El Velo de los Sueños: Borges y la Realidad Onírica

23/01/2025

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Jorge Luis Borges, el célebre escritor argentino, nos legó un universo literario tan vasto como enigmático, donde la realidad se confunde con el sueño, la memoria con el olvido, y la identidad se disuelve en un juego de espejos infinitos. Sus obras no solo son relatos, sino intrincados laberintos filosóficos que invitan al lector a cuestionar la naturaleza misma de la existencia. Para Borges, la vida y la literatura no eran entidades separadas, sino manifestaciones de una misma búsqueda, un continuo fluir entre lo real y lo onírico que se entrelazan en la urdimbre de su pensamiento.

¿Qué es lo ominoso en la literatura de Borges?
Lo ominoso es el horror que percibe el poeta en la literatura de Borges. Este sentimiento aplica tanto al doble como a los espejos, recursos que es imposible separar dentro de su obra.

En su particular visión, la barrera entre lo soñado y lo vivido era permeable, una constante invitación a la reflexión. Esta perspectiva, profundamente arraigada en su obra y en su propia experiencia vital, nos revela a un Borges que, incluso en su ceguera, percibía el mundo con una lucidez inusual, capaz de encontrar misterios y revelaciones en los pliegues más sutiles de la percepción.

Índice de Contenido

El Sueño Como Realidad y la Realidad Como Sueño

La permeabilidad entre el sueño y la vigilia es un pilar central en la concepción borgesiana del mundo. En un relato onírico que nos transporta a una conversación íntima con el propio Borges, ya septuagenario y ciego, se desvela una de sus ideas más profundas. En la atmósfera brumosa del sueño, un Borges apoyado en su bastón, con la risa franca de quien aún preserva la curiosidad, confiesa su añoranza por las voces humanas más que por las imágenes, perdidas en su crepúsculo unánime. Su memoria, sin embargo, se mantenía lúcida, atesorando fragmentos de ensayos y poemas leídos y releídos a lo largo de su vida.

En este encuentro, el narrador le ofrece leerle un poema propio, pero Borges, con su sabiduría onírica, ya conocía el destino de esos versos. Su verdadero anhelo era escuchar un pasaje de Stevenson, Kipling o Chesterton, autores que, a través de sus voces literarias, poblaban su mundo interior. Es en este momento de revelación donde Borges pronuncia una frase clave, una que encapsula su filosofía sobre la existencia. Si le preguntaran por un libro que se asemejara al universo, que pudiera ofrecer un mapa o una cifra del cosmos, ese sería El mundo como voluntad y representación de Arthur Schopenhauer.

La lectura de un fragmento de la obra de Schopenhauer, que sugiere que “los sueños individuales están separados de la vida real porque no se hallan engranados en la conexión de la experiencia que recorre constantemente el curso de la vida, y el despertar señala esa diferencia; no obstante, aquella conexión de la experiencia pertenece ya a la vida real como forma suya, mientras que el sueño ha de mostrar también una coherencia en sí mismo. Si juzgamos desde un punto de vista externo a ambos, no encontramos en su esencia ninguna diferencia definida y nos vemos obligados a dar la razón a los poetas en que la vida es un largo sueño”, resuena con la propia visión de Borges. Al despertar de este sueño, el narrador sonríe, evocando una vieja idea del maestro: para los poetas y los místicos, no es imposible que toda la vigilia sea un sueño.

¿Cuál es el sueño de Borges?
En el sueño Borges ya era septuagenario. Miraba con asombro, con la extrañeza del poeta al que le serán develados otros misterios del mundo y de los hombres. Permanecimos en silencio. Escruté en la ciega mirada sombras, acaso un atisbo de color. En el leve movimiento de los ojos se insinuaba el afán de un conocimiento nuevo.

La Literatura: Un Sueño Dirigido

Si la vida misma puede ser un sueño, ¿qué es entonces la literatura para Borges? Su respuesta es contundente: “la literatura no es otra cosa que un sueño dirigido”. Esta afirmación, lejos de trivializar el arte de escribir, lo eleva a la categoría de una construcción consciente y deliberada, un espacio donde el autor, como un arquitecto de realidades, modela mundos y conceptos con precisión. Borges, autodidacta y erudito, forjó su universo literario a partir de una infancia inmersa en las bibliotecas de su padre, devorando “Las mil y una noches”, “El Quijote”, los cuentos de Wells, la Biblia inglesa, Kipling y Stevenson. Estas lecturas no solo fueron influencias, sino los cimientos sobre los que edificó su propia mitología.

