¿Cuáles son las escrituras de dominio del Antiguo Testamento?

El Dominio en las Escrituras: Antiguo Testamento y Doctrina

31/03/2025

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Desde los albores de la creación, la idea de dominio ha resonado en las escrituras, no como un llamado a la tiranía, sino como una invitación a la mayordomía, la responsabilidad y el gobierno personal bajo la guía divina. Este concepto fundamental se manifiesta de diversas formas, desde los mandatos dados a la humanidad en el Antiguo Testamento hasta la profunda comprensión de la doctrina y su aplicación en la vida personal y colectiva. Comprender el dominio, tanto sobre la creación como sobre los principios eternos, es clave para vivir una vida con propósito y en armonía con la voluntad divina.

¿Cómo adquirimos el dominio de la doctrina?
Adquirimos el dominio de la doctrina a medida que ponemos en práctica estos principios durante la clase y fuera de ella, y buscamos respuestas a preguntas de carácter doctrinal, personal, social e histórico.

A menudo, cuando pensamos en el dominio, nuestra mente se remonta a los primeros capítulos del Génesis, donde se le otorga al hombre la autoridad sobre la tierra y sus criaturas. Sin embargo, las escrituras nos revelan que el dominio es un concepto mucho más amplio, abarcando no solo el mundo físico sino también el espiritual y el doctrinal. Adquirir y ejercer este dominio implica un proceso continuo de aprendizaje, fe y aplicación práctica, que nos permite navegar por las complejidades de la vida con sabiduría y discernimiento.

Índice de Contenido

El Concepto de Dominio en el Antiguo Testamento: Más Allá de la Tierra

El Antiguo Testamento senta las bases para nuestra comprensión del dominio, presentándolo como una responsabilidad inherente a la relación entre Dios y la humanidad. No se trata de un poder arbitrario, sino de una delegación de autoridad con el propósito de fomentar el orden, la prosperidad y la rectitud. Algunas escrituras clave nos iluminan sobre esta perspectiva:

  • Moisés 1:39: “Porque he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre.” Este versículo, aunque no directamente del canon tradicional del Antiguo Testamento sino de los escritos de Moisés revelados a José Smith, encapsula la esencia del dominio divino. Nos enseña que el mayor dominio es el que Dios ejerce para nuestro beneficio, y que nuestro propio dominio debe alinearse con Su propósito de elevarnos. Es un recordatorio de que nuestro uso del dominio debe estar enfocado en la vida y el progreso de los demás, reflejando el amor y la sabiduría divinos.
  • Moisés 7:18: “Y el Señor llamó a su pueblo Sión, porque eran uno en corazón y voluntad, y moraban en rectitud; y no había pobres entre ellos.” Aquí, el dominio se manifiesta en el ámbito social y comunitario. El establecimiento de Sión, una sociedad de unidad y rectitud, es un testimonio del dominio colectivo sobre las debilidades humanas, la división y la pobreza. Es un ideal de cómo el dominio, ejercido en armonía y con propósitos justos, puede transformar las comunidades y crear un entorno donde prevalecen el bienestar y la equidad.
  • Abraham 3:22–23: “Ahora bien, el Señor me había mostrado, Abraham, las inteligencias que fueron organizadas antes que el mundo fuese; y entre todas éstas había muchas de las nobles y grandes; y Dios vio que estas almas eran buenas, y estaban en medio de ellas, y él dijo: A éstos haré mis gobernantes.” Estos versículos, también de revelaciones adicionales, expanden el concepto de dominio a la esfera pre-mortal. Sugieren que el dominio es una capacidad inherente que existía antes de nuestra existencia terrenal, y que algunos fueron escogidos para ser “gobernantes” o líderes. Esto implica que el dominio es una cualidad cultivada y reconocida por Dios, no solo una posición otorgada, y que conlleva la responsabilidad de guiar y servir.

