¿Dónde se puede encontrar la alegría verdadera?

Libros que Transmiten Alegría: Un Viaje Histórico

05/07/2022

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Desde tiempos inmemoriales, los libros han sido portadores de alegría, conocimiento y consuelo, trascendiendo barreras geográficas y temporales. Nos permiten viajar a mundos imaginarios, conocer personajes entrañables y descubrir realidades pasadas o futuras. Pero, ¿cómo llegan estas fuentes de inspiración a nuestras manos? ¿Quiénes son esos 'vendedores de alegría' que, a través de los siglos, han hecho posible que las historias y el saber circulen? Este artículo explora dos facetas de esta cuestión: la figura del vendedor de alegría en la ficción infantil y la compleja red de comerciantes de libros que forjaron la cultura en el Virreinato de la Nueva España.

¿Quién es el vendedor de libros?
Finalmente, nos referiremos brevemente a un vendedor de libros muy singular: Felipe Pérez del Campo, quien había nacido en Sevilla en 1703. En 1743 pasó a la Nueva España para dedicarse a la venta de libros; estaba relacionado con este negocio, pues su cuñado Manuel Crevillo era dueño de una librería en Sevilla.
Índice de Contenido

Selim, el Vendedor de Alegría: Una Historia que Inspira

Comenzamos nuestro viaje con una entrañable obra de literatura infantil: Selim, el vendedor de alegría. Escrito por Jacqueline Cervon e ilustrado por Alicia Cañas, y publicado por la editorial Bruño (ISBN: 978421625699), este libro nos presenta a un pequeño protagonista cuyo oficio es tan singular como conmovedor. Al pie de una mezquita en la vibrante ciudad de Estambul, el joven Selim no vende baratijas o alimentos, sino algo mucho más valioso e intangible: alegría. Lo hace a los habitantes de su ciudad, probablemente a través de relatos, sonrisas o pequeños gestos que iluminan el día de quienes lo encuentran.

La trama de la historia se complica cuando Yazi, el conejo blanco de la buena suerte de Selim, desaparece misteriosamente. La búsqueda de Yazi lleva a Selim a enfrentar desafíos inesperados. Sus padres se unen a la búsqueda, pegando carteles por toda la ciudad, pero nadie parece haber visto al pequeño conejo. En este periplo, Selim conoce a Zuffu, un gemelo, y juntos se ven envueltos en una aventura aún mayor: deben rescatar a una niña del aterrador “monstruo de los silencios”. Esta narrativa, llena de amistad y misterio ambientada en Turquía, es una clara recomendación para aquellos que buscan historias que resalten valores humanos y la capacidad de encontrar la luz incluso en la adversidad.

La historia de Selim nos recuerda que la alegría puede ser vendida y compartida de muchas maneras, y a menudo, los libros son los mejores emisarios de esa alegría. Ya sea a través de las aventuras de un niño en Estambul o de la transmisión de conocimiento y cultura, los libros tienen el poder de transformar y enriquecer nuestras vidas. Pero, ¿cómo se distribuyen estos tesoros? ¿Quiénes son los verdaderos 'vendedores de libros' que hacen posible su llegada a los lectores?

El Comercio del Libro en la Carrera de Indias (1750-1778)

Para entender cómo los libros llegaban a manos de los lectores en épocas pasadas, nos sumergimos en un fascinante estudio de Cristina Gómez Álvarez, de la Universidad Nacional Autónoma de México, titulado Comercio y comerciantes del libro en la carrera de Indias: Cádiz-Veracruz, 1750-1778. Este trabajo revela la compleja red que permitió la circulación de impresos entre España y la Nueva España durante el siglo XVIII, un periodo crucial para la difusión del impreso.

El Contexto del Comercio Colonial

Durante la época colonial, la mayoría de los libros leídos en la Nueva España procedían de Europa, principalmente a través de España. Esto se debía a la debilidad de la edición novohispana, con solo dos centros de impresión (México desde 1539 y Puebla desde 1642), y al estricto monopolio comercial entre la Metrópoli y sus colonias. Este sistema, con sede en Cádiz desde 1717, implicaba que el libro cruzara el Atlántico como cualquier otra mercancía, pero con una particularidad crucial: su salida debía ser autorizada por la Inquisición para evitar la llegada de lecturas prohibidas a América.

