04/11/2022
La historia de la administración pública en América Latina está profundamente ligada a instituciones que, desde la llegada de los conquistadores, buscaron replicar y adaptar las estructuras de gobierno peninsulares. Entre ellas, el cabildo se erigió como una de las más fundamentales, sirviendo como eje de la vida urbana y regulando aspectos tan vitales como la salud pública. Su origen, arraigado en el término latín capitulum, que significa “a la cabeza”, ya sugería su rol central. Estos organismos fueron una adaptación ingeniosa de los ayuntamientos medievales de España, a veces también denominados cabildos por su similitud con los cabildos eclesiásticos. Sin embargo, en la vasta geografía de la Nueva España, su función trascendió la mera administración local, adentrándose en el intrincado mundo de las boticas y los boticarios, un ámbito crucial para la vida de los colonos y los pueblos originarios.

- El Cabildo: Raíces y Adaptación en la Nueva España
- El Caos Farmacéutico Colonial y la Intervención del Cabildo
- La Real Cédula de 1535: Un Intento de Orden Superior
- El Protomedicato: La Institución Definitiva (o eso se esperaba)
- Desafíos y Realidades de la Regulación
- El Boticario Novohispano: Un Rol Esencial y Ambiguo
- Tabla Comparativa: Instancias de Supervisión Farmacéutica en la Nueva España
- Preguntas Frecuentes sobre la Regulación Farmacéutica Colonial
El Cabildo: Raíces y Adaptación en la Nueva España
Desde los primeros compases de la conquista, el cabildo se estableció como la representación legal de la ciudad o villa. Era el órgano a través del cual los vecinos, especialmente las élites locales, articulaban y resolvían los problemas del municipio. Su estructura y composición eran notablemente similares a las de sus contrapartes en España, pero sus atribuciones y su peso político adquirieron matices únicos debido a las particulares condiciones de la sociedad novohispana. A pesar de los intentos de la Corona por mermar su autoridad, la inmensa distancia con la metrópoli forzó a concederles un considerable grado de autonomía y poder.
Un hito importante fue la primera reunión oficial del cabildo en la Ciudad de México, el 8 de marzo de 1524. Su jurisdicción abarcaba un vasto territorio de 15 leguas a la redonda de la plaza mayor. Generalmente, estaba compuesto por un representante del rey, dos alcaldes, varios regidores y un procurador de justicia. Esta institución, lejos de ser un mero apéndice, se convirtió en un actor principal en la organización de la incipiente sociedad virreinal.
El Caos Farmacéutico Colonial y la Intervención del Cabildo
Con la consumación de la conquista de Tenochtitlan en 1521, se inició una nueva era en México, que trajo consigo no solo la evangelización y aculturación, sino también la introducción de las prácticas médicas y farmacéuticas del Viejo Mundo. Junto a los colonizadores, llegaron médicos, barberos, sangradores y cirujanos, pero también, y de forma preocupante, un número considerable de charlatanes y estafadores que ejercían sin la debida preparación. La falta de control y la ausencia de títulos formales llevaron a la proliferación de medicinas de mala calidad y precios exorbitantes.
Las quejas no tardaron en aparecer. Ante este panorama, el cabildo de la Ciudad de México tomó cartas en el asunto, asumiendo una de sus funciones más críticas: la supervisión de la salud pública, específicamente la regulación de las boticas. Un acta del cabildo de 1527 evidencia esta preocupación: se denunciaba que muchos boticarios ejercían sin examen ni título, y que las medicinas que vendían no eran las adecuadas. En respuesta, el cabildo organizó campañas de inspección. El 11 de enero de 1527, el Ayuntamiento designó al médico sevillano don Pedro López como "Protomédico de su majestad en estas partes", facultándolo para otorgar licencias e imponer multas a quienes curaran con medicamentos falsificados o sin autorización. Este fue un paso crucial para iniciar las actividades regulatorias en el campo de la salud en general.
El 16 de marzo de 1527, el cabildo designó al doctor Cristóbal de Ojeda para que, junto con el doctor Pedro López y el alcalde, visitaran las tiendas de los boticarios de la ciudad, inspeccionaran las medicinas y drogas, y acordaran los precios. La orden fue ratificada el 12 de noviembre del mismo año. Estas disposiciones aumentaron las supervisiones, buscando evitar fraudes en calidad y precio. Sin embargo, los boticarios, ingeniosos, ideaban formas de eludir las inspecciones, como esconder productos defectuosos o prestarse medicinas de buena calidad entre ellos. A pesar de las recomendaciones del cabildo de mantener el secreto en las visitas, esto rara vez ocurría. Las inspecciones, que se realizaban dos veces al año o de forma sorpresiva, imponían multas y clausuras a quienes no tenían título o dejaban la botica sin personal autorizado.