En esencia, el dominio en el Antiguo Testamento y sus escritos complementarios es una llamada a la mayordomía responsable, a la construcción de comunidades justas y al cumplimiento de un propósito divino, tanto a nivel individual como colectivo. Es un poder que debe ejercerse con amor, rectitud y una visión de la obra de Dios.

El Dominio de la Doctrina: Una Perspectiva de las Escrituras de los Últimos Días

Si bien el Antiguo Testamento establece el concepto de dominio, las escrituras modernas, en particular Doctrina y Convenios, profundizan en el concepto de “dominio de la doctrina”. Aunque la pregunta original hacía referencia a la “Biblia”, es importante aclarar que las referencias proporcionadas provienen de Doctrina y Convenios y José Smith—Historia, que son escrituras canónicas para La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Estas revelaciones ofrecen una comprensión ampliada de la doctrina y cómo se adquiere y aplica su dominio.

El dominio de la doctrina no se trata de controlar la verdad, sino de comprenderla profundamente, aplicarla en la vida y enseñarla con poder y convicción. Implica una maestría personal sobre los principios del evangelio, permitiéndonos vivir de acuerdo con ellos y resolver desafíos doctrinales, personales, sociales e históricos.

¿Qué dice la Biblia sobre el dominio de la doctrina?
“Pasajes de las Escrituras y frases clave del Dominio de la doctrina por curso”, Documento de base sobre el Dominio de la doctrina Moisés 1:39: “… esta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”. Moisés 7:18: “Y el Señor llamó Sion a su pueblo, porque eran uno en corazón y voluntad”.
  • José Smith—Historia 1:15–20: José Smith vio “a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción”. Esta experiencia fundacional es la fuente de la revelación moderna y subraya la importancia de la revelación directa de Dios para establecer la doctrina. El dominio de la doctrina comienza con la creencia en que Dios todavía habla a la humanidad.
  • Doctrina y Convenios 1:30: “… la única iglesia verdadera y viviente”. Este versículo establece la autoridad de la Iglesia para enseñar la doctrina. El dominio doctrinal se nutre de la fuente autorizada de la verdad revelada.
  • Doctrina y Convenios 1:37–38: “… sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo”. Destaca el principio de la revelación continua a través de profetas. Dominar la doctrina implica reconocer y seguir la voz de Dios a través de Sus siervos escogidos.
  • Doctrina y Convenios 6:36: “Mirad hacia mí en todo pensamiento; no dudéis; no temáis”. Este es un principio clave para adquirir dominio personal sobre la fe y el miedo. Nos invita a centrar nuestra mente en Cristo para superar la incertidumbre.
  • Doctrina y Convenios 8:2–3: “… hablaré a tu mente y a tu corazón por medio del Espíritu Santo”. Enseña cómo se recibe la revelación personal. El dominio de la doctrina se profundiza a medida que aprendemos a escuchar y entender la guía del Espíritu Santo.
  • Doctrina y Convenios 13:1: El Sacerdocio Aarónico “tiene las llaves del ministerio de ángeles, y del evangelio de arrepentimiento, y del bautismo”. Comprender el sacerdocio es fundamental para el dominio doctrinal, ya que es el poder y la autoridad para actuar en nombre de Dios.
  • Doctrina y Convenios 18:10–11: “… el valor de las almas es grande a la vista de Dios”. Este principio doctrinal resalta el amor infinito de Dios por Sus hijos y la importancia de la salvación. Dominar esta verdad inspira el servicio y el amor al prójimo.
  • Doctrina y Convenios 18:15–16: “… ¡cuán grande no será vuestro gozo si me trajereis muchas almas!” Vinculado al anterior, muestra la alegría que se obtiene al compartir la doctrina y ayudar a otros a venir a Cristo. Es un aspecto del dominio que se manifiesta en la acción.