El siglo XVIII fue un tiempo de incremento sin precedentes en la producción de libros en Europa. Impresos de Flandes, Italia, Ginebra y países germánicos encontraron un mercado abierto tanto en España como en sus colonias. Sin embargo, España desarrolló una política proteccionista para fomentar su industria, prohibiendo la entrada de obras de autores españoles impresas en el extranjero. Todo esto refleja un periodo de intensa actividad editorial que marcó la Ilustración y el cambio de pensamiento impulsado por nuevas ideas.

Fuentes para el Estudio del Comercio del Libro

La investigación del comercio de libros se basa principalmente en el Registro de Navíos de ida a Nueva España, documentos resguardados en el Archivo General de Indias (AGI). Estos registros detallaban las mercancías embarcadas, sus propietarios, destino y, para los libros, adjuntaban una lista de títulos y autores, requisito indispensable para obtener la licencia de la Inquisición. Esta documentación permitió reconstruir una serie completa de los navíos que zarparon de Cádiz con destino a Veracruz, el puerto más importante de la Nueva España, entre 1750 y 1778, examinando 135 legajos.

¿Cómo se llama el vendedor de alegría?
Titulo: Selim, el vendedor de alegría. Al pie de una mezquita, el pequeño Selim se dedica a vender alegría a los habitantes de la ciudad de Estambul. Pero un día Yazi, su conejo blanco de la buena suerte, desaparece misteriosamente, Selim empieza a buscar, le ha llamado para que vaya a comer y no va.

Los registros de navíos tenían un propósito económico y fiscal, buscando percibir derechos de entrada y salida. Los libros estaban sujetos a dos impuestos: aduanales (de su majestad) y del almirantazgo, calculados según las dimensiones de los cajones. El valor monetario de los libros no se estimaba. Cada registro contenía documentos clave:

  • La guía expedida para el embarque: Solicitud del maestre al contador principal de la Real Casa de Contratación, detallando la mercancía, el número de cajones de libros y su porte, el navío y el puerto de destino. También fijaba el monto de los derechos.
  • El Registro individual: Documento más rico para el historiador, generado tras el pago de derechos. Incluía el nombre del cargador matriculado, nombres de tres personas que recogerían la mercancía en el desembarco (reconstruyendo redes de comercialización), y el propietario de la mercancía. Se dibujaba la marca de los cajones para fácil identificación.
  • Licencia o pase de la Inquisición: Acompañada de listas de títulos y autores, indispensable para la salida de los volúmenes. Aunque no siempre conservadas, se encontraron 465 registros con títulos, aunque sin año ni lugar de edición en la mayoría de los casos.
  • Listado expedido por la Contaduría Real de Contratación de las Indias: Resumen de todas las mercancías embarcadas, con nombres de registradores y montos pagados. También registraba el equipaje de pasajeros y tripulación, que a menudo incluía libros personales o para comercio ilícito.

Volumen y Ritmo de las Exportaciones de Libros

Entre 1750 y 1778, el comercio general entre España y América experimentó un crecimiento considerable. De 244 navíos que hicieron la ruta Cádiz-Veracruz, 202 eran mercantes y 121 de ellos registraron libros para comercialización. Además, 42 naves no mercantes también transportaban libros en el equipaje de pasajeros y tripulación, mostrando otra vía de entrada de impresos.

Los 121 barcos mercantes con libros transportaron un total de 4,896 cajones de diversos portes. Al convertir todos a la medida de un medio porte (el más común), se estima que se exportaron 4,378 cajones de esa dimensión. Considerando que un cajón de medio porte contenía aproximadamente 108 volúmenes de formato cuarto, se calcula que un mínimo de 472,824 volúmenes fueron exportados de Cádiz a Veracruz durante este periodo. De estos, solo un 2% tenía como destino final otros puertos coloniales (Filipinas o Guatemala), lo que significa que aproximadamente 461,484 libros se distribuyeron en el territorio de la Nueva España, una cifra notable para una población de unos 4 millones de habitantes en ese entonces.

