¿Qué ofrece el libro para experimentar con el alfajor?

El Alfajor: Un Viaje Dulce a Través de la Historia y el Sabor

03/09/2025

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Pocas delicias encarnan tan profundamente la identidad y el paladar de Uruguay y Argentina como el alfajor, inseparablemente ligado al dulce de leche. Más que una simple golosina, este bocado redondo es un verdadero ícono cultural, presente en cada momento de la vida, desde el recreo infantil hasta las celebraciones más especiales. Su omnipresencia en kioscos y hogares testifica su estatus como un pilar de la gastronomía regional. Pero, ¿qué secretos esconde este humilde dulce? ¿Cómo ha evolucionado a lo largo del tiempo y qué historias nos cuenta? Este artículo se adentra en el universo del alfajor, explorando su rica historia, sus variadas manifestaciones y la pasión que despierta en quienes lo disfrutan y lo estudian.

¿Cuáles son las mejores marcas de alfajores?
Alfajores triples de chocolate y glaseado. Como golosina de producción masiva su elaboración se remonta a la década de 1950 en la costa atlántica argentina. Marcas como Havanna y Balcarce son las primeras, desarrollándose posteriormente otras que suman más de 30 distintas en kioscos y supermercados.

El alfajor no es solo una suma de galletas y relleno; es un lienzo para la creatividad, un espejo de la historia y un objeto de estudio para los más curiosos. Acompáñanos en este recorrido por sus sabores, sus orígenes y las mentes brillantes que han dedicado su tiempo a desentrañar su esencia, desde los maestros reposteros que buscan la perfección en cada capa hasta los investigadores que ven en él un testimonio vivo de la cultura.

Índice de Contenido

Alfajores para Experimentar: Del Tradicional al Gourmet

La pasión por los dulces puede transformar vidas, y así lo demuestra Lucas Fuente, quien convirtió su amor por el alfajor en una profesión y, afortunadamente para nosotros, en un compendio culinario que eleva esta confección a nuevas alturas. Su libro, simplemente titulado “Alfajores”, es una invitación abierta a desatar la creatividad en la cocina, yendo mucho más allá de las recetas tradicionales para explorar el vasto universo de posibilidades que ofrece este dulce.

Fuente nos enseña que el alfajor es adaptable, maleable y sorprendentemente versátil. Entre sus páginas, la clásica unión de galletas, relleno y cobertura se convierte en un lienzo para la experimentación. Imagina combinar la riqueza de un brownie con la suavidad del dulce de leche, o la delicadeza de un blondie con toques de avellanas. El libro sugiere fusiones audaces como el salchichón de chocolate, las lenguas de gato, o incluso la incorporación de ingredientes inesperados como el matcha, las ralladuras de naranja y limón. Cada propuesta es una invitación a personalizar y hacer propios estos dulces por excelencia del Río de la Plata.

El contenido visual del libro es tan delicioso como sus recetas. Cada página está bellamente ilustrada con fotografías que no solo acompañan las preparaciones, sino que capturan el alma del alfajor, convirtiendo la presentación en un verdadero juego artístico. Esto no solo deleita a la vista, sino que también inspira a los cocineros a prestar atención a cada detalle, desde la textura hasta la estética final.

Pero “Alfajores” es más que un recetario; es una clase magistral de repostería. Lucas Fuente comparte generosamente sus conocimientos, revelando acciones recurrentes y técnicas clave para lograr resultados óptimos. Aprenderás a manipular y preparar diversos ingredientes, no solo para alfajores, sino para una amplia gama de recetas. Además, el libro ofrece valiosos consejos sobre el uso adecuado de varios utensilios de cocina, equipándote con las herramientas y el saber hacer necesarios para llevar tus habilidades culinarias al siguiente nivel. Es, en esencia, un libro para experimentar con cada parte del alfajor, personalizar el dulce de leche y, en última instancia, dominar el arte de crear estas delicias.

En Busca del Alfajor Perdido: Un Viaje Histórico y Cultural

El alfajor no es solo un placer para el paladar, sino también un fascinante objeto de estudio, un “palimpsesto a través del cual puede leerse la historia argentina”. Así lo plantea Facundo Calabró en su libro “En busca del alfajor perdido. Una insólita y divertida historia de la golosina más popular de la Argentina”. Nacido en Buenos Aires y con apenas veintitrés años cuando publicó su obra, Calabró, locutor, periodista y estudiante de letras, se embarcó en una búsqueda casi detectivesca que comenzó con un recuerdo de infancia: el sabor de un alfajor en una tarde de colonia de verano.

