06/06/2022
En el vibrante corazón del barrio de Once, en Buenos Aires, se alza majestuosa una joya arquitectónica que los lugareños conocen como el "Faro de Once": la imponente Torre Saint. Pero más allá de su imponente fachada Art Decó y su rica historia, este edificio guarda en sus pisos superiores, específicamente en el 12, el hogar de uno de los talentos musicales más grandes de Argentina y el mundo: el maestro Bruno Gelber. Su presencia, y el ocasional eco de su piano, dotan al lugar de una mística particular, que se extraña especialmente durante los veranos, cuando el célebre pianista parte hacia la serenidad de Mar del Plata.

El hogar de Gelber no es un sitio cualquiera. Según la descripción de su biógrafa, Leila Guerriero, en su aclamado libro "Opus Gelber", las paredes del recibidor se transforman de un rojo opaco a un súbito amarillo, creando un ambiente tan único como el propio artista. Lo que cautivó al maestro no fue el bullicio del barrio, sino las "paredes anchísimas, la cámara de aire entre piso y piso, el silencio y la luz". Este aislamiento acústico es una bendición en una de las zonas más ruidosas de la ciudad, permitiendo un "silencio intenso" que contrasta con el ajetreo exterior. De hecho, la excepcional insonorización del edificio es tal que, si un vecino en los pisos contiguos se aventura a tocar el piano de madrugada, el maestro Gelber se siente en la obligación de disculparse por teléfono, temiendo que piensen que es él quien perturba la paz ajena, a pesar de que a él mismo el ruido no le molesta en absoluto.
El Refugio de un Genio: La Torre Saint y su Mística en Once
La Torre Saint, proyectada en 1925 por el arquitecto francés Robert Charles Tiphaine a pedido del dueño de los chocolates Águila, es un emblema de la arquitectura Art Decó con notables reminiscencias egipcias. Sus torres gemelas, comparadas con chimeneas o pilones, incluso con amarres para dirigibles, le otorgan una silueta inconfundible en el paisaje porteño. A partir del piso 9, cada planta se transforma en semipisos, ofreciendo espacios singulares. Debajo del maestro Gelber, en el piso 11, reside Isabel Contreras, restauradora de obras de arte del Museo Parlamentario, quien da fe de la eficacia de la "cámara de aire" que los separa, garantizando una privacidad acústica casi absoluta.
En el piso 10, vive Roberto Caparra, un proyectista de fama mundial y favorito de la cadena NH, quien dedicó tiempo a restaurar cada detalle de su semipiso, desde las aberturas y herrajes hasta los pisos y azulejos de la cocina, recuperando la esencia original del edificio. La Torre Saint fue pionera en su época al incorporar lo que hoy conocemos como "amenities". Su terraza, que en 1928 funcionaba como solárium, contaba con reposeras y vestuarios bajo una galería techada, ofreciendo un oasis de serenidad inverosímil a pocos metros de la estación de Once, como destacó la cronista Débora Campos en su reseña para la Revista Casa Foa.
La fortaleza estructural de la Torre Saint, "muy bien planteada desde la base", ha sido clave para su perdurabilidad, aunque irónicamente, como señala Leo Kim, presidente del Consejo de Propietarios, "todos lo creyeron tan fuerte y tan bien hecho que se descuidaron cosas básicas, como las cañerías". Actualmente, la torre experimenta una notable diversidad cultural, con un 30% de sus unidades habitadas por familias chinas y coreanas, atraídas por la cercanía a sus negocios textiles. Leo Kim, quien asumió la presidencia en un momento complicado para el edificio, ha logrado importantes mejoras, como la restauración de los ascensores que estaban parados y la reparación de filtraciones en el piso 12, precisamente en el apartamento del maestro Gelber, quien dio su visto bueno para los trabajos, permitiendo que el techo de su sala, con sus pisos de roble y alfombras francesas hechas a mano, volviera a brillar.
La convivencia en la Torre Saint es un ejemplo de armonía, algo casi milagroso en un consorcio. La inexistencia de conflictos entre vecinos se atribuye precisamente a ese aislamiento que la cámara de aire proporciona, haciendo que "no se escuche lo que hace el otro. Casi nada". Protegida por la Ley N° 3056, que salvaguarda edificaciones anteriores a 1941 y la cataloga como "singular con protección cautelar", la Torre Saint es, sin duda, un emblema de Once, un "Faro" que, como señala el arquitecto Fabio Grementieri, no debe perder su espíritu, "sus ruidos, sus olores, sus colores", resistiendo la gentrificación y manteniendo su identidad única.

