04/11/2025
La historia argentina, compleja y apasionante, está marcada por momentos de profunda tensión y redefinición de su rumbo político. Uno de esos episodios cruciales, que sentó las bases para el advenimiento de una de las dictaduras más prolongadas del siglo XX, fue el enfrentamiento entre las facciones militares conocidas como “Azules” y “Colorados”. Esta pugna interna en las Fuerzas Armadas, que estalló entre 1962 y 1963, no fue un mero desacuerdo ideológico, sino un conflicto armado que tuvo como epicentro la propia Capital Federal, reflejando la inestabilidad que siguió al derrocamiento del presidente Arturo Frondizi y durante el breve interinato de José María Guido.

Tras la caída de Frondizi, y con María Guido asumiendo la presidencia ante la Corte Suprema de Justicia en un contexto de extrema fragilidad institucional, el Ejército Argentino se vio sumido en una crisis interna sin precedentes. Las tensiones latentes entre diferentes visiones sobre el rol de las Fuerzas Armadas en la política nacional escalaron rápidamente hasta convertirse en un conflicto armado abierto. De esta polarización emergieron dos bandos claramente definidos, cada uno con una interpretación particular sobre el futuro del país y, fundamentalmente, sobre la cuestión del peronismo, el movimiento político que, pese a su proscripción, continuaba siendo una fuerza ineludible en el escenario nacional.
- El Origen de una División Irreconciliable: Azules vs. Colorados
- Juan Carlos Onganía: El Liderazgo de los Azules
- La Victoria Azul y sus Consecuencias Inmediatas
- Consolidación y Proyección de un Líder
- Tabla Comparativa: Azules y Colorados
- Preguntas Frecuentes
- ¿Qué fue el conflicto entre Azules y Colorados?
- ¿Quién lideró a los "Azules"?
- ¿Por qué se llamaron "Azules" y "Colorados"?
- ¿Cuál fue la ideología principal de los "Azules"?
- ¿Qué consecuencias tuvo la victoria de los "Azules"?
- ¿Qué fue el "Comunicado 150"?
- ¿Qué papel jugó Onganía después de la victoria de los Azules?
El Origen de una División Irreconciliable: Azules vs. Colorados
La disputa entre “Azules” y “Colorados” se cimentó en diferencias ideológicas fundamentales, principalmente en su postura frente al Peronismo. Por un lado, se encontraban los “Azules”, una facción que, si bien no era peronista, adoptaba una visión más pragmática y flexible respecto al movimiento liderado por Juan Domingo Perón. Para los “Azules”, el peronismo, con sus profundas raíces católicas y nacionalistas, podía ser considerado un recurso potencial, e incluso un aliado tácito, en la lucha contra el avance del comunismo, una preocupación central en el contexto de la Guerra Fría. Esta postura los llevaba a concebir una posible “integración” del peronismo en la vida política, aunque bajo ciertas condiciones.
En contraste, se alzaban los “Colorados”, un grupo marcadamente antiperonista, para quienes el peronismo no era más que una especie de antecedente o antesala del comunismo. Su aversión al movimiento era visceral y total, abogando por su proscripción y erradicación definitiva del escenario político argentino. Para los “Colorados”, cualquier acercamiento o concesión al peronismo representaba una traición a los principios de orden y estabilidad que, según ellos, debían regir la nación. Esta visión intransigente los llevó a una confrontación directa y sin concesiones con la facción Azul.
El conflicto entre ambas facciones no se limitó a debates internos o comunicados; escaló hasta el enfrentamiento armado, con algunas plazas de la Capital Federal convirtiéndose en verdaderos campos de batalla. La tensión era palpable, y el destino político del país pendía de un hilo, mientras los militares se disputaban el control y la orientación de las Fuerzas Armadas.
Juan Carlos Onganía: El Liderazgo de los Azules
En este escenario de ebullición, emergió la figura del general Juan Carlos Onganía como el principal líder y caudillo de los “Azules”. El año 1962 encontró a Onganía en una posición de poder estratégico, siendo comandante de la División Blindada y del Cuerpo de Caballería en Campo de Mayo, la unidad operativa más importante del país. Su influencia y control sobre esta fuerza clave le otorgaron una ventaja decisiva en la inminente confrontación.
Onganía, a pesar de su posterior ascenso al poder a través de un golpe, inicialmente manifestó su desacuerdo con la idea de que los militares gobernasen de manera directa. Su postura era la de defender la institucionalidad, al menos en un primer momento. Alertó a otros generales sobre su intención de proteger al recién asumido presidente José María Guido, quien había tomado el mando en un contexto de gran incertidumbre política. Fue en este momento cuando comenzó a forjarse su protagonismo político dentro del Ejército, una carrera que lo llevaría a la cima del poder.
