30/12/2023
El destino a veces teje ironías que solo los grandes maestros pueden transformar en arte. Jorge Luis Borges, el célebre escritor argentino, vivió una de estas paradojas: ser nombrado director de la Biblioteca Nacional en 1955, el mismo año en que su vista, afectada por una ceguera congénita hereditaria, comenzó a apagarse de forma irreversible. Esta circunstancia, lejos de sumirlo en la desesperación, se convirtió en una fuente inagotable de inspiración, dando origen a una de sus obras más conmovedoras, 'El Poema de los Dones'. Pero Borges no fue el único en enfrentar este desafío; su historia se entrelaza con la de ilustres predecesores en la misma institución, quienes también conocieron la oscuridad de la ceguera.

La relación de Borges con los libros y las bibliotecas fue, desde su infancia, el pilar central de su existencia. Como él mismo afirmó, si tuviera que señalar el hecho capital de su vida, diría la biblioteca de su padre. Este amor por los volúmenes y el saber lo llevó a concebir el Paraíso bajo la especie de una biblioteca. Sin embargo, la cruel ironía de su destino quiso que, al alcanzar la cumbre de su vocación al frente de la Biblioteca Nacional, su visión se desvaneciera. Esta experiencia agridulce fue la chispa que encendió la creación de 'El Poema de los Dones', publicado por primera vez en 1959 en una edición privada y reeditado en 1960 como parte de 'El hacedor'.
'El Poema de los Dones': Un Canto a la Ceguera y la Maestría Divina
'El Poema de los Dones' es una profunda meditación sobre la ceguera y su impacto en la vida y obra del autor. Dedicado a María Esther Vázquez, escritora, colaboradora y biógrafa de Borges, el poema consta de diez cuartetos endecasílabos de rimas abrazadas (ABBA), con una notable variación a ABAB en la segunda estrofa. La forma métrica no es casual; Borges, a raíz de su pérdida de visión, abandonó gradualmente el verso libre en favor de la métrica clásica. Esta elección se debió a una necesidad práctica: al no poder utilizar borradores, debía recurrir a la memoria, y el verso rimado es, sin duda, más fácil de memorizar que la prosa o el verso libre. Este cambio estilístico es un claro ejemplo de cómo su condición física moldeó su expresión artística.
El tema central del poema se revela desde sus primeras líneas, citadas por el propio Borges en una conferencia de 1977, donde compartió la profunda conexión entre su ceguera y la génesis de la obra: «Nadie rebaje a lágrima o reproche / esta declaración de la maestría / de Dios, que con magnífica ironía / me dio a la vez los libros y la noche.» Esta estrofa encapsula la esencia del poema: una aceptación serena y casi reverente de su condición, no como una desgracia, sino como un designio divino que, paradójicamente, le otorgaba un don.
La Ceguera como 'Instrumento' Artístico
Lejos de ser una limitación, Borges concibió la ceguera como un verdadero instrumento para el artista. En sus propias palabras, «Un escritor, o todo hombre, debe pensar que cuanto le ocurre es un instrumento; todas las cosas le han sido dadas para un fin y esto tiene que ser más fuerte en el caso de un artista... Esas cosas nos fueron dadas para que las transmutemos, para que hagamos de la miserable circunstancia de nuestra vida, cosas eternas o que aspiren a serlo... Si el ciego piensa así, está salvado. La ceguera es un don.» Esta perspectiva transformadora es una constante en su obra y vida.
La ceguera no solo fue el motor de 'El Poema de los Dones', sino que también permeó muchas otras de sus creaciones. En el poema 'Junio, 1968', Borges reflexiona sobre la situación del hombre ciego que ya no puede descifrar los volúmenes, pero que, a pesar de ello, sonríe ante su destino y siente una «felicidad peculiar de las viejas cosas queridas.» De manera similar, en 'El ciego', publicado en 1975 dentro de 'La rosa profunda', el autor lamenta la pérdida del «diverso mundo» y de los rostros, dejando solo lo que la memoria, «esa forma del olvido», conserva. Sin embargo, incluso en esta melancolía, hay una aceptación de la nueva realidad sensorial, donde «sólo perduran las formas amarillas / y sólo puedo ver para ver pesadillas.» Estos versos ilustran cómo la ceguera no solo fue un tema, sino una lente a través de la cual Borges exploró la percepción, la memoria y la realidad misma.
Los Predecesores Ciegos de Borges en la Biblioteca Nacional
La ironía del destino de Borges se acentúa al descubrir que no fue el único director de la Biblioteca Nacional de Argentina en experimentar la pérdida de la vista. Dos de sus predecesores ciegos, figuras prominentes de la cultura argentina, compartieron este singular destino, añadiendo una capa de misterio y paralelismo a la historia de la institución.
Paul Groussac: El Crítico Despiadado y Predecesor Directo
Uno de los más notables fue Paul Groussac, un intelectual francés radicado en Argentina, conocido por su aguda inteligencia y su reputación como crítico despiadado. Groussac dirigió la Biblioteca Nacional desde 1885 hasta su muerte en 1929, y Borges lo conoció personalmente. La relación entre ambos fue de profundo respeto intelectual. Borges le dedicó un ensayo en su libro 'Discusión' y escribió una emotiva nota necrológica tras su fallecimiento.