"Opus Gelber": Un Retrato Íntimo de la "Desmesura"
Para comprender la complejidad de Bruno Gelber, es indispensable adentrarse en las páginas de "Opus Gelber. Retrato de un pianista" (Anagrama, 2019), el libro de Leila Guerriero. La cronista argentina, reconocida por su maestría narrativa, logra capturar la esencia de un personaje que ella misma describe como "desmesurado". Gelber, un virtuoso del piano con más de cinco mil conciertos a lo largo de su vida, es también un hombre de una inteligencia afilada, locuaz, y con un humor y una capacidad retórica únicos. Guerriero, con su talento para "observar los detalles" y su principio de "estar ahí para desaparecer en el momento necesario", construye un retrato que va más allá del divo de las cejas delineadas y los gestos extravagantes, revelando el perfil íntimo y conmovedor de un hombre solo.
El libro explora la vida de Gelber desde su infancia, marcada por la superación de una polio que le paralizó la pierna izquierda, hasta su elección de regresar a Buenos Aires, al barrio de Once, a pesar de haber podido establecerse en refinados círculos europeos. La "desmesura" de Gelber se manifiesta en múltiples facetas. Guerriero lo describe con una entrega casi arqueológica a la comida: "Lo he visto comerse budines enteros. O doce sándwiches. O seis panqueques con dulce de leche. Observarlo cortar una porción de torta, llevarla al plato, comerla, es una experiencia voluptuosa y, por lo mismo, arqueológica: ya nadie come así. Con esa entrega, con esa exageración carnal y carente de culpa". Esta misma intensidad se proyecta en su capacidad de goce, que se convierte en un "mascarón de proa con el que embiste todas las dificultades, un arma que pulveriza cualquier obstáculo".
Gelber no evade temas sensibles, como su polio, que le generó una "conciencia continua de no tener las dos piernas iguales", o su "Edipo gigante con mamá", a quien llenó de joyas y tapados de piel. Sorprendentemente, para un artista de su calibre, sus opiniones sobre temas sociales revelan un lado conservador: "Un victoriano en el siglo XXI", que no está de acuerdo con el matrimonio igualitario ni la adopción homoparental, y a quien "incomoda la marcha del orgullo gay". Sin embargo, su "lubricidad es ilimitada y se desliza en frases de doble sentido, en alusiones permanentes al sexo". Sobre el celibato, opina: "Cuando sos joven estás sentado sobre brasas ardientes. Es doloroso. Te venderías por monedas. Es muy ridículo eso del celibato. La iglesia de los hombres no es ninguna maravilla".
La relación entre Guerriero y Gelber durante la escritura del libro fue intensa. La cronista pasó más de un año entrevistándolo, desde marzo de 2017 hasta principios de 2018, con encuentros muy largos, de tres o cuatro horas. Un desafío para Guerriero fue la tendencia de Gelber a repetir historias, algo que ella supo transformar en un eje estructural de la narración, demostrando que "no hay hechos menores sino diferentes modos de narrarlos". A pesar de la cercanía lograda, Gelber mantuvo ciertas reservas, como su discreción sobre el motivo de su distanciamiento con Mirtha Legrand o su negativa a ser visto estudiando, prometiendo algo que "nunca va a suceder". La generosidad de Gelber se extiende a su público, pues a diferencia de otros músicos clásicos, nunca dejó de venir a Argentina y de tocar en los más diversos espacios, incluyendo giras por provincias y apariciones en programas de televisión populares como "Duro de Domar" o el de Mirtha Legrand, donde, según Guerriero, "les hace el programa".
Leila Guerriero aplica en su trabajo principios periodísticos que resuenan en "Opus Gelber": la disciplina, la escucha atenta, la observación de pequeños detalles y la capacidad de "desaparecer" para que la historia se revele. Gelber, por su parte, demostró ser una persona perceptiva y educada, que incluso le dio el apodo de "Maravilla" a Guerriero. Aunque Gelber vive asistido por su compañero de piso Esteban o su chofer Jorge, y evita la tecnología moderna (no usa computadora y tiene un celular muy viejo con el que habla horas de madrugada), él mismo "crea como sus imperios, digamos, sus pequeños reinos" donde es "rey en su mundo", sea en Once o en su departamento con vista al mar en Mar del Plata.
La Trayectoria de un Prodigio: Más Allá del Teclado
Bruno Leonardo Gelber, nacido en Buenos Aires el 19 de marzo de 1941, es un pianista de trayectoria monumental. Desde su más tierna infancia, estuvo inmerso en un ambiente musical, con un padre violinista en el Teatro Colón y una madre profesora de piano que fue su primera gran influencia. A los tres años y medio ya estudiaba piano, y a los cinco era capaz de interpretar sonatas y conciertos complejos. Fue alumno, desde los seis años y por una década, del renombrado Vincenzo Scaramuzza, quien también formó a figuras como Martha Argerich y al padre de Daniel Barenboim.