En septiembre de 1962, Onganía dirigió un levantamiento desde Campo de Mayo, en una clara oposición a aquellos que intentaban postergar sin plazo el llamado a elecciones, lo que era percibido como una maniobra para perpetuar la inestabilidad. Fue en el marco de estas acciones militares que los sublevados, liderados por Onganía, adoptaron para sí el apodo de “azules”, un término derivado de las designaciones utilizadas en las maniobras y juegos de táctica militar. En contraste, sus oponentes fueron denominados “colorados”, consolidando así la nomenclatura de esta histórica división.
La confrontación alcanzó su punto álgido cuando el 21 de septiembre, el presidente Guido, abrumado por la presión, ofreció su renuncia. Sin embargo, Onganía, con una visión clara de sus objetivos, la rechazó. La Aeronáutica, sumándose a las filas de los Azules, jugó un papel crucial al bombardear un acantonamiento Colorado en San Antonio de Padua. Simultáneamente, los imponentes tanques Sherman, bajo el mando directo de Onganía, libraron breves pero intensos combates en las ciudades de Buenos Aires y La Plata, logrando finalmente derrotar a las fuerzas Coloradas.
La victoria de los Azules fue sellada con la emisión del famoso Comunicado 150, redactado por Mariano Grondona. Este documento, de gran trascendencia, no solo anunció la victoria de la facción Azul, sino que también contenía un compromiso público de los vencedores: velarían “para que el pueblo votara libremente y que esa voluntad sea respetada por todos”. Este compromiso, aunque luego se vería desdibujado por los acontecimientos, marcó un hito en la retórica post-conflicto, prometiendo una restauración de la vida democrática.
La Victoria Azul y sus Consecuencias Inmediatas
El bando Azul logró derrotar definitivamente a los Colorados en abril de 1963. La victoria fue contundente, especialmente considerando la fuerte implantación que los Colorados tenían en la Armada, aún bajo la influencia del almirante Isaac Rojas. Este triunfo no solo significó el fin de la confrontación armada, sino que trajo consigo una serie de consecuencias profundas para las Fuerzas Armadas y el panorama político argentino.
El primer y más significativo resultado del triunfo de Onganía fue la restauración de la disciplina interna y el fin de un período deliberativo dentro de las Fuerzas Armadas. Antes de este conflicto, las instituciones militares se habían convertido en un espacio de constante debate político y pugnas internas, lo que había minado su cohesión y eficacia. Onganía, con su victoria, impuso una nueva jerarquía y un orden férreo, consolidando su autoridad y poniendo fin a las facciones internas que habían desestabilizado a la institución.
La consolidación del liderazgo de Onganía fue inmediata. Fue designado comandante en jefe interino del Ejército, un cargo que le otorgaba un poder inmenso. Sin embargo, su ascenso fue tan meteórico que su relativa poca antigüedad en la fuerza obligó a una gran cantidad de generales de mayor trayectoria a pedir su retiro. Esta maniobra, aunque controversial, fue necesaria para Onganía para afianzar su control y rodearse de oficiales leales. Además, dispuso el retiro obligatorio de una importante cantidad de oficiales que consideraba “poco confiables”, reforzando aún más su posición y depurando a la institución de elementos que pudieran oponerse a su visión.

Consolidación y Proyección de un Líder
En septiembre de 1963, pocos días antes de que Arturo Illia asumiera la Presidencia de la Nación, Juan Carlos Onganía fue confirmado en su cargo de comandante en jefe del Ejército, un testimonio de su inquebrantable poder dentro de las Fuerzas Armadas. Su ascenso continuó, y el 10 de enero de 1964, alcanzó el grado de teniente general, un hito aún más notable si se considera que fue de los pocos militares en el siglo XX que lograron ese grado sin haber cursado en los prestigiosos institutos de Estudios Superiores, de Guerra o Técnico, lo que subraya su trayectoria atípica y su liderazgo innato.
Durante el gobierno constitucional de Arturo Illia, Onganía, ya consolidado como la figura militar más influyente, realizó extensos viajes internacionales. Estas giras no fueron meramente protocolares, sino que le permitieron establecer contactos estratégicos y profundizar en doctrinas militares y políticas globales. En junio de 1964, visitó Taiwán y Japón, expandiendo sus horizontes hacia el Lejano Oriente. Posteriormente, recorrió importantes naciones europeas como Alemania Occidental, Francia, España e Inglaterra, absorbiendo diferentes perspectivas geopolíticas.
En agosto de 1964, su viaje a Washington fue particularmente significativo. Allí asistió a la conferencia de la prestigiosa Escuela Militar de West Point, donde pronunció un discurso de gran relevancia, abordando las “Relaciones entre civiles y militares”. Este tema, central en la política argentina de la época, reflejaba la visión de Onganía sobre el rol que las Fuerzas Armadas debían desempeñar en la vida nacional, una visión que distaba mucho de la subordinación al poder civil.