Este recuerdo, casi epifánico, lo llevó a la agudeza e intuición de encarar la historia de esta golosina. Lo que comenzó como un blog, “El alfajor perdido”, donde Calabró hacía reseñas y comparaciones con un lenguaje “culto, casi académico” para tratar algo “tan aparentemente sencillo”, se transformó en un libro que desvela la complejidad cultural y social del alfajor. Su obra es un testimonio de cómo un objeto de consumo masivo puede reflejar las profundas dimensiones históricas de un país.

Calabró, con una narrativa ágil y un ritmo cautivador, nos guía por el derrotero de marcas vernáculas que son verdaderos pilares en el imaginario colectivo argentino: Havanna, Guaymallén, Cachafaz, Jorgito, Fantoche y Capitán del Espacio. No solo rastrea sus historias, sino que también indaga en la del dulce de leche Vacalin, un tótem de la dulcería nacional. El libro incluso ofrece instrucciones prácticas para catar alfajores y sus rellenos, invitando al lector a una experiencia multisensorial.

El autor demuestra cómo el devenir del alfajor se entrelaza con los vericuetos de la historia argentina: desde el Virreinato y las monjas de clausura, pasando por la Independencia, el gaucho, los inmigrantes, el peronismo, la expansión de la clase media, la influencia de los medios masivos (radio, televisión, diarios), la Dictadura, el conurbano y los trenes, hasta la década de los 90 con la irrupción de gigantes transnacionales. Fábricas que son monstruos modernos conviven con emprendimientos familiares en barrios tradicionales como Mataderos (Guaymallén) o Quilmes (Capitán del Espacio).

Calabró también conecta el alfajor con consumos culturales tan populares como el fútbol, el boxeo y el automovilismo, revelando su carácter policlasista y democrático. A través de testimonios y anécdotas, como la del alfajor Grandote y las transmisiones de fútbol por radio AM, o el Guaymallén de Walter “Chino” Maidana, el libro revela la profunda imbricación del alfajor en el tejido social. La obra de Calabró es una invitación a la “alfajorología”, un estudio que, como él mismo sugiere, es más cercano a la labor de un “ciruja” que va juntando pedazos para entender un monstruo cultural. Es, en definitiva, una demostración de que el alfajor es una pequeña patria fugaz, redonda y sonriente, que cabe en la mano y el bolsillo, y que, de cuando en cuando, nos devuelve a nuestra infancia, a nuestro barrio, a nuestra esencia.

¿Qué trata el libro en busca del alfajor perdido?
Así, aquel blog dio título al libro: En busca del alfajor perdido. Una insólita y divertida historia de la golosina más popular de la Argentina (Planeta, 2020). Una narrativa y un ritmo ágil, una precisión casi obsesiva en los datos y ciertos pasajes atorrantes.

Comparando dos Miradas al Alfajor: Receta vs. Historia

Característica"Alfajores" (Lucas Fuente)"En Busca del Alfajor Perdido" (Facundo Calabró)
Enfoque PrincipalRecetas, experimentación culinaria, técnicasHistoria, cultura, sociología, identidad argentina
Contenido PrácticoInstrucciones detalladas de cocción, manipulación de ingredientes, uso de utensiliosAnálisis de marcas icónicas, instrucciones para catar alfajores
Público ObjetivoAficionados a la repostería, cocineros caseros, amantes del dulce de lecheLectores interesados en la historia cultural, la antropología del consumo, la identidad argentina
EstiloVisualmente atractivo, práctico, inspirador, didácticoNarrativo, ágil, investigativo, con toques de humor y análisis crítico
PropósitoEmpoderar al lector para crear y personalizar alfajores gourmetExplorar el alfajor como un espejo de la sociedad y la historia argentina

Un Ícono Nacional: Marcas y Variedades Industriales

El alfajor, en su formato más comercial, ha evolucionado hasta convertirse en una golosina de producción masiva con una presencia abrumadora en kioscos y supermercados. Su elaboración industrial se remonta a la década de 1950 en la costa atlántica argentina, con marcas pioneras como Havanna y Balcarce, a las que se sumaron más de 30 variedades distintas. La magnitud de su consumo es asombrosa: en 2021, se vendieron 6 millones de alfajores diarios en Argentina, lo que suma más de 2.19 mil millones de unidades al año. Esta cifra no solo habla de la popularidad, sino también de la enorme diversidad disponible en las góndolas, donde se pueden encontrar hasta 34 variedades diferentes.

