07/07/2025
En el vasto horizonte de la aventura y la exploración, pocos nombres resuenan con la fuerza y el espíritu de Alfredo Barragán. Abogado de profesión y explorador deportivo de alma, Barragán no es solo un hombre que ha conquistado cumbres y navegado océanos, sino un faro de tenacidad, amistad y un profundo amor por la naturaleza. Su vida es un testimonio viviente de que los límites son, a menudo, meras percepciones, y que la verdadera grandeza reside en atreverse a ir más allá, impulsado por la pasión y la convicción. Desde su juventud, Barragán forjó un camino de hazañas que no solo marcaron la historia de la exploración argentina, sino que también dejaron una huella imborrable en el corazón de quienes lo conocen o se inspiran en su legado.

Los Inicios de una Leyenda: La Conquista del Río Colorado
La gesta que catapultó a Alfredo Barragán y a su equipo a la inmortalidad exploratoria se remonta a 1973. Con apenas 23 años y aún siendo estudiante universitario, Barragán, junto a sus inseparables amigos y hermanos de la vida Rubén Tablar, José Luis Godoy y Jorge Iriberri, se embarcó en una aventura que muchos consideraban imposible: navegar por completo el caudaloso Río Colorado. Este río, que serpentea a través de cinco provincias argentinas (Mendoza, Neuquén, Río Negro, La Pampa y Buenos Aires), se convirtió en el escenario de una epopeya de 1100 kilómetros, remando sin descanso durante 27 extenuantes días.
La preparación para esta expedición fue meticulosa, a pesar de la escasa información y la inexistencia de cartas náuticas en aquella época. Durante once meses, Barragán se sumergió en la investigación, anticipando cada posible escenario. Partieron de Butacó, Neuquén, en dos gomones que cargaban unos 150 kilogramos de equipo vital: provisiones de comida, carpas canadienses, equipos de radio de la Fuerza Aérea Argentina para comunicarse con sus familias y dar parte de su posición, elementos de fotocine para documentar cada instante y un botiquín que incluía incluso un antídoto para serpientes, previsión que resultó ser crucial en el camino.
La travesía estuvo plagada de desafíos. Durante 23 de los 27 días, el viento sopló en contra, obligándolos a redoblar el esfuerzo. Sus manos terminaban tan hinchadas que necesitaban sumergirlas en agua fría para recuperar la movilidad. Los rápidos del río, acrecentados por una nevada excepcional que había ensanchado sus márgenes, sacudían los gomones con violencia. La primera noche, el agotamiento fue tal que durmieron dentro de los botes sin siquiera armar campamento. La constante exposición al sol los obligaba a usar remeras largas, gorras y anteojos, adoptando una postura peculiar, con una pierna dentro de la embarcación y la otra en el agua para refrescarse.
Entre el 16 de enero y el 11 de febrero, sortearon olas, el sol inclemente y la molesta presencia de tábanos. Los percances eran inevitables; las perforaciones causadas por las piedras en los gomones requerían parches y tiempos de secado que los obligaban a detenerse. Una situación particularmente tensa los retuvo tres días en 25 de Mayo, La Pampa, debido a una fuga de petróleo por la rotura de un oleoducto, temiendo que pudiera dañar el material de sus embarcaciones. Cada diez días, un avión de la Fuerza Aérea los sobrevolaba para identificar su posición, y poco a poco, se ganaron el apodo de “Los locos del Río”.
La llegada a Fortín Mercedes, provincia de Buenos Aires, el 11 de febrero de 1973, fue un momento histórico. Una multitud los esperaba en Pedro Luro, y los cuatro amigos firmaron los primeros autógrafos de sus vidas, marcando un antes y un después en sus existencias y en el ámbito de la exploración argentina. Esta expedición, meticulosamente registrada con una cámara Super 8, se convirtió décadas más tarde en el documental "Expedición Río Colorado 1973", disponible en YouTube, un testimonio visual de su audacia.
