04/06/2024
La atmósfera en un aula de La Matanza se siente densa, casi tangible. El sol de la mañana, que antes prometía un nuevo día de aprendizaje, ahora ilumina un espacio donde la confianza parece haberse desvanecido. Un video, grabado por un alumno y viralizado a la velocidad de la luz, ha desgarrado el tejido de una institución educativa, exponiendo discusiones internas al escrutinio público y dejando una pregunta inquietante en el aire: ¿qué futuro le espera a esta escuela?
El incidente no es solo el reflejo de un conflicto aislado entre una docente y sus alumnos; es un síntoma de cómo la era digital ha reconfigurado las dinámicas escolares, llevando las discusiones de clase a las redes y transformando las travesuras adolescentes en detonaciones con un poder de daño incalculable. La escuela, en su esencia, está rota, y el desafío que se presenta es monumental: cómo reconstruir la confianza y redefinir la forma en que se resuelven los conflictos dentro de sus paredes, ahora que estas parecen haber desaparecido.

El Contrato Didáctico en la Era Digital
En el corazón de toda interacción educativa yace el concepto de contrato didáctico. Este conjunto de reglas, tanto explícitas como implícitas, es forjado diariamente entre el docente y sus alumnos, adaptándose a las particularidades de cada grupo y momento. Define las formas de trabajo, la evaluación, la dinámica de las clases e incluso los modos en que se establecen los diálogos y se utiliza el espacio. Es la base de la autoridad docente, su legitimidad, que se construye con cada palabra y cada gesto. Sin embargo, este contrato, tan delicado y fundamental, puede desmoronarse lentamente o explotar de repente, especialmente cuando los mecanismos institucionales para plantear demandas son ignorados en favor de la inmediatez de la era digital.
Hace unas décadas, las transgresiones estudiantiles podían manifestarse como chinches en el asiento del profesor, petardos escondidos en los cajones del escritorio o carteles pegados en la espalda de los docentes. Eran actos de rebeldía localizados, cuyas consecuencias se limitaban al ámbito escolar. Hoy, la travesura adolescente ha mutado. Con un simple celular y una conexión a internet, un estudiante puede activar una detonación de tremenda capacidad de daño, cuyas dimensiones son, sin duda, desconocidas para ellos. El acto de grabar y viralizar una situación conflictiva transforma un incidente privado en un espectáculo público, convirtiendo la escuela en una "carne picada más de las grasosas hamburguesas de la campaña electoral", como describe el texto. Lo que antes era un susto o una reprimenda, ahora puede ser una demolición institucional y personal, con consecuencias que van más allá de lo imaginable para un adolescente.
El Currículum Intruso: Política y Aula
Más allá del currículum prescripto –los contenidos oficiales que se deben enseñar– y del currículum oculto –aquellas habilidades y saberes implícitos que los alumnos adquieren, como el oficio de aprobar con el mínimo esfuerzo–, existe un tercer tipo que irrumpe con fuerza en el aula: el currículum intruso. Este se impone desde la agenda pública, traído por los propios alumnos, agentes en formación de la sociedad. Preguntas sobre el aborto, el caso Santiago Maldonado, las elecciones o figuras políticas como Cristina y Macri, llenan el aire del aula, cargadas de prejuicios y miradas tomadas de los zócalos televisivos y las redes sociales.
La educación para una ciudadanía democrática, un objetivo postulado en todos los diseños curriculares del país, exige que la escuela aborde este currículum intruso. Es saludable que estos temas controversiales sean llevados a la mesa de disección, examinados y debatidos. Sin embargo, esto demanda herramientas y una preparación por parte del docente para dar un tratamiento respetuoso, honesto y transparente. La clave reside en separar lo discutible de lo inverificable, y en fomentar el desarrollo de argumentos y el diálogo, más allá de la opinión personal del docente, que en temas de alta controversia, resulta irrelevante. La escuela es, quizás, el único lugar donde se pueden –y se deben– desarrollar debates sobre temas "ásperos" sin caer en la agresión o el "trolleo" de las redes, siempre y cuando se trabaje con cuidado y se excluyan discursos de odio o justificaciones de genocidios.
Es importante diferenciar la "bajada de línea" –una práctica pedagógica cuestionable pero común en el pasado– del adoctrinamiento. El adoctrinamiento implica la imposición de una doctrina en contextos donde el acceso a otras posturas es casi imposible, naturalizando una única verdad. En las escuelas argentinas, donde el pluralismo de ideas es una constante, el adoctrinamiento como tal es prácticamente inexistente. Lo que sí ocurre es la naturalización de ciertas narrativas históricas o sociales que, por ser tan arraigadas, no se perciben como doctrina. Acusar de adoctrinamiento a un docente que explicita sus posicionamientos políticos, por más que se critique su práctica, implica una imputación de fines totalitarios que no se condice con la realidad de las aulas.

La Explosión Digital: Escraches y Consecuencias
La viralización del video en La Matanza no solo expuso a una docente; expuso a un grupo de alumnos, a un cuerpo de docentes, a varias familias y a una comunidad educativa entera. Cada "play" al video, cada retuit de un candidato político que se aprovechaba de la escena para hacer campaña, fue un mazazo adicional a la ya delicada rutina de las escuelas públicas argentinas en el siglo XXI, marcadas por las carencias y las memorias de mil crisis económicas. La "bomba viral" salió de la escuela y regresó como un boomerang, rompiendo acuerdos implícitos, instalando la desconfianza y el humor, tan vital para aceitar la máquina de educar.