Dentro de este panorama, una marca destaca por su longevidad y su capacidad para conectar con la nostalgia: Jorgito. Celebrando su 60° aniversario en 2020, Jorgito ha logrado mantenerse como una de las etiquetas más vendidas. Fundada en 1960 por José Antonio Fernández y Amador Saavedra, la empresa adoptó el nombre y la enigmática ilustración de un niño que ya venían con la pequeña fábrica que adquirieron. Inicialmente, su estrategia se centró en el público infantil, distribuyendo en kioscos y colegios, y repartiéndose el territorio con Fantoche: Jorgito en CABA y provincia de Buenos Aires, y Fantoche en el interior.

Con el tiempo, Jorgito expandió su oferta, lanzando el alfajor de fruta en 1994 y el Jorgelín (su versión triple) dos años después, seguido por los minialfajores. Su estrategia de marketing también evolucionó, virando hacia el mundo deportivo, con spots en partidos de fútbol, carteles en estadios y patrocinios en automovilismo. Sin embargo, su mayor marketing, como señala Jesús Antonio Saavedra, hijo de uno de los fundadores, lo hacen “los padres que comieron este alfajor cuando eran chicos y ahora se lo compran a sus hijos”, apelando a un poderoso sentido de nostalgia.

El portfolio de alfajores de Jorgito representa el 80% de sus ingresos, con novedades como el alfajor blanco con baño de fantasía lanzado en 2017. A esto se suman los conitos de dulce de leche y los bizcochitos. En 2019, la marca incursionó en las galletitas (chips, chocolate y limón). La encuesta de Infokioscos de 2021 confirmó la vigencia de Jorgito, en sus presentaciones mini, clásico y Jorgelín, como una de las marcas más vendidas junto a Guaymallén, cuyo vicepresidente, Néstor Hugo Basilotta, incluso calificó al Jorgito blanco como “la perfección hecha alfajor”. Los alfajores triples, con tres tapas unidas por dulce de leche y bañados en chocolate (blanco o negro), son una de las variantes industriales más populares.

Las Raíces del Alfajor: Un Legado Global

El alfajor, tal como lo conocemos hoy, tiene una rica historia que se remonta a sus orígenes en España, donde existen antecedentes de dulces similares desde al menos el siglo XVIII. Su característico formato redondo o de oblea es una herencia directa de estas tradiciones. Dada su popularidad en la península ibérica, los alfajores fueron parte de los almacenes de las primeras naves españolas que se dirigieron a América, lo que explica su temprana y extendida presencia en el continente.

Las primeras referencias de su llegada a América mencionan a Venezuela y Perú, donde incluso eran parte de la ración de las tropas españolas. La popularidad de este dulce en el siglo XVI queda patente en obras literarias de la época, como las de Guzmán de Alfarache.

El Alfajor en Argentina: Cuna de Tradiciones

En el territorio que hoy es Argentina, el alfajor se elabora y consume desde tiempos coloniales. El primer alfajor propiamente argentino del que se tiene noticia es el Alfajor Santafesino, cuya historia está intrínsecamente ligada a la ciudad de Santa Fe. Su elaboración comenzó en 1851 en un local de Hermenegildo Zuviría, apodado “Merengo”. Este alfajor se caracteriza por sus dos o tres tapas de galleta de masa salada, rellenas con dulce de leche y bañadas en merengue. Su fama se disparó con la Convención Constituyente de 1853, cuando los 23 constituyentes, tras vivir seis meses en Santa Fe, lo llevaron como recuerdo a sus hogares. El Coronel Néstor Fernández lo popularizó aún más al llevarlo a la batalla de Caseros, y el General Justo José de Urquiza incluso recibía un cargamento semanal en su estancia. La marca “Merengo” perdura hasta hoy, y el alfajor santafesino es patrimonio de la ciudad, manufacturado artesanalmente.

