25/02/2023
La conservación de nuestro patrimonio bibliográfico y documental es una tarea de inmensa responsabilidad, especialmente cuando se trata de piezas que han sobrevivido siglos, como manuscritos medievales o incunables. La pregunta clave que a menudo surge es: ¿qué condiciones ambientales específicas necesitan estos tesoros para perdurar? La respuesta no es sencilla, ya que involucra un delicado equilibrio de factores medioambientales, donde la temperatura y la humedad relativa juegan un papel protagónico.

El control de las variables medioambientales no es un mero capricho, sino una ciencia fundamental en la conservación preventiva. El descuido en este ámbito puede llevar a daños irreversibles, transformando el papel, el pergamino, las tintas y los pigmentos en materiales quebradizos, descoloridos o incluso pasto de plagas. La desorganización, el amontonamiento y una manipulación inadecuada son factores que, combinados con un ambiente desfavorable, aceleran el deterioro de cualquier colección. Por ello, la gestión adecuada de los depósitos y un control ambiental riguroso son pilares esenciales para garantizar la perdurabilidad de estos materiales invaluables.
- La Amenaza Invisible: Por Qué el Clima Importa
- El Rol de los Expertos: La Biblioteca Nacional de España como Referente
- Tecnología al Servicio de la Preservación: Los Dataloggers
- El Clima Ideal: Temperaturas y Humedad para Cada Tipo de Colección
- ¿Dónde Medir? La Ubicación Estratégica de los Sensores
- Un Compromiso Continuo: La Expansión del Control Medioambiental
- Preguntas Frecuentes sobre la Conservación de Libros Antiguos
- ¿Qué temperatura necesitan los libros más antiguos, como el “Poema de Mío Cid”?
- ¿Cuál es la humedad relativa ideal para estos documentos históricos?
- ¿Por qué las fluctuaciones de temperatura y humedad son perjudiciales?
- ¿Cómo se monitorizan estas condiciones en una institución como la BNE?
- ¿Son las mismas condiciones para todos los tipos de materiales bibliográficos?
La Amenaza Invisible: Por Qué el Clima Importa
Las condiciones de temperatura y humedad relativa son cruciales porque influyen directamente en la estabilidad química y física de los materiales. Un ambiente excesivamente cálido y húmedo acelera las reacciones químicas que degradan los compuestos inestables presentes en el papel, las tintas y los adhesivos. Esto puede manifestarse en la acidificación del papel, el desarrollo de moho o la proliferación de insectos bibliófagos, que encuentran en estas condiciones un caldo de cultivo ideal.
Por otro lado, un ambiente excesivamente frío y seco, aunque a primera vista pueda parecer menos dañino, también presenta sus propios riesgos. Las bajas temperaturas combinadas con una humedad relativa muy baja pueden hacer que ciertos materiales, como el pergamino o el papel antiguo, se vuelvan quebradizos y frágiles, susceptibles de romperse con la mínima manipulación. Imaginen un pergamino que ha mantenido su flexibilidad durante siglos, volviéndose rígido y propenso a agrietarse simplemente por una falta de humedad en el ambiente.
Pero quizás el factor más dañino de todos sea la fluctuación. Las variaciones bruscas y constantes de temperatura y humedad relativa someten a los materiales a un estrés y tensión mecánica. Los materiales se expanden y contraen a diferentes ritmos según cambian las condiciones, lo que puede provocar deformaciones, grietas y la separación de capas en encuadernaciones, tintas o soportes. Mantener la estabilidad de estos valores es tan importante como alcanzar los valores recomendados.
El Rol de los Expertos: La Biblioteca Nacional de España como Referente
Instituciones de referencia mundial como la Biblioteca Nacional de España (BNE) comprenden la vital importancia de este control. Su Departamento de Preservación y Conservación de Fondos (DPC) trabaja incansablemente, con el apoyo técnico externo de profesionales especializados, para monitorizar y mantener las condiciones ambientales óptimas. Este departamento colabora estrechamente con el Servicio de Mantenimiento, responsable del sistema de climatización, para asegurar que los valores recomendados se respeten en todos los espacios críticos.