Mecanismos de Conflicto y Reclamo en la Escuela: Ayer y Hoy
| Aspecto | Antes (Era Predigital) | Ahora (Era Digital) |
|---|---|---|
| Manifestación de Conflicto | Chinches en el asiento, petardos, carteles en la espalda del docente, "estudiantina". | Videos grabados con celular, escraches online, difusión en redes sociales. |
| Canales de Reclamo | Centro de estudiantes, notas a autoridades, respaldo familiar, referentes adultos en la escuela. | Viralización inmediata, exposición pública, "clickbait" mediático, uso político del incidente. |
| Alcance del Daño | Localizado, dentro del ámbito escolar, impacto limitado. | Masivo, global, daño reputacional, demolición institucional, "carne picada" electoral. |
| Percepción del Acto | Travesura adolescente, acto de rebeldía, susto. | Detonación con capacidad de daño incalculable, atentado a la dignidad, "sangre" (daño real). |
El Derecho a Enseñar y Aprender en un Contexto Hostil
El derecho a enseñar y aprender, garantizado por el Artículo 14 de la Constitución Nacional argentina desde 1853, enfrenta hoy nuevos desafíos. La cultura digital, con sus herramientas de reclamo informal y "escrache", ha abierto una dimensión no contemplada en los reglamentos existentes. La incitación a los estudiantes a "sacar los celulares para frenar estos atropellos" por parte de figuras mediáticas, solo puede derivar en un efecto de autocensura en los docentes. Este miedo constante a ser filmado con "fines arteros" devalúa la riqueza de las propuestas pedagógicas, lesiona el derecho a enseñar y afecta la autoestima profesional de los educadores, especialmente de aquellos en formación.
En un contexto donde ciertas corrientes políticas y grupos con agendas morales utilizan estrategias de disciplinamiento contra aquello que no es de su agrado, la escuela se convierte en un campo de batalla. La pregunta que surge es crucial: ¿qué docentes estamos formando bajo esta amenaza constante? ¿Es posible construir una convicción sobre el propio derecho a enseñar y una autoestima profesional si los medios de comunicación promueven un "1984 orwelliano" desde cada pupitre? La democracia y el futuro mismo de la educación se ven comprometidos si no se abordan estas dinámicas.
Reconstruyendo la Confianza: Una Oportunidad para la Escuela
A pesar de la escuela "rota" en La Matanza, la situación representa una oportunidad invaluable para la reflexión y la transformación. La bomba viral que explotó puede ser el catalizador para trabajar sobre las transformaciones subjetivas necesarias y para repensar las prácticas educativas y convivenciales. La clave reside en la reconstrucción diaria de un contrato didáctico honesto y transparente con los alumnos, un espacio donde haya lugar para la disidencia de opinión, el contrapunto y el reclamo de manera formal y respetuosa.
Preguntas Frecuentes para la Reflexión y la Acción
- ¿Cómo deben actuar los alumnos ante una situación educativa en la que se ven agredidos, menospreciados o maltratados?
Es fundamental insistir en la activación de los mecanismos institucionales previstos, como el centro de estudiantes (o su conformación si no existe), las notas a las autoridades o el apoyo de referentes adultos en la escuela. Reforzar el rol de tutores y acompañantes es vital para que los alumnos se sientan seguros al canalizar sus demandas por vías formales. - ¿Cómo se debe trabajar el “currículum intruso” en el aula?
Se debe reflexionar sobre las modalidades de debate para temas de agenda pública, estableciendo tiempos, roles y buscando capacitaciones para los docentes. La clave es abordar estos temas con cuidado, fomentar el diálogo argumentado y evitar la imposición de opiniones personales, diferenciando siempre los hechos verificables de las posturas subjetivas. - ¿Qué consecuencias trae un escrache para una institución como la escuela?
Un escrache viralizado genera una profunda desconfianza, paranoia y un quiebre en las rutinas y acuerdos implícitos. El impacto es la ruptura de la comunidad educativa. Para restablecer la confianza, se necesitarán consensos provisorios, planes de acción y un compromiso colectivo para desandar el camino de la desconfianza y reconstruir el tejido social de la escuela. - ¿Cómo encaran los adolescentes de hoy la cultura digital y algunas de sus más dañinas dinámicas? ¿Y los adultos?
Es imperativo educar en el uso crítico de las nuevas tecnologías. Si bien estas ofrecen herramientas formidables para la enseñanza, deben ser utilizadas con responsabilidad para evitar que se conviertan en armas de destrucción mutua. Tanto alumnos como docentes necesitan desarrollar competencias digitales que promuevan la convivencia y el respeto en línea, así como la capacidad de discernir información y contextos.
Estas preguntas abiertas, y muchas otras, ofrecen una oportunidad para que la escuela se convierta en el último reducto de la civilización, donde la palabra y el diálogo son las herramientas principales. Una profunda reflexión comunitaria, que involucre a todos los actores –alumnos, docentes, familias, autoridades–, puede sentar las bases para una escuela mejor, donde el respeto y la confianza vuelvan a ser los pilares del aprendizaje y la convivencia.
El docente, frente a su pupitre desvencijado, sin cajones, se cruza de brazos y mira a sus alumnos. El sol del Este sigue entrando por la ventana, como en el video. La reconstrucción comienza con un simple pero profundo acuerdo: "Me parece que vamos a tener que pensar en un par de acuerdos básicos, ¿no?"
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