Otro hito en la historia argentina del alfajor es el Alfajor Cordobés, creado en 1869 por el chef francés Auguste Chammas. Este se distingue por sus rellenos de dulces de fruta, comúnmente membrillo. El Código Alimentario Argentino define el alfajor como “el producto constituido por dos o más galletitas, galletas o masas horneadas, adheridas entre sí por productos, tales como mermeladas, jaleas, dulces u otras sustancias o mezclas de sustancias alimenticias de uso permitido”, pudiendo estar revestidos parcial o totalmente y contener diversos adornos.

Entre los alfajores regionales argentinos también se destacan el Rogel, una variante más grande del tamaño de una torta pequeña, y el Tucumano, conocido como clarita, con galletitas crocantes y relleno de dulce de miel de caña. Los alfajores de maicena, con tapas a base de almidón de maíz, relleno de dulce de leche y coco rallado en los bordes, son otro clásico popular en todo el país.

Diversidad Regional: Un Alfajor para Cada País

Aunque el alfajor tiene profundas raíces en el Río de la Plata, su presencia se extiende por toda Hispanoamérica, adaptándose a los sabores y tradiciones locales. Cada país ha desarrollado su propia versión, creando una fascinante diversidad de texturas, rellenos y presentaciones.

¿Qué novedades ofrece el portfolio alfajores?
Dentro del portfolio alfajores, que representa un 80 por ciento de sus ingresos, se han agregado novedades en los últimos años. En 2017, se sumó el alfajor blanco con baño de fantasía. Además de este, se han agregado los conitos de dulce de leche y los bizcochitos.
  • Chile: En la zona central, el alfajor de maicena se consume todo el año, a veces llamado “dulces de maicena” o “chilenitos”, que son más sencillos y pequeños. Sin embargo, el “alfajor chileno” tradicional del sur se distingue por sus dos hojarascas (galletas firmes y delgadas, a veces curvas) unidas con chancaca o manjar, y ocasionalmente crema pastelera. Pueden llevar coco rallado o nueces molidas en los bordes.
  • Colombia: Aquí, el alfajor es una golosina de galletas de mantequilla rellenas de arequipe (dulce de leche) y con los bordes cubiertos de coco rallado o trocitos de maní, muy similar a las versiones peruanas.
  • Costa Rica: Popular en las panaderías, especialmente en el Valle Central. La variante de Cartago se hace con obleas de harina de maíz blanco tostado, bañadas en almíbar, cubiertas de azúcar molida y canela, y rellenas de jalea de piña, a menudo espolvoreadas con coco. Al oeste de la Meseta Central, son comunes los alfajores de pequeñas galletas de trigo, bañadas en azúcar glas y rellenas de mermelada o dulce de leche.
  • México: El alfajor o alfafor rural se elabora con granos de maíz tostados, molidos y mezclados con una melcocha de piloncillo y anís, formando tabletas en forma de rombos. También existen obleas delgadas, casi transparentes, rellenas de miel o dulce de leche, como las “Morelianas” de Michoacán. En la Ciudad de México, las famosas “pepitorias” son obleas de colores con miel y semillas de calabaza tostadas.
  • Paraguay: Uno de los dulces más típicos, generalmente elaborado con harina o fécula de mandioca y relleno de dulce de leche.
  • Perú: Su historia se remonta a la época virreinal, con las “alfajoreras” pregonando sus productos. La presentación característica es de dos discos de masa de harina horneada unidos por manjar blanco y espolvoreados con azúcar impalpable, aunque también los hay de maicena. Antiguamente en Lima eran de tres capas. Destaca el King Kong de Lambayeque, de gran tamaño, a menudo relleno de natillas o algarrobina. Los “voladores” son un postre virreinal similar, con relleno de manjar blanco y dulce de piña.
  • Uruguay: Considerado una de las golosinas más consumidas, con variedades comunes de chocolate, nieve y maicena, siempre con relleno de dulce de leche. También son habituales otros rellenos (chocolate, merengue, mermeladas), coberturas y tipos de obleas (galletas, bizcochuelo, coco). Los “yo-yo” son una variante tradicional. Las principales plantas elaboradoras se ubican en Maldonado, Lavalleja y Montevideo, exportando a Estados Unidos, España y el Mercosur.
  • Venezuela: Los alfajores se elaboran a base de maicena, con relleno de arequipe o mermelada y rallado de coco.

