22/08/2024
San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, es una figura central en la espiritualidad del siglo XX, cuyo mensaje ha trascendido fronteras y generaciones. Su enseñanza, profundamente arraigada en la santificación de la vida ordinaria, se asienta sobre una verdad fundamental: la filiación divina. Este principio no es solo una idea teórica, sino una realidad viva que impregna cada aspecto de la existencia cristiana, y que San Josemaría transmitió con pasión a través de sus escritos. Más que un compendio de dogmas, sus libros son invitaciones a un encuentro personal y transformador con Dios, ofreciendo una guía práctica para vivir la fe en medio del mundo.
La oración del Padre Nuestro, enseñada por Jesucristo, es el punto de partida para comprender esta relación única con Dios. Es en sus palabras donde descubrimos la esencia de la filiación divina y la fraternidad universal, pilares sobre los que se construye la vasta obra literaria y espiritual de San Josemaría. A continuación, exploraremos el significado profundo de estas verdades y cómo se reflejan en sus influyentes publicaciones.
La Filiación Divina: El Corazón del Mensaje de San Josemaría
Para San Josemaría, la filiación divina no era una teoría abstracta, sino una realidad existencial que debía vivirse intensamente. Es el cimiento sobre el cual se edifica toda la vida espiritual, una verdad que nos transforma y nos impulsa a actuar como verdaderos hijos de Dios en el mundo.
Jesús nos enseña a dirigirnos a Dios como Padre
Con el Padre Nuestro, Jesucristo nos abre las puertas a una relación íntima y confiada con Dios, revelándolo como Padre. El Catecismo de la Iglesia Católica (2779) subraya que «Orar al Padre es entrar en su misterio, tal como Él es, y tal como el Hijo nos lo ha revelado: ‘La expresión Dios Padre no había sido revelada jamás a nadie. Cuando Moisés preguntó a Dios quién era Él, oyó otro nombre. A nosotros este nombre nos ha sido revelado en el Hijo, porque este nombre implica el nuevo nombre del Padre’ (Tertuliano, De oratione, 3)». Al enseñar esta oración, Jesús no solo nos da una fórmula, sino que nos hace partícipes de su propia condición de Hijo. Esta participación en la filiación divina, descrita por San Juan (1, 12) como el poder de llegar a ser hijos de Dios, es un don gratuito. Jesús siempre distinguió entre «Padre mío» y «Padre vuestro» (Jn 20, 17), mostrando la singularidad de su relación, pero invitándonos a la confianza filial que se expresa con la palabra griega “parrhesia”, que denota una simplicidad sin desviación, una seguridad alegre y una audacia humilde ante nuestro Padre Dios (Catecismo, 2778).
Filiación Divina y la Fraternidad Cristiana
Al invocar a Dios como Padre Nuestro, trascendemos el individualismo y nos sumergimos en una profunda realidad de comunión. Esta invocación nos hace conscientes de que la filiación divina nos une a Cristo, «primogénito entre muchos hermanos» (Rm 8, 29), estableciendo una verdadera fraternidad sobrenatural que se encarna en la Iglesia, la nueva comunión de Dios y de los hombres (Catecismo, 2790). La santidad cristiana, aunque personal, nunca es egoísta; el adjetivo “nuestro” en el Padre Nuestro nos libera del individualismo, impulsándonos a superar divisiones y conflictos (Catecismo, 2792). Esta fraternidad se extiende a toda la humanidad, pues todos son, en cierto modo, hijos de Dios y están llamados a la santidad. San Josemaría afirmó rotundamente: «No hay más que una raza en la tierra: la raza de los hijos de Dios» (Es Cristo que pasa, 13). Esta conciencia nos impulsa al apostolado, una manifestación natural de filiación y fraternidad, llevándonos a ver a los demás como hijos de Dios, con la dignidad que ello implica, y a vivir un amor sacrificado, hecho de comprensión y entrega (Es Cristo que pasa, 36).
La Filiación Divina como Fundamento de la Vida Espiritual
Vivir la filiación divina con intensidad es permitir que se convierta en una «actitud profunda del alma, que acaba por informar la existencia entera: está presente en todos los pensamientos, en todos los deseos, en todos los afectos» (Amigos de Dios, 146). No es una realidad para momentos específicos, sino la médula de la piedad, una verdad para vivir siempre (Conversaciones, 102). San Josemaría enseñó que esta conciencia vivida es el fundamento del espíritu del Opus Dei, un esfuerzo por ser hijos que se dan cuenta de que el Señor nos ha hecho vivir en su casa, en medio del mundo, con una familiaridad y confianza que nos lleva a pedir, como un niño, ¡hasta la luna! (Es Cristo que pasa, 64).