  • Doctrina y Convenios 19:16–19: “… yo, [Jesucristo], he padecido estas cosas por todos”. La Expiación de Jesucristo es la doctrina central. Un verdadero dominio doctrinal implica una profunda comprensión y apreciación del sacrificio de Cristo.
  • Doctrina y Convenios 21:4–6: “… recibiréis [la] palabra [del profeta] … como si viniera de mi propia boca”. Subraya la obediencia y la fe en el profeta como un medio para recibir la palabra de Dios y así fortalecer nuestro dominio doctrinal.
  • Doctrina y Convenios 29:10–11: “… con poder y gran gloria me revelaré desde los cielos … y moraré en rectitud con los hombres sobre la tierra mil años”. Esta profecía sobre la Segunda Venida y el Milenio es una doctrina clave que da esperanza y perspectiva. Dominarla nos ayuda a vivir con una visión eterna.
  • Doctrina y Convenios 49:15–17: “… el matrimonio lo decretó Dios”. La doctrina del matrimonio eterno es fundamental para la familia y la eternidad. El dominio en esta área significa entender y honrar este convenio sagrado.
  • Doctrina y Convenios 58:42–43: “… quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado”. La doctrina del arrepentimiento y el perdón es esencial para el progreso individual. Dominarla implica la voluntad de cambiar y la fe en el poder redentor de Cristo.
  • Doctrina y Convenios 64:9–11: “… a vosotros os es requerido perdonar a todos los hombres”. La doctrina del perdón es crucial para nuestra propia sanación y paz. Ejercer dominio sobre nuestros sentimientos y perdonar a los demás es un acto de fe.
  • Doctrina y Convenios 76:22–24: “… por [Jesucristo] … los mundos son y fueron creados”. Afirma la divinidad de Jesucristo como Creador. Un dominio doctrinal sólido se basa en el testimonio de Jesucristo.
  • Doctrina y Convenios 82:10: “Yo, el Señor, estoy obligado cuando hacéis lo que os digo”. Este versículo revela un principio divino de bendición condicional. El dominio de la doctrina nos enseña que hay poder en la obediencia a los mandamientos de Dios.
  • Doctrina y Convenios 84:20–22: “… en sus ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad”. Las ordenanzas del sacerdocio son canales a través de los cuales se manifiesta el poder de Dios. Comprender y participar en ellas es vital para el dominio doctrinal y espiritual.
  • Doctrina y Convenios 88:118: “… buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe”. Este es un mandato directo para adquirir conocimiento espiritual y secular. El dominio de la doctrina requiere un esfuerzo diligente, combinando la razón y la revelación.
  • Doctrina y Convenios 89:18–21: Las bendiciones de vivir la Palabra de Sabiduría. Esta doctrina se relaciona con la salud física y espiritual. El dominio aquí implica la obediencia a mandamientos específicos que traen consigo promesas de bendiciones.
  • Doctrina y Convenios 107:8: “El Sacerdocio de Melquisedec … tiene poder y autoridad … para administrar en las cosas espirituales”. Este sacerdocio superior es clave para el dominio en asuntos espirituales y para acceder a los poderes del cielo.
  • Doctrina y Convenios 121:36, 41–42: “… los derechos del sacerdocio … no pueden ser gobernados ni manejados sino conforme a los principios de la rectitud”. Enseña que el poder del sacerdocio y, por extensión, el dominio espiritual, solo pueden ejercerse con principios justos como la persuasión, la longanimidad y el amor.
  • Doctrina y Convenios 130:22–23: “El Padre tiene un cuerpo de carne y huesos …; así también el Hijo; pero el Espíritu Santo … es un personaje de Espíritu”. Una doctrina fundamental sobre la naturaleza de la Trinidad. Comprender la naturaleza de Dios es esencial para el dominio de la doctrina.
  • Doctrina y Convenios 131:1–4: “… el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio”. Reafirma la doctrina del matrimonio eterno como el más elevado de todos los convenios, esencial para la exaltación.