Cincuenta años después de aquella hazaña, el 11 de febrero de 2023, el mismo grupo de amigos revivió simbólicamente un tramo de la travesía. La emoción de Alfredo Barragán al recordar la inquebrantable unión del equipo es palpable: “Felizmente estamos todos estamos muy bien, activos y lo más curioso es que en 50 años nunca nos hemos separado, nunca nos hacemos alejado, siendo algunos de Mar del Plata, otros de Mendoza, de Buenos Aires, siempre estamos hermanados”. Su amistad, que comenzó hacía no más de tres años antes de la expedición, se cimentó en esa aventura y perduró a través de matrimonios, nacimientos de hijos y nietos, quienes hoy también forman parte de este legado de exploración.
Un Legado de Exploración: Más Allá del Colorado
La exitosa travesía del Río Colorado no fue el fin, sino el glorioso comienzo. Fue el puntapié para la creación del CADEI (Centro de Actividades Deportivas, Exploración e Investigación), una organización a través de la cual Alfredo Barragán y su equipo realizaron más de 30 expediciones en cinco continentes. Cada una de ellas fue un nuevo desafío, una oportunidad para demostrar que el espíritu humano no tiene límites.
Entre estas expediciones, una de las más renombradas y quizás la más famosa después de la del Río Colorado, fue la Expedición Balsa Atlantis. Con el lema “Que el hombre sepa, que el hombre puede”, Barragán y su tripulación se propusieron cruzar el Atlántico en una balsa sin motor ni timón. Recorrieron 6000 kilómetros desde Tenerife, España, hasta La Guaira, en las costas de Venezuela, confiando únicamente en los estudios previos sobre vientos y corrientes marinas que Barragán había recopilado. Esta hazaña, calificada por muchos como imposible, demostró la profunda convicción de Barragán en la capacidad humana y su incansable instinto de ponerse en acción para analizar cada detalle ante cualquier desafío.
Pero la lista de sus logros no termina ahí. Alfredo Barragán ha escalado el Aconcagua, la montaña más alta de América, en cinco intentos, demostrando una perseverancia admirable. También fue pionero en el cruce de la Cordillera de los Andes en globo aerostático, una epopeya donde la velocidad era clave: “Íbamos a 110 kilómetros por hora, porque tenía que ser tan rápido como se pueda, para llegar a Argentina antes que se acabe el gas estando arriba”. Otras de sus renombradas expediciones incluyen el ascenso al Kilimanjaro y al Mont Blanc, el cruce del Mar de las Antillas en kayaks y la Antártica Finis Terra.

Las exploraciones de Barragán no solo son hazañas deportivas; también han contribuido significativamente al conocimiento geográfico. Para él, reconocer la geografía es la forma de desarrollar conocimiento. “Cuando alguien llega a un lugar nuevo, apenas baja los bolsos empieza a mirar para todos lados, a registrar los alrededores, a ver qué hay”, señala, enfatizando la importancia de la observación y el registro en cada nueva experiencia.
El Espíritu Inquebrantable de un Explorador Deportivo
Alfredo Barragán se define a sí mismo como un explorador deportivo, una etiqueta que encarna a la perfección su filosofía de vida. Su pasión por lo que hace es la fuerza motriz detrás de cada expedición y de la inquebrantable unión de su grupo. “El enamoramiento con lo que hacemos es la única explicación para que en nuestro grupo de unas treintena de personas, no haya ningún disidente en 50 años”, reflexiona. Esta pureza y dedicación son los pilares sobre los que se construyen sus proyectos.
Una característica distintiva de las expediciones de Barragán es su firme rechazo a los patrocinios comerciales. Su único emblema siempre ha sido la bandera nacional, un símbolo de su profundo patriotismo y de la convicción de que la aventura no debe mezclarse con intereses económicos. “Nunca podríamos colocar una marca comercial, y lo dice alguien que ha ejercido 44 años como abogado de empresas… pero no pasa por ahí, pasa porque al lado de la bandera no puede haber un signo pesos”, explica, conmovido al recordar la emoción que le transmitía la bandera en su niñez.