La alegría cristiana, por ejemplo, brota directamente de la filiación divina, del sabernos queridos con predilección por nuestro Padre Dios (Forja, 332). San Josemaría, a lo largo de su vida, saboreó esta realidad, que le permitió rectificar, purificarse, servir, comprender y disculpar a todos, apoyándose sin desmayos en esta gozosa verdad (Amigos de Dios, 143).
Incluso ante el problema del mal y el sufrimiento, la filiación divina ofrece una perspectiva transformadora. Aunque muchos luchan por conciliar el mal con la bondad divina, los santos, como Santo Tomás Moro, enseñan que todo lo que acontece en la vida, por muy malo que parezca, «será de verdad lo mejor» si es la voluntad de Dios (Un hombre solo. Cartas desde la Torre, n. 7). San Josemaría, en consonancia, enseñó: «¿Penas?, ¿contradicciones por aquel suceso o el otro?… ¿No ves que lo quiere tu Padre-Dios…, y Él es bueno…, y Él te ama -¡a ti solo!- más que todas las madres juntas del mundo pueden amar a sus hijos?» (Forja, 929). La filiación divina no es una realidad dulzona ajena al dolor; por el contrario, está intrínsecamente ligada a la Cruz, una señal cierta de nuestra filiación que nos une a Cristo en su Getsemaní, permitiéndonos exclamar: «Pater mi, Abba, Pater,...fiat!» (Via Crucis, I Estación, Puntos de meditación, n. 1).
Otra consecuencia vital de la filiación divina es el abandono filial en las manos de Dios. Más allá de la lucha ascética, es un dejarse llevar por Dios, un abandono activo, libre y consciente. Esta actitud ha dado origen a la «infancia espiritual»: reconocerse no solo hijo, sino hijo pequeño, muy necesitado ante Dios. San Francisco de Sales lo describía como el niño que solo conoce y aspira al regazo de su madre (Conversaciones espirituales, n. 16, 7). San Josemaría también aconsejaba esta senda: «Siendo niños no tendréis penas: los niños olvidan en seguida los disgustos para volver a sus juegos ordinarios. —Por eso, con el abandono, no habréis de preocuparos, ya que descansaréis en el Padre» (Camino, 864).
El Padre Nuestro: Modelo de Toda Oración según San Josemaría
El Padre Nuestro, la oración que el Señor nos enseñó, es el modelo por excelencia de toda oración, como bien afirma Santo Tomás de Aquino: «La oración dominical es la más perfecta de las Oraciones... En ella, no sólo pedimos todo lo que podemos desear con rectitud, sino además según el orden en que conviene desearlo. De modo que esta oración no sólo nos enseña a pedir, sino que también forma toda nuestra afectividad» (Summa theologiæ, II-II, 83, 9). Después de la invocación inicial a nuestro Padre, se despliegan siete peticiones que resumen todas nuestras aspiraciones más profundas.
Las Siete Peticiones y su Significado Profundo
Primera petición: Santificado sea tu nombre
Pedir que el nombre de Dios sea santificado no significa que podamos añadir a la santidad divina, sino que la reconozcamos y la tratemos de manera santa (Catecismo, 2807). Nos sumerge en el misterio de la Divinidad y en el designio salvífico de Dios para que seamos «santos e inmaculados en su presencia, en el amor» (Ef 1, 9.4). Es un ruego para que la santidad divina resplandezca y crezca en nuestras vidas, perseverando en la santificación que hemos recibido en el bautismo y purificando nuestros pecados diariamente (San Cipriano, De dominica oratione, 12).
Segunda petición: Venga a nosotros tu reino
Esta petición expresa el anhelo por el retorno final de Cristo y la plena venida del Reino de Dios (Catecismo, 2817-2818). Sin embargo, el Reino de Dios ya ha comenzado con la primera venida de Jesús y la efusión del Espíritu Santo. Es un combate decisivo entre la “carne” y el Espíritu (Ga 5, 16-25), y solo un corazón puro puede decir con seguridad: “¡Venga a nosotros tu Reino!” (San Cirilo de Jerusalén, Catecheses mystagogicæ, 5, 13). En esencia, pedimos que Dios reine en nosotros por la gracia, que su Reino se extienda en la tierra y que, al final de los tiempos, reine plenamente en el Cielo.
