¿Cuál es la actitud de la Virgen respecto a los sacerdotes y la jerarquía?

El Corazón Sacerdotal de María: Un Refugio

17/07/2022

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En estos tiempos turbulentos que la humanidad atraviesa, donde las fuerzas del mal parecen ganar terreno, Dios, en su infinita misericordia, ha dispuesto una ayuda singular a través de su Madre Santísima. Los “Llamados de Amor y Conversión”, recibidos por Manuel de Jesús, desvelan las etapas fundamentales que todo bautizado debe seguir para acogerse a este inmenso refugio que es el Corazón Doloroso e Inmaculado de María. Este camino inicia con la “Gestación Espiritual en el Vientre de María”, una preparación íntima y profunda, previa a la Consagración total a su Corazón, un acto consciente de entrega que nos invita a vivir, imitar y encarnar a María en la tierra con nuestro testimonio. Este artículo explorará estas fases cruciales, fundamentadas en la espiritualidad montfortiana, para comprender la profunda solicitud de la Virgen por sus hijos, especialmente por aquellos que ha elegido como sus predilectos: los sacerdotes.

¿Qué desea la Virgen para los sacerdotes?
La Virgen desea que los sacerdotes sean Santos, llenos de piedad, fe y devoción cargando diariamente la Cruz. Ella pide a los sacerdotes que regresen a la Madre y estén llenos de piedad, fe y devoción: « Cada Sacerdote debe abrirse a mis Gracias, Gracias que brotan de mi Corazón Doloroso e Inmaculado y Sacerdotal, especialmente para ellos.
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La Gestación Espiritual en el Vientre de María: Un Camino de Purificación

A principios de 2014, la Virgen María comunicó a Manuel de Jesús la necesidad de registrar una serie de mensajes que, entre febrero y junio de ese año, conformarían lo que hoy conocemos como la «Gestación Espiritual en el Vientre de María». El propósito central de estos mensajes es instruir a los miembros del Apostolado sobre cómo deben “nacer de María” para asemejarse a Jesús, como Ella misma expresó: «¿Quieren parecerse a Jesús? Nazcan de Mí. Yo fui el agua y la harina que hizo el Pan de Vida.»

Esta gestación es un llamado a sumergirse en el Vientre de la Madre María, a vivir en Él, a formarse en Él y, al hacerlo, convertirse en niños que dependen enteramente de su Madre. San Luis de Montfort, visionario de esta profunda devoción, anticipó que los hijos de María, una vez dados a luz por Ella, tendrían «la cruz en su mano derecha, el Rosario en su mano izquierda, la Palabra de Dios en su boca y en su corazón la Llama de Amor del Espíritu Santo.» Es un proceso de escondimiento y protección, que permite conocer al Hijo a través de la Madre y, por el Hijo, al Padre en la luz del Espíritu Santo.

Este “nacer de nuevo” tiene profundas raíces bíblicas, anticipado por Jesús en su diálogo con Nicodemo (Jn 3): «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios.» Y más adelante: «El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.» La Gestación Espiritual en el Vientre de María es un proceso de 23 meditaciones diarias, dictadas por el Cielo, que se inician 23 días antes de la fiesta de la Anunciación. Estas meditaciones deben acompañarse de la lectura de la Palabra de Dios, la oración, especialmente el Santo Rosario, y una vida sacramental plena, con confesión frecuente y la recepción diaria de la Sagrada Eucaristía.

El número 23 no es casual; simboliza los 23 cromosomas que cada progenitor aporta al hijo, reflejando la entrega total de María en la conformación de Jesús. El Sagrado Corazón de Jesús mismo lo explicó el 7 de abril de 2014: «La Sangre de mi amada Madre, es mi Sangre. Su Carne Inmaculada es mi Carne. Y cuando me toman en la Sagrada Comunión comen mi Carne y mi Sangre, Carne de mi amada Madre y Sangre de mi amada Madre.»

Es crucial entender que esta Gestación es un paso previo y diferente a la Consagración Mariana de 33 días de San Luis de Montfort. Es una preparación, una purificación que nos alista para vivir en plenitud la espiritualidad montfortiana, culminando con una oración de consagración al Vientre Purísimo de María.