Un hito crucial en su vida fue la poliomielitis que contrajo a los siete años, dejándolo con la pierna izquierda paralizada. Este desafío, sin embargo, no detuvo su vocación. Sus padres adaptaron el piano para que pudiera seguir practicando desde la cama, una muestra temprana de su inquebrantable determinación. Su debut público llegó a los diez años, interpretando el Concierto para piano n.º 3 de Beethoven, bajo la dirección de su propio maestro. A los catorce, se presentó en el prestigioso Teatro Colón con el concierto para piano de Robert Schumann, dirigido por Lorin Maazel.
A los diecinueve años, Gelber se trasladó a París para continuar sus estudios con la célebre pedagoga Marguerite Long, quien lo consideró "el último pero el mejor de sus alumnos". Residió en la capital francesa hasta finales de los años ochenta, cuando se mudó a Mónaco. Su carrera internacional es vasta, con más de cinco mil conciertos ofrecidos en las principales capitales del mundo. Su debut internacional en Múnich en 1959 fue calificado de "casi un milagro" por el crítico Joachim Kaiser, marcando el inicio de una brillante trayectoria que lo llevaría a ser considerado un intérprete especialmente competente en el repertorio de Beethoven, habiendo grabado una integral de sus sonatas.
Gelber ha compartido escenario con directores de la talla de Ernest Ansermet, Sergiu Celibidache, Lorin Maazel y Bernard Haitink, y ha tocado con las orquestas más importantes del planeta, incluyendo la Filarmónica de Berlín, la Filarmónica de Viena y la Sinfónica de Chicago. Pero quizás uno de los mayores reconocimientos a su talento provino del legendario Arthur Rubinstein, quien afirmó que Gelber era "uno de los pianistas más grandes de su generación" y lo seleccionó para participar en la película "L’amour de la vie – Artur Rubinstein".
A pesar de su brillantez, la carrera de Gelber no estuvo exenta de desafíos. En 2001, sufrió un accidente automovilístico que puso en peligro la funcionalidad de su mano derecha. Afortunadamente, logró recuperarse y reanudar su carrera. La prensa especializada lo ha destacado consistentemente como uno de los mejores pianistas de su generación y uno de los cien mejores del siglo. Su discografía ha sido galardonada con prestigiosos premios como el Discophiles francés, el Grand Prix du Disque de l’Academie Charles-Cros y el premio de la Academia de París, recibiendo las más altas calificaciones en revistas especializadas como Diapason y Gramophone.
Preguntas Frecuentes sobre Bruno Gelber
| Pregunta | Respuesta |
|---|---|
| ¿Dónde vive Bruno Gelber? | Bruno Gelber vive en el piso 12 de la Torre Saint, un icónico edificio Art Decó en el barrio de Once, Buenos Aires. Durante el verano, se traslada a Mar del Plata. |
| ¿Qué es la Torre Saint? | Es un edificio residencial Art Decó en Once, Buenos Aires, proyectado en 1925 por Robert Charles Tiphaine. Es conocido como el "Faro de Once" y destaca por su arquitectura única y su diseño que favorece el silencio interior. |
| ¿Quién escribió el libro "Opus Gelber"? | El libro "Opus Gelber. Retrato de un pianista" fue escrito por la reconocida cronista argentina Leila Guerriero. |
| ¿Qué significa la "desmesura" de Gelber de la que habla el libro? | Se refiere a su personalidad intensa y sin límites, que se manifiesta en su forma de comer, su humor, su elocuencia, y su visión particular del mundo, que contrasta con la formalidad del ámbito de la música clásica. |
| ¿Qué dijo Arthur Rubinstein sobre Bruno Gelber? | Arthur Rubinstein calificó a Bruno Gelber como "uno de los pianistas más grandes de su generación" y lo eligió para aparecer en una película documental dedicada a Rubinstein. |
| ¿Bruno Gelber tuvo polio? | Sí, Bruno Gelber contrajo poliomielitis a los siete años, lo que le paralizó la pierna izquierda. Sin embargo, esto no le impidió desarrollar una brillante carrera como pianista. |
| ¿Gelber toca solo en teatros importantes? | No, a pesar de su fama mundial, Gelber es conocido por su generosidad y ha realizado giras por diversas provincias argentinas, tocando incluso en teatros con pianos que no siempre están en óptimas condiciones, buscando siempre la conexión con un público amplio. |
La vida de Bruno Gelber es un testimonio de talento inmenso, resiliencia frente a la adversidad y una autenticidad que desafía las convenciones. Su hogar en la Torre Saint es más que un simple apartamento; es un santuario que refleja su búsqueda de silencio y luz en medio del caos urbano, un espacio donde la música y la vida se entrelazan de una manera única. La obra de Leila Guerriero no solo nos acerca a la figura pública del pianista, sino que nos invita a explorar las profundidades de un ser humano extraordinario, cuya "desmesura" es, en realidad, la expresión de una vida vivida con una intensidad inquebrantable. El legado de Gelber, avalado por figuras como Arthur Rubinstein y su propia discografía premiada, sigue resonando, inspirando a nuevas generaciones y recordándonos el poder transformador del arte y la música.
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