Tercera petición: Hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo
La voluntad de Dios es la salvación de todos los hombres (1Tm 2, 3-4). Entrar en el Reino de los Cielos no es solo hablar, sino hacer la voluntad del Padre (Mt 7, 21). En esta petición, unimos nuestra voluntad a la de Cristo para cumplir el designio salvífico de Dios. Somos impotentes por nosotros mismos, pero unidos a Jesús y con el poder del Espíritu Santo, podemos escoger hacer siempre lo que agrada al Padre (Catecismo, 2825). Como señala un Padre de la Iglesia, no pedimos que Dios haga lo que quiera, sino que nosotros seamos capaces de hacer lo que Él quiere (San Cipriano, De dominica oratione, 14). Anhelamos que, así como la voluntad de Dios se cumple en los ángeles y bienaventurados, se cumpla también en nosotros, que aún estamos en la tierra.
Cuarta petición: Danos hoy nuestro pan de cada día
Esta petición es una expresión de abandono filial. El Padre que nos da la vida no puede dejar de darnos el alimento necesario, tanto material como espiritual (Catecismo, 2830). En su sentido cristiano, se refiere al Pan de la Vida: la Palabra de Dios y, sobre todo, el Cuerpo de Cristo recibido en la Eucaristía (Jn 6, 26-58; Catecismo, 2835). La expresión “de cada día” refuerza una confianza sin reservas, y se refiere a lo necesario para la vida y cualquier bien suficiente para la subsistencia (Catecismo, 2837).
Quinta petición: Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden
Aquí reconocemos nuestra condición de pecadores, volviéndonos a Dios como el hijo pródigo (Lc 15, 11-32). Nuestra petición comienza con una confesión de nuestra miseria y de la Misericordia divina (Catecismo, 2839). Sin embargo, esta petición solo será escuchada si antes hemos perdonado a quienes nos han ofendido. El Amor de Dios es indivisible; no podemos amar a Dios si no amamos a nuestros hermanos. Negarse a perdonar cierra el corazón y lo hace impermeable al amor misericordioso del Padre (Catecismo, 2840).
Sexta petición: No nos dejes caer en la tentación
Esta petición está intrínsecamente ligada a la anterior, ya que el pecado es el resultado del consentimiento libre a la tentación. Pedimos a nuestro Padre que no nos permita tomar el camino que conduce al pecado, implorando el Espíritu de discernimiento y de fuerza (Catecismo, 2846). Dios siempre nos da su gracia para vencer las tentaciones (1Co 10, 13), pero la victoria solo es posible con la oración, como lo demostró Jesús en su combate contra el Tentador (Mt 4, 11) y en su agonía (Mt 26, 36-44). Esta petición, en su sentido más dramático, pide la perseverancia final en nuestro combate terrenal (Catecismo, 2849).
Séptima petición: Y líbranos del mal
La última petición se inspira en la oración sacerdotal de Jesús: «No te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del Maligno» (Jn 17, 15). El mal aquí no es una abstracción, sino que designa a Satanás, el ángel que se opone al designio de Dios (Catecismo, 2851). Al pedir ser liberados del Maligno, oramos por la liberación de todos los males (presentes, pasados y futuros) de los que él es instigador, especialmente el pecado, el único verdadero mal (Camino, 386), y su consecuencia, la condenación eterna. Las otras tribulaciones pueden, de hecho, convertirse en bienes si las aceptamos y las unimos a los padecimientos de Cristo en la Cruz (Catecismo, 2854).
Los Libros de San Josemaría: Un Legado para el Alma
El mensaje de San Josemaría Escrivá, centrado en la filiación divina y la santificación de la vida ordinaria, ha quedado plasmado en una serie de libros que son verdaderas joyas de la espiritualidad. Estas obras, traducidas a decenas de idiomas, ofrecen a los lectores una guía perenne para vivir una vida cristiana plena y coherente. No son tratados teológicos complejos, sino textos que invitan a la meditación, la oración y la aplicación práctica de las verdades de la fe en el día a día. En ellos, el lector encontrará la esencia de la enseñanza que hemos explorado, presentada de manera directa, práctica y profundamente inspiradora.