El Pecado Original y la Inmaculada Concepción: La Raíz de Nuestra Necesidad

El Pecado Original, surgido de la desobediencia de Adán y Eva, ha traído consigo la pérdida de la comunión con Dios, con el hermano y la unidad interior del hombre. Como dice el Cielo: «Cuando un alma peca y cede a la tentación, pierde su comunión con Mi Padre.» Y así, el pecado produce odio, rencor, envidia, egoísmo, rompiéndonos por dentro al perder la vida de la Gracia. «Bien sabéis que desde cuando el pecado entró en el mundo, desde cuando el pecado entró en el corazón del hombre, hay muerte, tristeza y aflicción.»

Frente a esta realidad, la Inmaculada Concepción de la Virgen María se erige como un faro de esperanza. Los días 26 y 27 de febrero de 2014, la Virgen explicó cómo fue preservada del Pecado Original para ser el Primer Sagrario: «El seno de mi Madre Ana, al formarme según la carne, fue colmado del Divino Espíritu Santo, actuó desde que yo estaba en el Vientre de mi Madre Ana y así poder liberarme de la esclavitud del pecado original, para que mi Alma no fuera manchada y así poder librar al Hijo de Dios de los pecados porque ¿Cómo iba a ser posible que Dios Nuestro Señor se manchara y contaminara?» Por Gracia Divina, el Espíritu Santo actuó en su concepción, limpiando sus cadenas genéticas desde el origen del pecado.

La propagación del pecado en la actualidad se agrava por dos factores: la interconexión humana, donde el pecado arrastra al pecado en un efecto dominó, y el olvido de la santificación del matrimonio y la familia. Dios Padre enfatizó el 20 de julio de 2016: «si esta base que es la familia está bendecida y consagrada a Mi, toda raza y pueblo será santo y vivirá en Mi Presencia; pero, si esta base está en adulterio, fornicación, y pecado, todo vuestro pueblo vivirá esclavizado en pecado y contaminará muchas generaciones.» El Sagrado Corazón de Jesús añadió que el matrimonio bendecido es un reflejo del Amor Trinitario, y por ello Satanás se afana en destruirlo. San José, el 17 de enero de 2018, concluyó: «La Iglesia necesita de familias santas, para que se salve el mundo.»

Nacer del Vientre de María: La Nueva Humanidad

Así como María fue el Primer Sagrario, también nosotros debemos introducirnos en su Vientre para ser formados a imagen de Cristo. «Yo soy el Primer Sagrario, sólo en mi Vientre y formándose en él, entrando hijitos míos en mi Vientre Materno, Puro e Inmaculado ustedes pueden asemejarse a Jesús. En mi Vientre, mi pequeño, está la Moldura para hacer nuevos Cristos.» Desde la Cruz, el Vientre de María se abrió para toda la humanidad, convirtiéndose en el refugio donde ser formados y transformados en Cristo.

Jesús y María son la Nueva Eva y el Nuevo Adán. Por su obediencia, entró la salvación al mundo. Sus dos Corazones Unidos iniciaron el Proyecto de la Salvación. La carne y sangre de esta nueva humanidad, forjada en el Vientre de María, nos libera de nuestra carne impura, contaminada por el pecado. «Dejad que yo os forme, que yo os lleve, que yo os dé a luz para el cielo, para Cristo, para el Padre, fórmense, edúquense y crezcan con esta Madre...»

La entrada al Vientre Inmaculado requiere una limpieza y purificación previa, desde nuestros ancestros hasta nuestra concepción, pidiendo entrar con la oración: «Querida Madre, déjame entrar en vuestro Purísimo y Materno Vientre, concededme ser formado por el Divino Espíritu Santo para ser otro Cristo y asemejarme más a Él Divino Purísimo Vientre de la Virgen María: guárdame. Divino Purísimo Vientre de la Virgen María: fórmame. Amén.»

Una vez dentro, nos escondemos en su Vientre, que actúa como protección contra el mundo, el pecado y el demonio, permitiendo que nuestra gestación hacia Cristo se desarrolle sin interrupciones. La vida en el Vientre de María se sustenta en tres pilares: oración, sacrificio y penitencia. Oración constante, aceptación del dolor voluntario (sacrificio) y vivir con paciencia y silencio los dolores inevitables de la vida (penitencia) son esenciales. Nuestra Madre nos moldea con las virtudes de la humildad y la obediencia, sacándonos de la ignorancia.

