01/07/2025
A menudo, la palabra “cambio” resuena en nuestras vidas con una doble melodía: la promesa de renovación y la inquietud ante lo desconocido. En un mundo que parece girar cada vez más rápido, la idea de quedarse estancado, de no avanzar, se convierte en un temor latente. Pero, ¿por qué nos resistimos al movimiento, a esa evolución necesaria tanto a nivel personal como colectivo? La sabiduría de grandes pensadores y figuras históricas, cuyas ideas han perdurado a través de los siglos en las páginas de los libros, nos ofrece una brújula para navegar este desafío. Desde la perspicaz mirada de un psicoanalista social como Erich Fromm hasta la incansable búsqueda espiritual de San Agustín, se nos invita a reflexionar sobre las cadenas invisibles que nos atan y el coraje intrínseco que se requiere para romperlas y dar ese paso crucial hacia adelante.

La reflexión sobre la necesidad de cambio en las sociedades actuales no es nueva. Ya en 2015, se hablaba de cómo esta palabra podía generar tanto esperanza como desasosiego. Es precisamente en este contexto donde la obra de Erich Fromm, con libros tan esenciales como El arte de amar, El miedo a la libertad y ¿Tener o ser?, se vuelve particularmente relevante. Fromm, filósofo, psicoanalista y psicólogo social, posee una claridad expositiva y una capacidad profunda para analizar las conductas humanas y las trampas colectivas que nos impiden progresar.
- Erich Fromm: El Miedo a la Libertad y el Modo de Ser
- San Agustín: Un Buscador Incansable de la Verdad
- Superando la Estagnación: Puntos de Encuentro
- Hacia una Nueva Sociedad: Visiones de Cambio Profundo
- Preguntas Frecuentes sobre el Avance Personal y Social
- ¿Qué significa el “miedo a la libertad” según Erich Fromm?
- ¿Cómo se relaciona la “desobediencia” con el progreso humano?
- ¿Qué lecciones podemos aprender de la vida de San Agustín para avanzar?
- ¿Cuál es la importancia de la “renta básica” en la visión de Fromm para una sociedad que avanza?
- ¿Cómo pueden los libros ayudarnos en el camino del avance?
Erich Fromm: El Miedo a la Libertad y el Modo de Ser
Erich Fromm nos confronta con la esencia misma de nuestra existencia a través de conceptos tan reveladores como el miedo a la libertad y la distinción fundamental entre el modo de “tener” y el modo de “ser”. En su obra, Fromm diagnostica una sociedad industrial occidental dominada por el afán de lucro, fama y poder, donde el ser humano se ha transformado en una mera mercancía. Como él mismo trazaba en su diagnóstico a finales de los años 70, “La orientación del tener es característica de la sociedad industrial occidental, en que el afán de lucro, fama y poder se han convertido en el problema dominante de la vida (…) El hombre moderno no puede comprender el espíritu de una sociedad que no esté centrada en la propiedad y en la codicia”.
Fromm describe un “carácter mercantil” donde el individuo se ha convertido “en una mercancía en el mercado de personalidades”. El éxito, en esta visión, depende de la capacidad de “venderse bien”, de “imponer sus personalidades”, de ser un “buen paquete”. Esto significa ser alegre, sólido, agresivo, confiable, ambicioso, e incluso que influyan los antecedentes familiares o las conexiones sociales. La propia estima se desvincula de la capacidad y las facultades reales para desempeñar una tarea, para depender de cómo se “vende la personalidad”. El individuo se concibe, entonces, simultáneamente como el vendedor y la mercancía que vende.
La lucidez del análisis de Fromm se extiende a la crítica de la educación. Se queja de que esta “generalmente intenta preparar al estudiante para que tenga conocimientos como posesión, que por lo general se evalúan por la cantidad de propiedad o prestigio social que probablemente tendrá más tarde”. Las escuelas, en esta perspectiva, se convierten en “fábricas que producen estos paquetes de conocimientos generales”. Fromm nos estimula a cuestionar cualquier certidumbre, cualquier verdad entendida por absoluta, cualquier pensamiento único, señalando que “en el modo de ser, el conocimiento óptimo es conocer más profundamente. En el modo de tener, consiste en poseer más conocimientos”.
