19/08/2022
La historia de las monarquías está llena de figuras que, por diversas razones, quedaron a la sombra de sus consortes o de los eventos tumultuosos de su tiempo. Sin embargo, algunas brillan con luz propia por su entereza, su piedad o, lamentablemente, por el trágico destino que les deparó la corona. Tal es el caso de María Victoria Enriqueta Juana dal Pozzo, princesa de la Cisterna, quien se convirtió en reina consorte de España junto a Amadeo I de Saboya. Su reinado, calificado de efímero y marcado por la inestabilidad, no solo afectó a la institución monárquica, sino que selló un destino personal de profundo sufrimiento que culminaría en una muerte prematura. Su figura, a menudo eclipsada por la política convulsa de la época, merece ser recordada por la dignidad y la bondad con la que afrontó una realidad que nunca deseó.
Unión Real y Orígenes de una Reina
María Victoria Enriqueta Juana dal Pozzo, princesa de la Cisterna, contrajo matrimonio con Amadeo de Saboya el 30 de mayo de 1867. Ella no era una figura cualquiera; su linaje y su educación la distinguían. Había sido instruida en diversas materias y poseía un conocimiento profundo de varios idiomas, entre ellos el español, lo que la dotaba de una preparación intelectual considerable. Más allá de su inteligencia cultivada, María Victoria era una mujer profundamente religiosa, una característica que marcaría su vida y, en gran medida, su experiencia como reina en una España que abrazaba la libertad de cultos. Con Amadeo, formó una familia, dando a luz a tres hijos: Manuel Filiberto, Víctor Manuel y Luis Amadeo. Este último nacería en España, el 29 de enero de 1873, poco antes de la abdicación de su padre, un evento que añadiría una capa más de complejidad y melancolía a la vida de la reina.
La decisión de Amadeo de aceptar el trono español, impulsada por la voluntad de su padre, Víctor Manuel II, encontró en María Victoria una reticencia significativa. Su profunda fe católica chocaba con la realidad política italiana y, por extensión, con la española. El hecho de que su suegro, Víctor Manuel II, fuera un rey excomulgado que se había enfrentado directamente al Papa Pío IX, era un peso moral considerable para ella. Además, reinar sobre un país cuya Constitución de 1869 reconocía la libertad de cultos, algo entonces inusual y vanguardista, representaba un desafío a sus convicciones más arraigadas. Esta dualidad entre su fe personal y el rol público que se le exigía, la acompañaría durante todo su breve y accidentado reinado.
La Llegada a una España Convulsa
La llegada de María Victoria a España no fue la de una reina aclamada. Tras el nacimiento de su segundo hijo, Víctor Manuel, ella permaneció en Turín convaleciente, mientras Amadeo partía hacia Cartagena. La fragata Numanzia la trajo a España el 9 de marzo de 1871, y el rey, en un gesto de afecto y quizás de necesidad de apoyo, la recibió en Alicante el día 17. Pero la España a la que llegaba era un país sumido en una profunda inestabilidad. La noticia del asesinato del general Prim, el principal valedor de Amadeo y artífice de su elección, golpeó al monarca incluso antes de pisar Madrid, dejando a la nueva dinastía sin su pilar fundamental.
La acogida en la capital fue gélida, especialmente por parte de la aristocracia madrileña. En un claro gesto de rechazo a una dinastía extranjera, impuesta por una revolución, las puertas y ventanas de los palacetes permanecieron cerradas al paso de la comitiva regia. Esta actitud de desprecio no se limitó a la llegada; se extendió a la vida diaria de la reina. María Victoria enfrentó una notable dificultad para encontrar a alguien que aceptara el puesto de camarera mayor, un claro indicio del ostracismo al que la sometía la alta sociedad. Incidentes como el de “las mantillas”, donde damas isabelinas y carlistas lucieron símbolos de rechazo a la nueva monarquía, o los desaires sufridos en un concierto en el Retiro en otoño de 1872 —cuando, a pesar de la presencia de la reina, nadie se levantó para cederle un asiento—, evidenciaban un clima de hostilidad palpable. Estos gestos, aparentemente pequeños, eran golpes constantes a la dignidad y al ánimo de una reina que ya se sentía ajena a ese entorno.