Esta gestación es un proceso doloroso, una «Gestación en Manos del Divino Alfarero», que exige la renuncia a la voluntad humana para seguir la Divina, dejando atrás el ego y el orgullo. Padre Pío y Josefina Bakita, en sus Llamados, describen la necesidad de asumir el dolor, la humillación y la negación para existir solo en Jesús. Es en este Vientre donde nuestra imperfección es destruida, y la santidad se alcanza por el camino del dolor y del amor.

La Purificación en el Vientre de María se da en este «Manantial de Gracia», donde se encuentra la Sangre y el Agua de Jesucristo. Purificados, el alma es capaz de servir, amar y orar. La Voluntad Divina es el norte: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Los hijos formados en su Vientre cumplen la Divina Voluntad, sumergiéndose en la Misericordia de Dios y limpiando sus almas a través de la práctica de los Diez Mandamientos y las Bienaventuranzas.

¿Qué desea la Virgen para los sacerdotes?
La Virgen desea que los sacerdotes sean Santos, llenos de piedad, fe y devoción cargando diariamente la Cruz. Ella pide a los sacerdotes que regresen a la Madre y estén llenos de piedad, fe y devoción: « Cada Sacerdote debe abrirse a mis Gracias, Gracias que brotan de mi Corazón Doloroso e Inmaculado y Sacerdotal, especialmente para ellos.

La oración en el Vientre de María se convierte en luz que abarca el mundo, cooperando con la redención de las almas. El Santo Rosario es el cordón umbilical que nos une a su Vientre, transmitiéndonos todas las Gracias de María y purificándonos. Como dijo la Virgen en Fátima a Francisco, el Rosario nos conecta directamente con Ella.

La Santidad de los Hijos nacidos del Vientre de María no es ausencia de pecado, sino el humilde reconocimiento de las miserias y la entrega al perdón y la misericordia de Dios. Es una lucha ardua, pero feliz, que nos guía hacia Jesús. Finalmente, vivir las Virtudes de María, como la humildad, la obediencia, la pureza y el amor, nos permite ser formados por el Divino Espíritu Santo y habitar en el Corazón del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Los Sacerdotes: Hijos Predilectos de María

Los sacerdotes son las almas preferidas de la Virgen, cuyas manos consagradas traen a Cristo al mundo en cada Santa Misa. «Cada hijo mío nacido de mi Purísimo Vientre ama y venera a los Sacerdotes.» María se revela como Madre Sacerdotal, cuyo Corazón no solo es Inmaculado sino también sacerdotal. Ella nos llama a orar, sacrificarnos, alegrarnos, sufrir y luchar por ellos.

La Virgen pide a los sacerdotes que regresen a Ella, deseando verlos santos, llenos de piedad, fe y devoción, cargando diariamente la Cruz. Dios Padre lamenta ver sacerdotes tibios, que olvidan que su misión es salvar almas, no explicar el mundo. Él los llama a formarse en el Vientre Purísimo de su Santa Hija, para ser sacerdotes santos, espirituales, inocentes y sabios en la Ciencia Divina, cuya única enseñanza sea dar a conocer el amor de Dios. «Necesito Sacerdotes Piadosos, Marianos y Eucarísticos. Salvad con vuestras oraciones a las almas sacerdotales.»

La Consagración: Un Acto de Entrega Total

La consagración es un acto sustancial del hombre, libre y consciente, que lo pone en directa relación con la divinidad. Es la entrega personal a Dios, a lo Divino. Podemos entenderlo con la analogía de un altar: una piedra profana es labrada y luego, por el aceite consagrado, se vincula a la Divinidad para el servicio de la Eucaristía. De forma similar, la consagración humana requiere conciencia e inteligencia.

El Bautismo es la consagración fundamental, donde todo el ser del hombre es ungido por la Trinidad y entregado al servicio Divino. Sin embargo, dado que la mayoría de los bautismos ocurren en la infancia, es crucial que el bautizado, al alcanzar la edad de la razón, ratifique conscientemente esta consagración. San Luis María Grignion de Montfort dedicó su apostolado a esta concientización, entendiendo su consagración como una «Renovación y actualización de mis votos del Bautismo.»