Festividades del Alfajor

La importancia cultural del alfajor se celebra en Argentina con eventos dedicados a su honor. Desde 1989, la ciudad cordobesa de La Falda es sede de la “Fiesta Nacional del Alfajor”, que se celebra en octubre. En esta festividad, se organizan concursos y degustaciones de distintas variedades de alfajor, acompañados de espectáculos, juegos y shows musicales, atrayendo a amantes del dulce de todo el país. Además, desde 2017, se celebra en toda Argentina la “Semana del Alfajor” en los primeros días de mayo, un período dedicado a honrar y disfrutar de esta emblemática golosina en todas sus formas y sabores.

Preguntas Frecuentes sobre el Alfajor

A continuación, respondemos algunas de las preguntas más comunes sobre este delicioso dulce.

¿Cuál es el origen del alfajor?

El alfajor tiene sus raíces en la repostería árabe, que llegó a España durante la ocupación musulmana. De allí, fue traído a América por los conquistadores españoles, adaptándose y evolucionando en cada región hasta convertirse en el dulce que conocemos hoy, especialmente popular en el Río de la Plata.

¿Qué diferencia hay entre un alfajor artesanal y uno industrial?

Los alfajores artesanales suelen destacarse por su elaboración manual, el uso de ingredientes frescos y, a menudo, recetas familiares transmitidas de generación en generación. Los industriales, por su parte, se producen en masa, con procesos estandarizados y una mayor variedad de sabores y coberturas para satisfacer la demanda del mercado, priorizando la durabilidad y la distribución a gran escala.

¿Por qué el alfajor es tan popular en Argentina y Uruguay?

Su popularidad radica en su accesibilidad y su profunda integración en la vida cotidiana y cultural de ambos países. Es un dulce versátil, consumido en cualquier momento del día, y representa un símbolo de identidad y nostalgia, evocando recuerdos de infancia y momentos compartidos.

¿Se puede experimentar con los ingredientes del alfajor?

¡Absolutamente! Libros como el de Lucas Fuente demuestran que el alfajor es un lienzo culinario. Se pueden variar las galletas (maicena, chocolate, nuez), los rellenos (diferentes tipos de dulce de leche, mermeladas, mousses) y las coberturas (chocolate blanco, negro, glaseado, merengue), así como añadir elementos como ralladuras cítricas, especias o frutos secos para crear versiones gourmet y personalizadas.

¿Hay algún museo o lugar dedicado al alfajor?

Aunque no hay un museo dedicado exclusivamente al alfajor en sí, existen muchas fábricas y alfajorerías tradicionales que ofrecen visitas o degustaciones, especialmente en ciudades como Santa Fe o Mar del Plata en Argentina, donde se puede aprender sobre su proceso de elaboración y su historia local. Además, eventos como la Fiesta Nacional del Alfajor en La Falda celebran anualmente este dulce.

Conclusión: Más que un Dulce, un Símbolo

El alfajor, en todas sus formas y sabores, es mucho más que una simple golosina. Es un testimonio viviente de la historia, un lienzo para la creatividad culinaria y un símbolo inquebrantable de la identidad cultural en el Río de la Plata y más allá. Desde sus humildes orígenes en la península ibérica hasta su omnipresente presencia en los kioscos latinoamericanos, cada bocado de alfajor cuenta una historia: la de la tradición artesanal, la de la innovación industrial, la de los recuerdos de infancia y la de una pasión que trasciende generaciones.

Ya sea que prefieras la versión clásica de dulce de leche, te aventures en las creaciones gourmet con toques de matcha o brownie, o te sumerjas en la rica historia de las marcas icónicas como Jorgito y Guaymallén, el alfajor sigue siendo un placer simple y profundo. Es un recordatorio de que las cosas más cotidianas a menudo guardan las historias más ricas y los significados más profundos. Así que la próxima vez que disfrutes de un alfajor, tómate un momento para saborear no solo su dulzura, sino también la vasta y fascinante historia que lo convierte en un verdadero tesoro culinario.

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