A continuación, presentamos una tabla con algunas de las obras más destacadas de San Josemaría, que han influido a millones de personas en su camino de fe:
| Título del Libro | Tema Principal / Contenido | Estilo / Formato |
|---|---|---|
| Camino | Compendio de puntos de meditación breves sobre la vida cristiana, la virtud, la oración y la santidad en lo ordinario. | Aforismos, máximas espirituales. Muy conciso y directo. |
| Surco | Continuación de 'Camino', profundiza en la vida interior, la lucha ascética, la caridad y la relación con Dios. | Colección de puntos para la meditación, con reflexiones más extensas. |
| Forja | Enfocado en la forja del carácter cristiano, la identificación con Cristo, la fortaleza y la alegría en medio de las dificultades. | Puntos de meditación, diálogos interiores, reflexiones personales. |
| Es Cristo que Pasa | Colección de homilías pronunciadas por San Josemaría en diversas festividades del año litúrgico, invitando a la santificación del trabajo y la vida cotidiana. | Homilías teológicas y pastorales, con aplicación práctica. |
| Amigos de Dios | Otra recopilación de homilías que abordan virtudes cristianas como la humildad, la caridad, la fortaleza, la fe y la importancia de la oración. | Homilías profundas, con lenguaje sencillo y cercano. |
| Via Crucis | Meditaciones sobre las catorce estaciones del Vía Crucis, invitando a acompañar a Jesús en su Pasión y a unir el sufrimiento personal al suyo. | Textos breves para la oración personal, con gran fuerza emotiva. |
| Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer | Recopilación de entrevistas periodísticas en las que San Josemaría responde a preguntas sobre el Opus Dei, la Iglesia y la vida cristiana. | Formato de entrevista, directo y expositivo, para aclarar dudas. |
Preguntas Frecuentes sobre San Josemaría y sus Escritos
¿Cuál es la obra más conocida de San Josemaría Escrivá?
Sin duda, su obra más conocida y traducida es Camino. Publicado por primera vez en 1934 (aunque su edición definitiva es de 1939), es un libro de máximas espirituales compuesto por 999 puntos de meditación que abordan diversos aspectos de la vida cristiana, desde la oración y la virtud hasta la santificación del trabajo y la importancia de la caridad.
¿Qué es la “filiación divina” en la enseñanza de San Josemaría?
La filiación divina es la idea central del mensaje de San Josemaría. Significa que somos hijos de Dios por adopción en Cristo, un don gratuito que nos confiere una dignidad inmensa y nos invita a vivir con la confianza y el abandono de un hijo pequeño en los brazos de su Padre. Implica una relación personal de amor, obediencia y familiaridad con Dios, que debe impregnar cada momento de nuestra existencia.
¿Estos libros son solo para miembros del Opus Dei?
Absolutamente no. Aunque San Josemaría fue el fundador del Opus Dei, sus enseñanzas y sus libros están dirigidos a todos los cristianos, e incluso a personas de buena voluntad, sin importar su vocación o estado de vida. Su mensaje de santidad en lo ordinario es universal y busca ayudar a cualquier persona a encontrar a Dios en el trabajo, en la familia y en las circunstancias cotidianas de la vida.
¿Dónde puedo conseguir los libros de San Josemaría?
Los libros de San Josemaría Escrivá están ampliamente disponibles. Se pueden encontrar en librerías religiosas, grandes librerías generales y plataformas de venta en línea. Editoriales como Ediciones Rialp son las principales encargadas de su publicación. Además, muchos de sus textos están disponibles en formato digital y en los sitios web oficiales del Opus Dei.
La obra de San Josemaría Escrivá de Balaguer es un testimonio vivo de cómo la fe puede ser vivida con plenitud en el corazón del mundo. Sus libros, impregnados de la verdad de la filiación divina y el espíritu del Padre Nuestro, siguen siendo una fuente inagotable de inspiración y guía para quienes buscan la santidad en su vida diaria. Leerlos es adentrarse en un camino de encuentro con Dios, donde cada actividad, cada persona y cada momento se convierte en una oportunidad para amar y servir.
Si quieres conocer otros artículos parecidos a La Profundidad de San Josemaría: Libros y Filación Divina puedes visitar la categoría Librerías.