Estas escrituras de Doctrina y Convenios no solo presentan doctrinas específicas, sino que también ilustran el proceso por el cual se puede adquirir un dominio sobre ellas: a través de la revelación, la obediencia, el estudio, la fe y la aplicación de principios justos.

Adquiriendo el Dominio Doctrinal: Un Camino de Estudio y Fe

La adquisición del dominio de la doctrina no es un proceso pasivo; requiere esfuerzo, intención y una búsqueda sincera. El texto proporcionado sugiere que este dominio se adquiere a medida que ponemos en práctica ciertos principios:

“Adquirimos el dominio de la doctrina a medida que ponemos en práctica estos principios durante la clase y fuera de ella, y buscamos respuestas a preguntas de carácter doctrinal, personal, social e histórico.”

Este enfoque holístico sugiere varias vías para profundizar nuestro dominio doctrinal:

  1. Práctica Constante: No basta con saber; debemos vivir. Poner en práctica los principios que aprendemos, ya sea en un entorno de estudio formal o en nuestra vida diaria, solidifica nuestra comprensión y convierte el conocimiento en sabiduría. Esto implica la obediencia a los mandamientos, el servicio al prójimo y la aplicación de los principios del evangelio en cada decisión.
  2. Estudio Diligente: El conocimiento es el fundamento. Esto implica una lectura regular y reflexiva de las escrituras, así como el estudio de las enseñanzas de los profetas y líderes. El estudio no es solo la acumulación de información, sino una búsqueda sincera para comprender el significado y el propósito detrás de las doctrinas. Como se menciona en D&C 88:118, debemos buscar conocimiento “tanto por el estudio como por la fe”.
  3. Búsqueda de Respuestas: Las preguntas son el motor del aprendizaje. Ya sean de carácter doctrinal (¿por qué es importante la Expiación?), personal (¿cómo puedo perdonar a alguien que me ha herido?), social (¿cómo podemos construir una comunidad más justa?) o histórico (¿cuál es el contexto de esta revelación?), la búsqueda activa de respuestas profundiza nuestra comprensión. Esto a menudo implica la oración, la meditación, la investigación y la consulta con fuentes fiables y autoridades espirituales.
  4. Aplicación a Desafíos: El verdadero dominio se demuestra cuando podemos aplicar la doctrina para resolver problemas complejos. Cuando enfrentamos dilemas personales o sociales, recurrir a los principios del evangelio nos proporciona una brújula moral y soluciones inspiradas.
  5. Fe y Revelación Personal: En última instancia, el dominio de la doctrina es un don que se recibe a través de la fe. A medida que ejercemos la fe en Jesucristo y en Su evangelio, el Espíritu Santo testifica de la verdad, iluminando nuestra mente y nuestro corazón y dándonos una comprensión que va más allá de la mera intelectualidad.

El camino hacia el dominio doctrinal es un viaje continuo de crecimiento personal y espiritual, donde la fe y la acción se entrelazan para forjar una comprensión profunda y duradera de las verdades eternas.

Comparación: Dominio Bíblico vs. Dominio Doctrinal (Escrituras de los Últimos Días)

Para comprender mejor la evolución y el enfoque del concepto de dominio, podemos establecer una comparación entre su manifestación en el Antiguo Testamento y en las escrituras de los últimos días.