Su obra, vasta y diversa, abarca ensayos, comentarios literarios, cuentos, reseñas, poesía, traducciones y guiones de cine, aunque notablemente nunca escribió una novela, prefiriendo la brevedad de los cuentos por ser “más fáciles de vigilar”. En cada una de estas formas, Borges configuró filosofía, fantasía, teología, matemáticas y un lenguaje poético cargado de recursos narrativos. Su literatura es un entramado de tramas inverosímiles y enseñanzas, donde lo ficticio se vuelve realidad y el tiempo, los espejos, los laberintos lingüísticos y las alegorías son elementos recurrentes que configuran su estilo inconfundible. Para Borges, la grandeza de un escritor no residía tanto en lo que escribía, sino en lo que leía, consolidando la idea de la literatura como un diálogo incesante con el saber acumulado de la humanidad.

Espejos, Dobles y Lo Ominoso: La Fragilidad de la Identidad

Uno de los leitmotivs más recurrentes y perturbadores en la obra de Borges es el tema del doble y su conexión con los espejos, elementos que, lejos de ser meros objetos decorativos, se transforman en portales hacia la angustia y el cuestionamiento de la identidad. La literatura borgesiana, a menudo analizada desde la perspectiva psicoanalítica, revela cómo el concepto del doble se entrelaza con la noción de lo ominoso (unheimlich, en alemán), aquello familiar que, al manifestarse de forma inesperada, provoca un profundo desasosiego.

Para Borges, los espejos no son solo superficies que reflejan, sino que acechan, duplican y multiplican espectralmente la realidad. Desde su infancia, el autor confesó sentir un “horror de una duplicación o multiplicación espectral de la realidad” ante los grandes espejos, temiendo que estos “empezaran a divergir de la realidad” o que desfiguraran su rostro. Esta inquietud infantil, ligada al estadio del espejo en la teoría lacaniana, donde el sujeto en formación percibe una imagen fragmentada de sí mismo antes de identificarse con una forma unificada, se convierte en la semilla de lo ominoso.

El doble en Borges es a menudo un anunciador de la muerte, una figura que recuerda la endeblez de la identidad. En poemas como “El espejo” o “Los espejos velados”, la presencia del espejo es sinónimo de un doble vigilante que acecha y presagia el sentimiento de lo ominoso. En “El centinela”, el “otro” que es Borges mismo, se vuelve un ser dominante que impone su memoria, sus miserias y hasta la condición humana, un reflejo patético de la senectud que, sin embargo, esclaviza y miente. Este doble, que acecha y devora, es ominoso porque exhibe una dependencia frente al Otro que remite a la infancia, a la fragilidad constitutiva del yo.

¿Cuál es el sueño de Borges?
En el sueño Borges ya era septuagenario. Miraba con asombro, con la extrañeza del poeta al que le serán develados otros misterios del mundo y de los hombres. Permanecimos en silencio. Escruté en la ciega mirada sombras, acaso un atisbo de color. En el leve movimiento de los ojos se insinuaba el afán de un conocimiento nuevo.

El Otro y el Creador: Una Vacuidad Compartida

La exploración de la identidad en Borges se profundiza con la introducción del concepto del Otro, una figura que en su obra a menudo se manifiesta como el creador o, incluso, como Dios. Desde la perspectiva psicoanalítica lacaniana, el Otro es el lugar de la constitución del sujeto, el origen del significante y del lenguaje, de donde provienen el nombre y la imagen unificada que conforman el yo. Sin embargo, este Otro también está “barrado”, es decir, carece de una garantía de verdad absoluta, lo que implica que la identidad que otorga es, en última instancia, parcial y fundamentada en una falta.

Borges traslada esta idea a sus narraciones, donde los creadores, ya sean magos, rabinos o divinidades, comparten la misma vacuidad y la misma falta de identidad que sus propias creaciones. En “Las ruinas circulares”, un mago se dedica a soñar a un hombre para darle vida, solo para descubrir al final que él mismo es un ser soñado por otro, sumergiéndose en una “puesta en abismo” que disuelve la noción de un origen único y una identidad sólida. De manera similar, en “El Golem”, el rabino de Praga, al crear un muñeco que replica torpemente la forma humana pero sin alcanzar el lenguaje, se pregunta por los sentimientos de Dios al mirarle a él.

Pero es quizás en “Everything and nothing”, dedicado a Shakespeare, donde esta idea alcanza su máxima expresión. El autor inglés, que “tantos hombres ha sido en vano”, desea ser uno y único, solo para que la voz de Dios le revele desde un torbellino: “Yo tampoco soy; yo soñé el mundo como tú soñaste tu obra, mi Shakespeare, y entre las formas de mi sueño estabas tú, que como yo eres muchos y nadie”. Esta conclusión, de corte panteísta, sugiere que ser muchos implica ser nadie, que la existencia de un segundo yo, o incluso de Dios, solo constata la falta de identidad que el psicoanálisis ha señalado como intrínseca al ser humano. La “vacuidad” del Otro, su propia carencia, convierte su presencia en algo ominoso, un recordatorio de que la identidad es una ilusión, una construcción frágil que se asienta sobre la nada.