La ceguera de Groussac, que también se manifestó en su vida adulta, creó un paralelismo biográfico tan impactante que Borges lo incluyó explícitamente en 'El Poema de los Dones' con el verso: «Groussac o Borges, miro este querido / mundo que se deforma y que se apaga». Esta línea no solo reconoce la similitud de sus destinos, sino que también sirve para plantear uno de los temas recurrentes y favoritos de Borges: la evanescencia de la individualidad. La idea de que, a través de la historia y el destino compartido, las identidades individuales pueden fusionarse o superponerse, se expresa con maestría en el poema: «Al herrar por las lentas galerías / Suelo sentir con vago horror sagrado / Que soy el otro, el muerto, que habrá dado / Los mismos pasos en los mismos días.» Este sentimiento de ser el 'otro', el predecesor, subraya la profunda conexión que Borges sentía con Groussac y la historia misma de la biblioteca.
José Mármol: El Predecesor del Siglo XIX
El otro predecesor ciego de Borges fue José Mármol, una figura clave del romanticismo argentino del siglo XIX, autor de la célebre novela 'Amalia'. Mármol fue director de la Biblioteca Pública de Buenos Aires (antecesora de la Biblioteca Nacional) entre 1858 y 1860, y también sufrió de ceguera en los últimos años de su vida. Aunque Borges no lo conoció personalmente debido a la diferencia temporal, el hecho de que otro director de la institución hubiera enfrentado la misma adversidad es un dato significativo que añade una dimensión casi mítica a la historia de la Biblioteca Nacional y sus guardianes.
Tabla Comparativa de Directores Ciegos de la Biblioteca Nacional
| Director | Periodo en la Dirección | Condición de Ceguera | Relación con Borges |
|---|---|---|---|
| José Mármol | 1858-1860 | Sí, en sus últimos años de vida. | Predecesor del siglo XIX, no lo conoció personalmente. |
| Paul Groussac | 1885-1929 | Sí, en su vida adulta. | Predecesor directo, Borges lo conoció y admiró. |
| Jorge Luis Borges | 1955-1973 | Sí, progresiva desde 1955. | El propio autor, vivió la ceguera como director. |
La Biblioteca: Un Paraíso Infinito y Ciego
La autobiografía de Borges es fundamental para comprender la centralidad de las bibliotecas en su existencia. Su vida, en muchos aspectos, es equiparable a la del narrador en su famoso cuento 'La biblioteca de Babel', un universo de volúmenes infinitos donde el conocimiento es tanto una bendición como una condena. «Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos; ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací.»
Esta profunda identificación con el concepto de la biblioteca, no solo como un edificio, sino como una metáfora del universo mismo, se ve acentuada por su ceguera. La «biblioteca ciega», los «libros y la noche», el «paraíso como biblioteca» son todos motivos recurrentes que reflejan la coexistencia de su amor por el saber y la oscuridad que lo envolvía. La ironía de estar rodeado de novecientos mil volúmenes en diversos idiomas y apenas poder descifrar sus carátulas y lomos fue la experiencia que lo impulsó a escribir 'El Poema de los Dones', un testimonio de su capacidad para transformar la adversidad en una fuente de profunda belleza y reflexión.
Preguntas Frecuentes sobre Borges y la Ceguera en la Biblioteca Nacional
- ¿Fue Borges el único director ciego de la Biblioteca Nacional? No, como se menciona en el artículo, José Mármol y Paul Groussac, ambos predecesores de Borges en la dirección de la Biblioteca Nacional, también experimentaron ceguera en sus vidas.
- ¿Cómo afectó la ceguera al estilo de escritura de Borges? La ceguera de Borges lo llevó a abandonar el verso libre en favor de la métrica clásica y el verso rimado, ya que le resultaba más fácil memorizar y componer de esta manera sin la ayuda de borradores.
- ¿Qué otros poemas de Borges tratan el tema de la ceguera? Además de 'El Poema de los Dones', Borges aborda la ceguera en poemas como 'Junio, 1968' y 'El ciego', entre otros, donde reflexiona sobre la pérdida de la visión y su impacto en la percepción y la memoria.
- ¿Quién fue María Esther Vázquez y cuál fue su relación con 'El Poema de los Dones'? María Esther Vázquez fue una escritora argentina, colaboradora y biógrafa de Jorge Luis Borges. 'El Poema de los Dones' le fue dedicado por el autor.
- ¿Cómo veía Borges la ceguera? Borges no veía la ceguera como una desdicha, sino como un 'don' o 'instrumento' que el artista debía transmutar. Creía que todo lo que le ocurre a un artista le es dado para un fin, y que de las circunstancias miserables se pueden crear cosas eternas.
La historia de Jorge Luis Borges al frente de la Biblioteca Nacional es mucho más que la de un escritor en un cargo público; es la crónica de una profunda conexión entre el hombre, los libros y el destino. Su ceguera, lejos de ser un impedimento, se convirtió en una lente única a través de la cual contempló el universo, dando voz a una de las paradojas más conmovedoras de la literatura. Compartir este destino con figuras como Paul Groussac y José Mármol añade una resonancia casi mítica a la historia de la institución, recordándonos que incluso en la oscuridad, la luz del conocimiento y la creación puede brillar con una intensidad inusitada.
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