Ese mismo año, visitó Brasil, un país donde acababa de establecerse una dictadura militar, lo que probablemente reforzó sus propias ideas sobre la necesidad de un gobierno fuerte. En septiembre de 1965, participó en la reunión continental de ejércitos, celebrada en Perú. Estos encuentros internacionales lo insertaron de lleno en el contexto de la Guerra Fría y la lucha contra el comunismo en América Latina.
Fue en este período que Onganía adoptó con fervor la doctrina contrainsurgente de las fronteras ideológicas, impulsada por el Pentágono. Esta doctrina sostenía que la amenaza comunista no se limitaba a las fronteras geográficas, sino que era una lucha ideológica global. La consigna “Hay que evitar otra Cuba”, surgida tras el desembarco norteamericano en Santo Domingo (capital de la República Dominicana) en abril de ese año, se convirtió en una máxima para el general Onganía. Presionó intensamente para que Argentina enviase tropas a Santo Domingo, aunque finalmente no tuvo éxito en su intento. Esta postura evidenciaba su creciente alineamiento con las políticas de seguridad de Estados Unidos y su convencimiento de que el rol de las Fuerzas Armadas trascendía las fronteras nacionales para combatir lo que consideraba una amenaza ideológica global.
Tabla Comparativa: Azules y Colorados
Para comprender mejor las diferencias entre ambas facciones militares, se presenta la siguiente tabla comparativa:
| Característica | Azules | Colorados |
|---|---|---|
| Visión del Peronismo | Considerado un posible recurso contra el comunismo (raíces católicas y nacionales). | Acérrimos antiperonistas, veían el peronismo como antecedente del comunismo. |
| Liderazgo Principal | General Juan Carlos Onganía. | Fuerte implantación en la Armada, bajo influencia de Isaac Rojas. |
| Base de Poder | Ejército (especialmente Campo de Mayo). | Armada. |
| Resultado del Conflicto | Victoriosos en 1963. | Derrotados definitivamente. |
| Objetivo a Corto Plazo | Restaurar la disciplina militar y asegurar elecciones. | Mantener la proscripción del peronismo y el control militar directo. |
Preguntas Frecuentes
¿Qué fue el conflicto entre Azules y Colorados?
Fue un enfrentamiento armado interno dentro del Ejército Argentino, ocurrido entre 1962 y 1963, que polarizó a las Fuerzas Armadas en dos facciones con visiones opuestas sobre el rol del peronismo y el futuro político del país. Este conflicto siguió al derrocamiento del presidente Arturo Frondizi y se desarrolló durante la presidencia interina de José María Guido.
¿Quién lideró a los "Azules"?
Los “Azules” fueron acaudillados por el general Juan Carlos Onganía. En 1962, Onganía era comandante de la División Blindada y del Cuerpo de Caballería en Campo de Mayo, la unidad operativa más importante de Argentina, lo que le permitió ejercer un liderazgo decisivo.
¿Por qué se llamaron "Azules" y "Colorados"?
Los nombres “Azules” y “Colorados” surgieron de la designación de las maniobras y juegos de táctica militar. Los sublevados liderados por Onganía adoptaron el apodo de “azules”, y sus oponentes fueron naturalmente llamados “colorados” en contraste. Esta terminología se popularizó rápidamente para identificar a cada bando.
¿Cuál fue la ideología principal de los "Azules"?
Los “Azules” consideraban que el peronismo, debido a su raigambre católica y nacional, podía ser un posible recurso o aliado en la lucha contra el avance del comunismo. Su postura era más pragmática respecto a la posibilidad de una integración controlada del peronismo en la vida política.
¿Qué consecuencias tuvo la victoria de los "Azules"?
La victoria de los “Azules” permitió restaurar la disciplina interna en las Fuerzas Armadas y puso fin a un período de deliberación y faccionalismo. Fortaleció el liderazgo de Onganía, quien fue designado comandante en jefe del Ejército, lo que llevó al retiro de numerosos generales de mayor antigüedad y a la purga de oficiales “poco confiables”.
¿Qué fue el "Comunicado 150"?
El “Comunicado 150” fue un documento redactado por Mariano Grondona y emitido por los vencedores “Azules” tras su triunfo. En él, se comprometían públicamente a velar “para que el pueblo votara libremente y que esa voluntad sea respetada por todos”, sentando una promesa de retorno a la institucionalidad democrática, aunque la historia posterior mostraría un camino diferente.
¿Qué papel jugó Onganía después de la victoria de los Azules?
Después de la victoria de los Azules, Juan Carlos Onganía consolidó su liderazgo como comandante en jefe del Ejército. Durante el gobierno de Arturo Illia, realizó extensos viajes internacionales, alineándose con la doctrina contrainsurgente de las “fronteras ideológicas” impulsada por Estados Unidos. Su lema “Hay que evitar otra Cuba” reflejaba su postura anti-comunista, que lo llevaría a presionar, sin éxito, por la intervención argentina en Santo Domingo.
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