La función del DPC es actuar como un nexo, un punto de encuentro donde se integran las observaciones de los distintos departamentos que custodian las colecciones, las actividades del Servicio de Mantenimiento y, crucialmente, las mediciones propias basadas en los principios de la conservación preventiva. Este enfoque colaborativo y basado en datos es fundamental para una gestión eficaz de la preservación.
Tecnología al Servicio de la Preservación: Los Dataloggers
Para llevar a cabo esta monitorización precisa, el DPC de la BNE emplea equipos de medición avanzados conocidos como “dataloggers”. Estos dispositivos son verdaderos guardianes silenciosos del patrimonio. Se distribuyen estratégicamente en depósitos, salas de exposiciones, espacios del Museo del Libro, salas de trabajo y lectura, cámaras y vitrinas de exposición.
Los dataloggers son sistemas de recogida de datos equipados con sensores electrónicos y un chip de ordenador. Su función es registrar de manera automática la temperatura y la humedad relativa a intervalos predeterminados. El proceso es eficiente: el chip se programa mediante un ordenador personal, y una vez completado el periodo de registro, los datos se transfieren del datalogger al ordenador. Allí, la información se visualiza de manera clara y comprensible, generalmente en forma de gráficas y tablas de datos, permitiendo a los expertos identificar tendencias, anomalías y tomar decisiones informadas para ajustar las condiciones ambientales.
El Clima Ideal: Temperaturas y Humedad para Cada Tipo de Colección
No todos los materiales bibliográficos tienen las mismas necesidades. Un libro moderno, un códice en pergamino, un fondo fotográfico o un soporte audiovisual, cada uno requiere condiciones ligeramente diferentes para su óptima conservación. La clave, como ya se mencionó, es evitar las oscilaciones y cambios bruscos.
En la BNE, los valores recomendados para los depósitos generales en ambas sedes son:
- Temperatura: 19º C, con una variación aceptada de +/- 2º C.
- Humedad Relativa (HR): 45%.
Sin embargo, para las piezas más antiguas y valiosas, aquellas que requieren una protección especial, como el legendario “Poema de Mío Cid” o “Los Beatos”, que a menudo se guardan en caja fuerte, las recomendaciones son aún más específicas y restrictivas:
- Temperatura: Alrededor de 18º C o 19º C.
- Humedad Relativa (HR): En principio, 45%. Sin embargo, es crucial señalar que, en el caso concreto de alguna pieza especialmente frágil, una HR superior al 40% podría resultar peligrosa, lo que sugiere la necesidad de una evaluación individualizada para los elementos más sensibles.
Para las piezas expuestas en las distintas salas de exposiciones, donde la interacción con el público es mayor y las condiciones pueden ser más dinámicas, se establece una ligera variación:
- Temperatura máxima: 21º C, con una variación aceptada de +/- 1º C.
- Humedad Relativa (HR): 45%.
Cabe destacar que estas condiciones pueden tener excepciones, especialmente si se trata de obras cedidas en préstamo temporal por otras instituciones, que podrían exigir requisitos específicos para sus piezas.
Tabla Comparativa de Condiciones Ambientales Recomendadas (BNE)
| Tipo de Colección/Espacio | Temperatura Recomendada | Humedad Relativa Recomendada | Notas Clave |
|---|---|---|---|
| Depósitos Generales | 19º C (+/- 2º C) | 45% HR | Estabilidad fundamental. |
| Piezas Antiguas/Valiosas (e.g., Poema de Mío Cid) | 18º C - 19º C | Principalmente 45% HR | HR > 40% podría ser peligrosa para piezas extremadamente frágiles. |
| Salas de Exposiciones | Máx. 21º C (+/- 1º C) | 45% HR | Puede variar por requisitos de préstamo de otras instituciones. |
¿Dónde Medir? La Ubicación Estratégica de los Sensores
La precisión de las mediciones depende no solo de la calidad de los instrumentos, sino también de su ubicación. Los expertos en conservación recomiendan que los instrumentos para la medición del clima en los depósitos se ubiquen estratégicamente:
- Cerca de las colecciones bibliográficas: Para obtener una lectura representativa de las condiciones que realmente afectan a los materiales.
- Accesibles para la toma de lecturas: Facilitando el trabajo del personal de conservación.