Mientras que las consagraciones sacramentales (Bautismo, Confirmación, Orden Sagrado) requieren un sacerdote (excepto el Bautismo que puede ser administrado por cualquier cristiano), las consagraciones por devoción pueden ser renovadas por uno mismo, sin necesidad de un sacerdote. El ser creado solo puede consagrarse a Dios (Padre, Hijo, Espíritu Santo), pero esta consagración total admite diferenciaciones hacia realidades estrechamente vinculadas a lo Divino, como la humanidad de Jesús (Corazón de Jesús, Cristo Rey) o la Madre de Dios (Corazón de María, advocaciones marianas). Incluso los ángeles, por su Gracia Santificante, son objeto de posible consagración. Todo lo creado es susceptible de consagración, desde el mineral hasta el ser humano, siempre que haya una concientización profunda, no solo la recitación de una fórmula.

Consagración al Corazón Doloroso e Inmaculado de María: El Triunfo Final

La Gestación en el Vientre de María es la preparación para la Consagración a su Corazón, en la que acogemos su Corazón para asemejarnos a Ella. El 17 de septiembre de 2014, el Corazón Doloroso e Inmaculado de María reveló la urgencia de esta consagración para la «grande, nueva, única y final evangelización de la tierra.» No es un nuevo carisma, sino la reactivación de las Palabras de Jesús: «Id y anunciad.»

Consagrarse a su Corazón Doloroso e Inmaculado significa:

  • Hacer vida la consagración bautismal.
  • Vivir el compromiso de la Confirmación.
  • Predicar, testimoniar y evangelizar.
  • Ayudar a los apóstoles en la salvación de las almas.
  • Vivir las virtudes de fe, esperanza, caridad, humildad, obediencia, abnegación, paz, sacrificio, oración, penitencia, teniendo como programa la Ley de Dios y el Evangelio.

Desde Fátima, la Virgen ha pedido insistentemente esta consagración, siendo su Corazón Inmaculado el Refugio y la Nueva Arca de la Alianza en estos Últimos Tiempos. San Maximiliano Kolbe afirmó que quienes se entregan a la Inmaculada «arderán con un amor tan poderoso que les hará prender ese fuego a todo lo que está a su alrededor.» La consagración es un compromiso, un estilo de vida de obediencia, humildad y servicio incondicional.

Ser «Conducidos desde su Corazón» va más allá de ir de su mano. El Sagrado Corazón de Jesús (4 de mayo de 2018) nos invita a escuchar a su Madre, pues Ella quiere conducirnos desde su Corazón. Ir «de la mano» implica subir al Calvario; ser introducidos «en su Corazón» al pie de la cruz, como San Juan y Santa María Magdalena, implica una unión más profunda con el Crucificado, convirtiéndose en corredentores. Esta gracia especialísima nos ayuda a asociar nuestros sufrimientos a la Pasión del Redentor, encontrando consuelo, fuerza, alegría y paz en su Corazón, incluso en la tribulación. Las almas reparadoras y víctimas, aunque crucificadas, son las más felices, como San Francisco de Asís.

Para ser introducidos en el Corazón de María, la respuesta es sencilla: desearlo. Santa Teresa de Jesús, siendo niña, pidió a la Virgen que fuera su Madre y fue reconquistada. Debemos acogerla en nuestra casa, en nuestro corazón, y Ella nos introducirá. San José y Santa Isabel son ejemplos de quienes la acogieron y recibieron grandes tesoros. La mejor forma de hacerlo es en la Sagrada Comunión, entregándole el Corazón Eucarístico de Jesús a Ella, como sugiere San Luis de Montfort, para que Ella lo ame y le rinda obsequios que nosotros, en nuestra oscuridad, desconocemos.

La Mujer Vestida del Sol y el Triunfo de María

El Capítulo 12 del Apocalipsis describe a una mujer «vestida del sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; y está encinta, y grita con dolores de parto y con el tormento de dar a luz.» Nuestra Madre María es esta Mujer, como afirmó Dios Padre el 3 de noviembre de 2016. Ella dio a luz a Jesús sin dolor en Belén, pero a la Iglesia, al pie de la Cruz, con dolor: «A Jesús lo di a Luz sin dolor en Belén. A ustedes los di a luz con dolor en la Cruz.»