La fortaleza de Barragán no solo radica en su físico o su capacidad de planificación, sino en su alineación con sus principios y valores. “Cuando lo que hago coincide con mis principios, con mis ideales, con mis valores, soy muy feliz y poderoso”, afirma. Esta coherencia interna es la fuente de su perseverancia y motivación, incluso a sus más de 70 años. Para él, la clave está en no dedicar ni un minuto a cosas con las que no se concuerda, buscando siempre la plenitud en cada acción.
La camaradería y el afecto son fundamentales en su visión de la exploración. “No tengo ningún interés en llegar a una cumbre con un desconocido”, subraya. La buena compañía, el regreso a los afectos, al amor, la amistad y la contención son tan importantes como el logro de la meta. La sensación de orfandad, de no tener a dónde volver, es para él uno de los peores enemigos del ser humano. Por ello, la unidad de su equipo, que se ha acompañado en bodas, en la crianza de hijos y en cada aniversario, es un pilar central de su vida y sus proyectos.
La Vida Más Allá de la Aventura: Abogado, Padre y Soñador
Más allá de las épicas travesías y los desafíos extremos, Alfredo Barragán ha llevado una vida multifacética. Abogado de profesión, continuó una tradición familiar de más de 150 años, fundando su bisabuelo el estudio jurídico en 1870. Barragán se recibió en 1975 y, tras el fallecimiento de su padre, asumió la dirección del estudio, alternando la abogacía con sus expediciones durante 44 años. Esta dualidad de su vida profesional y aventurera es algo que su esposa, Graciela, con quien comparte cinco décadas de vida, conoció y aceptó desde el principio.
En su vida personal, Alfredo Barragán es un hombre profundamente arraigado a su familia. Casado con Graciela, es padre de Paulina y abuelo de Ana y Lola. Él las considera “el equipo que armé para jugar el partido de la vida”, enfatizando que no hay vacaciones ni planes sin ellas. Su hija Paulina es, de hecho, quien administra el grupo de Facebook “Alfredo Barragán, Expedicionario Argentino”, donde se vuelca la admiración de miles de personas hacia este referente.
A pesar de haber recorrido el mundo, Barragán mantiene una profunda conexión con su hogar. “Yo vivo en Dolores, me siento Dolores y no me imagino en otro lugar. Parte de mi fuerza es saber de dónde soy y a dónde volver”, afirma. Con humor, se describe a sí mismo como “el petiso Barragán de Dolores, que de vez en cuando hace alguna cosa muy divertida”. Su rutina consistía en planificar proyectos durante uno o dos años, ejecutarlos en uno a tres meses y regresar a su hogar, su lugar en el mundo.
Uno de los sueños más anhelados de Alfredo Barragán, y quizás el más desafiante de todos, es la creación de un Museo de la Exploración. Desde hace dos décadas, lucha incansablemente por este proyecto, que aún no se concreta. Concibe el museo no solo como un espacio de exhibición, sino como un medio de comunicación que transmita ideas, principios y valores a través de hechos consumados, de las expediciones realizadas y las dificultades superadas. Él cree que la historia de los descubrimientos geográficos tiene un poder inmenso para conmover e inspirar. Barragán anhela que este museo se ubique en Dolores, su ciudad natal, no solo por su conexión personal, sino también por su potencial como excelente locación al ser un punto de paso para millones de personas al año. A pesar de las dificultades, una frase de su autoría resuena en su mente para darle fuerzas: “Podrán golpear el leño, pero nunca el fuego; y con esto es igual, lo podrán demorar, pero no parar”.

Celebrando un Hito: El Aniversario del Río Colorado y el Legado para el Futuro
El 11 de febrero de 2023 marcó la celebración de los 50 años de la Expedición Río Colorado, una verdadera fiesta que congregó a autoridades, invitados y al público en Fortín Mercedes. Los cuatro expedicionarios, Barragán, Tablar, Godoy e Iriberri, arribaron remando, solos con el río, tal como lo hicieran medio siglo antes. La jornada incluyó la inauguración de la “Plazoleta Expedición Río Colorado 73”, el descubrimiento de placas alegóricas y la participación de la Banda de Música de la Armada Argentina. Por la noche, se proyectó el documental “Expedición Río Colorado 1973”, seguido de un espacio donde los expedicionarios respondieron preguntas y agradecieron el apoyo de los pueblos ribereños, tal como Alfredo lo hizo en aquella primera vez.