AspectoAntiguo Testamento (Dominio General)Doctrina y Convenios (Dominio Doctrinal)
Enfoque PrincipalMayordomía sobre la creación, liderazgo, gobierno de sociedades.Comprensión y aplicación de principios eternos, revelación personal y profética.
Naturaleza del DominioAutoridad delegada sobre lo físico y social; responsabilidad ética y moral.Maestría personal de la verdad espiritual; capacidad para vivir y enseñar el evangelio.
PropósitoEstablecer el orden divino en la tierra, fomentar la rectitud colectiva, preparar un pueblo para Dios.Llevar a cabo la obra de Dios (inmortalidad y vida eterna), guiar a las almas a Cristo, edificar Su Iglesia.
Cómo se AdquiereA través de mandatos divinos, asignación de roles, desarrollo de cualidades de liderazgo.Por medio de la revelación, el estudio, la fe, la práctica de principios y la búsqueda de respuestas.
Ejemplos ClaveAdán y Eva en el Edén, Moisés guiando a Israel, el establecimiento de Sión.La Primera Visión de José Smith, el principio de la revelación, el valor de las almas, las bendiciones de la obediencia.
AlcancePrincipalmente terrenal y comunitario, con implicaciones espirituales.Universal y eterno, impactando la mente, el corazón y el espíritu; preparación para la vida eterna.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Qué significa “dominio” en un contexto espiritual?
En un contexto espiritual, “dominio” no se refiere a la tiranía o el control opresivo, sino a la mayordomía responsable, la autoridad delegada, la maestría personal sobre uno mismo y los principios divinos, y la capacidad de actuar con poder y rectitud bajo la guía de Dios. Implica gobernar con amor y sabiduría.

¿Son las “Escrituras de Dominio del Antiguo Testamento” las únicas que hablan de dominio?
No, el concepto de dominio se extiende a lo largo de todas las escrituras, tanto antiguas como modernas. Las referencias del Antiguo Testamento resaltan el dominio sobre la creación y la sociedad, mientras que las escrituras de los últimos días, como Doctrina y Convenios, amplían el concepto al dominio sobre la doctrina y los principios espirituales, así como el gobierno personal y el uso justo de la autoridad del sacerdocio.

¿Cuáles son las escrituras de dominio del Antiguo Testamento?
Escrituras de dominio del Antiguo Testamento Escrituras de dominio del Nuevo Testamento Moisés y las tablas, por Jerry Harston 1.Moisés 1:39. Ésta es la obra y la gloria de Dios. 2.Moisés 7:18. Sión, uno en corazón y voluntad. 3.Abraham 3:22–23.

¿Por qué es importante el “dominio de la doctrina”?
El dominio de la doctrina es crucial porque nos permite comprender las verdades eternas, aplicar los principios del evangelio en nuestra vida diaria, resolver dilemas personales y sociales con una perspectiva divina, y enseñar el evangelio con convicción. Nos proporciona una base sólida para nuestra fe y nos empodera para tomar decisiones justas y vivir una vida con propósito.

¿Cómo puedo aplicar estos principios de dominio en mi vida diaria?
Puedes aplicar estos principios al buscar activamente conocimiento espiritual a través del estudio de las escrituras y las enseñanzas de los profetas. Practica la fe en Jesucristo y Sus enseñanzas, obedece los mandamientos y busca la guía del Espíritu Santo. Además, esfuérzate por ser un buen mayordomo de tus talentos, tiempo y recursos, y contribuye a edificar comunidades justas y amorosas.

¿Es el “Dominio de la Doctrina” exclusivo de una fe?
Mientras que el término específico “Dominio de la Doctrina” y las referencias citadas provienen de las escrituras de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el concepto subyacente de comprender y aplicar profundamente los principios de la fe es universal en muchas tradiciones religiosas. Cada fe busca que sus adherentes adquieran una maestría sobre sus doctrinas para vivir de acuerdo con ellas y encontrar propósito.

En conclusión, el dominio, en todas sus facetas, es un llamado divino a la acción, al aprendizaje y al crecimiento. Desde el Antiguo Testamento, que nos enseña sobre nuestra mayordomía sobre la tierra y el prójimo, hasta las revelaciones modernas, que nos invitan a profundizar nuestro conocimiento y aplicación de la doctrina, el camino hacia el dominio es un viaje de fe y esfuerzo. Al buscar diligentemente comprender y vivir los principios eternos, no solo obtenemos un mayor control sobre nuestras propias vidas, sino que también nos convertimos en instrumentos más eficaces en la obra y la gloria de Dios.

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