Los «Hijos de la Mujer Vestida del Sol» son aquellos que guardan los mandamientos de Dios, lavadas sus vestiduras con la Sangre del Cordero, los Apóstoles de los Últimos Tiempos, el linaje de la Mujer que aplastará la cabeza de la serpiente. El Gran Dragón Rojo del Apocalipsis, Satanás, persigue a esta Mujer y a sus hijos. La Mujer huye al desierto por mil doscientos sesenta días. Este desierto, como explica San José, es un despojamiento espiritual, el abandono del mundo, de los placeres y del pecado, para refugiarse en la abstinencia, la penitencia, la meditación y la oración del Corazón Inmaculado de María. Es un refugio de los Herodes, de la riqueza material, para transformar los corazones en orantes, contemplativos y adoradores.

¿Cuántas Vírgenes dio el sacerdote a María?
El sacerdote dio a María 5 vírgenes para que la acompañaran hasta el matrimonio, advirtiendo a José que María sólo se casaría con él.

En esta batalla espiritual, solo habrá dos bandos: los que se refugian en el desierto con la Mujer (en una vida escondida de oración) y los tibios o los que viven al margen de Dios, quienes serán vomitados de su boca (Ap 3, 15-16). La Mujer dirige el Ejército del Cielo, mientras el Dragón arrastra a los que no se fueron «con la Mujer al Desierto». Las profecías de La Salette (1846) y Garabandal (con «Cardenales contra Cardenales, Obispos contra Obispos») se cumplen en esta época de confusión y división en la Iglesia y el mundo. La elección es clara: «o María, o sin-María.»

La Gestación en el Vientre de María se vincula al Apocalipsis: un periodo de preparación que, si se asume como una gestación de 9 meses, culminaría en un «nacimiento espiritual» el 25 de diciembre, seguido de 1260 días de refugio en el «desierto», durante el Reinado del Anticristo, donde los dos testigos (el Sagrado Corazón de Jesús y el Doloroso e Inmaculado Corazón de María) profetizarán.

Preguntas Frecuentes

¿Qué es la Gestación Espiritual en el Vientre de María?

Es un proceso de preparación espiritual de 23 días, dictado por la Virgen María, para que el alma se purifique, se limpie y se moldee a imagen de Cristo en su Vientre Inmaculado, antes de la consagración total a su Corazón.

¿Cuál es la diferencia entre la Gestación y la Consagración Montfortiana?

La Gestación Espiritual en el Vientre de María es un paso previo, una preparación profunda y purificadora, mientras que la Consagración Montfortiana (de 33 días) es la entrega total y consciente a María, para vivir plenamente en su Corazón.

¿Por qué la Virgen María es llamada la "Mujer Vestida del Sol"?

Este título proviene del Capítulo 12 del Libro del Apocalipsis, donde se describe una mujer con estas características que da a luz. La Virgen María ha revelado que esta profecía se refiere a Ella, quien dio a luz a Jesús y, con dolor al pie de la Cruz, a la Iglesia.

¿Cuál es la Consagración más importante para un cristiano?

La consagración más fundamental y sustancial es el Bautismo, donde todo el ser del hombre es ungido por la Santísima Trinidad y entregado al servicio divino. Otras consagraciones, como la mariana, perfeccionan y completan esta consagración inicial.

¿Qué significa "ser introducido en el Corazón de María"?

Significa una unión profunda con la Virgen, donde el alma, al acogerla y entregarse a Ella, es guiada y formada por su Corazón. Implica una participación en sus gracias y una asociación más íntima con los sufrimientos de Cristo para la corredención, como sucedió con San Juan y Santa María Magdalena al pie de la Cruz.

¿Cómo se relaciona el Rosario con la Gestación en el Vientre de María?

El Santo Rosario es el "cordón umbilical" espiritual que une al alma con el Vientre de María durante la gestación. A través de él, la Virgen alimenta, forma y transmite todas las gracias necesarias para el crecimiento espiritual y la purificación del alma.

¿Qué pide la Virgen a los sacerdotes?

La Virgen María, con su "Corazón Sacerdotal", pide a sus hijos predilectos, los sacerdotes, que regresen a Ella. Desea que sean santos, llenos de piedad, fe y devoción, que carguen su cruz diariamente, y que se formen en su Vientre Purísimo para ser ministros espirituales y no carnales, sabios en la Ciencia Divina y dedicados a salvar almas, llevando el amor de Dios al mundo.

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