- Lejos del alcance del público: Para evitar manipulaciones no autorizadas.
- Alejados de cualquier microclima indeseable: Como corrientes de aire directas de ventilación, ventanas o fuentes de calor, que podrían distorsionar las lecturas.
- En una zona climática típica: Es decir, un punto que represente las condiciones generales del espacio, evitando rincones o áreas con condiciones atípicas.
- A resguardo de contaminantes y polvo: Para asegurar el correcto funcionamiento del equipo y la higiene del entorno.
Un Compromiso Continuo: La Expansión del Control Medioambiental
La preservación de las colecciones es un proceso dinámico y en constante evolución. En la actualidad, las dependencias de la BNE, incluyendo los vastos depósitos de su sede en Alcalá de Henares, cuentan con aproximadamente ochenta y cinco medidores de temperatura y humedad. Este despliegue tecnológico es un testimonio del compromiso de la institución con la salvaguarda de su patrimonio.
Además, existe una planificación activa para ampliar, en el futuro, los espacios sometidos a este riguroso control medioambiental. Esta expansión es una respuesta directa a la necesidad de conservación preventiva que genera el incremento constante de las colecciones. A medida que más documentos y libros se suman al acervo de la BNE, la infraestructura de control ambiental debe crecer en paralelo, garantizando que cada nueva adquisición, sin importar su antigüedad o valor, reciba las condiciones óptimas para su preservación a largo plazo.
Preguntas Frecuentes sobre la Conservación de Libros Antiguos
¿Qué temperatura necesitan los libros más antiguos, como el “Poema de Mío Cid”?
Para piezas de valor incalculable y gran antigüedad como el “Poema de Mío Cid” o “Los Beatos”, las condiciones recomendadas se sitúan alrededor de los 18º C o 19º C de temperatura. Estas cifras buscan ralentizar al máximo cualquier proceso de deterioro químico sin comprometer la integridad física de los materiales.
¿Cuál es la humedad relativa ideal para estos documentos históricos?
En principio, la humedad relativa ideal para los libros más antiguos es de un 45%. Sin embargo, es crucial tener en cuenta que para algunas piezas extremadamente frágiles, una HR superior al 40% podría considerarse peligrosa. Esto subraya la necesidad de una evaluación experta y, en ocasiones, de microclimas controlados para elementos particularmente vulnerables.
¿Por qué las fluctuaciones de temperatura y humedad son perjudiciales?
Las fluctuaciones o variaciones bruscas de temperatura y humedad relativa son extremadamente dañinas porque someten a los materiales (papel, pergamino, tintas, pigmentos) a un estrés mecánico constante. La expansión y contracción repetida de estos materiales puede provocar deformaciones, grietas, desprendimientos y, en última instancia, daños irreversibles en la estructura y apariencia de los documentos.
¿Cómo se monitorizan estas condiciones en una institución como la BNE?
Instituciones como la BNE utilizan equipos especializados llamados “dataloggers”. Estos dispositivos, equipados con sensores electrónicos, registran de forma automática la temperatura y la humedad relativa a intervalos predeterminados. Los datos se recogen y analizan en un ordenador, permitiendo a los expertos mantener un seguimiento preciso y realizar ajustes necesarios en el sistema de climatización.
¿Son las mismas condiciones para todos los tipos de materiales bibliográficos?
No, las necesidades de conservación varían según el tipo de material. Aunque existen rangos generales, libros modernos, fondos fotográficos, códices en pergamino, manuscritos con tintas ferrogálicas o soportes audiovisuales pueden requerir condiciones ligeramente distintas. Los expertos buscan establecer valores que minimicen el riesgo para la diversidad de la colección, evitando siempre las oscilaciones drásticas.
En definitiva, la conservación de los libros más antiguos y de todo el patrimonio documental es una labor minuciosa que exige un conocimiento profundo de las propiedades de los materiales y un control riguroso del entorno. La inversión en tecnología y en personal especializado garantiza que las historias, el saber y el arte contenidos en estos volúmenes sigan estando disponibles para las futuras generaciones, un legado que, gracias a la ciencia de la conservación, resiste el paso implacable del tiempo.
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