A pesar del frío recibimiento y la hostilidad aristocrática, Amadeo y María Victoria mostraron desde el principio una clara voluntad de acercarse al pueblo. Rompiendo con la pompa y el boato de las monarquías tradicionales, viajaban en tranvías, asistían a conciertos populares, entraban en tiendas y tomaban helados en los cafés, sin exigir un lugar reservado en la iglesia. Su vida en palacio era modesta, lejos de los excesos que habían caracterizado a la corte borbónica. Esta sencillez, que el rey Amadeo intentaba proyectar como imagen del “rey demócrata”, buscaba transformar la antigua majestad en algo cercano y accesible.
La reina María Victoria, en particular, se distinguió por su profunda preocupación por los más necesitados. Su labor benéfica fue incansable y ampliamente documentada. Inauguró un asilo para lavanderas, un hospital dedicado a niños desamparados y una casa-colegio para los hijos de las cigarreras, además de organizar el reparto periódico de alimentos entre los pobres de la capital. La imagen que proyectaba era la de una mujer muy piadosa, cercana a los desfavorecidos, volcada en obras de caridad que buscaban aliviar el sufrimiento de los más vulnerables. Sin embargo, esta misma actitud fue objeto de crítica. Tanto monárquicos como republicanos vieron en estos actos una mera demostración de propaganda, una estrategia para ganar la simpatía popular. Incluso se la criticó por un supuesto "excesivo acercamiento" a los sectores más conservadores de la sociedad y la política, interpretando su piedad como una inclinación política que no convenía a la monarquía liberal que se intentaba instaurar.
La Reina en el Ojo del Huracán Político
El reinado de Amadeo I fue un torbellino de inestabilidad política, con tres elecciones generales y ocho ministerios en apenas dos años. Esta fragmentación y las luchas intestinas por el poder no solo debilitaron al rey, sino que también expusieron a la reina a ataques constantes. La monarquía fue desacreditada no solo por republicanos y carlistas, sino también por las mismas facciones que la habían apoyado, especialmente cuando sus expectativas políticas se veían frustradas.
Un ejemplo notorio de estos ataques fue el artículo «La loca del Vaticano», publicado el 10 de junio de 1872 en El Imparcial, un periódico zorrillista. Este artículo atacaba directamente el celo religioso de la reina y la posible influencia política que ejercía sobre su esposo, sugiriendo que esta inclinación conservadora era perjudicial. La comparación con la tragedia de Maximiliano de México, cuya esposa, Carlota, enloqueció pidiendo la intercesión papal tras el fusilamiento de su marido, era una velada y cruel amenaza. Se insinuaba que la reina, por su religiosidad, podría llevar a España y a su esposo a un destino similar.
El 10 de julio de 1872, los reyes sufrieron un atentado en la calle Arenal. Este suceso, aunque grave, se presentó como una oportunidad para demostrar la valentía y entereza de la pareja real. La serenidad con la que Amadeo y María Victoria afrontaron el ataque fue destacada por los cronistas, aunque algunos, como Romanones, sugirieron que era un comportamiento protocolario esperado. El rey, al día siguiente, visitó el lugar del atentado y por la tarde la pareja real salió en coche descubierto, provocando un homenaje entusiasta del pueblo madrileño. Este momento de popularidad, sin embargo, fue efímero y no logró asentar las raíces del trono saboyano en la tierra hispánica, como había deseado Ana de Sagrera. La reina, a pesar de mostrar entereza, se encontraba cada vez más agotada física y psíquicamente.
Las tensiones políticas la afectaban profundamente. Su antipatía hacia Ruiz Zorrilla, quien la había reprendido por entrevistarse con el embajador de Italia y un enviado de Víctor Manuel, era notoria. Además, su estancia en El Escorial fue utilizada por periódicos republicanos, como El Combate, para alimentar rumores sobre las supuestas infidelidades del rey, que tenía fama de mujeriego. La presión constante, el aislamiento social y los ataques mediáticos erosionaban su salud y su espíritu.