La Real Cédula de 1535: Un Intento de Orden Superior
La persistencia del problema en la dispensación de medicamentos llevó a la intervención directa de la Corona. El 15 de octubre de 1535, la reina de España emitió una Real Cédula dirigida al virrey Antonio de Mendoza, prohibiendo el ejercicio de la medicina, cirugía o botica a cualquier persona sin haber sido examinada en alguna universidad apropiada, tal como se acostumbraba en los reinos de España.
Con esta cédula, se esperaba acabar con la problemática de los malos boticarios y las medicinas de baja calidad. Se reorganizaron las visitas a las boticas, ahora guiadas por protomédicos, acompañados de boticarios. Sin embargo, la Real Cédula no especificaba claramente qué instancia sería la encargada de ejecutar la supervisión en la Nueva España. Esta ambigüedad generó una constante competencia y fricción entre el Virrey en turno y el cabildo para llevar a cabo las acciones de supervisión.
Las discrepancias escalaron. A partir de 1603, el Virrey Juan de Mendoza y Luna comenzó a nombrar unilateralmente a los protomédicos, sin consultar al cabildo. Esto provocó el reclamo formal del procurador mayor de la Ciudad de México, Pedro Núñez de Prado y Córdova, quien argumentó que el cabildo tenía la "costumbre inmemorial" de nombrar a los protomédicos y que su autoridad estaba siendo usurpada. El cabildo apoyó esta queja, enviando una petición al Real Consejo en España para que no se confirmara el nombramiento del virrey.
Estos desacuerdos constantes entre el Virrey y el cabildo tuvieron consecuencias nefastas, permitiendo que boticarios y charlatanes continuaran con sus prácticas ilícitas. La situación fue tan grave que en 1603, el problema de medicinas en mal estado obligó al cierre temporal de todas las boticas de la Ciudad de México. Se estableció un sistema de inspección rotativo, donde solo se abrían las boticas que pasaban la revisión. A pesar de estas drásticas medidas, y de que la inspección de 1603 logró evitar fraudes por un tiempo, no erradicó el problema de raíz ni las tensiones entre las autoridades.

El Protomedicato: La Institución Definitiva (o eso se esperaba)
Para intentar poner orden y resolver los conflictos de jurisdicción entre el virrey y el ayuntamiento, se creó el Protomedicato por Real Cédula del 18 de febrero de 1646. Esta institución rectora y supervisora, con atribuciones similares a las de España, tenía la función de examinar y otorgar licencias a médicos, cirujanos y boticarios, además de supervisar adecuadamente las boticas.
El Protomedicato fue concebido para ser un cuerpo examinador permanente, compuesto por tres doctores médicos: el catedrático de prima de la Universidad (primer protomédico), el doctor decano (segundo protomédico), y un tercer doctor nombrado por el Virrey. Sus funciones se enfocaban en la inspección de boticas y el examen de los boticarios, buscando apegarse a las ordenanzas reales.
Hacia 1650, el procedimiento de inspección de una botica por el Protomedicato era rutinario y burocrático, siguiendo las instrucciones del Protomedicato Español. Incluía:
- El boticario juraba decir la verdad.
- Presentaba su título de aprobación y fecha de expedición.
- Se revisaba la botica, instrumentos y utensilios.
- Se exhibían las recetas magistrales y precios de venta.
- Se presentaban libros obligatorios como la Farmacopea Española y diccionarios de farmacia y botánica.
Las inspecciones se realizaban en presencia de protomédicos, maestros de botica y escribanos. Aunque el Protomedicato solía dar una segunda oportunidad antes de cerrar una botica, las sanciones por reincidencia eran severas, incluyendo el cierre y la suspensión del boticario por cinco años. Un caso documentado es el del boticario Francisco de los Ríos, quien apeló ante la Real Audiencia por el cierre de su botica y la suspensión de su oficio, evidenciando el rigor de las medidas y la posibilidad de defensa.
Desafíos y Realidades de la Regulación
A pesar de la instauración del Protomedicato, los testimonios históricos indican que la presencia de pseudoboticarios, medicamentos caros y de mala calidad persistió. La actividad de la botica era tan rentable que, a pesar de las regulaciones, las prácticas ilícitas no fueron erradicadas por completo. No se sabe si por indolencia, incompetencia o corrupción, pero ni el cabildo, ni la Real Cédula, ni el Protomedicato lograron resolver definitivamente los problemas en el campo de los medicamentos.
Las fricciones entre el virrey y el ayuntamiento continuaron, como lo demuestra la queja del obispo de Puebla, Juan de Palafox y Mendoza, en 1644, sobre los excesos en los nombramientos de protomédicos por parte del virrey y la nula supervisión de sus favoritos, lo que aumentaba las actividades ilícitas. Incluso se menciona la existencia de "boticas secretas", lo que sugiere un mercado clandestino cuya naturaleza exacta aún es un misterio para los historiadores.
Las denuncias, incluso por el alto precio de las medicinas, eran motivo suficiente para una visita. El caso del boticario Diego de Anaya, investigado por "excesos en un despacho", ilustra esta realidad. La persistencia de estos problemas resalta la complejidad de la regulación en un contexto colonial donde la lejanía y los intereses económicos a menudo primaban sobre el bien común.