Durante la conmemoración, uno de los temas de debate fue el preocupante estado actual del Río Colorado. A diferencia de 1973, cuando tenía un ancho de 200 metros y dos de profundidad, en la actualidad su cauce se ha reducido a unos 20 metros y el agua apenas llega a las rodillas, producto de la sequía y disputas por el agua. Esta realidad entristece a Barragán, pero refuerza su determinación de transmitir un legado de esperanza e inspiración. “Sentimos que si podemos expresar la alegría de habernos atrevido, de haberlo intentado, de habernos esforzado, del trabajo, y del logro merecido, habremos sido útiles, porque aunque el otro día se olviden de nuestros nombres, queremos que les quede la idea de que ellos también pueden”, expresa con la convicción de que su historia puede empoderar a otros.
La vida de Alfredo Barragán es una narrativa de superación, amistad y un compromiso inquebrantable con sus ideales. Su mensaje, siempre centrado en la importancia de los afectos y la perseverancia, resuena profundamente. “Pobre el que llega a una cumbre y no tiene a dónde volver”, reflexiona, enfatizando que la verdadera riqueza no está en el logro individual, sino en tener con quién compartirlo. Su historia, que entrelaza la aventura extrema con una profunda humanidad, lo convierte en un ícono de la exploración que continúa inspirando a generaciones a perseguir sus sueños, a desafiar lo imposible y a vivir con una pasión que no se extingue.
Preguntas Frecuentes sobre Alfredo Barragán
¿Cuál fue la primera gran expedición de Alfredo Barragán?
La primera y más significativa expedición que lideró Alfredo Barragán fue la navegación completa del Río Colorado en 1973, junto a Rubén Tablar, José Luis Godoy y Jorge Iriberri. Fueron los primeros en recorrer los 1100 kilómetros del río en gomones, una hazaña que duró 27 días y sentó las bases para todas sus futuras aventuras.
¿Qué es la Expedición Atlantis?
La Expedición Atlantis fue una de las hazañas más conocidas de Alfredo Barragán y su equipo. Con el lema “Que el hombre sepa, que el hombre puede”, cruzaron el Océano Atlántico en una balsa sin motor ni timón, recorriendo 6000 kilómetros desde Tenerife, España, hasta La Guaira, Venezuela. La travesía se basó en estudios de vientos y corrientes marinas, demostrando la capacidad humana de desafiar los límites.
¿Qué es el CADEI?
El CADEI son las siglas del Centro de Actividades Deportivas, Exploración e Investigación, una organización fundada por Alfredo Barragán y su equipo tras la Expedición Río Colorado. A través del CADEI, realizaron más de 30 expediciones en cinco continentes, incluyendo la Balsa Atlantis, el ascenso al Aconcagua y el cruce de los Andes en globo.
¿Por qué Alfredo Barragán no aceptaba patrocinadores comerciales?
Alfredo Barragán siempre ha mantenido la pureza en sus expediciones, negándose a aceptar patrocinadores comerciales. Su único emblema ha sido la bandera nacional, lo que refleja su profundo patriotismo y la convicción de que las expediciones deben estar impulsadas por la pasión y los valores, sin mezclarse con intereses económicos o marcas comerciales.
¿Qué proyecto futuro tiene Alfredo Barragán?
Alfredo Barragán sueña con crear un Museo de la Exploración, un proyecto en el que ha trabajado durante dos décadas. Su objetivo es que este museo sirva como un medio de comunicación para transmitir ideas, principios y valores a través de las historias y objetos de las expediciones realizadas, demostrando el potencial humano de superar desafíos. Le gustaría que se ubique en su ciudad natal, Dolores.
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