Un Reinado Agotador y un Destino Trágico
La situación del monarca se deterioraba rápidamente, culminando con la crisis de los artilleros que amenazaba con un enfrentamiento con el Ejército. Amadeo I, viendo que no hallaba solución a los males del país dentro de la ley y negándose a buscarla fuera de ella, decidió abdicar el 11 de febrero de 1873. Su mensaje a las Cortes reflejaba la desesperanza de un rey que no había podido consolidar su posición ni unificar a una clase política dividida.
La despedida de los reyes fue tan sombría como su reinado. De los catorce diputados y senadores elegidos para acompañarles, solo cuatro se presentaron. Figuras clave como Ruiz Zorrilla, quien rápidamente se declaró republicano, o Cristino Martos, no estuvieron presentes. La reina, ya muy delicada de salud, tuvo que ser conducida en silla de manos al tren. Ambos se mostraban sumamente entristecidos. María Victoria, aún sin recuperarse completamente del alumbramiento de su tercer hijo, Luis Amadeo, sentía el peso de la partida. Sus escasos partidarios los despidieron con palabras de elogio, hablando del «rey generoso y leal» y de la «reina pía y buena» a quienes la maledicencia de los partidos había obligado a dejar España, convertida en una tierra inhóspita para ellos.
El regreso a Italia no trajo la recuperación esperada para María Victoria. La reina María Victoria dal Pozzo falleció a la temprana edad de veintinueve años, el 6 de noviembre de 1876. Su enfermedad y su rápida muerte fueron atribuidas, de manera casi unánime, a los dos años de reinado en España. Se consideró que las penurias físicas y psíquicas sufridas durante ese periodo, especialmente el aislamiento al que fue condenada por las damas de la aristocracia, fueron la causa de su prematuro deceso. Sus biógrafos la retrataron como una mujer virtuosa que, a pesar del daño recibido, nunca pronunció «una palabra de desdén ni de rencor contra la nación que le había causado tanto daño». Aquel «infausto reino» español fue, según se creía, el verdadero motivo de su infelicidad y, en última instancia, de su muerte. Su legado es el de una reina que, con una bondad inquebrantable, fue víctima de un contexto político y social que la superó.
Preguntas Frecuentes sobre la Reina María Victoria
¿Quién fue María Victoria dal Pozzo?
Fue la esposa de Amadeo I de Saboya y, por tanto, reina consorte de España durante su breve reinado entre 1871 y 1873. Era conocida por su piedad, inteligencia y dedicación a obras de caridad.
¿Por qué se dice que el reinado de María Victoria en España fue trágico?
Su reinado estuvo marcado por la inestabilidad política, el asesinato del principal valedor de su esposo (General Prim), el rechazo de la aristocracia española, los ataques de la prensa y un atentado. Todo esto le causó un gran desgaste físico y psicológico que se atribuyó a su temprana muerte.
¿Tuvo hijos la reina María Victoria?
Sí, tuvo tres hijos con Amadeo I de Saboya: Manuel Filiberto, Víctor Manuel y Luis Amadeo, quien nació en España poco antes de la abdicación de su padre.
¿Cómo fue recibida María Victoria por la sociedad española?
Su recibimiento fue frío y hostil, especialmente por parte de la aristocracia madrileña que la despreció por ser extranjera y por representar una dinastía impuesta por la revolución. Experimentó aislamiento y desaires públicos.
¿Qué tipo de actividades benéficas realizó María Victoria en España?
La reina fue muy activa en obras de caridad. Inauguró un asilo para lavanderas, un hospital para niños desamparados y una casa-colegio para los hijos de las cigarreras. También organizaba repartos periódicos de alimentos para los pobres de Madrid.
¿Qué le pasó a María Victoria después de la abdicación de Amadeo I?
Regresó a Italia con su esposo, pero su salud ya estaba muy deteriorada. Falleció a los 29 años, el 6 de noviembre de 1876. Su muerte fue ampliamente atribuida al sufrimiento y el estrés vividos durante su reinado en España.
¿Se le criticó a la reina María Victoria por algo en particular?
Sí, a pesar de su labor caritativa y su piedad, fue criticada. Su religiosidad y su supuesta influencia política conservadora fueron atacadas por la prensa. Sus obras benéficas también fueron vistas por algunos como mera propaganda o como un intento de acercamiento a sectores conservadores.
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