ConceptoVisión de BorgesPerspectiva Psicoanalítica
Sueño/RealidadLímites difusos, la vida es un largo sueño.Lo onírico como manifestación del inconsciente, la vigilia como una construcción psíquica.
IdentidadFluida, fragmentada, ilusoria; ser 'muchos y nadie'.No unitaria, influenciada por el inconsciente y el Otro, con una falta constitutiva.
El DobleAnunciador de la muerte, reflejo de la falta de ser, figura ominosa.Retorno de lo reprimido, manifestación de lo ominoso, recuerdo de la constitución del yo.
El OtroCreador (divino o humano) que también carece de identidad y está soñado.Lugar de constitución del sujeto (nombre, imagen), pero también 'barrado' (incompleto).

Preguntas Frecuentes sobre Borges, Sueños y Realidad

¿Qué significa que la vida sea un sueño para Borges?

Para Borges, la idea de que la vida sea un sueño sugiere que la realidad tal como la percibimos no es absoluta ni inmutable, sino una construcción, una ilusión que puede desdibujarse en cualquier momento. Al igual que los sueños tienen su propia coherencia interna, la vigilia podría ser un sueño más amplio, dirigido por fuerzas o entidades que desconocemos, incluso por un Dios que también es soñado. Esta noción invita a la reflexión sobre la fragilidad de nuestra percepción y la naturaleza subjetiva de la existencia.

¿Cómo se relaciona la ceguera de Borges con sus temas literarios?

La ceguera de Borges, que se acentuó con los años, profundizó su introspección y su dependencia del mundo de las ideas y la memoria. Al perder la capacidad de ver imágenes, su universo sensorial se volcó hacia las voces y los conceptos, intensificando su interés por los laberintos mentales, los libros como universos y la naturaleza de la percepción. Su ceguera no fue un impedimento, sino un catalizador que lo llevó a explorar con mayor profundidad los temas de la memoria, el olvido, el tiempo cíclico y la identidad fragmentada, a menudo ligando la ausencia de imágenes a la añoranza de las voces humanas.

¿Por qué Borges dijo que la literatura es otra cosa que un sueño dirigido?
Borges solía decir que "uno llega a ser grande por lo que lee y no por lo que escribe". Además de asegurar que "la literatura no es otra cosa que un sueño dirigido". Analizado y estudiado durante años, su literatura sigue sorprendiendo.

¿Por qué los espejos son importantes en la obra de Borges?

Los espejos en la obra de Borges son mucho más que objetos; son símbolos de duplicación, infinitud y, a menudo, de horror. Representan la amenaza a la identidad, la posibilidad de que nuestro reflejo sea un doble independiente o incluso una entidad que nos acecha. Para Borges, los espejos evocan lo ominoso, lo familiar que se vuelve extraño y perturbador, recordándonos la fragilidad de nuestro propio ser y la posibilidad de que nuestra identidad sea una mera ilusión o una de muchas.

¿Borges creía en Dios?

Según la información disponible en los textos, Jorge Luis Borges era un “ateo convencido”. Sin embargo, esto no le impidió ironizar con la Biblia ni explorar las ideas teológicas y metafísicas en su obra. A menudo utilizaba figuras divinas o creadores como parte de sus experimentos filosóficos para cuestionar la identidad, la creación y la naturaleza del universo, incluso sugiriendo que Dios mismo podría ser un ser soñado o carente de una identidad fija.

¿Escribió Borges alguna novela?

No, Jorge Luis Borges nunca escribió una novela. Él mismo afirmó que prefería la brevedad de los cuentos porque eran “más fáciles de vigilar”. Su extensa obra literaria se compone principalmente de cuentos, ensayos, poesía, reseñas y traducciones, géneros que le permitieron explorar sus complejos temas filosóficos y metafísicos con una precisión y concisión inigualables.

En síntesis, la obra de Jorge Luis Borges es una invitación constante a la introspección y al cuestionamiento de los pilares de nuestra realidad. A través de la disolución de las fronteras entre el sueño y la vigilia, la literatura y la vida, la identidad y el doble, Borges nos muestra que el universo es un entramado de espejos y laberintos, donde la verdad es siempre escurridiza y la existencia, quizás, un largo y complejo sueño dirigido. Su legado sigue resonando, desafiándonos a mirar más allá de lo evidente y a encontrar la maravilla en la incertidumbre misma de nuestro ser.

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