrollando sus habilidades de lectura, ya que las ayudas visuales y una narrativa directa facilitan la comprensión y el disfrute.
- Contextualización: Al inicio del ciclo escolar, o al momento de enviar los materiales, es recomendable enviar a casa una descripción clara de los objetos. Explicar el propósito de los libros y cómo pueden ser utilizados fomenta su aprovechamiento y la participación de la familia en el proceso educativo.
Este tipo de iniciativas subraya que el valor de un libro no reside únicamente en su contenido, sino también en su capacidad para llegar a las manos adecuadas y cumplir una función, ya sea de ocio, educación o empoderamiento.
Cuando el Viaje se Interrumpe: Censura y Quema de Libros en la Historia del Perú
Si bien hoy día nos preocupamos por la rapidez y el costo del envío de un libro, hubo épocas y lugares donde el simple hecho de que un libro cruzara una frontera o llegara a una librería era una hazaña. La historia de la circulación de libros está marcada por episodios de censura y represión, donde el libre acceso al conocimiento y a las ideas era visto como una amenaza por ciertos regímenes. Un caso paradigmático de esto ocurrió en Perú durante el primer gobierno de Fernando Belaúnde Terry.
En 1967, el reconocido editor Juan Mejía Baca alzó su voz para denunciar públicamente la quema y censura de libros provenientes del extranjero. Recortes periodísticos de la época, meticulosamente recopilados por Mejía en su obra ‘Quema de libros. Perú 67’, señalaban directamente al entonces exministro acciopopulista Javier Alva Orlandini como el responsable de haber firmado una autorización para incinerar libros considerados "peligrosos".

Desde 1966, libreros como Juan Mejía sufrieron la retención arbitraria de los libros que adquirían de editoriales extranjeras. La Dirección de Correos, dependiente del Ministerio de Gobierno y Policía (hoy Ministerio del Interior), era la entidad que ejecutaba estas retenciones. Ante la falta de respuestas claras, en enero de 1967, Mejía Baca declaró al extinto diario La Prensa que "los libros se retienen de la forma más arbitraria", evidenciando la exasperación del gremio.
La situación escaló a nivel internacional. La editorial Grijalbo, desde México, inquirió al Poder Ejecutivo de su país sobre el destino de los libros que exportaban a Perú. La respuesta oficial de la Dirección de Correos peruana fue contundente y alarmante: "los restantes (libros) fueron incinerados de acuerdo con la legislación interior del mencionado país (Perú), por contener literatura comunista".
Esta revelación desató la indignación de editores y libreros, quienes condenaron lo que percibían como un "rebrote inquisitorial" del régimen belaundista. Juan Mejía, en un acto de valentía, exhibió la copia de este oficio, señalando la paradoja de que, mientras el Vaticano había retirado toda prohibición de libros, en Perú se quemaban con "el mayor desprecio cultural de un régimen que creíamos democrático".
La Dirección General de Correos intentó desmentir las acusaciones, afirmando que no se había quemado ningún libro y que, en caso de encontrar material subversivo, se devolvía a sus oficinas de origen. Sin embargo, como Mejía demostró en su libro, ningún librero conocía "un solo caso de editor foráneo que informara haber recibido los libros en reexportación", lo que ponía en duda la veracidad de la aclaración oficial.
Intelectuales de la talla de Luis E. Valcárcel, José Miguel Oviedo y Magda Portal, junto a la Unión Latinoamericana de Escritores y Artistas (ULEA) y asociaciones de escritores y artistas, desaprobaron enérgicamente esta política de censura, exigiendo la derogación de los decretos que coartaban la libertad de expresión. Andrés Carbone, director de la Cámara Peruana del Libro, también protestó por la retención, confiscación e incineración de títulos. El editor Francisco Moncloa enfatizó que los más perjudicados eran los lectores, especialmente los universitarios, a quienes pidió apoyo para la protesta.
El descontento llegó a los pasillos universitarios. La Universidad Federico Villareal, la Universidad de Educación Enrique Guzmán y Valle, y el Consejo Universitario sanmarquino (liderado por Luis Alberto Sánchez) exigieron el cese inmediato de las disposiciones que atentaban contra los textos. Entre los libros censurados por su supuesto carácter subversivo se encontraba "Los diez días que estremecieron al mundo", del periodista John Reed, que circulaba libremente en Estados Unidos, lo que llevó a la agencia France-Presse a lamentar que "los procedimientos de la Santa Inquisición siguen en vigor en el Perú".
En un acto de protesta simbólico, el 25 de agosto de 1967, Juan Mejía devolvió al Gobierno de Belaúnde las "Palmas Magisteriales" y la "Orden El Sol del Perú", condecoraciones recibidas dos años antes. Consideró que estas distinciones, otorgadas por un "supuesto régimen democrático" por su labor cultural, ya no eran un honor, sino "más bien una rémora". Su decisión fue ampliamente aplaudida por la prensa y tuvo repercusión internacional, con escritores como Mario Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti y José María Castellet firmando un comunicado de rechazo en un congreso en Venezuela.
Incluso Gabriel García Márquez, durante una visita a Perú en septiembre de 1967, expresó su "indignación por la quema de libros y la proscripción de obras que realiza el Gobierno", manifestando su incredulidad ante las acciones de Belaúnde Terry.

A pesar de la campaña periodística, Aduana y Correos continuaron con el decomiso de material "subversivo y pornográfico". La editorial mexicana Siglo XXI expuso la situación al reclamar paquetes no devueltos, evidenciando cómo el patrimonio cultural y el prestigio del país se veían afectados.