Cuadro 1: Navíos Cádiz-Veracruz (1750-1778)

Navíos localizados244
Navíos mercantes202
Navíos con pasajeros y tripulación42
Navíos mercantes que registraron libros121

Cuadro 2: Cajones de libros por porte y por año Cádiz-Veracruz

AñosMedioUn tercioUn cuartoUn octavoSin/pTotal
1750228591927315
1751336431630398
175279138646233
1753931751604288
17542791101933414
1755000000
1756000000
17575857825137726
1758300025
1759000000
17604004413310470
1761000000
1763000000
1765621435410719
17661802084104
176725960040
176815841000199
176922000022
177062000062
1771000000
17723111063058460
1774000000
1775700007
177615313914100433
1778000011
Total3380985347221624896

Cuadro 3: Navíos mercantes y cajones de libros por quinquenio

AñosNúmero de navíosNúmero de cajonesPorcentaje del total de cajones de libros
1750-175447164833.7
1755-17593373115.0
1760-1764314709.6
1765-176938108422.1
1770-17743252210.6
1775-1778214419.0
Total2024896100

La gráfica 1, aunque no se reproduce aquí, ilustra que el volumen y el ritmo de las exportaciones de libros dependieron directamente del tráfico mercantil. Hubo fluctuaciones, con una notable baja durante la Guerra de los Siete Años (1756-1763) y una recuperación posterior. Las flotas, a pesar de su infrecuencia, fueron cruciales para los envíos masivos.

Los Comerciantes de Libros: Los Verdaderos Vendedores

El estudio de los comerciantes de libros es complejo debido a la existencia de numerosos intermediarios. El monopolio español restringía la participación a españoles o extranjeros naturalizados, matriculados en el Consulado y la Casa de Contratación de Cádiz. Se identificaron cuatro grupos principales:

Cuadro 4: Comerciantes de libros por grupos y por cajones de libros

GrupoNúmero de cajones de librosNúmero de impresosPorcentaje
Mercaderes305132949170
Instituciones religiosas6056536314
Libreros4354701310
Particulares287309576
Total4378472824100

Los mercaderes dominaron ampliamente el mercado de exportación de libros, representando el 70% del total. Esto sugiere que el negocio libresco era tan rentable como el de otras mercancías, evidenciando una fuerte demanda en la Nueva España. Los libreros, con menor capital, tuvieron una participación más modesta, mientras que las instituciones religiosas mantuvieron una presencia significativa en la difusión de impresos.

Perfiles de Comerciantes Destacados

  • Juan Justo de Vera (Mercader): Este sevillano fue el mercader que más cajones de libros exportó (141). Comenzó como consignatario y luego cargó por su cuenta. Sus envíos se realizaban en flotas, aprovechando la escasez y el alza de precios en las ferias de Jalapa. Fue notable por exportar libros editados fuera de España, especialmente antes de 1767. Su red de distribución incluía a varios consignatarios. Las obras que comercializaba eran diversas, abarcando teología, derecho, historia, geografía, ciencia, literatura, poesía y política, incluyendo obras de autores franceses e ingleses, y por supuesto, de autores españoles como Cervantes y Sor Juana Inés de la Cruz.
  • Juan de Castañiza (Mercader): Originario de Vizcaya, se estableció en la Ciudad de México en 1743, convirtiéndose en uno de los comerciantes más acaudalados de la Nueva España. Importaba diversos productos vía Cádiz, incluyendo 36 cajones de libros entre 1760 y 1768, principalmente libros de rezo y obras de teología y derecho. Sus compras directas en España le permitían evitar intermediarios y obtener mayores ganancias.
  • Manuel y Antonio Espinosa de los Monteros (Libreros): Probablemente parientes, ambos participaron en el legado del libro. Antonio fue propietario de una imprenta en Sevilla antes de establecer una librería en la Ciudad de México en 1758. Viajaba a España para comprar sus libros, recogiendo personalmente su mercancía en Veracruz, lo que le permitía ofrecer mejores precios. Manuel, por su parte, estableció una imprenta y librería en Cádiz, siendo el librero que más cajones de libros exportó (212), con una actividad constante durante al menos 22 años y una amplia red de distribución en Veracruz.
  • Jacobo y Agustín Dhervé (Libreros): Esta familia sevillana, con Jacobo y Agustín y su madre Agustina Mónica de Oviedo, registró 142 cajones de libros entre 1750 y 1772. Tras la muerte de su padre, Jacobo Dhervé (propietario de una gran librería en Sevilla con contactos internacionales), Agustín se trasladó a México en 1753 para establecer una librería en la calle de Don Juan Manuel. Financió sus propios envíos, recibiendo grandes cantidades de libros. Se sugiere que Agustín fue pionero en un modelo de librería más moderno en México, exhibiendo libros en escaparates y publicando catálogos, lo que era una novedad para la época en la Nueva España.
  • José Padrino (Impresor-Librero): Establecido en Sevilla (1748-1775), envió 35 cajones de libros por su cuenta y riesgo, y trabajó estrechamente con mercaderes como Jacinto de Aguirre. Su importancia radica en ser un gran distribuidor de impresos, con una red de distribución en Nueva España que incluía a figuras como los Dhervé y Antonio de Urruchi.
  • Felipe Pérez del Campo (Vendedor Itinerante): Un caso singular. Nacido en Sevilla en 1703, se dedicó a la venta de libros en Nueva España desde 1743. No tenía establecimiento comercial fijo, sino que vendía personalmente a sus clientes, a menudo a crédito. Almacenaba sus libros en su vivienda y también los dejaba en consignación en librerías como la de Agustín Dhervé. Su historia ilustra la diversidad de las figuras en el comercio del libro.