El Boticario Novohispano: Un Rol Esencial y Ambiguo
A pesar de todos los desvíos y traspiés en el oficio farmacéutico de los siglos XVI y XVII, la botica virreinal desempeñó un papel importante en la sociedad novohispana. Las buenas boticas, aunque no siempre la norma, contaban con lo necesario para elaborar, distribuir y vender medicamentos. En estos locales, boticarios, a menudo con formación empírica, practicaron la farmacia.
Una botica virreinal, a semejanza de las europeas, solía estar conformada por al menos dos cuartos: uno al frente, con acceso a la calle, y otro detrás o al lado, funcionando como rebotica. Este diseño, sencillo y práctico, era el estándar en la época. Es notable que los medicamentos vendidos no pagaran impuestos, lo que subraya la importancia social y económica de esta actividad.
Idealmente, el boticario debía ser una persona docta, educada y experta en el arte de preparar medicamentos, con conocimientos y habilidades probadas, de gran responsabilidad y ética social. Sin su presencia, no podía establecerse una botica. Sin embargo, como la historia nos lo demuestra, estas características no siempre fueron cubiertas por todos los boticarios virreinales, lo que llevó a la necesidad constante de supervisión y regulación.
Tabla Comparativa: Instancias de Supervisión Farmacéutica en la Nueva España
| Instancia | Periodo de Actividad Principal | Funciones Principales | Efectividad y Desafíos |
|---|---|---|---|
| Cabildo o Ayuntamiento | Desde inicios del Virreinato (siglo XVI) | Regulación local, nombramiento de protomédicos (inicialmente), inspección de boticas y precios, combate a charlatanes. | Primer respondedor, pero limitado por la escala del problema y la falta de recursos. Fricciones constantes con el Virrey. |
| Real Cédula de 1535 | Emitida en 1535, impacto durante los siglos XVI y XVII. | Prohibición de ejercer sin examen, reorganización de visitas. | Generó conflictos de autoridad entre Virrey y Cabildo. No erradicó el problema por sí sola. Llevó al cierre de boticas en 1603. |
| Protomedicato | Creado en 1646, operativo en el siglo XVII y posteriores. | Examen y otorgamiento de licencias a médicos, cirujanos y boticarios. Supervisión rigurosa de boticas y medicamentos. | Institución más estructurada, pero persistieron los problemas de charlatanería, mala calidad y conflictos de interés. A pesar de su burocracia, no logró una erradicación completa. |
Preguntas Frecuentes sobre la Regulación Farmacéutica Colonial
- ¿Qué significaba el término "cabildo" en la Nueva España?
- El término "cabildo" provenía del latín capitulum y se refería a las juntas municipales o ayuntamientos creados por el Imperio Español para administrar ciudades y villas. Eran los representantes legales de la población y el órgano para resolver problemas locales.
- ¿Por qué el cabildo se involucró en la supervisión de las farmacias?
- Se involucró debido a la proliferación de charlatanes, boticarios sin título y la venta de medicinas de mala calidad y precios excesivos, lo que generaba numerosas quejas y ponía en riesgo la salud de la población. Era parte de su función de velar por el bienestar del municipio.
- ¿Fueron efectivas las medidas de supervisión del cabildo?
- Inicialmente, las medidas del cabildo aumentaron las supervisiones, pero enfrentaron desafíos como la astucia de los boticarios para evadir controles y la falta de una autoridad centralizada y exclusiva. A menudo, sus esfuerzos se vieron obstaculizados por conflictos con la autoridad virreinal.
- ¿Cuál fue el papel de la Real Cédula de 1535?
- La Real Cédula de 1535 fue una orden de la Corona Española para regular el ejercicio de profesiones como la medicina y la botica, exigiendo exámenes y títulos. Buscaba centralizar el control, pero en la práctica, generó tensiones de poder entre el virrey y el cabildo sobre quién debía aplicar las regulaciones.
- ¿Qué era el Protomedicato y por qué se creó?
- El Protomedicato fue una institución creada en 1646 por Real Cédula para ser la máxima autoridad en la regulación de las profesiones médicas (médicos, cirujanos, boticarios) en la Nueva España. Se creó para establecer un orden más claro, examinar y licenciar a los profesionales, y supervisar las boticas, intentando resolver los conflictos de jurisdicción y la ineficacia de las regulaciones previas.
- ¿Se logró erradicar la venta de medicinas falsas o de mala calidad en el virreinato?
- A pesar de los esfuerzos del cabildo, la Real Cédula y el Protomedicato, los documentos históricos sugieren que la venta de medicinas de mala calidad, los altos precios y la presencia de charlatanes persistieron a lo largo de los siglos XVI y XVII. La rentabilidad del oficio farmacéutico y las disputas de poder entre las autoridades dificultaron una erradicación completa.
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