Modo de “Tener” vs. Modo de “Ser”
Para Fromm, la clave para el avance radica en el cambio de una orientación a otra. La diferencia es abismal, como se puede apreciar en la siguiente tabla:
| Modo de “Tener” | Modo de “Ser” |
|---|---|
| Dominado por la posesión, el lucro, la fama y el poder. | Basado en la independencia, la libertad y la razón crítica. |
| El individuo se concibe como una mercancía en el mercado. | Actividad interior, uso productivo de facultades, renovación constante. |
| Dependencia de poderes externos, vacío interior y desasosiego. | Amar, trascender el ego, estar activamente interesado, dar. |
| Conocimiento superficial, acumulación de datos y títulos. | Conocimiento profundo, penetración a las raíces y causas. |
| Temor al cambio, apego a lo conocido y seguro; la inacción. | Coraje para la desobediencia, para estar solo, errar y pecar. |
El modo de ser, nos explica Fromm, “tiene como requisitos previos la independencia, la libertad y la presencia de la razón crítica. Su característica fundamental es estar activo, y no en el sentido de una actividad exterior, de estar ocupado, sino de una actividad interior, el uso productivo de nuestras facultades, el talento, y la riqueza de los dones que tienen (aunque en varios grados) todos los seres humanos. Esto significa renovarse, crecer, fluir, amar, trascender la prisión del ego aislado, estar activamente interesado, dar”.
San Agustín: Un Buscador Incansable de la Verdad
San Agustín de Hipona, por su parte, encarna la figura del buscador incansable de la verdad. Su vida fue un peregrinaje constante, un testimonio vivo de que la plenitud y la felicidad no se encuentran en los placeres mundanos ni en la acumulación de posesiones, sino en una búsqueda profunda y genuina. Desde su infancia inquieta en Tagaste hasta sus años de estudiante en Cartago y Roma, Agustín experimentó la insatisfacción de una vida que, aunque intelectualmente brillante, carecía de un propósito trascendente. Su famoso lamento en las Confesiones: “Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está insatisfecho hasta que descanse en Ti”, encapsula la esencia de su búsqueda.
La vida de Agustín, marcada por su juventud rebelde, su interés inicial en la retórica, y sus decepciones con la astrología y el maniqueísmo, es un relato de cómo el ser humano puede sentirse extraviado en la búsqueda de la felicidad. Su madre, Mónica, jugó un papel fundamental en su vida, orando incansablemente por su conversión y mostrándole un camino de piedad y obediencia a la fe, incluso cuando Agustín se sentía alejado y reacio a sus consejos. La muerte de un amigo cercano en Tagaste sumió a Agustín en una profunda angustia, haciéndole sentir “todo lo que veía era muerte”. Este dolor lo impulsó a huir de su pueblo y buscar consuelo, aunque inicialmente fuera en las mismas superficialidades que antes. Sin embargo, este fue un punto de inflexión que lo llevó a Roma y luego a Milán, donde finalmente se encontró con el obispo Ambrosio, una figura clave en su camino hacia la fe católica.
El encuentro con el libro Hortensio de Cicerón fue su primera “conversión”, un estímulo a buscar la verdad en la filosofía, que encendió en él un “increíble ardor” por la sabiduría. Más tarde, la lectura de las Enéadas de Plotino lo liberó de su concepción materialista de Dios, permitiéndole concebir a la divinidad como un ser absoluto y espíritu puro. Finalmente, las cartas de San Pablo le revelaron que todo lo verdadero que había encontrado en la filosofía neoplatónica se hallaba, y de forma superior, en las Sagradas Escrituras.
Agustín, a través de su propia experiencia, nos insta a no quedarnos “estancados o desanimados en el camino”. Su consejo atemporal: “Somos caminantes, camina siempre, avanza siempre. Si dices basta, estás perdido. Canta y camina. No te extravíes, no vuelvas atrás, no te detengas”, resuena como un llamado a la acción, a la perseverancia en la búsqueda de lo esencial. Para Agustín, el avance no es solo externo, sino una profunda transformación interior impulsada por la humildad y la fe.