Semanas después, el diputado Genaro Ledesma presentó un proyecto de ley para prohibir la incineración de libros, iniciativa que incluso obtuvo respaldo del grupo acciopopulista. El 21 de septiembre, la Cámara de Diputados aprobó la conformación de una comisión investigadora. Las pesquisas revelaron once oficios confidenciales firmados por Javier Alva Orlandini que autorizaban la destrucción de libros "peligrosos". Alva negó haber ordenado la quema, calificando las disposiciones de "reverenda tontería" y alegando que solo transcribía oficios o cumplía decretos heredados del gobierno de Manuel Prado.
Estos decretos, las Resoluciones Supremas del 7 y 30 de septiembre de 1960, facultaban a la Dirección de Correos a intervenir libros y enviarlos al Servicio Nacional de Inteligencia para determinar si eran de carácter comunista. El 10 de mayo de 1968, Juan Mejía aseveró: "para quemar libros solo se necesita que estos existan y que un imbécil les prenda fuego u ordene hacerlo". Ese mismo día, el Gobierno derogó el decreto "quemalibros", un "triunfo de todos" para Mejía Baca.
Sin embargo, la victoria fue "con sabor a derrota". La nueva Resolución Suprema n.º 191-68, aunque derogaba los decretos de 1960, prohibía el ingreso de publicaciones que atentaran "contra la moral, las buenas costumbres o inciten a la subversión", una expresión más amplia y ambigua. El premier Raúl Ferrero confirmó que la nueva resolución, firmada por el mismo presidente Belaúnde, mantenía ciertas prohibiciones. Mejía Baca advirtió entonces: "Estamos preparados para continuar esta pelea por la cultura. El responsable es el jefe de Estado (Belaúnde) quien viola y desconoce los derechos que la Constitución le otorga al ciudadano".
El 21 de mayo, la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados concluyó que la censura estaba probada, mas no la incineración, y que se hizo acorde a disposiciones legales, compartiendo la responsabilidad entre los ministerios de Gobierno y Hacienda.
Segunda Vuelta y Reflexión
Años después, en la campaña electoral de 1980, Javier Alva reapareció en televisión y calificó a Juan Mejía de "embustero y mentiroso", lo que impulsó al editor a publicar su obra ‘Quema de libros. Perú 67’, dedicada a Alva, a quien tildó de "Felipillo". A pesar de la contienda, Mejía Baca opinó que Belaúnde era "un político honrado y honesto", lamentando que esto significara una calumnia para Alva. En 1980, Belaúnde negó haber tenido noticias de lo ocurrido y defendió a Alva como un "probado demócrata".
Tabla Comparativa: El Viaje del Libro: Facilidad vs. Obstáculos
| Criterio | Envío de Libros Hoy (Casa del Libro) | Censura de Libros (Perú 1967) |
|---|---|---|
| Objetivo Principal | Facilitar el acceso y la distribución del conocimiento. | Restringir el acceso a ideas consideradas "peligrosas" o "subversivas". |
| Agente Principal | Empresas de logística y librerías (ej. Casa del Libro). | Autoridades gubernamentales y ministerios (ej. Dirección de Correos, Ministerio de Gobierno). |
| Motivación | Comercial, comodidad, conveniencia del lector. | Ideológica, política, control de la información. |
| Resultado para el Libro | Llegada segura y rápida al lector. | Retención, confiscación, posible destrucción (quema). |
| Impacto en el Lector | Acceso inmediato a la lectura y al conocimiento. | Limitación de la libertad de información y pensamiento. |
| Contexto | Sociedad de consumo, globalización. | Contexto político autoritario, temor a la disidencia. |
Preguntas Frecuentes sobre el Envío y la Libertad del Libro
- ¿Puedo saber el costo exacto de envío en Casa del Libro sin realizar una compra?
- Sí, Casa del Libro proporciona una "Tabla de precios y formas de envío" en su sitio web oficial, donde puedes consultar los costos detallados para cada modalidad antes de finalizar tu pedido.
- ¿Qué es la opción Casa del Libro Plus?
- Es un servicio de suscripción de Casa del Libro que ofrece una tarifa plana de envíos, lo que significa que, por una cuota fija, puedes disfrutar de envíos ilimitados sin costo adicional durante el periodo de tu suscripción.
- ¿Qué características deben tener los libros para ser enviados a hogares en un contexto educativo o social?
- Se recomienda que los libros tengan tramas sencillas, ilustraciones claras y, si es posible, que el material esté traducido al idioma de la familia para asegurar la máxima accesibilidad y comprensión.
- ¿Quién fue Juan Mejía Baca en el contexto de la censura de libros en Perú?
- Juan Mejía Baca fue un destacado librero y editor peruano que denunció públicamente la quema y censura de libros provenientes del extranjero por parte del gobierno en 1967, convirtiéndose en un símbolo de la defensa de la libertad de expresión.
- ¿Cuál fue la justificación oficial para la quema de libros en Perú en 1967?
- La justificación oficial, según un documento de la Dirección de Correos, fue que los libros contenían "literatura comunista" o que atentaban "contra la moral, las buenas costumbres o incitaban a la subversión", basándose en decretos de 1960.
El viaje de un libro es mucho más que un simple trayecto físico. Es la travesía de una idea, de una historia, de un trozo de conocimiento. Desde la comodidad de un envío a domicilio que nos acerca al instante a esa nueva aventura literaria, hasta las batallas históricas por su misma existencia y libre circulación, los libros nos recuerdan la importancia de la accesibilidad y la libertad de pensamiento. Asegurar que los libros puedan llegar a cada rincón, sin barreras económicas ni ideológicas, es una tarea continua que enriquece a las sociedades y fortalece la democracia.
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