El Legado de los Libros y sus Vendedores

El comercio de libros entre Cádiz y Veracruz fue una actividad intensa y fundamental para el desarrollo cultural de la Nueva España, moviendo aproximadamente medio millón de impresos. Los mercaderes peninsulares, con grandes capitales, dominaron este mercado, demostrando la rentabilidad de la venta de libros. Los libreros, tanto peninsulares como novohispanos, también jugaron un papel crucial, a menudo estableciendo sus propios negocios y desarrollando nuevas estrategias de venta.

Este flujo constante de impresos, junto con el crecimiento de la edición novohispana y la venta de bibliotecas de difuntos, contribuyó a un aumento significativo en la comunidad de lectores en la segunda mitad del siglo XVIII. La existencia de numerosas librerías y tiendas misceláneas en ciudades y pueblos de la Nueva España es un testimonio de la demanda de libros y su presencia en diversos sectores sociales.

La librería novohispana, aunque en una fase inicial de desarrollo, fue cimentada por estos incansables 'vendedores de alegría' y conocimiento. Su labor sentó las bases para una sociedad más ilustrada y conectada con las corrientes de pensamiento del Viejo Mundo.

¿Cómo se llama el vendedor de alegría?
Titulo: Selim, el vendedor de alegría. Al pie de una mezquita, el pequeño Selim se dedica a vender alegría a los habitantes de la ciudad de Estambul. Pero un día Yazi, su conejo blanco de la buena suerte, desaparece misteriosamente, Selim empieza a buscar, le ha llamado para que vaya a comer y no va.

Preguntas Frecuentes (FAQs)

¿Cuál era el rol de la Inquisición en el comercio de libros?

La Inquisición jugaba un papel crucial. Su autorización era indispensable para que cualquier libro pudiera salir de Cádiz con destino a América. Su objetivo era controlar el tipo de lecturas que llegaban a las colonias, impidiendo la entrada de obras consideradas prohibidas o contrarias a la fe.

¿Hubo producción de libros en la Nueva España durante la época colonial?

Sí, aunque la edición novohispana era débil en comparación con la europea, existían dos centros de impresión importantes: México (desde 1539) y Puebla (desde 1642). Sin embargo, la mayor parte de los libros que circulaban procedían de España y otras partes de Europa.

¿Qué tipo de libros eran los más exportados a la Nueva España?

Según los registros, había una gran diversidad temática. Se exportaban obras de teología, derecho, historia, geografía, ciencia, literatura, poesía, educación y política. Los libros religiosos, especialmente los de rezo (breviarios, misales, diurnos), tenían una presencia muy importante. También se encontraban obras de gran difusión como 'El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha' de Cervantes o el 'Teatro Crítico Universal' de Feijoo.

¿Cómo influyó la Guerra de los Siete Años en el comercio de libros?

La Guerra de los Siete Años (1756-1763) tuvo un impacto negativo significativo. Durante este conflicto, muchos navíos se perdieron y el tráfico marítimo se vio gravemente afectado, lo que se reflejó en una clara tendencia a la baja en el volumen de exportaciones de libros, con años en los que prácticamente no hubo envíos.

¿Qué importancia tuvieron los mercaderes sobre los libreros en el comercio transatlántico?

Los mercaderes, que manejaban grandes capitales y comerciaban con una amplia variedad de productos, dominaron el mercado de exportación de libros, representando el 70% de los envíos. Esto se debe a su capacidad de inversión y a sus extensas redes de distribución. Los libreros, con capitales más modestos, tuvieron una participación menor, aunque algunos lograron establecerse con éxito en la Nueva España.

En última instancia, ya sea a través de la ficción de un niño que vende alegría o de la realidad de los comerciantes que desafiaron océanos y monopolios, el libro siempre ha sido y será un conducto esencial para la transmisión de la cultura y la felicidad humana.

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