Superando la Estagnación: Puntos de Encuentro
Ambos pensadores, Fromm y Agustín, desde perspectivas distintas (la psicológica y social frente a la teológica y espiritual), convergen en la idea de que el verdadero avance implica una ruptura con la inercia y la mediocridad. Fromm habla de la desobediencia como motor del progreso humano, la capacidad de decir “no” a las autoridades injustas y a las verdades asumidas que “embotan” el pensamiento crítico. Esta desobediencia no es un acto de rebeldía sin sentido, sino una afirmación de la propia razón y convicción, una manifestación de la “conciencia humanística” frente a la “conciencia autoritaria”. Es el coraje de estar solo, de errar, de cuestionar, de dar “un paso hacia lo desconocido, hacia lo incierto”, a pesar del miedo que esto genera.
Agustín, aunque en un contexto teológico, también subraya la importancia de no conformarse. Su vida es un ejemplo de cómo la persistencia en la búsqueda de la verdad y la disposición a abandonar viejas creencias son esenciales para el crecimiento. La “orientación del tener” de Fromm se asemeja al apego de Agustín a los placeres y reconocimientos mundanos, que solo le dejaban un vacío. Ambos nos invitan a trascender la superficie, a “penetrar a través de la superficie, llegar a las raíces, y por consiguiente a las causas”. Para Agustín, “conocer significa ver la realidad desnuda, y no significa poseer la verdad, sino penetrar bajo la superficie y esforzarse crítica y activamente por acercarse más a la verdad”.

Pablo, en la epístola a los Filipenses, también nos ofrece una perspectiva complementaria a la idea de no estancarse. Él mismo reconoció que, a pesar de sus logros, aún tenía que avanzar. Su meta era clara, y para alcanzarla, sabía que debía dejar atrás todo aquello que le servía de obstáculo. La “zona de comodidad”, ese estado mental donde nos conformamos con nuestra vida actual y evitamos nuevos desafíos, es el enemigo del progreso. Como nos recuerda la enseñanza, “hay personas que sueñan con libertad, pero están enamoradas de sus cadenas”. El coraje de Fromm para la desobediencia y la perseverancia de Agustín en su búsqueda se alinean con la determinación de Pablo de no rendirse ante las dificultades, poniendo la mirada en un objetivo superior.
Hacia una Nueva Sociedad: Visiones de Cambio Profundo
Erich Fromm, a pesar de sus diagnósticos certeros sobre las dolencias de la sociedad moderna, no era un pesimista. Al contrario, sus escritos delinean un horizonte de renovación, contagiando ideales y devolviendo al lenguaje del corazón, de la solidaridad, del “nosotros”. Su convicción de que los seres humanos no estamos hechos para ser “cosas” y que nuestras fuerzas vitales no pueden permanecer inactivas, es la semilla de su confianza en la capacidad de la humanidad para un futuro mejor. “Tenemos una sola opción, la de volver a dominar a la máquina, convirtiendo la producción en un medio y no en un fin, utilizándola para el desarrollo del hombre”, afirmaba.
Crítico tanto de los regímenes totalitarios como del capitalismo voraz, Fromm reflexionó profundamente sobre los principios de una nueva sociedad que participara de los valores de un socialismo de tipo humanista. Este “socialismo humanístico” aboga por la libertad, liberando al hombre del temor, la opresión y la violencia. Pero la libertad, para Fromm, no es solo “liberarse de”, sino tener “libertad para”: libertad para participar de forma activa y responsable en todas las decisiones referentes a los ciudadanos, y libertad para desarrollar el potencial humano del individuo en el grado más pleno posible.
Entre sus propuestas concretas, Fromm aboga por la extensión de la democracia a la esfera económica, lo que implica el control democrático de todas las actividades económicas por parte de los participantes: trabajadores, ingenieros, administradores. Propone la promoción de asociaciones descentralizadas y voluntarias en la producción, el comercio y las actividades sociales y culturales. Un aspecto visionario de su pensamiento, que hoy gana cada vez más adeptos, es la defensa de la renta básica. Fromm argumenta que para proteger al individuo del temor y la coerción, la sociedad debe proporcionar a cada uno, sin cargo, los elementos necesarios mínimos para la existencia material (alimentos, vivienda, vestimenta). Quien aspire a más confort, deberá trabajar para ello, pero la garantía de las necesidades mínimas asegura que “nadie tendrá poder sobre ningún otro sobre la base de coerción social directa e indirecta”. Ante la objeción de que esto reduciría el incentivo al trabajo, Fromm señala que el incentivo material no es el único, y que el orgullo, el reconocimiento social, y el placer del trabajo (como en científicos o artistas) son motivaciones poderosas. Además, reconoce la innegable realidad de que no hay trabajo para todos.
Las palabras de Fromm nos trasladan a un momento anterior al estallido de la crisis económica actual, pero su análisis de la concentración del capital, las empresas gigantescas y la burocracia jerárquicamente organizada, siguen siendo pertinentes. Él observaba cómo las corporaciones controlaban el destino económico y político, representando “el poder sin posibilidad de control por parte de los sometidos a él”. A pesar de los desafíos, Fromm creía en las cualidades positivas del ser humano, en su capacidad para el sacrificio, para dar y compartir. El gran reto, y el cambio fundamental, es dar un salto hacia el “ser”. “Si soy lo que soy, y no lo que tengo, nadie puede arrebatarme ni amenazar mi seguridad y mi sentimiento de identidad”, nos indica. El modo de ser, a diferencia del tener, “aumenta con la práctica”, potenciando la razón, el amor y la creación.
¿Qué significa el “miedo a la libertad” según Erich Fromm?
El miedo a la libertad es la tendencia de las personas a evadir la responsabilidad y la autonomía que conlleva la verdadera libertad, buscando refugio en la conformidad, la sumisión a la autoridad o la adopción de identidades prefabricadas. Es el temor a lo desconocido que implica ejercer plenamente nuestra capacidad de elegir y ser.
¿Cómo se relaciona la “desobediencia” con el progreso humano?
Según Fromm, la historia humana ha avanzado gracias a actos de desobediencia. La desobediencia, en un sentido positivo, es la capacidad de cuestionar las normas injustas, las autoridades irracionales y las verdades asumidas que limitan el pensamiento crítico y el desarrollo individual y colectivo. Es un acto de afirmación de la propia razón y convicción, esencial para el cambio y la evolución.
¿Qué lecciones podemos aprender de la vida de San Agustín para avanzar?
La vida de San Agustín nos enseña la importancia de ser un “buscador incansable de la verdad” y la felicidad, superando las decepciones y los caminos equivocados. Su experiencia subraya que el verdadero avance implica una profunda transformación interior, humildad, y una perseverancia constante en la búsqueda de lo esencial, sin quedarse estancado ni retroceder.
¿Cuál es la importancia de la “renta básica” en la visión de Fromm para una sociedad que avanza?
Para Fromm, la renta básica es fundamental para proteger al individuo del miedo y la necesidad de someterse a la coerción económica. Al garantizar las necesidades materiales mínimas, se libera a las personas para que puedan desarrollar su potencial humano, participar activamente en la sociedad y tomar decisiones libres, fomentando el modo de “ser” sobre el modo de “tener”.
¿Cómo pueden los libros ayudarnos en el camino del avance?
Los libros son vehículos de sabiduría que nos permiten acceder a las ideas de grandes pensadores como Fromm y Agustín. A través de la lectura, podemos agitar nuestras conciencias, cuestionar nuestras lecciones aprendidas, destapar mentiras y descubrir nuevas perspectivas que nos impulsen a reflexionar sobre nuestra vida y a preparar el cambio hacia un mundo donde realmente podamos “ser”.
Son muchas las enseñanzas, las orientaciones, que nos ofrecen tanto Erich Fromm como San Agustín. Leer sus libros es una experiencia transformadora. Nos invitan a sentir que algo se mueve, se agita, en nuestro interior, y que la manera de mirar el mundo experimenta un giro poderoso. Desde las nuevas perspectivas que nos abren, podemos reflexionar, de una manera renovada y enriquecida, sobre el amor, las relaciones de igualdad, y la necesidad de una sociedad más justa y humana. Pero, para ello, hay que ser desobedientes, hay que hacer un ejercicio de desobediencia para decir no a lo establecido, para no aceptar tantas verdades asumidas, para preparar el cambio hacia un mundo en el que nuestros descendientes realmente puedan “ser”. “Cambiar del modo de tener al de ser, en realidad es un cambio del equilibrio de la balanza, y para lograr el cambio social se favorece lo nuevo y se combate lo viejo. Además, no se trata de que el nuevo Hombre sea tan distinto del antiguo como el cielo de la tierra, sino sólo de un cambio de dirección. Un paso en una dirección será seguido por otro, y si se toma la dirección indicada, estos pasos significarán todo”, concluye Fromm en ¿Tener o ser?, un mensaje lleno de esperanza para todos aquellos que se atrevan a avanzar.
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